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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Lobos nocturnos


10 de septiembre

«Lobos nocturnos»

Habacuc 1:8

Mientras preparaba el presente volumen, esta peculiar expresión me venía a la mente muy a menudo; de suerte que, para librarme de su persistente importunidad, decidí dedicarle una página. El lobo nocturno, enfurecido después de un día de hambre, se mostraba más fiero y voraz que por la mañana. ¿No pueden los animales enfurecidos representar nuestras dudas y temores, después de un día de turbación mental, de pérdidas en los negocios y, quizá, de ruines insultos de parte de nuestros prójimos? ¡Cómo rugen en nuestros oídos nuestros propios pensamientos, diciéndonos: «¿Dónde está tu Dios?»! (Sal. 42:3). ¡Tan voraces e insaciables resultan que devoran toda insinuación de bienestar y quedan, sin embargo, tan hambrientos como antes! ¡Oh Gran Pastor, mata a esos lobos nocturnos y ordena a tu rebaño que se recueste en los delicados pastos sin turbarse por la insaciable incredulidad! ¡Qué semejantes son los demonios del Infierno a los lobos de la tarde; pues cuando el rebaño de Cristo está pasando por un día nublado y oscuro y el sol parece ponerse, ellos se apresuran a despedazar y a devorar! Difícilmente atacarán al cristiano a la luz meridiana de la fe; pero sí caerán sobre él cuando el alma se halle entristecida por algún conflicto. ¡Oh tú que diste tu vida por las ovejas, presérvalas de las garras del lobo!

Los falsos maestros que astuta y diligentemente van a la caza de vidas preciosas, devorando a los hombres con sus falsedades, son tan peligrosos y detestables como los lobos nocturnos. La oscuridad es su elemento; la falsedad, su carácter; y la destrucción, su objetivo. Nosotros estamos más expuestos al peligro cuando esos lobos se visten con pieles de ovejas. Feliz el que se libra de ellos; pues miles han sido presa de los fieros lobos que entran en el aprisco de la Iglesia.

¡Qué maravilla de la gracia es cuando se convierten los fieros perseguidores! Pues, entonces, el lobo mora con el cordero y los hombres de cruel e indomable carácter se hacen mansos y dóciles. ¡Oh Señor, convierte a muchos de estos! Por ellos te rogamos en esta noche.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 264). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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