Dios quiere una confesión sincera

Jueves 11 Octubre

Dios le dijo (a Adán)… ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

Génesis 3:11-12

Dios quiere una confesión sincera

La única respuesta correcta de Adán a la pregunta de Dios hubiese sido un sencillo «sí». Pero en vez de ello trató de eludir su responsabilidad, y solo al final de su respuesta reconoció lo que había hecho. Primero dijo: “La mujer que me diste por compañera”; le echó la culpa a Dios. Todavía hoy recurrimos a ese tipo de excusas. ¿Dónde estaba Dios?, nos preguntamos evocando guerras, actos de terrorismo, crímenes… No decimos que estas cosas suceden precisamente porque el hombre se ha alejado de Dios.

Luego Adán añadió: ella “me dio”. A veces echamos sobre los demás la responsabilidad de una falta: Fue ella la que empezó, o fue él quien me persuadió de hacer eso.

Y tal vez, para justificarnos al menos en parte, resaltemos las circunstancias atenuantes. Finalmente, si no podemos echar la culpa a Dios, ni a otras personas, ni a las circunstancias difíciles, tratamos de banalizar el caso: después de todo no era tan grave.

Retengamos el ejemplo del rey David quien, convencido de su pecado, dijo sinceramente: “Pequé contra el Señor” (2 Samuel 12:13). También fue hasta el origen del mal y reconoció que el pecado provenía de su propio corazón.

Si, como David, confesamos nuestra falta sinceramente, Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Deuteronomio 5 – Juan 4:31-54 – Salmo 115:9-18 – Proverbios 25:4-5

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TENGAMOS ESPERANZA

Octubre 10


TENGAMOS ESPERANZA

Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado. 1 Pedro 1:13

Usted ha oído muchos sermones y ha visto muchos libros acerca del amor y de la fe, pero ¿ha oído alguna vez un mensaje o ha leído un libro acerca de la esperanza? Por alguna razón, a veces pasamos por alto la esperanza. La esperanza es algo que falta en la experiencia cristiana de nuestra cultura. No vivimos con esperanza sobre todo porque nos concentramos demasiado en nuestras circunstancias actuales.

¿Qué es la esperanza? Es la actitud del cristiano en cuanto al futuro. La esperanza en su naturaleza intrínseca es como la fe. Ambas tienen la confianza, o una creencia en Dios, como su punto central, pero hay una diferencia entre ellas. Fe es creer en Dios en el presente, y esperanza es creer en Dios para el futuro. La fe cree en Dios por lo que ha hecho, y la esperanza cree en Dios por lo que hará.

Ponga su esperanza en Él y viva esperando el glorioso cumplimiento de su promesa futura.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

10 OCTUBRE

1 Reyes 13 | Filipenses 4 | Ezequiel 43 | Salmos 95–96

Han transcurrido casi veinte años desde la experiencia visionaria en la que Ezequiel contempló la gloria de Dios abandonando el templo (Ezequiel 10:18–22; 11:22–24). Aquí, en Ezequiel 43:1–12, es testigo del regreso del Señor.

Numerosas expresiones y frases nos recuerdan que la gloria que el profeta percibe ahora debe identificarse con la visión del trono móvil de los capítulos 1–3, y con la que abandonó el templo y la ciudad en 8–11. Ezequiel lo deja muy claro: “Esta visión era semejante a la que tuve cuando el Señor vino a destruir la ciudad de Jerusalén, y a la que tuve junto al río Quebar” (43:3).

Dentro de la estructura simbólica de la visión, esto significa que Dios se está manifestando en medio de su pueblo una vez más. Este debe responder avergonzándose de sus pecados (43:10–11) y adecuándose perfectamente a todo lo que él prescriba (43:11).

La culminación de esta visión dentro del libro de Ezequiel se encuentra en el último versículo del mismo: “Desde aquel día el nombre de la ciudad será: EL SEÑOR ESTÁ AQUÍ” (48:35). Eso es maravilloso. Cualquier lugar donde el Señor esté es santo. “Por eso, disponeos para actuar con inteligencia; tened dominio propio; poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a los malos deseos que teníais antes, cuando vivíais en la ignorancia. Más bien, sed santos en todo lo que hagáis, como también es santo quien os llamó; pues está escrito: ‘Sed santos, porque yo soy santo’ ” (1 Pedro 1:13–16). Juan tuvo una visión de “la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios” (Apocalipsis 21:2). La voz gritó: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apocalipsis 21:3).

