QuiĆ©n era JesĆŗs para mĆ­ y quĆ© llegó a significar

Lunes 10 Abril

(Jesús) por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

2 Corintios 5:15

Quién era Jesús para mí y qué llegó a significar

Testimonio

Había practicado la religión de mi familia, que condenaba severamente la cristiandad. A mis 18 años fui interpelado por una mujer cristiana en un puesto de literatura bíblica. Yo no sabía nada de la Biblia, excepto que estaba «falsificada», según me habían enseñado. Me habían dicho que los cristianos decían que Jesús era el Hijo de Dios, y para mí eso era una blasfemia. Creía que Jesús solo era un hombre, por supuesto un profeta, pero que había sido creado, al igual que AdÔn.

DecidĆ­ estudiar y comparar la Biblia con otros libros religiosos.

A medida que la leía, descubría que era muy diferente de lo que había pensado. Y, sobre todo, la idea que me había hecho de Jesús era falsa. ”Descubrí que él era un hombre único! ¿Quién pudo, como él, consolar a los pobres, acoger a las personas rechazadas, aliviar a los oprimidos? ¿Quién habló con simplicidad y transmitió la verdad sobre Dios, como Jesús? Y, sobre todo, ¿quién reveló, como Jesús, al Dios y Padre de todos los que depositan su confianza en él?

Luego asistí a reuniones cristianas. ”Esto me ayudó a comprender el evangelio de la salvación! El amor de Dios, manifestado en la cruz, me conmovió a mí, quien pensaba que Dios era poderoso, pero que no podía perdonar al pecador. ”Ahora Jesucristo es mi Salvador y Maestro! ”La paz inundó mi corazón! Conozco a Dios como mi Padre celestial, y esto gracias a Jesús, quien fue crucificado y resucitó por mí.

Jamel

Ezequiel 33:21-34:10 ā€“ 1 Tesalonicenses 5 ā€“ Salmo 41:7-13 ā€“ Proverbios 13:9-10

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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ĀæDeberĆ­a la mujer ser sumisa a la autoridad del hombre? | Elisabeth Elliot

Sumisión

ā€œSimplemente no puedo soportar la idea de ser una alfombraā€, dijo Jo cuando tratĆ© de hablarle sobre el principio bĆ­blico de gobierno y sumisión. EstĆ” a punto de divorciarse porque estĆ” decidida a encontrar su libertad; y su matrimonio, dice ella, no era cincuenta-cincuenta como ella cree que deberĆ­a ser. A ella le han vendido un contrato de bienes aquellos que han declarado que la sumisión de cualquier tipo es esclavitud. SĆ­, ha habido grandes errores en la sociedad. SĆ­, estoy de acuerdo que los hombres no deben oprimirse entre sĆ­. SĆ­, es cierto que algunos hombres han tratado a las mujeres como alfombras. No, al esposo no se le ordena dominar, ni a la esposa ser servil. Ha habido toda clase de ataduras humanas que el cristiano deberĆ­a ser el primero en deplorar y corregir. JesĆŗs vino a dar libertad a los cautivos.

Pero la sumisión a la autoridad dada por Dios no es cautiverio. Si tan solo hubiera podido ayudar a Jo a ver esto; pero cuando le preguntĆ© lo que ella pensaba que deberĆ­a distinguir un matrimonio cristiano de todos los demĆ”s, ella dijo: ā€œigualdadā€. La igualdad es, por un lado, una imposibilidad humana en el matrimonio. ĀæQuiĆ©n estĆ” en posición de distribuir todo de acuerdo con la preferencia o la competencia? ā€œSi me gusta, lo hagoā€ decĆ­a Jo, ā€œy deberĆ­a ser yo quien lo haga. Si no me gusta, Bill lo hace. Si a Ć©l tampoco le gusta, entonces lo dividimos por la mitadā€. Suena bien al principio. Ciertamente es la forma en que se hacen muchas cosas en cualquier hogar, supongo, y no dirĆ­a que estĆ” mal. ĀæPero, existe un hogar verdaderamente feliz donde los miembros hacen sólo lo que les gusta y nunca hacen con gusto lo que no les gusta? Es un punto de vista ingenuo de la naturaleza humana suponer que dos iguales pueden turnarse para liderar y seguir, y pueden, debido a que son ā€œmadurosā€, hacerlo sin ningĆŗn rango. El sentido comĆŗn les ha dicho a las mujeres de todas las sociedades y de todas las Ć©pocas que el cuidado del hogar les corresponde a ellas. Los hombres han sido los proveedores. Ciertamente hay circunstancias en nuestra compleja sociedad moderna que exigen modificaciones. Conozco a muchas esposas de estudiantes de seminario que tienen que trabajar para poder pagar la matrĆ­cula de sus esposos y las compras del supermercado. Obviamente, los esposos deben hacer parte del trabajo domĆ©stico y del cuidado de los hijos. Este es un recurso temporal y la mayorĆ­a de ellos, esposos y esposas, esperan con ansias el dĆ­a en que las cosas vuelvan a ser normales.

