¿Bueno o malo?

Sábado 30 Noviembre

No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.

3 Juan 11

Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 15:57

¿Bueno o malo?

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¿Puede un hombre decidir ser bueno o malo? Esta pregunta ha atravesado los siglos y no cesa de apasionar a sicólogos y siquiatras enfrentados al comportamiento de ciertos criminales. Pero ella nos alcanza a todos, porque el mal no se limita al crimen. Dios, quien sondea los corazones, declara: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10).

La Biblia nos revela que la raíz del mal está en el hombre desde su nacimiento. Cuando el piadoso rey David, después de haber cometido adulterio y asesinato, tomó conciencia de su pecado, dijo: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5).

¿Cómo dejar de lado ese principio malo que actúa en mí? ¿Cómo vivir y producir el bien? La Biblia responde a estas preguntas y muestra el triunfo final del bien sobre el mal. El pecado entró en el corazón del hombre en el huerto del Edén, cuando escuchó a Satanás en lugar de obedecer a Dios. Y el bien solo fue hallado en Jesucristo hombre, Dios hecho hombre. Él era santo, en él no había ningún rastro de mal. Por su sacrificio, su muerte y su resurrección, todos los poderes del mal fueron vencidos. Esta victoria también puede ser la nuestra si creemos en Jesús. Él nos da una nueva naturaleza que, incluso si aún conservamos la vieja, nos permite vivir haciendo el bien, y para agradar a Dios.

“Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24-25).

Job 37 – Colosenses 3 – Salmo 135:15-21 – Proverbios 28:25-26
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Episodio 12 – Cuando el pecado sexual del pasado atormenta tu boda

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Cuando el pecado sexual del pasado atormenta tu boda

Episodio 12

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

Lavamiento Divino

Isha – Salmos

DÍA 88 – Salmo 51

Dosis: Restauración

Lavamiento Divino

“Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.” (Salmo 51:6–7) (RVR).

La misericordia de Dios no sólo se revela en su perdón divino sino en darnos sabiduría para entender la gravedad de nuestro pecado. Dios habla a lo íntimo de nuestros corazones, nos hace “entender” la verdad con sabiduría para la vida. Él pone una sensibilidad especial en las personas que le temen, y que no llaman a lo bueno “malo”, ni a lo “malo”, bueno, como sucede hoy en día con el relativismo moral. Por sus preceptos y su palabra podemos estar seguras de lo que es “pecado”.

En esta segunda parte del Salmo, David ruega a Dios que lo limpie de sus pecados, ora por purificación, limpieza, renovación y salvación. En principio pide ser limpiado con hisopo (un arbusto de hojas pequeñas que se utilizaba en ceremonias de purificación ritual.) ¡Qué interesante que le pide a Dios mismo que lo limpie y lo lave! Porque si Dios lo hace será “más blanco que la nieve” conforme a su promesa.241

Sólo esta transformación divina puede traer gozo y alegría a su vida, al punto que se “recrearán los huesos que estaban abatidos”, una preciosa figura que expresa el cambio de su estado de ánimo frente al perdón divino. Sus emociones también serían sanadas al experimentar una vez más su gracia. ¿Te ha sucedido? ¿Sentiste paz y una sensación de libertad cuando fuiste perdonada?

David anhela ser purificado para disfrutar plenamente de su comunión con Dios. Le pide que esconda su rostro de sus pecados, que se borren sus maldades: “Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad.” A la vez reconoce que necesita una nueva forma de ver la vida, un nuevo corazón por eso le dice: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu.244 Sólo el Espíritu Santo tiene la capacidad de producir en nosotras un “espíritu recto” sentimientos de rectitud y fidelidad que nos ayudará a batallar contra el pecado.

Como respuesta a esa misericordia divina David se compromete a dar testimonio del amor y la misericordia de Dios y a predicar a la gente pecadora. ¿Estás dispuesta a contar tu experiencia de salvación para bendecir a otros?

Oración: Señor, gracias porque no desprecias al corazón contrito y humillado, enséñame a acercarme a ti humildemente cada vez que necesite de tu gracia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 103). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Felicidad de ser perdonado

Viernes 29 Noviembre

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.

Salmo 32:1-2

Felicidad de ser perdonado

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Si el Salmo 1 evoca la felicidad que el creyente encuentra en la Palabra de Dios, el Salmo 32 habla de otro gozo, el del perdón. Sin duda todos nosotros hemos experimentado, un día u otro, la tristeza y el peso debido a nuestras faltas. Tal fue la experiencia de David. Durante un tiempo cerró los ojos a su pecado, pero, reprendido por Natán, el profeta enviado por Dios, David confesó su pecado y dijo: “Pequé” (2 Samuel 12:13). Entonces Dios lo perdonó. Su liberación fue completa: supo que había sido perdonado. Su alivio se reflejó en una verdadera felicidad. “Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Mientras ocultamos nuestras faltas, impedimos a Dios cubrirlas con su perdón. Pero tan pronto las confesamos a Dios, él nos perdona. Un anciano dijo respecto a este tema: «La palabra no está aún en los labios, y ya la herida es sanada en el corazón».

A menudo es difícil, incluso imposible, reconocer nuestras faltas delante de Dios, si no confiamos en su bondad, en su misericordia. Dios ilumina nuestra vida, saca a la luz lo que tratamos de disimular y esconder a los demás. Pero la luz divina no es inquisición. Dios no arranca las confesiones. Su amor nos ilumina: Dios nos muestra que él está ahí, que conoce toda nuestra vida y que está presto a perdonarnos si reconocemos nuestras faltas.

Sí, feliz aquel a quien Dios perdona todas sus faltas: “Se envejecieron mis huesos” (v. 3), dice David en ese Salmo, y ahora constata que “le rodea la misericordia” (v. 10).

Job 35-36 – Colosenses 2 – Salmo 135:8-14 – Proverbios 28:23-24

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De Rodillas

Isha – Salmos

DÍA 87 – Salmo 51

Dosis: Arrepentimiento y Perdón

De Rodillas

“Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado”. (Salmo 51:1–3) (NVI)

Esta es una oración intensa de arrepentimiento, donde el salmista abrumado por su pecado, pide a Dios perdón, purificación y renovación interior. El subtítulo dice que fue escrito luego que David pecó con Betsabé. ¿Alguna vez se desgarró tu alma por un pecado? ¿Has sufrido por fallarle a Dios, reconociendo que al hacerlo te fallabas también a ti misma? ¿Tienes aún una consciencia culpable? Este salmo puede guiarte a buscar la paz que tu alma necesita.

