«Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová suscitó salvador . .. y libró, a Othoniel hijo de Cenes,hermano menor de Caleb. y el espíritu de Jehová fué sobre él.» (Jueces 3:9, 10.)

Manantiales en el Desierto | Lettie B. Cowman

Abril 28
«Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová suscitó salvador . .. y libró, a Othoniel hijo de Cenes,
hermano menor de Caleb. y el espíritu de Jehová fué sobre él.» (Jueces 3:9, 10.)

Dios prepara a Sus héroes, y cuando llega la oportunidad coloca a cada uno en su puesto. El mundo se extraña de ello y se pregunta de dónde han podido salir.
Querido amigo, deja que el Espíritu Santo te prepare por medio de la disciplina de la vida.
Llegará un día cuando nosotros juzgaremos también a las naciones lo mismo que Othoniel, y gobernaremos y reinaremos con Cristo en el milenio terrenal.
Pero antes de que llegue ese día tan glorioso debemos dejar a Dios que nos prepare como El preparó a Othoniel en Kirjath-sepher, por medio de las tribulaciones de nuestra vida presente
y las victorias pequeñas, en cuya significancia soñamos muy poco. Por lo menos estemos seguros de esto, si el Espíritu Santo tiene preparado un Othoniel, el Señor del cielo y de la tierra tiene preparado un trono para él.-A. B. Simpson.

«La fortaleza y grandeza humanas, no brotan de una vida cómoda. Los héroes tienen que ser algo más que trozos de madera flotando sobre una mar sin fluctuaciones.»
«Todo camino principal de la vida humana tiene sus caídas y sus elevaciones. Cada hombre tiene que atravesar el túnel de la tribulación antes de que pueda viajar por el camino elevado
del triunfo.»

¿Qué sabe del pecado?

Viernes 28 Abril
Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
Romanos 3:23
Al que no conoció pecado (Cristo), por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
2 Corintios 5:21
¿Qué sabe del pecado?
Hoy, el pecado es una noción mal conocida; cada uno tiene su propia opinión al respecto.

Unos afirman que es una concepción de la Edad Media, que introdujo la religión para asustar a los fieles y mantenerlos sometidos. Otros dicen que esta palabra solo tiene que ver con los ladrones, los criminales y todos los que merecen la cárcel, y que ellos no tienen nada que ver con eso. Otra persona añadirá que la noción del pecado depende de las civilizaciones, de las culturas y de las épocas. ¡Algunos opinan que afortunadamente hoy en día se es menos severo que antes!

Lo importante no es cómo definimos el pecado, sino cómo Dios lo ve y lo juzga. Para ello es necesario leer la Biblia. El pecado es toda acción humana que no tiene en cuenta la voluntad divina. Los textos de la Palabra de Dios y el ejemplo de Cristo, al igual que sus palabras, establecen la voluntad de Dios para nosotros, lo que él aprueba o, al contrario, lo que es inaceptable a sus ojos.

Dios es santo y debe condenar el pecado, incluso si este nos parece insignificante. Pero él perdona gracias a la obra hecha en la cruz por Jesucristo, quien murió en nuestro lugar.

Para ser perdonado solo se necesita una cosa: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Dios ofrece su gracia y su perdón gratuitamente a toda persona que reconoce la necesidad de ser perdonada y cree en Jesucristo, quien viene a ser su Salvador.

Jonás 1-2 – Marcos 4:1-20 – Salmo 49:16-20 – Proverbios 14:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Todo Comienza con Dios – Incluyendo el Evangelismo | Cameron Buettel

Todo Comienza con Dios – Incluyendo el Evangelismo
by Cameron Buettel

“En el principio creó Dios…” (Génesis 1:1)

La historia de redención de Dios comienza con Él mismo. Y es ahí donde debemos empezar cuando predicamos el Evangelio.

Eso no quiere decir que se requiera un discurso exhaustivo sobre el carácter y la naturaleza de Dios, o una investigación completa de sus atributos infinitos, para comprender y creer en el Evangelio. Ni siquiera nuestras mentes iluminadas por el Espíritu pueden comprender a Dios en toda Su plenitud; cuánto más una mente que aún está oscurecida por el pecado.

Sin embargo, no podemos presentar con precisión el Evangelio sin antes derribar las ideas falsas e idólatras sobre Dios que dominan el mundo. Hoy en día, la gente fabrica descuidadamente un dios basándose únicamente en su sentimentalismo y sus preferencias espirituales. Pero esta práctica popular es tan inútil como tratar de reescribir la ley de la gravedad o desear que desaparezca por completo. Dios es eterno (Isaías 57:15) e inmutable (Malaquías 3:6), y exige nuestra reverencia en Sus términos, no en los nuestros.

Dios se presenta a sí mismo en las Escrituras como el Dios vivo y verdadero. Él dice: «Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios» (Isaías 45:5). Además, la Palabra de Dios revela que el único Dios verdadero existe eternamente en tres Personas distintas.

