EL ORDO SALUTIS | R.C.Sproul


Cuando miramos más detenidamente la relación entre elección y salvación, necesitamos ocuparnos de lo que los teólogos llaman el ordo salutis u “orden de la salvación”. El ordo salutis tiene que ver con el orden en que ocurren varios sucesos que conducen a nuestra redención, específicamente el orden lógico más bien que cronológico.
Con esta distinción me refiero a lo siguiente. Creemos que somos justificados por la sola fe. Pero, ¿cuánto tiempo después de poseer la verdadera fe salvadora somos justificados? ¿Cinco segundos, cinco minutos, cinco meses, cinco años? No, decimos que la justificación y la fe son coincidentes en cuanto al tiempo. En el preciso instante en que tenemos verdadera fe, en ese mismo momento Dios nos recibe como personas justificadas. Pero aun así decimos que la fe viene antes que la justificación, aun cuando ocurren al mismo tiempo. La fe precede lógicamente a la justificación. En otras palabras, dado que nuestra justificación depende y se apoya en la fe, la fe es el prerrequisito, la condición necesaria que debe estar presente para que ocurra la justificación. Así que la fe es lógicamente necesaria para la justificación. La fe precede a la justificación, no en el tiempo, sino en cuanto a necesidad lógica. Así que cuando hablamos del orden de la salvación, ten en cuenta que lo que se toma en consideración son las distinciones relativas a los prerrequisitos, sobre la base de la necesidad lógica.
En Romanos 8, tenemos uno de los versos más famosos y apreciados de todo el Nuevo Testamento: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo a su propósito” (v. 28). Nótese que esta promesa de que todas las cosas están dispuestas para bien es para las personas que aman a Dios, para aquellos que son descritos como los que son llamados según su propósito.
Ese es un tipo especial de llamado. La Biblia habla sobre el llamado del evangelio que sale para todos, lo que llamamos el llamado externo o exterior. No todos los que oyen el evangelio son salvos. También se habla del llamado interior, el llamado de Dios en la persona, en el corazón, que es una obra de Dios el Espíritu Santo, un llamado que es efectivo. En este llamado, el Espíritu Santo abre el corazón de los creyentes, obrando en el interior para llevar a cabo el propósito de Dios. Es este llamado el que Pablo tiene en mente en Romanos 8:28. Todos los elegidos reciben este llamado interior, como queda claro en los versos que siguen.
Veamos la primera mitad del verso 29: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que sean hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Pablo está hablando aquí de los propósitos de Dios respecto a la salvación, y comienza mencionando la presciencia de Dios. Él nos dice que a aquellos que Dios antes conoció, él los predestinó. ¿Cuál fue el objetivo de esta predestinación? Fue que aquellos a los que Dios conoció de antemano fueran hechos conforme a la imagen de Cristo.
En el verso 30, encontramos lo que llamamos “la cadena de oro”: “Y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó”. Esta es una versión abreviada del orden de la salvación. Hay otros aspectos de la salvación aparte de los que aquí se mencionan; Romanos 8:30 toca los puntos básicos, por así decirlo. Por ejemplo, la santificación no está en esta lista. Esta lista más bien incluye (partiendo desde el verso 29), primero, el conocimiento previo; segundo, la predestinación; tercero, el llamado; cuarto, la justificación; y quinto, la glorificación.
Es muy importante para nuestra comprensión de la seguridad asimilar lo que está sucediendo en este orden de la salvación. Como señalé antes, Pablo se refiere a un orden lógico, y comienza por el conocimiento previo. La perspectiva de la elección según la presciencia que mencioné anteriormente es popular porque las personas llegan a este texto y dicen: “¡Ajá! El primer paso es el conocimiento previo. Eso significa que la elección o la predestinación se basan en algo que Dios sabe de antemano sobre las personas”. Pero el texto no dice eso. De hecho, en el desarrollo que hace Pablo de este tema en el capítulo 9, esa posibilidad queda descartada. Según la comprensión reformada de la elección, las personas elegidas según los decretos de Dios no son códigos sin nombre. Para que Dios elija a alguien, él debe tener alguna idea de la persona que está eligiendo. Así que el conocimiento previo debe preceder a la predestinación, porque Dios predestina a individuos específicos a los que ama y escoge.
El siguiente suceso lógico es la predestinación. Pablo nos dice que aquellos a los que Dios antes conoció también los predestinó. No se dice pero se entiende claramente aquí que todos los que están en la categoría del conocimiento previo están predestinados. Desde luego, la presciencia de Dios, en general, incluye a todas las personas, no solo a los elegidos. Pero aquí Pablo está hablando del conocimiento previo de Dios de sus elegidos. ¿Cómo lo sabemos? Porque Pablo declara que todos aquellos a quienes Dios conoció de antemano, en el sentido en el que aquí los conoce, son predestinados, y todos los que son predestinados son llamados, y todos los que son llamados son justificados. Este es el punto crucial. Si todos los que son llamados son justificados, Pablo no puede estar refiriéndose al llamado externo. Debe estar hablando del llamado interno, porque todos los que reciben este particular llamado reciben la justificación, así como todos los que son justificados son glorificados.
Así que si quiero saber si voy a ser glorificado —es decir, si en última instancia voy a ser salvo— necesito determinar si estoy justificado. Si estoy justificado, sé que voy a ser glorificado. En otras palabras, si ahora estoy justificado, no tengo nada de qué preocuparme: Aquel que ha comenzado una buena obra en mí va a completarla hasta el final (Filipenses 1:6).

Sproul, R. C. (2010). ¿Puedo estar seguro de que soy salvo? (E. Castro, Trad.; Vol. 7). Reformation Trust: A Division of Ligonier Ministries.


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