¡Aprobadas!

Isha – Salmos

DÍA 158 – Salmo 119

Dosis: Seguridad

¡Aprobadas!

“Entonces no tendré vergüenza cuando compare mi vida con tus mandatos.” (Salmo 119:6) (NTV)

Todas alguna vez escondimos una prueba con una nota bajo cero. Como queriendo borrarla de nuestro historial, para que nadie se enterara del fallo. Pero finalmente, ante pocos o ante muchos, tuvimos que mostrarla, encogiéndonos de hombros y agachando la cabeza. Me parece que en eso consiste la vida misma, en un cúmulo de ítems en los cuales somos examinadas, a veces de manera superficial, y otras tantas a profundidad. Y somos calificadas cuando se comparan nuestras respuestas con la Palabra del Señor, no en la oscuridad, sino a la luz de lo que Él ha dicho.

Pablo exhorta a su discípulo Timoteo y le dice: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. ¿Por qué se lo dijo de una manera tan enfática? ¿Será que cuando decidimos correr esta carrera, podemos ser avergonzadas con facilidad?

Hay cosas en mi vida que aunque nadie llegara a saberlas, me llenan de vergüenza ante la presencia del Señor, sabiendo que ante Él todas las cosas están descubiertas. ¿Cómo puedo entonces esconder de Él esa nota bajo cero, que queriendo o sin querer me he ganado por mi propia imprudencia?

Es entonces cuando el Señor me hace saber, que a través de su pacto de amor ha olvidado mis fallas, echando mis pecados al mar, donde ya Él no los recuerda más. Y me pregunto, ¿pero por qué yo no puedo olvidarlos?, quizás para que nunca se me olvide de dónde Él me sacó. Aquél rincón de mi vida donde su mano me alcanzó. Y a través de Pablo, me dice como a Timoteo: Esfuérzate con diligencia, preséntate “como” obrera aprobada, no porque no tengas de qué avergonzarte, sino que logres usar bien mi Palabra de verdad, en tu vida y en la de otros.

Sólo si usamos bien su Palabra, viviendo a diario en sus preceptos, haciendo de sus mandatos no una religión, sino un sincero estilo de vida, no habrá lugar para ser avergonzadas ni delante de Dios ni de los hombres, ni por nuestro pasado ni por nuestro futuro. Ya no podrán avergonzarnos ni acusarnos por lo sucedido, todo quedó en el fondo del mar. Ni tampoco con el porvenir, porque como dice el profeta Jeremías Dios tiene para nosotras planes de bendición para darnos un futuro y una esperanza: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.

Esforcémonos y saldremos aprobadas, no para volvernos a encoger de hombros sino para asistir a tantos que hoy por hoy sólo les queda bajar la cabeza.

Oración: Señor gracias por Tu amor que me hace libre de culpas, ayúdame a vivir en Tu Palabra, como obrera aprobada que no tiene de que avergonzarse. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 175). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Liberación

Viernes 28  Febrero

Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora… estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume… (Jesús le dijo:) Tus pecados te son perdonados.

Lucas 7:37-3848

Liberación

Lectura propuesta: Lucas 7:36-50

Todo el mundo estaba al tanto de su situación. La vergüenza que esta mujer sentía era acrecentada por el desprecio de los lugareños. Ni la repulsión por su comportamiento, ni los remordimientos pudieron iniciar un cambio en ella. Se sentía esclava de su pecado.

Jesús despertó una esperanza en ella. Esta mujer oyó cuando Jesús hablaba ante una gran multitud y comprendió que él era diferente a los demás. Lo vio sentarse a la mesa de un fariseo, funcionario religioso reconocido. Allí, aquel que prometía la liberación, hablaba con alguien que no podía más que condenarla. ¿Se animaría ella a acercarse ahora a Jesús?

Sí, entró; pero incapaz de decir algo, cayó de rodillas para adorarle y lloró. Derramó perfume sobre sus pies, los cubrió de besos y los limpió con sus cabellos. Sabía que él era su Libertador. La presencia de Jesús la transformó. Excluida anteriormente por los demás, ahora era recibida por Dios. Ya no la abrumaba la vergüenza.

El fariseo que había invitado a Jesús estaba incómodo: ¿cómo puede esa mujer acercarse a Jesús? ¿No sabía él quién era ella? Pero Jesús le explicó la sorprendente actitud de esta mujer: ella se acercó a él, consciente de su pecado, de sus relaciones con el mal, de sus heridas interiores. Y ahora podía irse perdonada, en paz, libre. Esto también es posible para nosotros. Quien reconoce sus pecados y arrepentido los confiesa a Jesús, obtiene el perdón y se levanta, liberado, para unirse al Señor.

