Siete motivos para no preocuparse (Parte 1)

SEPTIEMBRE, 11

Siete motivos para no preocuparse (Parte 1)

Devocional por John Piper

Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (Mateo 6:25-26)

En Mateo 6 tenemos el ejemplo de la preocupación por la comida y la vestimenta.

Incluso en Estados Unidos, con su amplio sistema de beneficios públicos, la ansiedad por las finanzas y la vivienda puede ser intensa. Pero Jesús dice en el versículo 30 que esto surge porque la fe que tenemos en la promesa de gracia venidera de nuestro Padre es deficiente: somos «hombres de poca fe». Este pasaje contiene al menos siete promesas que Jesús nos dio para ayudarnos a pelear la buena batalla contra la incredulidad y liberarnos así de la ansiedad. (Veremos las promesas 1 y 2 en la Parte 1; y el resto en las Partes 2 y 3).

PROMESA 1: Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? (Mateo 6:25).

Si el cuerpo y la vida son muchísimo más complejos y difíciles de atender que la comida y la ropa, y aun así Dios en efecto nos creó y nos dotó de ambos, entonces seguramente podrá proveernos la comida y la ropa que necesitamos y está dispuesto a hacerlo.

Es más, sin importar lo que suceda, Dios un día resucitará nuestro cuerpo y preservará nuestra vida para que tengamos comunión eterna con él.

PROMESA 2: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?(Mateo 6:26).

Si Dios está dispuesto a alimentar a criaturas tan insignificantes como las aves, que no pueden hacer nada para producir su comida —no como nosotros, que podemos cultivar la tierra— entonces de seguro nos proveerá lo que necesitamos, porque valemos mucho más que las aves.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), páginas 56-59

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SEÑOR, guíame en tu justicia por causa de mis enemigos

11 de septiembre

«SEÑOR, guíame en tu justicia por causa de mis enemigos».

Salmo 5:8 (LBLA)

Muy amarga es la enemistad del mundo contra el pueblo de Dios. Los hombres olvidan mil faltas de otros, pero exagerarán la más insignificante falla cometida por los seguidores de Jesús. En lugar de lamentarnos, procuremos más bien sacar provecho de esto y, ya que muchos están acechando nuestros titubeos, propongámonos andar muy cuidadosamente delante de Dios. Si vivimos negligentemente, los ojos de lince del mundo pronto nos verán y, con sus centenares de lenguas, esparcirán el embuste exagerado y decorado por el celo del calumniador. El mundo exclamará triunfalmente: «¡Ah, así los quería sorprender! ¡Mira lo que hacen estos cristianos! ¡En realidad, son unos hipócritas!». Obrando de este modo, haremos mucho daño a la causa de Cristo y seremos motivo de que su Nombre se vea afrentado. La cruz de Cristo es en sí misma un escándalo para el mundo; procuremos, pues, no añadir ningún otro escándalo a ella. La cruz de Jesús es «a los judíos, tropezadero»; no pongamos, entonces, más tropiezos donde ya hay más que suficientes. «A los gentiles, [es] locura»: tampoco añadamos nuestra insensatez para dar lugar al escarnio con el que la sabiduría del mundo ridiculiza el evangelio. ¡Qué desconfiados deberíamos ser de nosotros mismos! ¡Cuán rigurosos con nuestras conciencias! ¡Qué prudentes en la presencia de nuestros adversarios, los cuales tergiversan las mejores acciones que ejecutamos y, cuando no pueden hacerlo, ponen en tela de juicio nuestros motivos! Se considera sospechosos a los peregrinos mientras estos atraviesan la Feria de Vanidad. No solo se nos vigila estrechamente, sino que tenemos a nuestro alrededor más espías de los que podemos imaginar. Ese espionaje se efectúa en todas partes donde nos encontremos. Si llegamos a caer en manos de nuestros enemigos, es más que probable que nos muestre bondad un lobo rapaz o compasión un demonio que indulgencia los hombres que sazonan su incredulidad hacia Dios con escándalos contra su pueblo. ¡Oh Señor, guíanos siempre para que nuestros enemigos no nos sorprendan en falta alguna!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 265). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Satisfacción en la alabanza

11 Septiembre 2017

Satisfacción en la alabanza
por Charles R. Swindoll

Salmos 63

El santuario solitario del desierto donde estaba David  lo había dejado sediento y hambriento, no solo de alimento sino de una interacción significativa con su Dios. Su canción continúa y ahora David describe una segunda decisión que él tomó para seguir desarrollando una relación con el Señor: David decidió alabar al Señor(vv. 3-5).