Si nos hemos vuelto tan maduros, de mente abierta, adaptables y liberados que los mandatos de las Escrituras dirigidos a las esposas ā€”ā€œadaptarseā€, ā€œsometerseā€, ā€œsujetarseā€ā€” han perdido su significado; si la palabra cabeza ya no tiene ninguna connotación de autoridad, y la jerarquĆ­a ha llegado a significar tiranĆ­a; hemos sido ahogados en la corriente de la ideologĆ­a de la liberación.

Le dije a Jo, y te digo a ti lo que Pablo les dijo a los cristianos romanos: ā€œY no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuĆ”l es la voluntad de Diosā€ (Romanos 12:2). Dios quiere que seamos Ć­ntegros, seguros y fuertes, y una de las formas para encontrar esa integridad, seguridad y fortaleza es someternos a las autoridades que Ɖl ha puesto sobre nosotros. (La cuestión sobre la autoridad polĆ­tica, a la que la Biblia tambiĆ©n dice que debemos someternos, se vuelve grandemente complicada y dolorosa para algunos. En los tiempos modernos Dietrich Bonhoeffer, Corrie ten Boom y su familia y Richard Wurmbrand han tenido que luchar con esto. No estĆ” dentro del alcance de estas cartas discutir ese tema, pero lo menciono por si alguien piensa que tiendo a simplificar demasiado y usarĆ­a los mismos argumentos para defender, por ejemplo, la esclavitud).

La sumisión por causa del SeƱor no equivale a servilismo. No conduce a la autodestrucción, el sofocamiento de los dones, la personalidad, la inteligencia o el espĆ­ritu. Si la obediencia misma requiere un suicidio de la personalidad (como lo afirma un escritor), tendrĆ­amos que concluir que la obediencia a Cristo demanda esto. Pero las promesas que Ɖl nos ha dado difĆ­cilmente apuntan a la autodestrucción: ā€œYo los harĆ© descansarā€ (Mateo 11:28). ā€œMi paz les doyā€ ( Juan 14:27). ā€œYo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundanciaā€ ( Juan 10:10). ā€œPara que todo aquel que cree en Ɖl, no se pierda, sino que tenga vida eternaā€ ( Juan 3:16). ā€œPero el que beba del agua que Yo le darĆ©, no tendrĆ” sed jamĆ”sā€ ( Juan 4:14). ā€œEl que pierda su vida por causa de MĆ­, la hallarĆ”ā€ (Mateo 16:25). ā€œEl Padre de ustedes ha decidido darles el reinoā€ (Lucas 12:32).

Dios no le estĆ” pidiendo a nadie convertirse en un cero a la izquierda. ĀæCuĆ”l fue el diseƱo del Creador en todo lo que hizo? Ɖl querĆ­a que fuera bueno, es decir, perfecto. Precisamente lo que Ɖl querĆ­a: libre para ser lo que Ɖl destinó que fuera. Cuando le ordenó a AdĆ”n a ā€œsometerā€ y ā€œejercer dominioā€ sobre la tierra, no le estaba ordenando que destruyera su significado o su existencia. Ɖl estaba, podemos decir, ā€œorquestandoā€, dando la dirección a uno, sometiendo a otro, para producir una completa armonĆ­a para Su gloria.

DƩjame ser mujer

Elisabeth Elliot

En Déjame ser mujer, Elisabeth Elliot escribe con claridad sobre lo que significa ser una mujer cristiana. Tanto si eres joven como mayor, soltera, comprometida, casada o viuda, entenderÔs mejor cómo encajas en el plan de Dios, y saldrÔs con una maravillosa sensación de paz sobre quién eres realmente como mujer cristiana..