Lo primero que hace David es apelar a la misericordia divina: “ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad”. David fundamenta su petición en la naturaleza misma de Dios, en el amor divino que él conoce, porque sabe que la gracia de Dios, es activada cuando una persona se arrepiente de todo corazón y busca su perdón. Al decirle a Dios “ten piedad” es consciente que está pidiendo un favor inmerecido, confiando en su abundante misericordia. Palabra que significa que el corazón de Dios se conmueve por la miseria humana.

David reconoce su propia miseria, su condición de maldad y acepta la gravedad de su culpa, y que ha roto su pacto con Dios: “Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.” Dios es justo y puro. A la piedad, misericordia y compasión, el salmista añade la justicia de Dios frente a su maldad, pecado y rebelión.

No sé si alguna vez te has dolido así por alguno de tus pecados. Si has sentido que pecabas contra ese Dios de amor, si se desgarró tu alma al reconocer que fallaste, erraste el blanco o cediste a tus debilidades. El dolor por el pecado es más profundo cuando conocemos a ese Dios de toda gracia, cuando tenemos presente que Jesús fue a la cruz por nuestros pecados. Cuando ya hemos experimentado su perdón y volvemos a pecar, como en el caso de David y la circunstancia a la que hace mención este salmo.

Todas somos vulnerables frente a las tentaciones de la vida, todas podemos fallar y pecar ¡aún amando a Dios podemos rebelarnos contra Él y romper nuestro pacto como hizo David! El peso, la carga y el dolor por el pecado serán mayores si le conocemos, por eso David sufre y confiesa su naturaleza pecaminosa y le pide perdón: “Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre.”

Amada si hay algún pecado “delante de tus ojos, delante de ti” arrepiéntete y busca con todo tu corazón a Dios como el salmista, humíllate con sinceridad apelando a su gracia y a su misericordia, para que experimentes su perdón liberador.

Oración: Señor, tú conoces mi corazón y mis debilidades, perdona mis pecados y lávame de mi maldad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 102). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

¡Todo va bien hasta ahora!

Jueves 28 Noviembre

Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

Lucas 12:20-21

El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza.

Salmo 62:5

¡Todo va bien hasta ahora!

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Esta fórmula se convirtió en la divisa de Steve, actor legendario y gran aventurero. Dios no tenía ningún lugar en su vida. A alguien que le preguntó si creía en Dios, Steve le respondió: «Yo creo en mí». A los 49 años de edad dijo a uno de sus amigos: «He escapado a la muerte tan a menudo que a veces me pregunto por qué estoy vivo todavía. Es como si alguien que me vigila hubiera cuidado de mí todas esas veces».

En aquella época, a menudo Steve tuvo la oportunidad de conversar con un cristiano sobre el tema de Dios y de la Biblia. Hasta ese momento él solo se interesaba en el dinero, en el éxito y en los placeres de la vida, pero ahora el recuerdo de sus pecados turbaba su conciencia. Como resultado de estos contactos, Steve halló el perdón y la paz por la fe en Jesucristo. Semanas más tarde descubrió que tenía un cáncer incurable. Su vida en la tierra pronto se acabaría, pero su alma estaba en paz. Steve sabía que tenía la vida eterna porque creía en el Hijo de Dios. Los últimos meses de su vida en esta tierra pudo apoyarse apaciblemente en su Salvador. Fue así como a los 50 años entró en la eternidad.

Jesús aún da esta paz interior a todos los que están cansados y cargados: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos” (Eclesiastés 12:1).

Job 34 – Colosenses 1:15-29 – Salmo 135:1-7 – Proverbios 28:21-22

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2/27 – La perfección moral de Jesucristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

2/27 – La perfección moral de Jesucristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-perfeccion-moral-de-jesucristo/

Nancy Leigh DeMoss: Los científicos ahora  están reclamando  haber encontrado el estándar universal para la belleza. Simplemente es una  proporción matemática conocida como Phi o  “proporción divina” que también se le conoce como “El número de oro”.

Leslie Basham:  Esta es Nancy Leigh De Moss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: La proporción es la siguiente 1.618:1  Esta proporción se puede aplicar a numerosas áreas donde se pueda encontrar la belleza. Se aplica al arte, la  arquitectura, la naturaleza, y a la belleza facial.

Por ejemplo, si la cara de mejilla a mejilla mide 10 pulgadas, entonces para estar conformada a  la proporción ideal el largo de la cara desde arriba de la cabeza hasta debajo  de la  barbilla debe  de ser 16.18 pulgadas   Esto sería la verdadera belleza.

Hay un cirujano plástico que desarrolló una máscara “phi”, que es  el modelo  ideal del rostro humano, incluyendo estas divinas proporciones de oro. Hay otro estudio hecho por un psicólogo que dice que sorprendentemente hay una gran consistencia en  las proporciones y dimensiones que se consideran atractivas.  Este estudio dice que para ser atractivo el rostro femenino ideal puede ser descrito  de la siguiente manera—mira a ver  si encajas dentro de una de estas características:

– Ancho de ojos que sea tres décimas el ancho de la cara a nivel de los ojos.

– Largo de la barbilla: una quinta parte del largo de la cara.

– Distancia desde el centro de los ojos a la base de las cejas: una décima parte del largo de la cara.

– Largo del globo del  ojo: un catorceavo del largo de la cara.

– Ancho de la pupila: un catorceavo de la distancia entre los pómulos.

– Área total  de la nariz, debe de ser menos de un cinco por ciento del área de la cara.

¿Qué tan bella eres?  Este estudio nos dice que la más pequeña variación es importante en cuanto a lo que la gente percibe como atractivo. Por ejemplo “la boca ideal es la mitad o el 50% del ancho de la cara al nivel de la boca; si ese porciento varía en tan solo unos 10 puntos, la cara es  calificada como “menos atractiva”.

Tú lees eso y te das cuenta que el estándar de la belleza perfecta es inalcanzable.  Muy raras veces alguien se acerca a ella aunque algunos han tratado.   Al prepararme para esta sesión,  encontré   una edición de la revista Newsweek  con el siguiente título en su portada, “El rostro perfecto: Un estándar global de belleza y lo que las personas están haciendo para obtenerlo”. Lo que las personas están haciendo para obtenerlo son cada vez más cirugías plásticas.

Al  pensar en la perfección, en la belleza, en el rostro perfecto,  y  las divinas proporciones de oro, todo esto  me lleva al estudio que acabamos de iniciar,  al Cristo incomparable.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh De Moss… Ella nos dirige a través de esta serie titulada “El Cristo incomparable”.

Nancy: A través de esta serie estamos  siguiendo el libro escrito por Oswald  Sanders llamado “El Cristo incomparable”[The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Hoy venimos al primer capítulo de ese libro titulado, “La perfección moral de Cristo”.  A lo que nos estamos refiriendo cuando hablamos de Su perfección es a Su Belleza, a Su hermosura—a la belleza de Cristo.

Él es el modelo de todo lo que es lindo, de todo lo verdaderamente bello y hermoso.  Él es el único “Perfecto 10”.  Todo lo que se relaciona a Él está en perfecta simetría, en perfecto balance, en perfecta proporción.  Él es el único que no necesita ser realzado.  Él no puede ser más perfecto de lo que ya es.

¿Qué tan diferente es esto de nosotras?  Nosotras todas necesitamos realzar nuestra belleza.  Ya sea la belleza exterior o la belleza de carácter, o la belleza moral… todas tenemos imperfecciones. ¿Acaso no nos damos cuenta de ello todo el tiempo? Nos vemos en el espejo y vemos cosas que quisiéramos que fueran diferentes. Pero cuando miras a Jesús, nunca vas a ver nada que necesite ser diferente.

Como lo señala en su libro Oswald Sanders, y algo que vemos en los evangelios, es “el retrato de un  Hombre, de un Hombre verdadero, de uno que manifiesta perfección en cada etapa de su desarrollo y en cada circunstancia de su vida.” (El Cristo Incomparable, p. 18)

Esta misma idea se transmite en el Salmo 45.  Es un pensamiento de amor, un poema que dice… Y yo pienso aquí en la venida mesiánica de Cristo: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres.”  No hay otro como  tú.  Eres incomparable.  “La gracia se derrama en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre”. (Salmo 45:2)

A través de los siglos ha habido muchos escritores de canciones y de himnos,  y  poetas,  que han tratado de capturar este retrato en palabras.  Me viene a la mente un antiguo himno escrito alrededor de los 1700, que ha sido de mis favoritos a través de los años. Dice,

Majestuosa dulzura firmemente entronada sobre la frente del Salvador;
Con glorias radiantes Su cabeza coronada, Sus labios gracia derraman.

Contempla los encantos de Su faz y en Sus glorias has tu morada;
Piensa en las maravillas de Su gracia, y de  todos Sus triunfos habla.

Ningún mortal de  entre los hijos de los hombres a Él compararse puede.
Intachable es y favorecido  más que todo el  cortejo celestial.
(“Majestuosa Dulzura Firme Entronada” por Samuel Stennett).

Él es más maravilloso,más bello que cualquier mortal, que cualquier ser humano.  Él es intachable y más maravilloso que cualquier criatura del cortejo  celestial.

Pero la belleza de Cristo no está tanto en su parte física como en Sus gracias, las gracias de Cristo.  Como hombre—y vamos a considerar su ministerio aquí en la tierra durante las próximas semanas, culminando con la Semana de la Pasión de Cristo—Él posee cada gracia, cada virtud en tensión  y en balance  perfecto.  No  hay nada que le falte, nada que esté fuera de balance.  Él no tiene “áreas insípidas” como todos tenemos, no hay deficiencia alguna en Él.  Algunas veces tenemos mucha gracia en un área pero en la contraparte de la misma estamos carentes.

Cristo las tiene todas en perfecta tensión, en perfecto balance, en perfecta simetría.  Él observó la Ley de Dios perfectamente.  No es que Él evitó pecar, sino que Él vivió el estándar perfecto de la Ley de Dios. Nunca se quedó corto en nada.

Hay mucho que podemos obtener para nuestras vidas, en particular si tomas el tiempo para contemplar la perfección de Cristo, el encanto de Cristo, la belleza de Cristo.  Yo me alegro tanto de que Sanders no  haya empezado este libro con el nacimiento de Cristo, sino  que él empezó   hablando de la hermosura, de la belleza y de la perfección de Cristo.  No hay nadie como Él.

Hay un pasaje maravilloso en el libro de Cantar de los Cantares de Salomón, en el Antiguo Testamento.  El Cantar de los Cantares es una historia de amor.  Es un  poema  del rey y de su novia.  Un bello retrato del matrimonio.  Pero también puedes darte cuenta que se está desvelando  allí el gran esplendor y la belleza de los encantos del Señor Jesucristo mismo.

En ese Cantar de los  Cantares, como es llamado, en el capítulo 5 tenemos el recuento donde el novio se acerca a su novia.  Él toca a la puerta de su habitación. Y le pide a ella que abra. Él quiere estar con ella, quiere pasar tiempo con ella.  Pero ella tiene sus excusas: Ella está cansada, ya preparada para acostarse a dormir, y no siente deseos de hacer nada.

Él persiste.  Y finalmente cuando ella le abre la puerta  se da cuenta que Él se ha ido de que ya no está.  Ella, perturbada por el cambio de los acontecimientos, sale a la ciudad y va a todos lugares en su búsqueda, diciéndoles a las personas, “¿Dónde está mi amado, lo han encontrado?” Luego se acerca a las hijas de Jerusalén—estas son sus amistades—y les pregunta a ellas, “¿saben ustedes dónde está mi amado?” “¿Lo han visto ustedes?” “¿Díganme adónde se ha ido Él?”

Y  en el  versículo  9 de Cantar de los Cantares, las hijas le dicen, “¿qué clase de amado es tu amado, oh la más hermosa de las mujeres?” ¿Qué clase de amado es tu amado, que así nos conjuras?” Lo que ellas están diciendo es,  “¿Qué tiene tan especial que lo echas tanto de menos? Tú sabes que Él ya partió, quizás haya aquí otros iguales a Él, quizás tú puedas encontrar alguien que lo reemplace”.

Entonces ella empieza a meditar en esto, y al principio del versículo 10, ella responde a las preguntas que ellas le han hecho.  “¿Qué tiene tu amado más que los demás? ¿Qué lo hace tan especial? ¿Qué lo hace tan singular?”  Ella   entonces  empieza  a describir a su amado a estas hijas de Jerusalén.

