¿Qué significa la Semana Santa?

La Semana Santa es la celebración anual de la resurrección de Cristo a la vida después de Su crucifixión y muerte. Este día también se llama Domingo de Resurrección. La palabra Semana Santa está relacionada con la palabra oriente (por sus siglas en inglés), que naturalmente nos indica la salida del sol, los nuevos días y los nuevos comienzos.

Para algunos, la Semana Santa carece de todo significado, salvo el secular. Para ellos, la Semana Santa es un momento para colorear huevos, esconderlos y hacer que los niños los busquen. Es el momento de declamar el mito del conejo de Pascua y de hacer alusión a sus continuas escapadas. Es el momento de regalar caramelos, sacar fotos y festejar en torno a la mesa familiar. Es un día para marcar el comienzo de la primavera y celebrar el rejuvenecimiento de la naturaleza y el reverdecer de la vegetación. Estas celebraciones de la Semana Santa, si no van más allá de esto, son una débil sombra del verdadero significado de la misma; son tan vacías como un huevo de plástico, tan huecas como un conejo de Pascua de chocolate.

La Semana Santa es una fiesta cristiana, y las celebraciones cristianas se centran en el verdadero significado de la Semana Santa: la resurrección de Jesucristo. Hace dos mil años, un hombre murió en una cruz, fue enterrado y tres días después resucitó. Esta realidad -que un hombre muerto volvió a la vida y vive para siempre- es la razón por la que celebramos la Semana Santa. El significado de la Semana Santa es que el Hijo de Dios pagó el precio de nuestros pecados y resucitó para reconciliarnos con Dios (ver Romanos 4:25).

La Semana Santa significa que nuestro mayor enemigo, la muerte, ha sido vencido. La Semana Santa significa que nuestros pecados han sido perdonados y que hemos sido reconciliados con Dios. La Semana Santa significa que Cristo es realmente el Rey y el Vencedor, sentado «sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra» (Efesios 1:21). El significado de la Semana Santa es que Jesús es el Señor de los nuevos comienzos, de los nuevos días y de las nuevas vidas.

La Semana Santa significa que el incomprensible y gran poder de Dios se manifestó plenamente en la tumba del jardín donde yacía Cristo. Ese mismo gran poder que resucitó a Cristo de entre los muertos actúa ahora en nosotros que creemos (Efesios 1:19). El significado de la Semana Santa es que Dios puede mover montañas, dividir mares, restaurar la vida y hacer rodar la piedra.

La Semana Santa significa que los pobres de espíritu poseerán el reino de los cielos, que los afligidos serán consolados, que los mansos heredarán la tierra, que los buscadores de la justicia serán saciados, que los misericordiosos encontrarán misericordia y que los puros de corazón verán a Dios (véase Mateo 5:3-8). El significado de la Semana Santa es que las promesas de Dios se hacen realidad en Cristo.

La Semana Santa significa que podemos anunciar la buena noticia a los pobres, la libertad a los presos y que los ciegos recuperen la vista. Podemos liberar a los oprimidos y anunciar el año de la buena voluntad del Señor (ver Lucas 4:18-19). El significado de la Semana Santa es que el evangelio -la proclamación de la emancipación de Dios- ha de ser anunciado por todas partes. Las buenas noticias hay que compartirlas.

La Semana Santa significa que el amor es más fuerte que la muerte. El amor es como «brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos» (Eclesiastés 8:6-7). Fue por amor que Dios entregó a Su único Hijo (Juan 3:16); fue por amor que Cristo murió en la cruz (Juan 15:13). Es por amor que el Señor resucitado intercede por Sus hijos (Romanos 8:34). La Semana Santa está llena de amor.

Después de todo, la Semana Santa significa que hay esperanza para nosotros. Como dijo Jesús: «porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19).

Artículo del ministerio GotQuestions.org

Sé que Dios me ama

Martes 4 Abril

Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo del Señor permanecerá.