Éxodo 12:21-51 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

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Reflejemos Su Gloria

Isha – Salmos

DÍA 157 – Salmo 119

Dosis: Pasión Espiritual

Reflejemos Su Gloria

¡Oh, cuánto deseo que mis acciones sean un vivo reflejo de tus decretos! (Salmo 119:5) (NVI)

El otro día me quedé contemplando el lago. Las nubes se movían y una fresca y suave brisa fue parte de la escena. Nunca miré hacia arriba, mis ojos permanecieron hundiéndose en esas quietas aguas. Parecía que aquel gran espejo me ofrecía una vista perfecta, silenciosa pero imponente al mismo tiempo. Recordé el pasaje del salmista: “Los cielos cuentan la gloria de Dios” … y mi lago la refleja. Disfruté al máximo aquella tarde y me pregunté ¿qué será lo que la gente mira cuando hunden sus ojos en mí? ¿Será simplemente agua estancada, o tal vez me muevo tanto yendo de un lado a otro que no es posible divisar nada en mi interior? ¿Qué tengo que hacer para que puedan ver en mí la presencia del Señor? ¿Para que a pesar de mi humanidad, mis acciones sean un vivo reflejo de su Palabra?

Está comprobado que las mujeres particularmente somos movidas por las pasiones, sentimientos de apego a algo o a alguien, que nos llevan a asumir los más grandes esfuerzos, responsabilidades y riesgos. Movidas por aquello que nos da satisfacción o gratificación, física o espiritual, somos capaces de llegar donde jamás pensamos llegar. Podemos hacer lo que jamás pensamos que podríamos hacer.

Igual sucede cuando hay pasión en nosotras por los asuntos de Dios y su Palabra, somos capaces de llegar donde jamás pensamos que llegaríamos, logrando cosas para Dios que nunca imaginamos poder alcanzar. Si de corazón, anhelamos sinceramente agradarle con nuestra vida, estoy segura que se cumplirá en nosotras las palabras del apóstol Pablo: “Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a él le agrada.” Al punto en que logremos reflejarle en cada paso, cada vez.

Es un hecho que Dios trabaja contigo, de lo contrario no estarías en estas líneas justo ahora. De Él viene el deseo que te invita a vivir en su Palabra y también de Él viene el poder para que puedas lograrlo. Sólo hace falta que nos apasionemos lo suficiente como para ir más allá de lo nunca visto, para sentir lo que nunca hemos sentido. Hace falta que nos enamoremos de Dios para desear, de verdad, reflejarle como las nubes sobre el lago. Y hay recompensa para aquellas que enamoradas del Rey deciden reflejar al Señor en sus vidas. Él ha prometido que: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han sido concebidas en la mente humana, son las que Él ha preparado para quienes le aman”, no para simpatizantes, sino para aquellas que le aman de verdad.

Oremos para que todo aquello cuanto Él ha preparado sea nuestro. Oremos para que cada vez que la gente nos mire, se refleje su Palabra en nuestra vida.

Oración: Señor, ayúdame a amarte lo suficiente para reflejarte en mi vida, hasta el punto en que se me note tu presencia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 174). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Resultados de la prueba

Jueves 27 Febrero

Yo soy Dios, el Dios tuyo… Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.

Salmo 50:715

Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré.

Salmo 91:15

Resultados de la prueba

Nadie desea vivir “el día de la angustia”. Todos preferimos llevar una vida tranquila y sin dificultades. Pero a veces nuestro Dios y Padre, con amor y sabiduría, permite que sus hijos pasen por la prueba. En ese caso estemos persuadidos de que él desea nuestro bien.

En esos momentos de angustia, de gran dolor, somos especialmente invitados a orar al Señor. Podemos contar con su respuesta: “Te libraré”. De ese modo, el primer resultado de la prueba es hacernos apreciar la comunión con Dios. Le clamamos y él responde. En nuestro dolor y angustia, él estará a nuestro lado, y su presencia nos tranquilizará.

Sin embargo la promesa de Dios no es solamente: “Lo libraré”, sino que va más allá: “Y le glorificaré”. Así, un día que se inició en el desconcierto puede terminar, por la gracia de Dios, ¡para nuestro honor!

Pero aún hay más maravillas: “Te libraré, y tú me honrarás”. Pensemos un poco en todas las bendiciones con las cuales nos enriquecimos cuando Dios permitió que atravesáramos “el día de la angustia”. Comunión, liberación y esperanza de la gloria se afirman en nuestros corazones. Finalmente, y esto es muy notable, podemos contribuir a la gloria de Dios. “Te libraré, y tú me honrarás”.