Ella dice en el versículo 10, “Mi amado es resplandeciente y rubio, distinguido entre diez mil”.  No hay otro como Él.  Y en los próximos versículos, ella les da una descripción detallada de Sus atributos físicos, de Sus características, y les dice qué es lo que ella admira de Él.  Ella da una descripción detallada.

Terminando en el versículo 16, ella dice, “Su paladar, dulcísimo, y todo él deseable.  ¡Este es mi amado y este es mi amigo, hijas de Jerusalén!”

John Flavel el Pastor Puritano de los años 1600 quien escribió toda una canción sobre Cantar de los Cantares capítulo 5 versículo 16, “Todo Él es hermoso.” Tituló el mensaje “Cristo es totalmente hermoso”. Él dice,

“Miren a todos los seres creados, revisen todo el universo: observarán  fortaleza  en uno,  belleza en el segundo, fidelidad en el tercero, sabiduría en el cuarto, pero en ninguno de ellos hallarás más excelencia que la que  encuentras en Cristo.

El  pan tiene una cualidad, el agua otra,  la vestimenta otra, la medicina otra; pero nada las tiene todas en sí mismas como lo tiene Cristo.  Él es pan para el hambriento, agua al sediento, vestido para el desnudo, ungüento sanador para el herido; y cualquier cosa que desee el alma lo puede encontrar en Él.”1

A medida de que esta novia le cuenta a sus amigas sobre la hermosura y la singularidad de su amado, dos cosas suceden.  Más adelante en el capítulo 6 vemos esto.  Primero,  la personas a quienes ella le habla acerca de su amado, lo quieren conocer.

Así es que en el capítulo 6 versículo 1 las hijas de Jerusalén le dicen a esta novia, “¿Adónde  se ha  ido tu amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿Adónde se ha dirigido tu amado, para que lo busquemos contigo?”

Cuando ellas oyen esta descripción ellas  piensan, “Wao, Él  es realmente muy singular”.  No hay otro como Él.  Lo queremos conocer.  Te vamos acompañar a ir en su búsqueda.

A medida que leemos el versículo 2, vemos que mientras ella está haciendo el recuento de sus encantos, de su  belleza y  de lo maravilloso que es su amado algo ocurre.  La intimidad que una vez ella experimentó y que había perdido, es restaurada.  Ella se da cuenta que él no se ha ido, que él aún está con ella y ella todavía tiene esa relación con él.

Así es que ella dice en el versículo 2, “Mi amado ha descendido a su huerto a las eras de bálsamo, a apacentar su rebaño en los huertos y recoger lirios.”  En este  lenguaje pintoresco y  lleno de simbolismo, lo que este poema de amor quiere decir es, “Mi amado ha vuelto a mí.” Él ha vuelto a sus jardines.

Y entonces  dice en el versículo 3, “Yo soy de mi amado y mi amado es mío.”  Y aquí vemos una  preciosa y dulce satisfacción del alma, al experimentar una vez más esa  intimidad y esa unión con su amado del que ella creyó haber estado separada, con el cual ella pensó haber perdido esa intimidad.  Y entonces otros quieren conocerle. La intimidad que ella una vez experimentó ha sido restaurada.

De manera que nosotras, al pensar en  la belleza y en los encantos de Cristo, nos hablamos a nosotras mismas acerca de Sus maravillas.  Al  contarlas  a los demás, ellos también sienten un creciente deseo por conocerle.  Y al hacer esto encontramos que nosotras también entramos en una mayor experiencia de intimidad con Él.

Ahora, en la medida que nos enfocamos las bellezas y las maravillas de Cristo, nosotras llegamos a reconocer que Él no solo es nuestro Salvador y Señor—Él es todo  esto, y hay mucho más acerca de Él sobre lo cual estaremos hablando en las próximas semanas—pero también nosotros nos damos cuenta de que Él es nuestro más preciado tesoro.

Él es bello.  No solo es Él justo, Él es bueno, Él es hermoso. Él es perfecto.  No hay nada en esta tierra más deseable que Él.  Al tener a Cristo, tenemos lo más bello, lo más hermoso, la cosa más maravillosa, la posesión más maravillosa, la  relación  más maravillosa que cualquier ser humano pueda tener en este planeta.

Cuando nos damos cuenta del tesoro que es Cristo, eso nos hace vivir nuestras vidas de manera diferente:

No pasaremos toda nuestra vida buscando cosas y  personas que nunca podrán satisfacernos plenamente.

Enfocaremos  nuestra atención y nuestros esfuerzos en Cristo.

Desearemos tener una devoción por Él sin distracciones.

Desearemos pasar más tiempo con Él.

No necesitaremos que se nos diga “Debes tener un tiempo de devoción. Necesitas leer tu Biblia.  Necesitas orar”.  Nosotras desearemos estar con Él.  Vamos a querer conocerle.  Desearemos decirle “no” a las demás cosas que nos distraigan para procurar a Cristo porque nos hemos dado cuenta de que Él es hermoso.

Un recordatorio aquí, Cristo solo es hermoso, precioso, bello para aquellos cuyos  ojos han sido abiertos para ver Su belleza.  Hasta tanto el Espíritu Santo abra tus ojos para ver cómo Él es, hasta ese punto, nuestros ojos están ciegos y Cristo es indeseable para aquellos que nunca han podido ver su belleza.

De hecho, leemos en Isaías 53, que es un pasaje profético del Antiguo Testamento acerca del Cristo Mesiánico. Este texto dice:

“No tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y  como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. (Versículos 2-3)

Ahora, ¿cómo se puede despreciar a alguien tan hermoso, a alguien tan bello, a Uno que es perfecto? ¿Cómo pudimos nosotras en algún momento  de  nuestras vidas despreciarle y no estimarle?  ¿Cómo no lo pudimos apreciar? ¿Cómo pudimos ignorarle? ¿Cómo pueden tantas personas en este mundo aun despreciarle y no estimarle y no considerarle bello, hermoso y perfecto? ¿Cómo puede ser esto?

Es porque hasta ese punto nuestros ojos no habían sido abiertos para saber quién Él es.  Hay tantos en este planeta cuyos ojos todavía no han sido abiertos para ver que Él es bello.  Si Él no es totalmente hermoso para ti, si Él no es tu mayor tesoro, si tú no lo ves a Él como una posesión de inmenso valor, si no te maravillas y  admiras  Sus encantos y Su belleza, tienes que preguntarte, “¿Realmente le conozco?” “¿Han  sido mis ojos abiertos para yo ver quien realmente Él es?”