Proverbios 19:21

En gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Marcos 7:37

Sé que Dios me ama

¿Quién de nosotros no tiene inquietudes, preocupaciones, tristezas, sufrimientos? Los verdaderos cristianos estamos felices de saber que no es un destino ciego el que organiza al azar las circunstancias de nuestra existencia. En efecto, Dios mismo vela sobre nuestras vidas. Él sabe y puede todo. ¡Tiene un proyecto para cada una de sus criaturas! La Biblia da ejemplos de personas que, aunque estaban cerca de Dios, sufrieron mucho. No somos los únicos que pasamos por dificultades. Job dijo: “Así he recibido meses de calamidad, y noches de trabajo me dieron por cuenta” (Job 7:3). Jacob debió reconocer que las decisiones que había tomado sin tener en cuenta la voluntad de Dios le ocasionaron muchas tristezas, y concluyó diciendo: “Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (Génesis 47:9).

Las circunstancias de la vida, adversas o favorables, son permitidas por nuestro Dios, quien es luz, pero también es amor (1 Juan 4:8). Los acontecimientos que consideramos más negativos también son permitidos por Dios. A menudo él desea hablarnos y acercarnos a él por medio de lo que llamamos la adversidad. Cualquiera que sea la situación, aprendamos a ir a él. Para todos los que recibieron su perdón y su salvación mediante la fe en Jesucristo, saber que son amados por Dios es el fundamento y el sentido de su vida. ¡Pueden contar con la bondad y la sabiduría divinas para encontrar ayuda en medio de sus pruebas!

El Señor “se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lamentaciones 3:32).

Ezequiel 28 – Gálatas 5 – Salmo 39:1-6 – Proverbios 12:27-28

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ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Aconsejando efectivamente a las ovejas | Luis Méndez

Aconsejar es el proceso por el cual buscamos la ayuda y dirección de Dios en una circunstancia particular. Más específicamente, la consejería bíblica provee esa ayuda primordialmente mediante el uso y aplicación de las Escrituras. Todo creyente es parte de un proceso de discipulado donde experimenta crecimiento en santificación progresiva. Pero la consejería es un proceso enfocado para tratar una necesidad particular. Algunos lo llaman un proceso de discipulado intensivo.

La fuente y el agente de la consejería
En Romanos 15, Pablo explica dos elementos clave del proceso de consejería. En el verso 4 el apóstol describe el primer elemento del proceso: la fuente. Él dice: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá esencialmente de ministrar las Escrituras. Esa es la fuente por la cual Dios da gozo, consuelo, fortaleza, y guía. ¡Esa distinción es importante! Aunque, como seres humanos, nuestras palabras pueden mostrar afecto y atención, la realidad es que el alma solamente podrá ser sanada y fortalecida si es expuesta a la Palabra de Dios. En adición a la fuente, Pablo también describe el segundo gran elemento del proceso: el agente de la consejería, que es el Espíritu Santo. En el verso 13 el apóstol declara: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Ro. 15:13). En otras palabras, el proceso de llevar esperanza a un alma necesitada dependerá de la intervención particular del poder del Espíritu Santo. Ese es el agente por el cual Dios aplica la Palabra al corazón. Entonces ahí está la combinación. Por un lado tenemos la Palabra inspirada y por el otro tenemos al Espíritu Santo. A manera de resumen, la consejería bíblica es:

El proceso por el cual un creyente (consejero) toma la Palabra de Dios,
la enseña de manera sistemática a otra persona en necesidad (el aconsejado),
y mediante oración se encomiendan a la obra del Espíritu Santo para encontrar la ayuda necesaria.
¡Hablamos, entonces, de teología aplicada! Dicho lo anterior, es obvio que el proceso de consejería bíblica comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡El que sana es el Señor! Nuestra labor es acercar a los necesitados a Jesús para que Él pueda sanarles Necesitamos humildad y fe para confiar en el poder de Dios, y necesitamos gracia para amar las almas necesitadas.

El proceso comienza en Dios y termina en Dios. Nosotros somos instrumentos en las manos de un Dios redentor. ¡Quien sana es Dios!

