//
estás leyendo...
Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

El rey David

10 SEPTIEMBRE

2 Samuel 4–5 | 1 Corintios 15 | Ezequiel 13 | Salmos 52–54

Evidentemente, el escritor de 2 Samuel (cuya identidad desconocemos) entendió que era importante registrar los múltiples pasos seguidos por David para llegar a reinar sobre todo Israel. En términos canónicos, esto es importante porque es el inicio de la dinastía davídica que llega directamente hasta el “Hijo grandísimo del gran David” (ver la meditación del 17 de mayo). Dentro de este marco, quisiera reflexionar sobre varios elementos de estos dos capítulos (2 Samuel 4–5).

(1) Es bastante sorprendente observar que David estaba dispuesto a esperar a acceder al trono, sin realizar el tipo de acción que se lo habría asegurado más rápidamente. Igualmente impresionante es su postura hacia Isboset. Baná y Recab, los asesinos de Isboset, pensaron que podrían congraciarse con esta estrella en alza por medio de su vil asesinato (lo cual era conforme con los valores comunes de la época) y más bien descubren que el compromiso de David con la justicia asegura que serían ejecutados. Lo único que le da un sabor un poco amargo al relato es el doble rasero: estos asesinos sufren una pena justa por su crimen (2 Samuel 4), mientras que en el capítulo anterior, a Joab el asesino, por su poder, se le humilla públicamente, pero no sufre la pena capital.

(2) Este libro registra detalladamente cómo “todas las tribus de Israel” (5:1) se acercaron a David en Hebrón y le invitaron a ser su rey. En la providencia de Dios, el vil asesinato cometido por Baná y Recab provoca el cumplimiento de la promesa de Dios a David.

(3) Era importante que se documentara cuándo David conquistó Jerusalén, pues esta se convertiría, no sólo en la ciudad capital de David, sino también en el hogar del tabernáculo. Durante el reinado de su hijo Salomón, sería el lugar del templo. Muchos temas teológicos enormemente importante giran alrededor de Jerusalén y del templo. Los recogieron en su momento los profetas (antes y después del Exilio), Jesús mismo y los escritores del Nuevo Testamento. Reflexiona, por ejemplo, sobre Juan 2:13–22, Gálatas 4:21–31, Hebreos 9; 12:22–23 y Apocalipsis 21–22.

(4) Sobre todo, cuando los israelitas invitan a David a ser su rey, le exponen: “El Señor te dijo: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel” (5:2). El tema “pastoral” es más amplio que el de “príncipe” y se desarrolla de varias maneras. Al comienzo del Exilio, Dios denunció tenazmente a los falsos “pastores” que están más interesados en cubrirse con la lana de las ovejas que en proteger y alimentar al rebaño (Ezequiel 34), un fenómeno que hoy día conocemos. De manera que Dios promete, una y otra vez, que él mismo será el pastor de su pueblo; de hecho, enviará a su siervo “David” (¡tres siglos y medio después de la muerte de David!) para que sea su pastor (Ezequiel 34:23–24; ver la meditación del 20 de marzo). Al cumplirse el tiempo, el heredero legítimo del linaje de David declara: “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 253). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Las Bienaventuranzas

Mateo 5:3-12 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: