Sumisión
āSimplemente no puedo soportar la idea de ser una alfombraā, dijo Jo cuando tratĆ© de hablarle sobre el principio bĆblico de gobierno y sumisión. EstĆ” a punto de divorciarse porque estĆ” decidida a encontrar su libertad; y su matrimonio, dice ella, no era cincuenta-cincuenta como ella cree que deberĆa ser. A ella le han vendido un contrato de bienes aquellos que han declarado que la sumisión de cualquier tipo es esclavitud. SĆ, ha habido grandes errores en la sociedad. SĆ, estoy de acuerdo que los hombres no deben oprimirse entre sĆ. SĆ, es cierto que algunos hombres han tratado a las mujeres como alfombras. No, al esposo no se le ordena dominar, ni a la esposa ser servil. Ha habido toda clase de ataduras humanas que el cristiano deberĆa ser el primero en deplorar y corregir. JesĆŗs vino a dar libertad a los cautivos.
Pero la sumisión a la autoridad dada por Dios no es cautiverio. Si tan solo hubiera podido ayudar a Jo a ver esto; pero cuando le preguntĆ© lo que ella pensaba que deberĆa distinguir un matrimonio cristiano de todos los demĆ”s, ella dijo: āigualdadā. La igualdad es, por un lado, una imposibilidad humana en el matrimonio. ĀæQuiĆ©n estĆ” en posición de distribuir todo de acuerdo con la preferencia o la competencia? āSi me gusta, lo hagoā decĆa Jo, āy deberĆa ser yo quien lo haga. Si no me gusta, Bill lo hace. Si a Ć©l tampoco le gusta, entonces lo dividimos por la mitadā. Suena bien al principio. Ciertamente es la forma en que se hacen muchas cosas en cualquier hogar, supongo, y no dirĆa que estĆ” mal. ĀæPero, existe un hogar verdaderamente feliz donde los miembros hacen sólo lo que les gusta y nunca hacen con gusto lo que no les gusta? Es un punto de vista ingenuo de la naturaleza humana suponer que dos iguales pueden turnarse para liderar y seguir, y pueden, debido a que son āmadurosā, hacerlo sin ningĆŗn rango. El sentido comĆŗn les ha dicho a las mujeres de todas las sociedades y de todas las Ć©pocas que el cuidado del hogar les corresponde a ellas. Los hombres han sido los proveedores. Ciertamente hay circunstancias en nuestra compleja sociedad moderna que exigen modificaciones. Conozco a muchas esposas de estudiantes de seminario que tienen que trabajar para poder pagar la matrĆcula de sus esposos y las compras del supermercado. Obviamente, los esposos deben hacer parte del trabajo domĆ©stico y del cuidado de los hijos. Este es un recurso temporal y la mayorĆa de ellos, esposos y esposas, esperan con ansias el dĆa en que las cosas vuelvan a ser normales.
Si nos hemos vuelto tan maduros, de mente abierta, adaptables y liberados que los mandatos de las Escrituras dirigidos a las esposas āāadaptarseā, āsometerseā, āsujetarseāā han perdido su significado; si la palabra cabeza ya no tiene ninguna connotación de autoridad, y la jerarquĆa ha llegado a significar tiranĆa; hemos sido ahogados en la corriente de la ideologĆa de la liberación.
Le dije a Jo, y te digo a ti lo que Pablo les dijo a los cristianos romanos: āY no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuĆ”l es la voluntad de Diosā (Romanos 12:2 ). Dios quiere que seamos Ćntegros, seguros y fuertes, y una de las formas para encontrar esa integridad, seguridad y fortaleza es someternos a las autoridades que Ćl ha puesto sobre nosotros. (La cuestión sobre la autoridad polĆtica, a la que la Biblia tambiĆ©n dice que debemos someternos, se vuelve grandemente complicada y dolorosa para algunos. En los tiempos modernos Dietrich Bonhoeffer, Corrie ten Boom y su familia y Richard Wurmbrand han tenido que luchar con esto. No estĆ” dentro del alcance de estas cartas discutir ese tema, pero lo menciono por si alguien piensa que tiendo a simplificar demasiado y usarĆa los mismos argumentos para defender, por ejemplo, la esclavitud).
La sumisión por causa del SeƱor no equivale a servilismo. No conduce a la autodestrucción, el sofocamiento de los dones, la personalidad, la inteligencia o el espĆritu. Si la obediencia misma requiere un suicidio de la personalidad (como lo afirma un escritor), tendrĆamos que concluir que la obediencia a Cristo demanda esto. Pero las promesas que Ćl nos ha dado difĆcilmente apuntan a la autodestrucción: āYo los harĆ© descansarā (Mateo 11:28 ). āMi paz les doyā ( Juan 14:27 ). āYo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundanciaā ( Juan 10:10 ). āPara que todo aquel que cree en Ćl, no se pierda, sino que tenga vida eternaā ( Juan 3:16 ). āPero el que beba del agua que Yo le darĆ©, no tendrĆ” sed jamĆ”sā ( Juan 4:14 ). āEl que pierda su vida por causa de MĆ, la hallarĆ”ā (Mateo 16:25 ). āEl Padre de ustedes ha decidido darles el reinoā (Lucas 12:32 ).