Tenemos un hermoso ejemplo de esto en la historia de un hombre que sufrió muchísimo: Job. Dios dice de él a sus amigos: “No habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job” (Job 42:8). En medio del mayor sufrimiento, Job dio gloria a Dios.

Éxodo 11:1-12:20 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

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Portadoras de su presencia

Isha – Salmos

DÍA 156 – Salmo 119

Dosis: Comunión

Portadoras de su presencia

“Nos has ordenado que cumplamos cuidadosamente tus mandamientos.” (Salmo 119:4) (NTV)

Este verso, como quizás muchos otros del pasaje, pareciera totalmente impositivo. La frase: “Nos has ordenado” nos hace entender que a lo que sigue estamos obligadas. Y como por naturaleza las obligaciones son sinónimo de pesadumbre, este verso es un tanto duro para digerirlo. Sin embargo, pensando en el porqué de la orden, encuentro el amor y el anhelo de Dios por nosotras.

El apóstol Juan en unas de sus cartas afirma: “Los que obedecen los mandamientos de Dios permanecen en comunión con Él, y Él permanece en comunión con ellos. Y sabemos que Él vive en nosotros, porque el Espíritu que nos dio vive en nosotros.” Por lo cual entiendo que la única manera de estar en comunión con el Santo Espíritu de Dios es a través de su Palabra, por lo que nos ordena que la cumplamos, viviendo en ella, para que entonces Él viva en nosotras.

He escuchado a muchas mujeres hablar de sus vacíos, y otras tantas, sin poder hablar siquiera, se han acostumbrado a vivir con ellos. Pero pienso, si el Espíritu de Dios vive en nosotras, ¿podríamos vivir vacías? ¿Acaso podríamos ser víctimas del vacío y la desolación, teniendo como huésped vitalicio en nuestra vida a Aquél que lo llena todo sólo con su majestuosa presencia? He aquí la razón de la orden: El Señor nos ha ordenado seguirle para llenarnos de Él por completo.

La gran mayoría asume que para alcanzar una verdadera comunión con el Espíritu de Dios basta con escuchar su Palabra, y quizás de vez en cuando tomar notas. Pero estoy segura que eso no es suficiente. Recuerdo la promesa del Señor a través del profeta Jeremías: “He aquí que vienen días en que escribiré mi Ley en su mente y corazón, ustedes me serán por pueblo, y yo les seré por Dios.”

Es necesario que para estar llenas de Él seamos su pueblo, y que su Palabra permanezca en nuestra mente y corazón. Precisamos entonces, apropiarnos de sus mandamientos, y que de manera consciente nos dediquemos esforzadamente a vivir en ellos. Muchos esperan la clave para lograr la plenitud del Espíritu Santo de Dios en ellos. No hay duda, sólo si cumplimos sus mandamientos, llegaremos a ser portadoras de su presencia.

Oración: Señor escribe en mi mente y en mi corazón tu Palabra, y lléname de ti por completo. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 173). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Reconocerse perdido

Miércoles 26 Febrero

Yo apacentaré mis ovejas… Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada.

Ezequiel 34:15-16

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

Lucas 15:4

Reconocerse perdido

Esa tarde el gran salón donde se predicaba el Evangelio estaba lleno. Una niña se alejó de su madre, sin que nadie lo notara. Cuando la madre se dio cuenta, desesperada empezó a buscar a la pequeña, preguntando a la gente, pero sin éxito. Finalmente comunicó su angustia al predicador, quien por el micrófono anunció: «Una mamá perdió a su pequeña María. ¡Que la niña venga aquí enseguida!».

No hubo ninguna señal, nadie respondió. Al final encontraron a la niña sentada tranquilamente en un banco. Su mamá le preguntó: –¿Por qué no contestaste cuando te llamaba? –Creí que estaban buscando a otra María. Yo no estaba perdida.

¡Hay muchas personas que se parecen a la pequeña María! Dios las busca, pero piensan que el llamado no es para ellas. Leen en el evangelio que el Señor “Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), pero no responden porque no aceptan el hecho de que están perdidas. El apóstol Pablo declara que Cristo murió por los impíos, por los pecadores, enemigos de Dios, mientras ellos exclaman: no somos de ellos. Sin embargo están perdidos si creen que pueden presentarse delante de Dios sin haber sido purificados de sus pecados por la sangre de Cristo.