Porque mejor es tu misericordia que la vida;
mis labios te alabarán.
Por eso te bendeciré en mi vida
y en tu nombre alzaré mis manos.
Como de sebo y de gordura se saciará mi alma;
mi boca te alabará con labios de júbilo.

No hay nada místico ni misterioso en alabar a Dios. Los versículos 3 y 5 nos dicen que la alabanza es algo que hacemos con nuestros labios, no solamente con nuestras mentes. Decimos algo en voz alta para que los demás escuchen nuestras palabras de afirmación concerniente al Señor e igualmente importante, para que nosotros podamos oír esas palabras. El versículo 4 dice que David le alabará toda la vida, eso significa que no es una cuestión de una vez a la semana. Es más, el pasaje dice que la misericordia de Dios hace que David le alabe (v. 4) y que la misma alabanza sacia el alma de acuerdo con el versículo 5.

Ciertamente la alabanza es un aspecto significativo profundo de nuestra adoración personal. Desafortunadamente, muchos tienen miedo de alabar a Dios porque lo asocian con algún acto descontrolado y emocional que han visto en algún, entre comillas, servicio de alabanza, donde los individuos se desmayan, gritan, saltan y bailan descontroladamente en los pasillos. Esa no es la alabanza. La alabanza es algo importante. No se limita únicamente a los servicios organizados. La alabanza es un fluir constante de apreciación por Dios en cada circunstancia del día. Y cuando estamos solos, la alabanza toma un aspecto de oración.

Una oración puede dividirse en cinco partes:

Confesión, lea Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9. Tratamos completamente con los pecados de nuestra vida, conviniendo con Dios que tales cosas son dañinas y luego pedimos su perdón.

Intercesión, lea 1 Timoteo 2:1-2. Recuerde a los demás y sus necesidades en oración.

Petición, lea Filipenses 4:6; Hebreos 4:15-16. Traemos nuestras necesidades a Dios, recordando y pidiendo cosas de Dios para nosotros.

Agradecimiento, lea 1 Tesalonicenses 5:18. La oración expresa gratitud a Dios por sus bendiciones y regalos específicos a nosotros.

Alabanza, lea 1 Crónicas 29:11-13). Expresiones de adoración dirigidas a Dios sin mencionarnos a nosotros mismos o los demás, solamente a Dios. Vamos a Dios y le expresamos palabras que honren su carácter, su nombre, su voluntad, su palabra, su gloria, etc.

Cuando un hombre corteja a su futura esposa, los elogios se convierten en algo importante de la relación. Cuando a él le gusta la belleza de su cabello, él debe decírselo verbalmente. Debe darle un cumplido por su belleza, su elección de perfume y ropa y sus excelentes gustos. Si disfruta la comida que le prepara o un regalo especial, él debe expresar su apreciación libremente. Si él admira la forma en que ella se expresa, debe decirle algo. Cuando uno ama a alguien, los elogios surgen de manera natural ya que son parte genuina y estimulante de una buena relación.

La alabanza realmente no es algo que hacemos para Dios; Él no tiene un ego que tenemos que satisfacer. Alabamos a Dios por lo que Él hace por nosotros. David encontró una satisfacción personal al expresarle alabanza a su Señor.

Afirmando el alma
En lugar de contar sus bendiciones (planee hacerlo otro día), haga una lista de afirmaciones sobre Dios. Escriba la frase: «Yo apreció al Señor por…» y agregue sus comentarios. Mantenga esa lista en un lugar conveniente y agregue alabanzas a Dios cada vez que se acuerde durante la semana. Léala en voz alta de vez en cuando.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Si David estuviera vivo hoy día, seguramente muchos de nosotros nos sentiríamos incómodos. Era un hombre muy enérgico: exuberante en sus placeres, abatido en sus desánimos, poderoso en su liderazgo, desenfrenado en su adoración.

11 SEPTIEMBRE

2 Samuel 6 | 1 Corintios 16 | Ezequiel 14 | Salmo 55

Si David estuviera vivo hoy día, seguramente muchos de nosotros nos sentiríamos incómodos. Era un hombre muy enérgico: exuberante en sus placeres, abatido en sus desánimos, poderoso en su liderazgo, desenfrenado en su adoración.