Siempre debemos recordar lo siguiente: el Evangelio no es admirado en las Escrituras principalmente por la transformación social que lleva a cabo, sino porque reconcilia a hombres y mujeres con un Dios santo. Su propósito no es que podamos sentirnos satisfechos, sino que podamos reconciliarnos con el Dios viviente y santo. La consumación es deliciosa para el pueblo transformado de Dios. No lo es simplemente porque el entorno del nuevo cielo y la nueva tierra sea agradable, sino porque vivimos, trabajamos y adoramos para siempre en el resplandor incontenible de la presencia de nuestro santo Hacedor y Redentor. Esta perspectiva debe dar forma al estilo de vida y servicio de la iglesia, y determinar el pulso de su ministerio. La única alternativa es una idolatría altisonante y egoísta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 283). Barcelona: Publicaciones Andamio.

EL AFÁN DE LA OPOSICIÓN

EL AFÁN DE LA OPOSICIÓN

Charles R. Swindoll

10 de octubre, 2018

Proverbios 24

¿En qué pensó cuando vio la palabra «oposición» en el título del capítulo? ¿Pensó en alguna resistencia interna externa a sus esfuerzos o a su propia resistencia interna a la dirección de Dios? ¿Cuál de las dos resistencias cree que sería mayor «afán»?

Cuando hablo de oposición, no me refiero a la resistencia externa de los demás sino más bien a la resistencia interna, a nuestra propia oposición a las cosas de Dios. Ciertamente, nos enfrentamos con fuerzas externas, con personas y circunstancias que frustran nuestros esfuerzos, pero eso, probablemente, no nos destruirá. Pienso más bien en la forma en que nosotros nos resistimos de manera personal a la dirección de Dios, a su disciplina, a su voluntad y a su sabiduría. Hay personas que están acostumbradas a esa oposición interna y, por lo general, no aprenden las lecciones que el Espíritu de verdad quiere señales. Aunque otros aprovechan el mensaje de Dios y siguen sus principios, muchos se resisten a su guía.

Todos nosotros, en algún momento, somos culpables de esa oposición interna. Por ello, debemos hacernos dos preguntas importantes:

¿Con qué frecuencia resistimos la obra de Dios dentro de nosotros?

¿Esa resistencia amenaza con volverse un hábito?

Estas son preguntas vitales y su respuesta determinará su futuro inmediato así como la eternidad después de la muerte. Lo que quiero decir es que Dios redime y transforma a las personas. Y aunque la Biblia afirma que Él cumplirá lo que está determinado a hacer, también apela a la voluntad de cada individuo, invitándonos a escuchar la voz de la sabiduría, a arrepentirnos de nuestra rebelión y a buscar la dirección de Dios, sometiéndonos a su guía.

Reflexión

¿Ha tomado la decisión de seguir la guía de Dios en cada detalle de su vida? Nadie hace esto de manera perfecta, pero en términos de la orientación que sigue su vida, ¿prefiere hacer las cosas a la manera de Dios de acuerdo con su voluntad, sus métodos y su tiempo? Si no es así, ¿Por qué se opone a ello? ¿Qué es lo que más teme? Le invito a que no se resista más; es un buen momento para comprometerse a seguir la dirección de Dios.

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios  (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Quinto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre

Miércoles 10 Octubre

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da.

Éxodo 20:12

Quinto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre

Este quinto mandamiento, el primero que tiene que ver con las relaciones entre los seres humanos, se refiere a la relación filial. Esta es esencial porque afecta nuestras demás relaciones.

Pero, ¿qué significa honrar? Primeramente respetar, reconocer a los que nos dieron la vida, con mayor motivo si nos criaron, nos cuidaron, nos sostuvieron y nos aconsejaron hasta la edad adulta.

Este mandamiento nos invita a reconocer el lugar único que ocupan nuestros padres en nuestra existencia. Todo esto confiere un peso moral, un valor, que debe producir respeto y gratitud en los hijos, incluso si los padres no siempre estuvieron a la altura de su función, o si, quizás, ni merecen este respeto.

Es una actitud del corazón que se traduce en palabras y hechos concretos: la obediencia cuando somos niños, el respeto a lo largo de su vida, la ayuda y los cuidados cuando nuestros padres son mayores.