Siendo efectivos al aconsejar
A continuación veremos algunos consejos prácticos que nos ayudarán a realizar la consejería bíblica de una manera más efectiva y ordenada. 1. Comienza contigo mismo. Necesitamos ser gente que practica la piedad (1 Ti. 4:8). Si queremos ser usados por Dios, debemos cultivar el gozo de su presencia. Tenemos un llamado que demanda una vida de santidad. Debemos ser gente sensible a la voz del Espíritu para apartarnos del pecado y llenarnos de la Palabra para cultivar fe en sus promesas. Necesitamos la gracia de Dios que nos mantenga cerca de Él. No me refiero a ser completamente perfectos, sino a vivir buscando tener una limpia conciencia delante de Dios y de los hombres (1 Pe. 3:21). Esa santa dependencia en Dios nos hará hombres más sensibles a la hora de recibir sabiduría de Dios, para luego transferirla a otros. 2. Encuentra ayuda en la oración. Esto incluye un tiempo de oración individual y junto con el aconsejado. La oración nos hace conscientes de nuestra necesidad, y al mismo tiempo nos hace conscientes del poder de Dios. Es un simple reconocimiento de nuestra absoluta dependencia de Él. Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente. Cuando el apóstol Pablo quiso ilustrar la necesidad de ser protegidos por el poder de Dios en medio de nuestras luchas, lo expresó así: “Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:19).

Muchas de las dificultades que enfrentamos en este mundo son parte de la lucha espiritual, y la oración es una de las armaduras que Dios ha provisto para combatir adecuadamente.

  1. La preparación es clave. Si la consejería se realiza de manera formal como parte del ministerio de la iglesia, será muy útil tener formularios de información que puedan ayudar a entender con antelación la necesidad del aconsejado. Esto ayudará también a disponer de recursos de lectura que puedan ser asignados esta persona. Si la consejería se realiza de manera informal, será recomendable disponer de un lugar apropiado que permita la suficiente privacidad. La idea es que dejemos en claro que se le ha dado la debida importancia a la necesidad del aconsejado, independiente del lugar donde la consejería suceda. 4. Concéntrate en entender el problema. Aprender a hacer buenas preguntas es una parte crucial del proceso de la consejería. Debemos entender la historia del aconsejado y procesarla juntos. Usualmente las preguntas que requieran una explicación extensa son las mejores. Por ejemplo: ¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? ¿Cómo pasó? ¿Por qué hiciste lo que hiciste? ¿Por qué piensas así? Más que ser muy técnicos, debemos orar por un deseo de conocer y ayudar al aconsejado. Aquí se demuestra nuestro sincero interés hacia él. Debemos escuchar y leer el lenguaje no verbal, los gestos y reacciones, pues esto nos ayudará grandemente a discernir la realidad del problema. Entender la problemática nos tomará tiempo, y muy probablemente serán necesarias varias sesiones de trabajo. Para resolver un problema debemos asegurarnos de entenderlo apropiadamente, de lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en necios. Proverbios 18:13 advierte claramente: “El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza”. 5. Escudriña la Palabra. Aunque la consejería no debe ser mecánica, ayuda mucho estudiar previamente algunos pasajes específicos, sobre todo para la primera sesión, ya que en esta el aconsejado usualmente viene más desanimado y necesitado. Este material se convierte en una especie de devocional para llevar las almas necesitadas a Dios. Al fin de cuentas, lo que sana es la Palabra. Así que independientemente de cómo progrese la conversación con el aconsejado, siempre debe haber un momento para ministrar la Palabra. Este es el momento más importante. Es una contradicción cuando se habla de consejería bíblica y no hay espacio para ministrar la Palabra. ¡Tiene que haber un momento cuando callemos y demos paso a que Dios hable! Como consejeros debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos (Ef. 6:17), por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra (Jn. 5:39; 10:17, 2 Ti. 3:16).

Debemos aplicarnos de manera intencional para conocer nuestra Biblia lo mejor que podamos. Ella es la principal herramienta y arma ofensiva que tenemos, por lo que debemos ser gente que conoce, estudia, entiende, y aplica la Palabra.

  1. Provee esperanza. Al final del día, en medio de una dificultad, lo que nos sostendrá es el ver a Dios. Un escenario, sin importar la condición, no estará completo si no somos capaces de ver a Dios en él. La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

La consejería tiene como propósito principal llevarnos a Dios, sea para confiarle nuestros momentos de aflicción o para temerle en momentos de desobediencia.