Si  la respuesta  a esto es  “no,”  entonces déjame animarte a ir al Señor en oración y decirle, “Señor, yo quiero conocerle.  Abre mis ojos para yo  ver a Cristo,  conocerle a Él, ver quién es Él  realmente.   Preséntamelo.  Ayúdame a verle a Él, y conocerle a Él como realmente Él es.”

Luego tenemos que recordar que la perfección solo se encuentra en Cristo.  No se  encuentra en los demás o en uno mismo.  Si buscas en cualquier otro lugar para encontrar belleza, o encontrar encantos inagotables  o para encontrar lo que es perfecto y sin defecto, vas a  ser decepcionada.

Eso es lo que nos lleva a tanta depresión y desánimo en este mundo.  Es que miramos a las personas y a las cosas en lugar de ver a Cristo para la satisfacción de nuestras necesidades y para la satisfacción de los anhelos más íntimos de nuestro corazón.  Pones tu mirada en cualquier cosa—en tu esposo, tu casa, tu trabajo, en ti misma—y  en algún momento te vas a desalentar.  Pero míralo a Él, Él siempre va a exceder y a sobrepasar tus más altas esperanzas y expectativas.  Nunca seremos  defraudadas  cuando  lo  miramos a Él.

El darnos cuenta de que la perfección solo se encuentra en Él, es llegar al final de nuestros  empeños, de nuestros esfuerzos humanos  para perfeccionarnos. Nosotras pronto nos  daremos cuenta de que no podremos ser perfectas.  Yo me encuentro con muchas mujeres que están   realmente tratando de ser grandes mujeres cristianas.

Ellas se desalientan y  se desaniman en el proceso. Pero ¿Por qué?  Porque no podemos ser perfectas.  No tenemos esa proporción perfecta de la cual hemos venido hablando.

-No la tenemos físicamente.

-No la tenemos espiritualmente.

-No la tenemos moralmente.

-Somos unas incompetentes que desesperadamente necesitan un Salvador.

Así es que el llamado a la vida cristiana no es un llamado a “borrón y cuenta nueva” o a esforzarse por ser una persona mejor, sino a reconocer nuestra imperfección.  Es un llamado a decir,  “soy imperfecta”, y dejar que el Espíritu de Cristo nos transforme a Su imagen a medida que lo contemplamos a Él.

Esta mañana me desperté y me sentí muy pecadora.  Revisé mentalmente mi día de ayer, no salí y cometí pecados atroces pero  al despertar esta mañana pensé en mi falta de dominio propio, pensé acerca de diferentes aspectos de mis reacciones, de mi espíritu.  Esto me sucede muchas veces en la mañana.  Oh… ¿Soy la única? Oh, no soy la única pecadora  aquí.

Me levanté con un sentido de necesidad.  Ahí mismo vino a mi memoria lo que iba a enseñar hoy.  Solo Cristo es perfecto.  Cristo es perfecto.  Fue ese gran predicador del pasado, Robert Murray M’Cheyne quien dijo, “Por cada mirada a ti mismo, pon tu mirada en Cristo 10 veces”.

No vivas en desaliento.  No vivas en derrota.  Si, reconoce que somos un fracaso, somos incompetentes.  El punto no es  convencernos los unos a los otros de que somos  buenas personas.  El punto es reconocer y recordarnos los unos a los otros que realmente somos un incompetente.  Tú pecadora.  Tú eres imperfecta; tú tienes tacha.  Pero mira a Cristo.  Él es perfecto.  A medida que consideramos y vemos la perfección moral, la belleza de Cristo, nosotras le respetaremos.  Nosotras le adoraremos.  Lo amaremos más.  Nosotras  desearemos conocerle más, más íntimamente.  Desearemos hablarle a los demás sobre Él. Tal y como lo hizo esa novia en el Cantar de los Cantares.

Seremos más y más como Él  y entonces reflejaremos  a los demás  Su belleza, Su perfección moral.  A medida que reflejemos Su belleza, otros lo desearán.  Él vendrá a ser  deseable  para ellos, y la tierra será llena de la gloria de Cristo.

Señor te pido que Tú hagas esa obra en nosotras; que Tú despliegues la belleza de Cristo.  Él es el único rostro perfecto.

Así que te adoramos, Señor Jesús.  Tú eres hermoso.  Tú eres bueno.  Tú tienes la simetría perfecta.  Tus encantos están en el balance perfecto, la proporción de oro divina, eres Tú.  Te amamos.  Y te pedimos que nuestras vidas puedan reflejar y desplegar tu belleza en un mundo que tan desesperadamente  necesita ver la  gloria de quien Tú eres.

Que nuestras vidas despierten en los demás una sed de ti.  Que señalen a otros hacia ti.  Y que ellos lleguen a decir, “Sí, lo amamos a Él, nosotros   también  queremos conocerle a Él”. Yo te lo pido en el nombre de  Jesús. Amén.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo la perfección moral de Cristo.  No es un tema del que oímos muy a menudo, pero es uno que me lleva a adorar a Jesús de una manera fresca. En las semanas que culminan en el Domingo de Resurrección, Nancy nos mostrará facetas de la vida de Cristo que muchas veces  han sido descuidadas.

Este ministerio se hace realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes de manera internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-809-569-5959, desde EEUU y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros.  Cuando llames, solicita que los fondos sean asignados al ministerio hispano de Aviva Nuestros Corazones.

¿Qué estaba haciendo Jesús antes de venir como un bebé a esta tierra?  Es una pregunta fascinante.  Nancy la va a explorar mañana en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 http://www.puritansermons.com/sermons/flavel1.htm.

Hermoso Eres, Eric López, En Tus Alturas ℗ 2011 Life House Music Group.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Como Sepulcro Blanqueado

Isha – Salmos

DÍA 86 – Salmo 50

Dosis: Honestidad

Como Sepulcro Blanqueado

“Pero Dios le dice al malvado: «¿Qué derecho tienes tú de recitar mis leyes o de mencionar mi pacto con tus labios? Mi instrucción, la aborreces; mis palabras, las desechas. Ves a un ladrón, y lo acompañas; con los adúlteros te identificas. Para lo malo, das rienda suelta a tu boca; tu lengua está siempre dispuesta al engaño.” (Salmo 50:16–19) (RVR).