Honrar a nuestros padres no significa pensar que todo lo que hicieron estaba bien. Para poder honrar verdaderamente a nuestros padres, si cometieron errores, primero hay que perdonarlos. Dios nos da esta fuerza del perdón cuando se la pedimos. Independientemente de cuál haya sido su conducta, ¡no despreciemos a nuestros padres, respetémoslos y amémoslos, sobre todo en su vejez!

Este mandamiento no exime a los padres de velar a fin de tener una actitud justa y afectuosa que anime a los hijos y los motive a amar y a honrar a sus padres (Colosenses 3:21).

(continuará el próximo miércoles)

Deuteronomio 4:25-49 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

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¿Cuáles son las Cuatro Leyes Espirituales?

¿Cuáles son las Cuatro Leyes Espirituales?

Las Cuatro Leyes Espirituales son una manera de compartir las buenas nuevas de salvación disponible por la fe en Jesucristo. Es una manera simple de organizar la información importante en el Evangelio en cuatro puntos.

La primera de las Cuatro Leyes Espirituales es “Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida”. Juan 3:16 nos dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 10:10 nos da la razón por la que vino Jesús. “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. ¿Qué nos impide experimentar el amor de Dios? ¿Qué nos impide tener una vida abundante?

La segunda de las Cuatro Leyes Espirituales es, “La humanidad está contaminada por el pecado, y por tanto está separada de Dios. Como resultado, no podemos conocer el maravilloso plan de Dios para nuestras vidas”. Romanos 3:23 afirma esta información, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 6:23 nos da las consecuencias del pecado, “Porque la paga del pecado es muerte”. Dios nos creó para que tuviésemos compañerismo con Él. Sin embargo, la humanidad trajo el pecado al mundo, y por tanto, está separada de Dios. Hemos arruinado la relación que Dios quería que tuviéramos con El. ¿Cuál es la solución?

La tercera de las Cuatro Leyes Espirituales es, “Jesucristo es la única provisión de Dios para nuestro pecado. A través de Jesucristo, podemos tener nuestros pecados perdonados y restaurar una verdadera relación con Dios”. Romanos 5:8 nos dice, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. 1ª Corintios 15:3-4 nos informa lo que necesitamos saber y creer para ser salvos, “…que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…” En Juan 14:6, Jesús mismo declara que Él es el único camino a la salvación, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. ¿Cómo puedo recibir este maravilloso don de la salvación?

La cuarta de las Cuatro Leyes Espirituales es, “Debemos poner nuestra fe en Jesucristo como Salvador, a fin de recibir el don de la salvación y conocer el maravilloso plan de Dios para nuestras vidas”. Juan 1:12 describe esto para nosotros, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Hechos 16:31 lo dice muy claro, “¡Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo!” Podemos ser salvos solamente por gracia, solamente a través de la fe, y solamente en Jesucristo (Efesios 2:8-9).

Si usted quiere confiar en Jesús como su Salvador, dígale a Dios las siguientes palabras. ¡Decir estas palabras no le va a salvar, pero sí, el confiar en Cristo! Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle su salvación. Usted puede repetir esta oración ahora – “Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, y a través de la fe en Él yo puedo ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En el nombre de Jesús, ¡Amén!”

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo, por lo que ha leído aquí? Si es así, por favor oprima la tecla “¡He aceptado a Cristo hoy!”

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

RESISTIR HASTA EL FIN

octubre 9

RESISTIR HASTA EL FIN

Bienaventurado el varón que soporta la tentación [las pruebas].

Santiago 1:12

El verbo soportar en el versículo de hoy se refiere a resistir con paciencia y de forma victoriosa. Implica pasiva o incluso penosa supervivencia y se concentra en el resultado de ser victorioso. La persona que pasa por las pruebas y sale victoriosa nunca abandona su fe ni a su Dios. Demuestra que es un cristiano genuino.

Algunas personas van a la iglesia, dicen creer en Cristo y hasta se bautizan. Pero cuando se enfrentan a los problemas, ellas desaparecen. Y tal vez nunca vuelvan. Quizás afrontaron una relación quebrantada, la muerte de un ser querido, o alguna otra lucha, y las circunstancias fueron tan insoportables que culparon a Dios y se fueron, convencidas de que el cristianismo no es la solución.