Pero con el que se reconoce perdido, el Señor Jesús actúa como el pastor de la parábola de Lucas 15 con su oveja perdida: “Cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso” (v. 5).

Éxodo 10 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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Negociando con la Vida

Isha – Salmos

DÍA 155 – Salmo 119

Dosis: Rectitud

Negociando con la Vida

“No negocian con el mal y andan sólo en los caminos del Señor.” (Salmo 119:3) (NVI)

Desde el libro de Génesis podemos notar la disposición natural que hay en la mujer para negociar, adquiriendo e intercambiando cosas a lo largo de su vida. Observamos en la Biblia mujeres como Ruth, Débora, Esther, la mujer en el pozo de Jacob, y aquella que derramó el frasco de perfume sobre los pies del Maestro. Aún Rahab la ramera, sin considerar su pasado como impedimento para tratar con el Dios de la vida, se atrevió a negociar con Él para estar a salvo, ella y su familia.

Así mismo, nosotras hoy por hoy estamos llamadas a negociar en rectitud. No importa cuál haya sido nuestro pasado, si hoy el Señor nos ha dado la maravillosa oportunidad de conocerle y vivir en su palabra, negociemos entonces con Él y apropiémonos del futuro y de la esperanza que nos ofrece.

¿Con quién estamos negociando actualmente, de qué manera lo estamos haciendo? No negociemos con el pecado por más atractivo que parezca. Cuando estamos frente a una tentación, dice la Biblia que Dios nos da la salida para escapar de ella. No entremos en conversaciones con aquel que se alegraría mucho de vernos derrotadas. No cedamos a sus propuestas, por más inofensivas o productivas que estas parezcan. El enemigo de nuestras almas, siempre será sagaz a la hora de plantear sus ofrecimientos, pero si lo ponemos al descubierto y sacamos sus propuestas a la luz de la palabra del Señor, sabremos con seguridad cuál será la mejor decisión. Recordemos cómo respondió Jesús a cada una de las tentaciones que el diablo le ofreció en el desierto, diciendo: “Escrito está”, aferrándose en fe y obediencia a la palabra de Dios.

En Génesis capítulo 3 leemos como Eva incurrió en el peor de los negocios, no sólo por haber accedido a desobedecer, sino por haberse sentado a negociar con el enemigo. No consideremos lo malo como probablemente bueno. El atractivo de lo malo nunca será aceptable si a la luz de la palabra de Dios encontramos detalles que muestren las grietas de esa propuesta. Si estamos llamadas a vivir para Dios, entonces tengámoslo presente a la hora de asumir cualquier acuerdo, al momento de cerrar cualquier negocio.

Jesús dijo: “En los negocios de mi Padre me conviene estar.” Si a Jesús, siendo el hijo de Dios, el Salvador del mundo le convenía estar en los negocios de su Padre, ¡cuánto más nos convendrá a nosotras ocuparnos en los negocios de nuestro amante Padre Celestial!

Aferrémonos a Su Palabra. Caminemos por la senda que nos ha señalado, un día a la vez, cada vez, todo el tiempo. Y busquemos al Señor ante cualquier propuesta, manteniéndonos en sus negocios para siempre.

Oración: Señor ayúdame a negociar sólo contigo, quiero que seas mi socio y mi amigo. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 172). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Jesús lo ama

Lunes 24 Febrero

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:9-10

Jesús lo ama

Quizás usted se pregunte por qué no puede ser feliz, y la vida le parece insoportable… Seguramente las causas son muchas: ¿falta de amor, incomprensión, abandono, duelo o enfermedad, fracasos sucesivos, temor al futuro? No puede aceptar todo esto. Irritado y atormentado, se siente solo… En resumen, cree que nadie puede amarle. En medio de su desesperación, preferiría morir antes que seguir viviendo lo insoportable. La muerte le aparece como una puerta de salida y lo seduce…

Hoy queremos darle un mensaje de esperanza: ¡usted es amado! ¿Quiere dejarse amar tal como es, por alguien que dio su vida por usted?

¿Sabe quién lo ama hasta este punto? Jesús, el Hijo de Dios, quien se hizo hombre para salvarle. La Biblia declara: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Vuélvase a Jesús y, desde el fondo del corazón, cuéntele su tristeza, su desaliento, todo lo que le hace sufrir. Pídale su ayuda, él nunca rechaza a nadie, y ningún hombre es demasiado malo para él. Su corazón lleno de amor quiere perdonar sus pecados, darle la vida eterna y una verdadera razón para vivir.