Hemos visto en la primera parte del Salmo, que Dios no solamente ve lo que hacemos, sino conoce las intenciones del corazón. Por eso, después de instruir a su pueblo sobre el método correcto de rendirle adoración, reprende ahora a los malvados. En primer lugar les acusa de usurpar las funciones y los privilegios que sólo le corresponde a su pueblo y a los que le temen realmente: «¿Qué derecho tienes tú que hablar de mis leyes?» ¿Cómo te sentirías si Dios te dijera estas palabras? ¡Cuántas veces juzgamos conductas ajenas, sin considerar las nuestras! ¡Qué acusación más certera para aquellos que aparentan ser piadosos pero tienen una mala conducta, declarando a otros la ley que ellos mismos no cumplen!

Esta es la misma hipocresía que Jesús descubrió en los religiosos de su tiempo, los escribas y fariseos cuando los llamó “sepulcros blanqueados”. A ellos, les gustaba instruir y corregir a otros, pero aborrecían ser ellos mismos corregidos.

En el salmo Dios especifica sus pecados más frecuentes: el robo, el adulterio y los pecados de la lengua como mentira y difamación en un acto deliberado y bien calculado: “Tienes por costumbre hablar contra tu prójimo, y aun calumnias a tu propio hermano.”

Ante estas cosas ¿Dios guardará silencio? El salmo dice, que como juez Dios tuvo paciencia, pero ahora les advierte: “Has hecho todo esto, y he guardado silencio; ¿acaso piensas que soy como tú? Pero ahora voy a reprenderte; cara a cara voy a denunciarte.”

La paciencia de este juez justo, fue como una prórroga para que ellos cambien su conducta, pero muchas veces cuanto más demora el castigo, más se endurece el corazón frente al pecado, por eso Dios les advierte: “Ustedes que se olvidan de Dios, consideren lo que he dicho; de lo contrario, los haré pedazos, y no habrá nadie que los salve. La paciencia de Dios, puede convertirse en ira; Dios les hace esta advertencia, esperando así que consideren sus palabras y cambien su conducta.

El salmo culmina con una feliz invitación a una íntima comunión con Él: “Quien me ofrece su gratitud, me honra; al que enmiende su conducta le mostraré mi salvación.» Dios siempre da la oportunidad de rectificar nuestra conducta y anhela mostrarnos su salvación. ¡No desperdiciemos esta invitación!

Oración: Señor que mi corazón jamás se convierta en un sepulcro blanqueado, escudríñame y límpiame de todo pecado. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 101). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Envió su palabra, y los sanó.

Miércoles 27 Noviembre

Envió su palabra, y los sanó.

Salmo 107:20

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Isaías 55:7

Heridas y culpabilidad

http://labuenasemilla.net/20191127

Las heridas de la vida son numerosas para muchos de nosotros. Profundas y penetrantes, como la muerte de un ser querido, el divorcio, la injusticia, el maltrato, la violencia, el desempleo… a menudo dejan huellas mal cicatrizadas. Las heridas, como la culpa, favorecen el sentimiento de rechazo, de abandono, y todo un cortejo de turbación: angustia, depresión… sin olvidar el sentimiento de soledad.

Así, ¿quién no necesita sanación y perdón? La Biblia declara que Dios sana a los de corazón quebrantado y venda sus heridas (Salmo 147:3). Dios es el único y verdadero refugio para los que sufren.

Su amor fue demostrado cuando Jesús vino a la tierra para llevar nuestros dolores (Isaías 53:4). Aún más, en la cruz tomó sobre sí mismo el castigo que merecían nuestros pecados. Solo Jesús es la fuente de la vida y de la paz; es el único que puede librar y consolar. Los sufrimientos de la vida deberían empujarnos a los brazos de Dios. Él puede cambiar un desierto en oasis (Salmo 107:35), una prisión en lugar de gozo.

Lo primero que necesitamos es el perdón de Dios. Jesús lo adquirió para nosotros en la cruz. No deje que el pasado lo detenga. Vaya al que puede colmar todas sus aspiraciones: perdón, verdad, purificación, consuelo… Dios tiene proyectos de paz para todos los que ponen su confianza en él.

Job 33 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La monarquía

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La monarquía

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/33899507

Esta es una de las cosas que me frustra cuando veo a la gente que empieza a estudiar el Antiguo Testamento; como dije antes, ellos inician bien su lectura de Génesis y Éxodo y luego empiezan a perder entusiasmo cuando se atascan con Levítico y Números y lo demás.

Y me decepciono porque quiero que lleguen a Primera y Segunda de Samuel. Me encantan los libros de Samuel. Hay tanto contenido en estos libros, ya que las Escrituras nos revelan la vida de algunos personajes más importantes del Antiguo Testamento.

Pero no son solo las vidas de los santos del Antiguo Testamento que se destacan en los libros de Samuel, sino que también vemos un retrato tan magnífico de Dios. Ahora, ya hemos mencionado el período de los Jueces, y dije que el período de los Jueces se extiende hasta incluir Samuel, pero, por supuesto, la historia de Samuel no se da hasta el libro de 1 Samuel y Samuel es presentado como el hijo de la mujer Ana, quien no había tenido hijos

Y quien había orado y orado y orado para que Dios escuchara su oración y le concediera un hijo. Y, de hecho, la oración de Ana, que se encuentra al principio de 1 Samuel, prácticamente se repite en el Nuevo Testamento en la oración de María, llamada el Magnificat.

Y si hay alguna persona en este período de la historia judía que tipifica la venida de Cristo, es Samuel, porque cuando nace, su madre, en gratitud tan profunda por la respuesta de Dios a su oración, dedica a Samuel a una vida de servicio a Dios y lo presenta al entonces juez de Israel, el venerable Elí; Samuel ahora queda bajo el cuidado de Elí.

Y recordamos esa historia de cómo en medio de la noche cuando Samuel estaba durmiendo, escuchó una voz que lo llamaba por su nombre: “Samuel”. Y se despertó y corrió y sacudió a su mentor, Elí; y le dijo: ‘¿Me llamaste?’ Y Elí respondió: ‘No, debes estar oyendo cosas. Vuelve a la cama’.