La Trinidad

La doctrina de la Trinidad es imposible de comprender, pero como John MacArthur indica, es una doctrina incuestionablemente enseñada en la Biblia:

“No obstante, aunque la plenitud de la Trinidad está mucho más allá de la comprensión humana, se trata indiscutiblemente del modo en que Dios se ha revelado en la Biblia: como un Dios que existe en la eternidad en tres personas…

“Las Escrituras son claras en que estas tres personas juntas son un Dios y solo uno (Dt. 6:4). Juan 10:30 y 33, explican que el Padre y el Hijo son uno. Primera Corintios 3:16 muestra que el Padre y Espíritu son uno. Romanos 8:9 deja en claro que el Hijo y el Espíritu son uno. Además, Juan 14:16, 18 y 23, demuestran que el Padre, el Hijo, y el Espíritu son uno… Es decir, la Biblia deja en claro que Dios es un solo Dios (no tres), pero que el único Dios es una Trinidad de personas”[1].

Dios debe ser presentado como Trino para que pueda ser proclamado fielmente. Además, la Trinidad adquiere gran importancia en el ámbito de la evangelización porque las tres Personas desempeñan papeles distintos en la salvación de los pecadores. El Padre elige (Efesios 1:3-6); el Hijo redime (Efesios 1:7-12); y el Espíritu Santo convence (Juan 16:8), regenera (Tito 3:5) y habita en los creyentes (Efesios 1:13-14).

Creador y Juez

La Biblia presenta al Dios Trino como el Creador de todas las cosas, incluyendo la humanidad (Génesis 1). Como tal, Él es dueño legítimo de Su creación (Salmo 50:10-12) y exige adoración de nosotros, Sus criaturas (Éxodo 20:2-5; Mateo 4:10).

Pero la humanidad caída se niega en rebeldía a adorar al Creador. La comunión abierta que debería existir entre Dios y el hombre está ahora bloqueada por un muro de hostilidad divina (Salmo 5:5). La justa ira de Dios hacia los pecadores puede ser un tema desagradable para la sensibilidad moderna, pero es una verdad necesaria para despertar la indiferencia espiritual de nuestra época.

Aunque el carácter y la naturaleza de Dios es un tema inagotable, el evangelista debe esforzarse por inculcar algún sentido de la supremacía y soberanía de Dios en los corazones de los pecadores. Debe explicarles por qué deben temblar al pensar en el día en que estarán ante el tribunal del Dios santo (Hebreos 9:27). John MacArthur lamenta las tendencias evangelísticas modernas, las cuales como él comenta, hacen justamente lo contrario:

“’El principio de la sabiduría es el temor de Jehová’ (Salmo 111:10). Mucho de la evangelización contemporánea intenta despertar cualquier cosa menos el temor de Dios en la mente de los pecadores. Por ejemplo: ‘Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida’, es la línea para abrir la típica apelación evangelística. Esta clase de evangelismo está muy lejos de la imagen de un Dios al que debe temerse. El remedio para tal manera de pensar es la verdad bíblica de la santidad de Dios” [2].

Santo

Las Escrituras atribuyen el superlativo más fuerte para referirse a Dios como «santo, santo, santo» (Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8). Paul Washer señala que la santidad de Dios: “No es solamente un atributo entre muchos, sino que es el mismo contexto en el cual todos los otros atributos divinos se definen y se entienden”[3]. Nuestro énfasis evangelístico en la santidad de Dios no pretende ignorar sus otros atributos, como el amor, la misericordia y la gracia. Más bien, Sus otros atributos encuentran su significado dentro del contexto de la santidad de Dios.

La palabra «santo» se traduce de la palabra hebrea qadosh, y se refiere a la trascendencia de Dios. Como Creador, Él trasciende Su creación y es totalmente distinto de todo lo que ha hecho. Independientemente de su tamaño o esplendor, nada en la creación se acerca ni remotamente a las perfecciones de Dios.

Entonces, ¿por qué es tan importante explicar que el Creador del universo es santo? Porque nosotros, en nuestro estado pecaminoso, somos la antítesis de todo lo que Él es. No hay mayor dicotomía que demuestre nuestra enorme necesidad que la yuxtaposición entre un Dios santo y hombres pecadores. John MacArthur señala las terribles implicaciones de ese abismo infinito:

“El Eterno es completamente Santo y Su ley por consiguiente exige santidad perfecta: ‘Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo (Levítico 11:44) … Aun el evangelio requiere esta santidad: ‘Sed santos, porque yo soy santo’ (1 Pedro 1:16). ‘Seguid…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14). Porque Él es santo, Dios aborrece el pecado”[4].

El Lugar Principal de Dios

Cuando los creyentes pensamos en Dios en términos del Evangelio, solemos hacer hincapié en Su amor y Su misericordia. Y aunque esos son atributos vitales, los cuales están entretejidos en todo el evangelio, no debemos cometer el error de descuidar Su naturaleza Trina, Su soberanía sobre la creación y Su santidad. Si lo hacemos, el resultado suele ser la proclamación de un evangelio centrado en el hombre, que presenta a Dios simplemente como un héroe que se aparece en última instancia para salvar el día.

La verdad es que los pecadores están en la mira de Dios. Son creación de Dios y han violado Su ley. Dios es el Salvador sólo porque Él es Aquel de quien los pecadores deben ser salvados, porque “Él no dejará impune al culpable” (Éxodo 34:7).

Cuando ponemos a Dios en el centro del Evangelio, adquirimos una perspectiva clara de la ofensa del pecado del hombre y la magnitud de su culpa.