¡Sí! Cuando uno descubre el amor de Dios que da paz al corazón, recupera el ánimo y puede recomenzar la vida, no a fin de vivirla para uno mismo, sino “para Aquel que murió y resucitó por nosotros” (2 Corintios 5:15).

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16

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¿Pecado pequeño?

Domingo 23 Febrero

El Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53:6

Cristo padeció por nosotros… el cual no hizo pecado… quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.

1 Pedro 2:21-2224

¿Pecado pequeño?

Si usted insulta a un peatón o a un automovilista, en general las consecuencias son mínimas… Si insulta a su patrón, ya tendrá más problemas. Si insulta a un funcionario público, usted no escapará a una sanción. Las consecuencias del insulto generalmente dependen de la importancia de la persona denigrada y de su situación respecto a ella.

Ahora bien, el pecado constituye un insulto respecto a Dios, quien está sobre todos, incluso sobre el universo. Esto es muy grave.

Se ha dicho: «No hay pecados pequeños, porque no hay un Dios pequeño». Si usted piensa que el pecado es algo insignificante, es porque no conoce a Dios. Cuanto más consciencia tenga de la grandeza, la santidad y el amor de Dios, tanto más le horrorizará el pecado…

Seguramente usted no tiene la intención de insultar a Dios, ni conciencia de haberlo hecho. Pero, ¿sabe que el simple hecho de vivir como a usted se le antoja, sin tener en cuenta a Dios, es un pecado? ¿Se atrevería a afirmar que todo el tiempo está tratando de hacer la voluntad de Dios? ¿No? Entonces usted es un pecador…

«Nadie es perfecto; Dios es bueno y tendrá misericordia», dirá usted. Ciertamente, Dios es misericordioso y perdona a todo pecador que se arrepiente, pero jamás trata el pecado a la ligera. Por eso Jesús tomó nuestro lugar, para sufrir el juicio por nuestros pecados. Su cruz proclama la terrible gravedad del pecado, pero también el inmenso amor del Dios Salvador que perdona a todos los que creen en Jesús.

Éxodo 7 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

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Hoy les doy a elegir

Isha – Salmos

DÍA 154 – Salmo 119

Dosis: Obediencia

Hoy les doy a elegir

“Felices son los que obedecen sus leyes, y lo buscan con todo el corazón.” (Salmo 119:2) (NTV)

Actualmente la mayoría vivimos la vida decidiéndolo todo: qué comer, qué vestir, qué estudiar, a dónde ir. Por lo que naturalmente, lo que vivimos es el resultado de lo que hemos decidido. Sin embargo, en ciertas circunstancias recurrimos a Dios pensando que en su autoridad puede cambiar los resultados de aquello que nosotras hemos escogido, cuando en realidad, Él desde el principio, ya nos dio a elegir.

Desde tiempos antiguos, Dios mismo nos abrió ese compás de decisión, permitiéndonos a nosotras escoger, según lo que queramos. Él instruyó a su pueblo con estas palabras: “Hoy les doy a elegir entre la bendición y la maldición: bendición, si obedecen los mandamientos que yo, el Señor su Dios, hoy les mando obedecer; maldición, si desobedeciendo se apartan del camino que hoy les mando seguir”.

La bendición nos alcanzará si con el corazón decidimos obedecer su Palabra, más allá de todo, a pesar de nuestros propios intereses. Pero obedecer cuesta trabajo, y a veces sin darnos cuenta nos encontramos escogiendo la maldición en vez de la bendición. Escojamos la bendición a través de la obediencia, sólo así garantizaremos un futuro pleno, lleno de las bendiciones prometidas, no sólo a nosotras, sino también para las generaciones que llegaran a través nuestro. Dios quiere que ésta sea una decisión consciente: “Hoy te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes… Ama al SEÑOR tu Dios, obedécelo y sé fiel a Él, porque de Él depende tu vida, y la de tu familia.

Hoy que soy madre comprendo qué tan importante es para nosotras saber a nuestros hijos obedientes, no para que les premiemos por su obediencia, sino para que por causa de ella sean plenamente bendecidos. Si el primer mandamiento con promesa es: “Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien”, promesa que nos asegura un futuro bueno. ¿Cuánto más no seremos bendecidas, si obedecemos a nuestro amante Padre Celestial? Estamos a tiempo de ejercitarnos en la práctica de la obediencia, un día a la vez. Vivamos la aventura de lograrlo a diario. ¡Hagámoslo!

Oración: Hoy escojo la vida Señor, para que me bendigas a mí y a mis generaciones. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 171). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.