Debe ser muy difĆ­cil para las personas que no han sido criadas en hogares disciplinados, aprender la relación entre autoridad y amor, porque para ellos la autoridad habrĆ” estado asociada con elementos fuera de su hogar, como la ley civil. Pero tenemos a un Dios amoroso que arregló las cosas no solo para nuestro ā€œmejor interĆ©sā€ (no siempre estamos deseosos de tener lo que es ā€œbueno para nosotrosā€) sino para la libertad y el gozo. Cuando hizo a Eva, fue porque el JardĆ­n del EdĆ©n habrĆ­a sido una prisión de soledad para AdĆ”n sin ella. No era bueno para Ć©l estar solo, y para liberarlo de la prisión y traer libertad y gozo, Dios le dio a la mujer. La libertad y el gozo de Eva eran ser el complemento de AdĆ”n.

Cuando Pablo habla de la sumisión de la mujer, basa su argumento en el orden de la creación. La mujer fue creada de y para el hombre. Sigue naturalmente que ella tuvo que ser creada después del hombre. La posición cronológica secundaria de la mujer no prueba necesariamente (a pesar de Richard Hooker y otros) una inteligencia inferior. Pero aquellos que descartan la posibilidad de las diferencias sexuales en los dones intelectuales no estÔn considerando toda la información. Hay algunas estadísticas intrigantes que apuntan a razones biológicas para tales diferencias. Los hombres parecen estar mejor equipados para tratar con mÔs altos niveles de abstracción. Una demostración de esto es el hecho de que, si bien en la actualidad hay ochenta y dos grandes maestros de ajedrez, ninguno es mujer. De los quinientos mejores jugadores de ajedrez de la historia, ninguno ha sido mujer. Pero miles de mujeres, particularmente en la Unión Soviética, juegan ajedrez.

Leƭ sobre esto en un libro llamado La inevitabilidad del patriarcado por Steven Goldberg. Goldberg se esfuerza grandemente por mostrar que de ninguna manera Ʃl estƔ sugiriendo que los hombres son generalmente superiores a las mujeres. Son diferentes, y sus diferencias estƔn determinadas por las hormonas:

Es necesario señalar, una vez mÔs, que no hay razón para creer que hay diferencias sexuales en la inteligencia en todos sus múltiples aspectos. Considerar la capacidad para teorizar como una mayor demostración de inteligencia que la percepción o la perspicacia no es menos arriesgado que considerar la fuerza física mÔs importante que la longevidad como medida de buena salud.

Para el cristiano, las estadísticas de Goldberg son interesantes. Para el cristiano que cree en un orden jerÔrquico, son aún mÔs interesantes, porque, aunque creemos que el orden patriarcal tradicional no es meramente cultural y sociológico, sino que tiene su fundamento en la teología, es interesante descubrir que también tiene un fundamento biológico vÔlido.

Hay un principio espiritual involucrado aquĆ­. Es la voluntad de Dios. Desde el GĆ©nesis hasta el Apocalipsis, se nos muestra en incontables historias en el trato de Dios con las personas que es Su voluntad liberarlas y darles alegrĆ­a. A veces, el proceso de liberarlas es doloroso. Significó la muerte para el Hijo del Hombre ā€”Su vida a cambio de la nuestra—. No vino a condenar, ni esclavizar, ni a meternos en una prisión. Ɖl vino a dar vida.

Y es la voluntad de Dios que la mujer esté sujeta al hombre en el matrimonio. El matrimonio es usado en el Antiguo Testamento para expresar la relación entre Dios y Su pueblo de pacto y en el Nuevo Testamento entre Cristo y la iglesia. Ningún esfuerzo por mantenerse al día, por adaptarse a los movimientos sociales modernos ni a los cultos a la personalidad nos autoriza a invertir este orden. Tremendas verdades celestiales se exponen en la sujeción de la esposa a su esposo, y el uso de esta metÔfora en la Biblia no puede ser accidental.

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Este artĆ­culo ĀæDeberĆ­a la mujer ser sumisa a la autoridad del hombre? La respuesta de Elisabeth Elliot fue adaptado de una porción del libro DĆ©jame ser mujer, publicado por Poiema Publicaciones. 

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PƔginas 133 a la 137