Y Samuel regresa a dormir. Y otra vez Dios lo llama en medio de la noche: “¡Samuel!” Samuel se levanta de nuevo y corre hacia Elí y dice: ‘¿Me llamaste?’ Y él dijo: ‘No’. Entonces Elí empieza a pensar que tal vez es Dios que le está hablando a Samuel y le da instrucciones a Samuel.

Así que Samuel regresa a dormir de nuevo y ahora por tercera vez Dios viene y le habla en la forma íntima de dirigirse a otro: “¡Samuel, Samuel!” y Samuel responde a Dios diciendo: “Habla, que tu siervo escucha”. Entonces Dios le revela a Samuel que su juicio está por venir a la casa de Elí; porque, aunque Elí mismo había juzgado a Israel con un espíritu de piedad, sus hijos eran malos y Elí no los había disciplinado; y así Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre una familia, Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre la familia de Elí.

A la mañana siguiente Elí le preguntó a Samuel ‘¿Te habló Dios?’ Y él dijo: Sí. Y Elí dijo: ‘¿Qué te dijo?’ y Samuel no quería decirle. Estaba aterrado de darle a Elí las malas noticias. Y Elí trata de sacarle la información, pero Samuel no dice nada hasta que al fin Elí dice: ‘Bueno, lo que Dios te haya dicho, lo que sea que Él haya dicho, te puede pasar a ti si no me lo dices’.

Entonces Samuel dijo: ‘está bien, te lo diré’. Y le dijo a Elí que Dios iba a juzgarlo a él y a su familia. Y una de las cosas más significativas de ese momento fue que cuando Elí escuchó la profecía de su propia condena y del juicio de Dios sobre su propia familia, miró a Samuel y dijo: “El Señor es”. Y poco después el juicio vino. Llegó con una vergonzosa derrota de los soldados israelitas en la que murieron los hijos de Elí.

Y cuando Elí recibió el informe de esto, cayó muerto, pero el momento más oscuro de Israel hasta este punto, tuvo lugar en este contexto porque en esa batalla, el Arca de la Alianza, el trono de Dios mismo, fue capturado por los filisteos y fue llevado y puesto como un trofeo en el templo de Dagón, el dios filisteo.

Y, por supuesto, la nuera sobreviviente de Elí dio a luz a un niño ese día, y ella misma murió como resultado del esfuerzo para dar a luz. Pero antes de morir, llamó a su hijo Icabod o Ajikabod, que significa la gloria se ha ido, puesto que el trono de Jehová, el arca sagrada había sido capturada y puesta en manos de sus enemigos acérrimos: los filisteos.

La gloria se había apartado de Israel. Y es en ese contexto que Samuel emerge como el líder espiritual de la nación. Él tiene que asumir el papel que tenía Elí, en un momento en que la fe y la esperanza nacional habían tocado fondo.

Sin embargo, conocemos sobre los acontecimientos extraordinarios a partir de entonces, como cuando los filisteos trajeron el trono de Dios a su templo para burlarse y usarlo como un trofeo. Lo que sucedió fue que la gente era afligida por plagas y la estatua de su dios se rompió en mil pedazos; Y los cinco reyes de los filisteos empezaron a jugar ping-pong, enviando el arca de una ciudad a otra, de Asdod a Gat, luego a Ecrón y así por el estilo, y a donde fuera el arca, la plaga iba, hasta que finalmente entendieron el mensaje de que no era una buena idea quedarse con el arca de Jehová en cautiverio y la devolvieron en un carro de bueyes.

Esta es otra historia extraordinaria que no tengo tiempo para contar ahora; pero en este caso el carro, tirado por los bueyes, que llevaba el Arca no lo conducía nadie. Estaba siendo conducido simplemente por el Espíritu de Dios y cruzó la frontera, de vuelta a Israel exactamente al lugar donde Dios había ordenado que debía llegar.

Y cuando el pueblo de Israel vio el Arca viniendo, a la distancia, se regocijaron. Y no sé lo que dijeron, pero podría sugerir que dijeron: Kabowd, “La gloria ha vuelto”.

Y durante la vida de Samuel hubo gran bendición sobre la nación, como lo había sido durante los mandatos de otros jueces, pero al final de su vida, o casi al final de su vida, otra vez los corazones de Israel se endurecieron e hicieron lo malo ante los ojos del Señor.

Pero esta vez su abandono de Dios tomó toda una nueva dimensión, una que no tiene precedentes en la historia del Antiguo Testamento, y la leemos en el capítulo ocho de 1 Samuel.

Leemos: “Y aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; éstos juzgaban en Beerseba. Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.”

Estamos viendo la repetición de lo mismo que sucedió con los hijos de Elí. Han oído que se dice, como un tipo de axioma que Dios no tiene nietos; que solo porque alguien sea una persona piadosa y tiene hijos, eso no garantiza automáticamente que los hijos van a seguir los pasos de los padres. Porque cada generación necesita conversión y tan pronto como pensamos que podemos embotellar y vender y controlar y manipular los dones del Espíritu de Dios, hemos perdido toda la realidad de la redención. “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.”

Hemos vistos a lo largo del período de los jueces que lo que mete a Israel en problemas una y otra y otra vez es su incesante afán de querer conformarse a las naciones paganas y a la cultura pagana que le rodea.

Primero fue adoptar la religión pagana y ahora quieren que las instituciones políticas que observan a su alrededor sean importadas para que ellos puedan ser igual que los demás.

Y todas las otras naciones estaban gobernadas por reyes. Israel no tenía un rey, es decir no tenía un rey terrenal. Se habían olvidado de quién era su Rey, porque no se trataba de una democracia, ni de una oligarquía, ni una aristocracia, ni una monarquía.

Esto iba a ser una teocracia donde Dios era el rey de su pueblo. Pero ahora el pueblo dice: ‘queremos un rey como todo el mundo que nos rodea’.

Ahora, cuando Samuel escucha esto, está muy disgustado. Dice: “Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos.”

Permítanme hacer una pausa aquí. Samuel entendió eso. Sabía que esto no era solo un rechazo de él o de su familia, que era un rechazo de todo lo que él representaba. Fue un rechazo a todo por lo cual trabajaba. Fue un rechazo de todo su ministerio.

No sé cuántas veces he hablado con clérigos o pastores jubilados, que dedicaron sus vidas al cuidado de los santos en una iglesia, luego ese pastor se jubila y ve cómo esa iglesia se viene abajo y se seculariza, y qué desgarrador es esto para cualquier pastor piadoso o cualquier ministro piadoso.