Dios no le estĆ” pidiendo a nadie convertirse en un cero a la izquierda. ĀæCuĆ”l fue el diseƱo del Creador en todo lo que hizo? Ćl querĆa que fuera bueno, es decir, perfecto. Precisamente lo que Ćl querĆa: libre para ser lo que Ćl destinó que fuera. Cuando le ordenó a AdĆ”n a āsometerā y āejercer dominioā sobre la tierra, no le estaba ordenando que destruyera su significado o su existencia. Ćl estaba, podemos decir, āorquestandoā, dando la dirección a uno, sometiendo a otro, para producir una completa armonĆa para Su gloria.
DƩjame ser mujer
Elisabeth Elliot
En Déjame ser mujer, Elisabeth Elliot escribe con claridad sobre lo que significa ser una mujer cristiana. Tanto si eres joven como mayor, soltera, comprometida, casada o viuda, entenderÔs mejor cómo encajas en el plan de Dios, y saldrÔs con una maravillosa sensación de paz sobre quién eres realmente como mujer cristiana..
Debe ser muy difĆcil para las personas que no han sido criadas en hogares disciplinados, aprender la relación entre autoridad y amor, porque para ellos la autoridad habrĆ” estado asociada con elementos fuera de su hogar, como la ley civil. Pero tenemos a un Dios amoroso que arregló las cosas no solo para nuestro āmejor interĆ©sā (no siempre estamos deseosos de tener lo que es ābueno para nosotrosā) sino para la libertad y el gozo. Cuando hizo a Eva, fue porque el JardĆn del EdĆ©n habrĆa sido una prisión de soledad para AdĆ”n sin ella. No era bueno para Ć©l estar solo, y para liberarlo de la prisión y traer libertad y gozo, Dios le dio a la mujer. La libertad y el gozo de Eva eran ser el complemento de AdĆ”n.
Cuando Pablo habla de la sumisión de la mujer, basa su argumento en el orden de la creación. La mujer fue creada de y para el hombre. Sigue naturalmente que ella tuvo que ser creada despuĆ©s del hombre. La posición cronológica secundaria de la mujer no prueba necesariamente (a pesar de Richard Hooker y otros) una inteligencia inferior. Pero aquellos que descartan la posibilidad de las diferencias sexuales en los dones intelectuales no estĆ”n considerando toda la información. Hay algunas estadĆsticas intrigantes que apuntan a razones biológicas para tales diferencias. Los hombres parecen estar mejor equipados para tratar con mĆ”s altos niveles de abstracción. Una demostración de esto es el hecho de que, si bien en la actualidad hay ochenta y dos grandes maestros de ajedrez, ninguno es mujer. De los quinientos mejores jugadores de ajedrez de la historia, ninguno ha sido mujer. Pero miles de mujeres, particularmente en la Unión SoviĆ©tica, juegan ajedrez.
Leà sobre esto en un libro llamado La inevitabilidad del patriarcado por Steven Goldberg. Goldberg se esfuerza grandemente por mostrar que de ninguna manera él estÔ sugiriendo que los hombres son generalmente superiores a las mujeres. Son diferentes, y sus diferencias estÔn determinadas por las hormonas:
Es necesario seƱalar, una vez mĆ”s, que no hay razón para creer que hay diferencias sexuales en la inteligencia en todos sus mĆŗltiples aspectos. Considerar la capacidad para teorizar como una mayor demostración de inteligencia que la percepción o la perspicacia no es menos arriesgado que considerar la fuerza fĆsica mĆ”s importante que la longevidad como medida de buena salud.
Para el cristiano, las estadĆsticas de Goldberg son interesantes. Para el cristiano que cree en un orden jerĆ”rquico, son aĆŗn mĆ”s interesantes, porque, aunque creemos que el orden patriarcal tradicional no es meramente cultural y sociológico, sino que tiene su fundamento en la teologĆa, es interesante descubrir que tambiĆ©n tiene un fundamento biológico vĆ”lido.
Hay un principio espiritual involucrado aquĆ. Es la voluntad de Dios. Desde el GĆ©nesis hasta el Apocalipsis, se nos muestra en incontables historias en el trato de Dios con las personas que es Su voluntad liberarlas y darles alegrĆa. A veces, el proceso de liberarlas es doloroso. Significó la muerte para el Hijo del Hombre āSu vida a cambio de la nuestraā. No vino a condenar, ni esclavizar, ni a meternos en una prisión. Ćl vino a dar vida.
Y es la voluntad de Dios que la mujer estĆ© sujeta al hombre en el matrimonio. El matrimonio es usado en el Antiguo Testamento para expresar la relación entre Dios y Su pueblo de pacto y en el Nuevo Testamento entre Cristo y la iglesia. NingĆŗn esfuerzo por mantenerse al dĆa, por adaptarse a los movimientos sociales modernos ni a los cultos a la personalidad nos autoriza a invertir este orden. Tremendas verdades celestiales se exponen en la sujeción de la esposa a su esposo, y el uso de esta metĆ”fora en la Biblia no puede ser accidental.
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Este artĆculo ĀæDeberĆa la mujer ser sumisa a la autoridad del hombre? La respuesta de Elisabeth Elliot fue adaptado de una porción del libro DĆ©jame ser mujer , publicado por Poiema Publicaciones .
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PƔginas 133 a la 137