Como creyentes, podemos pasar por tiempos de luchas y de dudas, pero nunca será destruida nuestra fe. Nos aferramos al Señor a pesar de nuestras pruebas porque lo amamos. Esa perseverancia amorosa resulta en verdadera bendición.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

9 OCTUBRE

1 Reyes 12 | Filipenses 3 | Ezequiel 42 | Salmo 94

La descripción del templo (Ezequiel 41) precede a la de las estancias reservadas para los sacerdotes (Ezequiel 42). No obstante, insistiré en el tema de ayer un poco más y expondré otras dos interpretaciones de estos capítulos.

(3) Muchos comentaristas antiguos han argumentado que los capítulos 40–48 son símbolos claros de lo que se cumple en la iglesia cristiana. Hay algo de cierto en este punto de vista. Cobra fuerza cuando observamos, por ejemplo, que la visión de Juan de la ciudad santa en Apocalipsis comparte sustancialmente el lenguaje de Ezequiel. Sin embargo, los mismos pasajes de Apocalipsis explican la debilidad de esta interpretación. Cuando Juan emplea el lenguaje de Ezequiel (o de Daniel u otro escritor del Antiguo Testamento), habitualmente lo transmuta, o utiliza sus palabras y frases sin darles exactamente el mismo sentido. Aunque la descripción de Juan de la ciudad santa se apoya mucho en Ezequiel, la suya no tiene templo, porque Dios y el Cordero lo son (Apocalipsis 21:1–22:5). En ese sentido, Apocalipsis no constituye un cumplimiento directo e inmediato de una serie de símbolos.

(4) Es mejor, pero más embrollado, considerar estos capítulos como pertenecientes a los límites de la literatura y tipología apocalípticas. El simbolismo incluye características numéricas; su orientación hacia el futuro no brota de una mera predicción verbal o de un simbolismo simplista, sino de estructuras de modelos y acontecimientos que apuntan a lo venidero. Ya hemos vislumbrado este tipo de cosas en los capítulos 38–39, en la descripción de la batalla final, cuando Dios actúa soberanamente para destruir a todos sus enemigos. Interpretados de esta forma, los capítulos 40–48 prevén el futuro mesiánico, pero en las categorías simbólicas del presente de Ezequiel. El templo es una especie de representación o encarnación de la presencia y la bendición de Dios en la era que los israelitas piadosos anhelaban. Esta opinión incluye algunos temas teológicos y consuelos pastorales: (a) la presencia de Dios permanece constantemente como fuente de toda bendición. (b) El Señor restaura perfectamente a su pueblo. La perfección de su plan y de la experiencia de ellos tiene relación con la de la simetría de la edificación. (c) Debido a que Dios está totalmente presente, la plenitud de vida y el fruto fluyen de la presencia de Dios hacia todos los lugares yermos de la tierra. El universo se transforma. (d) La adoración a Dios es lo principal y se lleva a cabo exactamente como Dios exige. (e) El juicio y la justicia están al orden del día y se ven en la perfecta asignación de tierra y de responsabilidades.

De ser correcto este punto de vista, la esperanza definitiva se encuentra en el final de la historia, pero este ya la ha invadido en estos últimos días. La consumación no ha llegado aún, pero el reino ha comenzado.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 282). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El Señor te guardará de todo mal; el guardará tu alma.

Martes 9 Octubre

El Señor te guardará de todo mal; el guardará tu alma.

Salmo 121:7

Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos.

Salmo 57:1

Un círculo de protección

En una playa del Pacífico, en Nueva Zelanda, unos nadadores veteranos estaban entrenando cuando de repente se vieron rodeados por unos delfines que empezaron a nadar en torno a ellos, obligándolos a agruparse cada vez más. Entonces vieron un tiburón blanco que iba hacia ellos. Durante casi una hora los delfines formaron un cordón de seguridad para impedir que el tiburón se acercase… ¡hasta que todos los deportistas alcanzaron la tierra firme!

Amigos creyentes, ¡este suceso nos hace pensar en la protección que nuestro Dios nos asegura! Desde la entrada del pecado en el mundo (Romanos 5:12), Satanás es un adversario que “anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Nuestro enemigo es mucho más fuerte e inteligente que nosotros. ¡Pero el Señor Jesús lo venció en la cruz, y esto debería animarnos a refugiarnos siempre en él! Dios extiende su escudo por encima de los suyos y de todos los que dependen de él (Job 1:9-10). Él pone alrededor de cada uno de sus hijos este círculo de protección que Satanás no puede traspasar. Si vivimos cerca de Jesús no tenemos ninguna razón para temblar ante los ataques del enemigo. Él mismo intercede por aquellos que rescató.