(1) Hay un suceso que nos revela mucho, tanto de este hombre como de Dios; a saber, la ocasión en la que se llevó el arca del pacto, y probablemente todo el tabernáculo, a Jerusalén (2 Samuel 6). David no envía solamente a unos cuantos clérigos—los levitas designados—y nada más. Reúne una tropa de treinta mil soldados expertos y representantes de toda la casa de Israel, y un montón de músicos y coros.

(2) Cuando Uza extendió su mano para estabilizar el arca porque los bueyes que tiraban del carro tropezaron, “Con todo, la ira del Señor se encendió contra Uza por su atrevimiento y lo hirió de muerte ahí mismo, de modo que Uza cayó fulminado junto al arca”. (6:7). Sin duda que esto aguó la fiesta. David está a la vez enojado con Dios (6:8) y temeroso de él (6:9). Por el momento, decide no traer el arca del Señor a Jerusalén. Ciertamente, también muchos de nosotros, en silencio, estamos de acuerdo con David.

No obstante, Dios ha estado profundamente preocupado en todo momento por erradicar cualquier idea de que él no es más que un talismán, un dios controlable, una especie de diosecillo parecido a los demás del territorio. Una de sus prohibiciones más rotundas era no tocar el arca ni mirar dentro de ella. De hecho, por esto último setenta hombres de Bet Semes pagaron con sus vidas, tan sólo una generación antes (1 Samuel 6:19–20); ver meditación del 15 de agosto), cuando ignoraron el edicto. Nuestro texto define el acto de Uza como “irreverente” (2 Samuel 6:7). Lo que lo hizo irreverente o “profano” no fue que Uza actuara maliciosamente, sino que en su ojos no había un temor reverente ni la distinción cuidadosa entre todo lo que Dios llama santo y lo que es meramente común. El horror de la blasfemia es idéntico: la gente dice que no significa nada cuando toman el nombre de Dios en vano. Ese es justamente el problema: para ellos no significa nada. Dios no tolera que se le trate de esa manera.

(3) El arca permanece con Obed Edom durante tres meses y él experimenta tanta bendición que a David le vuelve a interesar (6:11–12). La bendición y la reverencia van de la mano; más vale que David se dé cuenta y nosotros también.

(4) Mical resulta ser digna hija de su padre: le interesa más la pompa, la forma, los vestidos reales y la dignidad personal que la adoración exuberante (6:16). Desprecia a David justamente porque él está tan centrado en Dios, que le importa muy poco su imagen. Las personas que viven constantemente obsesionadas por lo que los demás piensan de ellas, nunca logran disfrutar de ser plenamente conscientes de Dios y estar centradas en él, algo que caracteriza a toda verdadera adoración.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 254). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Mi conversión

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

1 Timoteo 1:15

Mi conversión

Un evangelista cuenta así su propia conversión: «Tenía dieciséis años cuando un amigo me invitó a ir a escuchar a un predicador que había sido campeón deportivo. Este argumento hizo que me decidiese a ir, pero prudentemente me senté al fondo de la sala. Tenía curiosidad de oírlo, pues siempre había creído que la religión era para los débiles, los viejos y las jóvenes sentimentales, pero no para un campeón de béisbol.

Mientras predicaba tuve la sensación de que me señalaba con el dedo: Joven, usted es un pecador. Tratando de esconderme detrás de la ancha espalda del oyente que estaba sentado delante de mí, pensé: No soy peor que otros. Pero el predicador citó la Palabra de Dios: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Cuando el evangelista invitó a pasar adelante a los que querían ir a Cristo, yo salí corriendo de la sala y regresé a casa.

Jamás olvidaré la lucha que sentí después. Al día siguiente volví a la reunión. Esta vez me senté adelante. El predicador se levantó y leyó: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Pensé: Soy un pecador, Dios me ama. Cuando el evangelista pidió, otra vez, a sus auditores pasar adelante, yo fui uno de los primeros en hacerlo. Allí entregué mi corazón a Jesús. El gozo, la paz y la seguridad de la salvación llenaron mi corazón y nunca me abandonaron».

“Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

2 Crónicas 27 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

CONFORTÉMONOS UNOS A OTROS

9/10/2017

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

Hebreos 10:24

Dios quiere que sus hijos se conforten unos a otros. Pablo el apóstol, cuando comenzó su carta a los creyentes de Roma, les aseguró que deseaba visitarlos no solo para confortarlos, sino para ser confortado por ellos: “…para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí” (Ro. 1:12). Antes de eso, había descrito a Timoteo y se había descrito a sí mismo a los corintios como colaboradores “para vuestro gozo” (2 Co. 1:24).

Si en realidad es discípulo de Cristo, ha de ser una obligación y un gozo para usted estimular a otros creyentes al amor y a las buenas obras, como enseña el versículo de hoy.

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Cómo combatir la ansiedad

SEPTIEMBRE, 10

Cómo combatir la ansiedad

Devocional por John Piper

Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. (1 Pedro 5:7)

Salmos 56:3 dice: «El día en que temo, yo en ti confío».

Notemos que no dice: «nunca tengo problemas de sentir temor». El temor nos golpea y la batalla empieza. La Biblia no supone que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedad. Más bien, la Biblia nos enseña a luchar contra ella cuando nos golpea.

Por ejemplo, 1 Pedro 5:7 dice: «Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros». No dice que nunca tendremos ansiedad; por el contrario, dice que, cuando la tengamos, la echemos sobre Dios. Cuando el lodo nos salpique en el parabrisas y perdamos de vista temporalmente el camino y empecemos a desviarnos en ansiedad, encendamos el limpiaparabrisas y usemos el líquido limpiador.

Así que esta es mi respuesta a aquellos que luchan día a día contra la ansiedad: eso es bastante normal. Al menos para mí lo es, y así lo fue desde mis años de adolescencia. La cuestión es la siguiente: ¿cómo luchar contra ella?

La respuesta a esa pregunta: luchamos contra la ansiedad al batallar contra la incredulidad y porla fe en la gracia futura. La manera en que peleamos esta «buena batalla» es meditando en las garantías que Dios nos da acerca de la gracia venidera y pidiendo ayuda a su Espíritu.

El limpiaparabrisas es la suma de las promesas de Dios que barren el lodo de la incredulidad, y el líquido limpiador es la ayuda del Espíritu Santo. La batalla para ser libres del pecado se pelea «mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad» (2 Tesalonicenses 2:13).

La obra del Espíritu y la Palabra de verdad: esos son los grandes edificadores de la fe. Sin la obra ablandadora del Espíritu Santo, los limpiaparabrisas de la Palabra tan solo arañarían por encima los enceguecedores terrones de la incredulidad.

Ambos son necesarios —el Espíritu y la Palabra—. Leemos las promesas de Dios y oramos pidiendo la ayuda de su Espíritu. Y a medida que el parabrisas se limpia para permitirnos ver el bien que Dios tiene planeado para nosotros (Jeremías 29:11), nuestra fe se fortalece y el camino que la ansiedad ha torcido se endereza.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 56

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Lobos nocturnos


10 de septiembre

«Lobos nocturnos»

Habacuc 1:8

Mientras preparaba el presente volumen, esta peculiar expresión me venía a la mente muy a menudo; de suerte que, para librarme de su persistente importunidad, decidí dedicarle una página. El lobo nocturno, enfurecido después de un día de hambre, se mostraba más fiero y voraz que por la mañana. ¿No pueden los animales enfurecidos representar nuestras dudas y temores, después de un día de turbación mental, de pérdidas en los negocios y, quizá, de ruines insultos de parte de nuestros prójimos? ¡Cómo rugen en nuestros oídos nuestros propios pensamientos, diciéndonos: «¿Dónde está tu Dios?»! (Sal. 42:3). ¡Tan voraces e insaciables resultan que devoran toda insinuación de bienestar y quedan, sin embargo, tan hambrientos como antes! ¡Oh Gran Pastor, mata a esos lobos nocturnos y ordena a tu rebaño que se recueste en los delicados pastos sin turbarse por la insaciable incredulidad! ¡Qué semejantes son los demonios del Infierno a los lobos de la tarde; pues cuando el rebaño de Cristo está pasando por un día nublado y oscuro y el sol parece ponerse, ellos se apresuran a despedazar y a devorar! Difícilmente atacarán al cristiano a la luz meridiana de la fe; pero sí caerán sobre él cuando el alma se halle entristecida por algún conflicto. ¡Oh tú que diste tu vida por las ovejas, presérvalas de las garras del lobo!

