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SEÑOR, guíame en tu justicia por causa de mis enemigos

11 de septiembre

«SEÑOR, guíame en tu justicia por causa de mis enemigos».

Salmo 5:8 (LBLA)

Muy amarga es la enemistad del mundo contra el pueblo de Dios. Los hombres olvidan mil faltas de otros, pero exagerarán la más insignificante falla cometida por los seguidores de Jesús. En lugar de lamentarnos, procuremos más bien sacar provecho de esto y, ya que muchos están acechando nuestros titubeos, propongámonos andar muy cuidadosamente delante de Dios. Si vivimos negligentemente, los ojos de lince del mundo pronto nos verán y, con sus centenares de lenguas, esparcirán el embuste exagerado y decorado por el celo del calumniador. El mundo exclamará triunfalmente: «¡Ah, así los quería sorprender! ¡Mira lo que hacen estos cristianos! ¡En realidad, son unos hipócritas!». Obrando de este modo, haremos mucho daño a la causa de Cristo y seremos motivo de que su Nombre se vea afrentado. La cruz de Cristo es en sí misma un escándalo para el mundo; procuremos, pues, no añadir ningún otro escándalo a ella. La cruz de Jesús es «a los judíos, tropezadero»; no pongamos, entonces, más tropiezos donde ya hay más que suficientes. «A los gentiles, [es] locura»: tampoco añadamos nuestra insensatez para dar lugar al escarnio con el que la sabiduría del mundo ridiculiza el evangelio. ¡Qué desconfiados deberíamos ser de nosotros mismos! ¡Cuán rigurosos con nuestras conciencias! ¡Qué prudentes en la presencia de nuestros adversarios, los cuales tergiversan las mejores acciones que ejecutamos y, cuando no pueden hacerlo, ponen en tela de juicio nuestros motivos! Se considera sospechosos a los peregrinos mientras estos atraviesan la Feria de Vanidad. No solo se nos vigila estrechamente, sino que tenemos a nuestro alrededor más espías de los que podemos imaginar. Ese espionaje se efectúa en todas partes donde nos encontremos. Si llegamos a caer en manos de nuestros enemigos, es más que probable que nos muestre bondad un lobo rapaz o compasión un demonio que indulgencia los hombres que sazonan su incredulidad hacia Dios con escándalos contra su pueblo. ¡Oh Señor, guíanos siempre para que nuestros enemigos no nos sorprendan en falta alguna!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 265). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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