Ahora, obviamente, Samuel estaba sintiendo esto de sí mismo, pero también comprendió que lo que estaba ocurriendo aquí era un rechazo del Dios que representaba para el pueblo, y me pregunto si se sorprendió cuando Dios le dijo: “Samuel, escúchalos. Me han rechazado a mí, deja que tengan su rey.” En ese sentido, Dios es como el padre pródigo en el Nuevo Testamento, que cuando su hijo quiere rebelarse e ir a una tierra pagana y desperdiciar la riqueza de la herencia de su propio padre, que es lo que todos hacemos. Una de las cosas que creo que son heroicas del padre pródigo de esa parábola es que lo deja ir.

Él no deja de preocuparse por el hijo. Él no deja de orar por el hijo. Él no deja de amar al hijo, pero lo deja ir. Él entrega a su hijo a sus propias inclinaciones pecaminosas y así es como Dios trata a Israel. De hecho, el juicio final de Dios es que el que es malo siga siendo malo.

El peor tipo de juicio que Dios puede mandar a alguien es darle rienda suelta, para entregarlo a sus propias inclinaciones malas. Pero aquí Él está diciendo a Samuel: ‘Si el pueblo no quiere que yo sea su rey, dales un rey’.

Esa es la base pecaminosa para la monarquía, y aún en esto, donde se da y se concede el deseo de un rey, en un sentido muy real, es un acto de juicio divino. Sin embargo, en el consejo secreto de Dios, como se manifiesta más adelante, Dios va a obrar a través de esta institución de la monarquía para poner a su rey elegido para Su reino, que será de la tribu de Judá y cuyo reino será eterno. Quien será el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Y aunque la monarquía de Israel empieza con una serie vergonzosa de circunstancias, la monarquía, en un sentido, prefigura la venida del reino de Dios. Vamos a tomar un momento más para considerar la palabra “monarca”.

Cuando iniciamos nuestro estudio, observamos el primer versículo de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. En la traducción griega para la palabra “principio” en Génesis 1 es la misma palabra que aparece en el primer capítulo del evangelio de Juan, “en arche”, en el principio.

La palabra griega “arche” significa “principio, jefe o gobernante”. Y la palabra “arche” como se interpreta en el sentido de jefe, el preeminente, llega a nuestro propio idioma.

Hablamos de los enemigos y los archienemigos, rivales y archirrivales, obispos, arzobispos, ángeles y arcángeles, herejes y herejiarcas o arc-herejes, que significa que son los principales, los grandes.

Y la idea de la palabra “monarquía” significa “un jefe, un gobernante, un soberano”. Y la razón por la que este es un momento tan dramático en la historia judía es que hasta este punto solo había un gobernante para Israel y era Dios.

Y así dios ve en este deseo por un monarca terrenal, un intento de suplantar su reinado. “Me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos. Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así lo están haciendo contigo también. Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos.”

Porque el inicio de la monarquía es el inicio de la corrupción radical de la nación judía. “Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: Así será el proceder del rey que reinará sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros”.

Es decir, él va a planear la estrategia y va a reclutar a sus hijos y usarlos para el avance de sus conquistas. Nombrará para su servicio comandantes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros.”

Ahora empezarán a trabajar para el estado en vez para ustedes. En lugar de comer lo que ustedes producen, tendrán que utilizar el trabajo de su granja para alimentar al gobierno. Miren, eso es lo que va a pasar. Tomará también a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará lo mejor de vuestros campos, de vuestros viñedos y de vuestros olivares y los dará a sus siervos.”

“Tomará también vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, y los usará para su servicio. De vuestros rebaños tomará el diezmo, y vosotros mismos vendréis a ser sus siervos. Ese día clamaréis por causa de vuestro rey a quien escogisteis para vosotros, pero el Señor no os responderá en ese día.

No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros, a fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas.”

Y así, después de esta solemne advertencia, Dios les dijo que un héroe saliente del pueblo, un hombre con grandes dotes de poder militar, un hombre de gran estatura, guapo y orgulloso, de la tribu de Benjamín.

Esto debería haber sido un indicio, porque volviendo a la bendición patriarcal de Génesis, fue a la tribu de Judá que se le prometió el reino de Dios. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”.

Pero este hombre, quien es el primer rey de Israel, no es de la tribu de Judá, es de la tribu de Benjamín.Es muy curioso, porque, más tarde, unos siglos después, otro de la tribu de Benjamín, con el mismo nombre llegó a ser muy importante en la historia de redención, porque ambos hombres fueron llamados Saúl.

El rey Saúl y Saúl (Saulo) de Tarso; el primer Saúl termina en desgracia, el segundo Saúl llega a ser el apóstol a los gentiles. Entonces Saúl es ungido por Samuel como el primer rey de Israel y su reinado empieza en gloria.

Él tiene tremendas victorias militares y se vuelve enormemente popular entre el pueblo, pero había un defecto fatal en el hombre. Había una especie de arrogancia que afectaba a Saúl. En una ocasión, Saúl estaba esperando a Samuel para que le bendijera antes de ir a la batalla y para ofrecer los sacrificios a Dios a fin de preparar los ejércitos para esa ocasión, y Samuel no se presentó exactamente a tiempo.

Y Saúl se impacientó y entonces él mismo se encargó de hacer los sacrificios. Sí, había una separación entre la iglesia y el estado, en el sentido de que había una división de trabajo aquí, y no era la responsabilidad del rey atribuirse para sí los derechos, el privilegio y la autoridad del juez. Pero Saúl tomó sus manos sucias y profanó las cosas santas y en ese momento llegó Samuel y lo vio y le dijo: ‘Por esto, Saúl, Dios te ha rechazado y ha reservado para sí un hombre conforme a su corazón, a quien levantará para sustituir a ti y tu casa.’

Y Saúl se vuelve loco. Se retira de su responsabilidad como comandante en jefe cuando es enfrentado por el campeón de los filisteos, el gigante Goliat; se hace a un lado mientras que un muchacho se acerca y libera a la nación de la opresión de los filisteos.

Y la gente empieza a cantar en poco tiempo: ‘Saúl ha matado a sus miles, y David ha matado a sus diez miles.’ Y Saúl enfurecido y lleno de celos, y hasta el final de su vida, persigue a David, a quien ahora Samuel ha ungido para ser el rey; un inicio desfavorable para una monarquía tan notable.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es