Los falsos maestros que astuta y diligentemente van a la caza de vidas preciosas, devorando a los hombres con sus falsedades, son tan peligrosos y detestables como los lobos nocturnos. La oscuridad es su elemento; la falsedad, su carácter; y la destrucción, su objetivo. Nosotros estamos más expuestos al peligro cuando esos lobos se visten con pieles de ovejas. Feliz el que se libra de ellos; pues miles han sido presa de los fieros lobos que entran en el aprisco de la Iglesia.

¡Qué maravilla de la gracia es cuando se convierten los fieros perseguidores! Pues, entonces, el lobo mora con el cordero y los hombres de cruel e indomable carácter se hacen mansos y dóciles. ¡Oh Señor, convierte a muchos de estos! Por ellos te rogamos en esta noche.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 264). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

El rey David

10 SEPTIEMBRE

2 Samuel 4–5 | 1 Corintios 15 | Ezequiel 13 | Salmos 52–54

Evidentemente, el escritor de 2 Samuel (cuya identidad desconocemos) entendió que era importante registrar los múltiples pasos seguidos por David para llegar a reinar sobre todo Israel. En términos canónicos, esto es importante porque es el inicio de la dinastía davídica que llega directamente hasta el “Hijo grandísimo del gran David” (ver la meditación del 17 de mayo). Dentro de este marco, quisiera reflexionar sobre varios elementos de estos dos capítulos (2 Samuel 4–5).

(1) Es bastante sorprendente observar que David estaba dispuesto a esperar a acceder al trono, sin realizar el tipo de acción que se lo habría asegurado más rápidamente. Igualmente impresionante es su postura hacia Isboset. Baná y Recab, los asesinos de Isboset, pensaron que podrían congraciarse con esta estrella en alza por medio de su vil asesinato (lo cual era conforme con los valores comunes de la época) y más bien descubren que el compromiso de David con la justicia asegura que serían ejecutados. Lo único que le da un sabor un poco amargo al relato es el doble rasero: estos asesinos sufren una pena justa por su crimen (2 Samuel 4), mientras que en el capítulo anterior, a Joab el asesino, por su poder, se le humilla públicamente, pero no sufre la pena capital.

(2) Este libro registra detalladamente cómo “todas las tribus de Israel” (5:1) se acercaron a David en Hebrón y le invitaron a ser su rey. En la providencia de Dios, el vil asesinato cometido por Baná y Recab provoca el cumplimiento de la promesa de Dios a David.

(3) Era importante que se documentara cuándo David conquistó Jerusalén, pues esta se convertiría, no sólo en la ciudad capital de David, sino también en el hogar del tabernáculo. Durante el reinado de su hijo Salomón, sería el lugar del templo. Muchos temas teológicos enormemente importante giran alrededor de Jerusalén y del templo. Los recogieron en su momento los profetas (antes y después del Exilio), Jesús mismo y los escritores del Nuevo Testamento. Reflexiona, por ejemplo, sobre Juan 2:13–22, Gálatas 4:21–31, Hebreos 9; 12:22–23 y Apocalipsis 21–22.

(4) Sobre todo, cuando los israelitas invitan a David a ser su rey, le exponen: “El Señor te dijo: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel” (5:2). El tema “pastoral” es más amplio que el de “príncipe” y se desarrolla de varias maneras. Al comienzo del Exilio, Dios denunció tenazmente a los falsos “pastores” que están más interesados en cubrirse con la lana de las ovejas que en proteger y alimentar al rebaño (Ezequiel 34), un fenómeno que hoy día conocemos. De manera que Dios promete, una y otra vez, que él mismo será el pastor de su pueblo; de hecho, enviará a su siervo “David” (¡tres siglos y medio después de la muerte de David!) para que sea su pastor (Ezequiel 34:23–24; ver la meditación del 20 de marzo). Al cumplirse el tiempo, el heredero legítimo del linaje de David declara: “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 253). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Leamos en el libro de Dios

domingo 10 septiembre

Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día.

Lucas 24:46

Leamos en el libro de Dios

Entonces Pedro alzó la voz y les habló diciendo: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró… porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia…

A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…” (Hechos 2:22-38).

2 Crónicas 26 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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