Dios es nuestra porción, y nuestra alma no será sanada hasta que seamos acercados a Él. En los casos de aflicción, el consuelo no vendrá cuando se resuelva el problema, sino cuando seamos capaces de ver a Dios en medio del problema. En Lamentaciones 3 encontramos esa preciosa transición del desconsuelo a una esperanza viva. Luego de narrar uno de los cuadros más desconsoladores en la Biblia, encontramos esta declaración:

“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El Señor es mi porción —dice mi alma— por eso en El espero. Bueno es el Señor para los que en El esperan, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor”, Lamentaciones 3:21-26.
En medio de nuestras angustias necesitamos acercarnos a Dios para alcanzar esa esperanza que da fuerza para seguir esperando en Él. 7. Dale seguimiento al aconsejado. Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas. Muy pocas veces un problema requerirá de una sola sesión. Debemos aprender a elaborar una agenda de trabajo de acuerdo a los problemas identificados. Las dificultades que confrontamos en la vida están intrínsecamente relacionadas con nuestro corazón. Lo que vemos usualmente son los efectos, pero la causa siempre es más profunda y está ligada a lo que amamos en el corazón. Nuestro Señor Jesucristo lo ilustró de esta manera:

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”, Mateo 7:21-23.
Nuestro enfoque al aconsejar no son los efectos, sino las causas.

  1. Asigna tareas. Una manera de llegar a la causa del problema es asignando tareas. Además de que esto ahorrar un tiempo significativo en la sesión, las tareas proveen un mecanismo extraordinario para que el aconsejado pueda profundizar en las verdades consideradas, y al mismo tiempo facilitan un mecanismo de seguimiento durante el proceso. Las asignaciones deben ser lo más específicas posible. Por ejemplo:

Escribe 20 cosas que aprendiste del devocional que hicimos hoy.
Dame 15 sugerencias prácticas de cómo piensas mostrar tu amor a tu cónyuge esta semana.
Lee un pasaje asignado tres veces durante la semana y trae diez observaciones sobre eso.
Para una pareja con problemas en la relación, quizá pueda ser útil guardar un diario que registre sus conflictos durante la semana, que incluya:

Cuándo sucedió el problema.
Qué pasó exactamente.
Dónde paso.
Cómo lo resolvieron.
Etc.

  1. Algunas precauciones necesarias. Siempre es necesario cultivar algunas medidas de precaución. Una de ellas llene que ver con la consejería a una persona del sexo opuesto. En el caso de un pastor, lo ideal sería que equipemos a nuestras hermanas más maduras en la fe para ejercer este rol. Cuando sea inevitable aconsejar una mujer, lo más sabio es incluir a tu esposa o alguna otra hermana de madurez espiritual, para evitar cualquier conexión emocional incorrecta. Por otro lado, recordemos que nuestro rol es llevar al aconsejado a Cristo. Él es el Gran Pastor. Debemos de tener cuidado de no cultivar en nuestros aconsejados un sentido de codependencia que haga difícil su crecimiento natural con Cristo. Nuestro principal rol es ayudarles a crecer, no establecer un control desmedido sobre ellos. Aunque el ámbito de la consejería bíblica demanda cada vez mayor entrenamiento y preparación, debemos entender que aconsejar es un deber que todo verdadero creyente debe ser capaz de ejercer. Todo discípulo de Cristo debe ser un discipulador, porque tiene la Palabra inspirada y también al Espíritu. En ese sentido, los líderes de las iglesias debemos de ser más intencionales, no solo en prepararnos mejor, sino también en equipar a otros en nuestras iglesias para que puedan cumplir la obra del ministerio (Ef. 4:12). Que el Dios de toda gracia nos conceda ser una generación donde, como parte del crecimiento natural que experimentamos como creyentes, su Palabra sea aplicada, su cruz exaltada, y su nombre glorificado.


Luis Méndez es pastor, sirve como consejero pastoral desde hace más de una década. Fue el director Pastoral del Ministerio Hispano de la iglesia Bethlehem, en Minnesota (Estados Unidos), hasta entrar al cuerpo pastoral de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, República Dominicana. Puedes encontrarlo en Twitter: @luisdvilma.