Jesús dijo a uno de sus discípulos: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32).

Deuteronomio 4:1-24 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34©

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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SABIDURÍA, PRUDENCIA Y CONOCIMIENTO

SABIDURÍA, PRUDENCIA Y CONOCIMIENTO

Charles R. Swindoll

8 de octubre, 2018

Proverbios 24

Salomón y los sabios de Israel decían que la sabiduría, la prudencia y el conocimiento son metas valiosas en la vida. De hecho, cuando tuvieron la elección entre la sabiduría y la riqueza material, optaron por la sabiduría en todas las ocasiones. Para ellos, un pensamiento claro tenía la clave del éxito en todas las áreas de la vida.

Es mejor adquirir sabiduría que oro fino, y adquirir inteligencia vale más que la plata (Proverbios 16:16).

Te guardará la sana iniciativa y te preservará el entendimiento (Proverbios 2:11).

Los labios del justo apacientan a muchos pero los insensatos mueren por falta de entendimiento (Proverbios 10:21).

Fuente de vida es el entendimiento al que lo posee, pero el castigo de los insensatos es la misma insensatez (Proverbios 16:22).

Analicemos las definiciones de sabiduría, prudencia y conocimiento.

Para los hebreos, la sabiduría (hakam) y sus derivados son los términos más comúnmente utilizados que denotan inteligencia.

Esta clase de sabiduría describe una percepción con discernimiento. La palabra original hebrea enfatiza la actitud y la capacidad de ver los que hay debajo de la superficie. Esta virtud representa una manera de pensar y una actitud que resultan en una vida prudente y sensible. «La sabiduría del Antiguo Testamento, sin embargo, es muy distinta a la de otras cosmovisiones antiguas. La sabiduría del Antiguo Testamento refleja la enseñanza de un Dios personal santo y justo que espera que aquellos que lo conozcan exhiban su carácter en todos los asuntos prácticos de la vida».1

El término hebreo de la palabra «prudencia» es tebuna, el cual denota inteligencia o discernimiento. Esta palabra describe nuestra capacidad de observar, aprender y discernir para así poder divisar un plan o tomar una decisión. Para poder obtener esta clase de capacidad mental, tenemos que investigar, buscar perspectivas múltiples, utilizar la lógica y formular ideas. Podemos llamar a esto una «sabiduría por experiencia», es decir, la clase de sabiduría que las personas mayores obtienen de la vida misma.

La palabra «conocimiento» viene del verbo hebreo yada que significa «saber». Esto quiere decir que es una comprensión basada en el entendimiento. Esta clase de conocimiento se basa en la experiencia personal de un asunto en particular. La Biblia utiliza esta expresión para caracterizar la familiaridad del Dios omnisciente con cada individuo y sus actitudes (Génesis 18:19; Deuteronomio 34:10; Isaías 48:2-8; Salmos 1:6; 37:18). En muchos contextos, denota la habilidad de discernir la diferencia entre dos cosas, sobre la base de la experiencia pasada (Génesis 3:5, 22; Deuteronomio 1:39; Isaías 7:15). Esa es una habilidad que no tienen los niños. El conocimiento, por lo tanto, es un aprendizaje que conlleva incluida una percepción. Incluye cosas tales como un deseo de aprender, una disposición de escuchar, un deseo de descubrir lo que hay y un conocimiento que siempre busca la verdad.

Salomón y los sabios de Israel catalogaban la sabiduría, la prudencia y el conocimiento como algo vital para vivir de manera prospera, Segura y eficiente. No obstante, reconocían los límites del pensamiento humano:

Confía en el SEÑOR con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión: Teme al SEÑOR y apártate del mal (3:54).

Reflexión:¿De qué forma ha invertido en su educación hasta ahora? ¿Qué hará para continuar desarrollando (en el sentido hebreo de esas palabras) sabiduría, prudencia y conocimiento? ¿Cuándo enfrenta un desafío, qué forma emplea la sabiduría humana y la confianza en Dios? ¿En qué pone su confianza principalmente?

Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2018 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos. 1. Louis Goldberg, “647 hakam” en Theological Wordbook of the Old Testament, (Apuntes teológicos del Antiguo Testamento), ed. R. Laird Harris, Gleason L. Archer Jr. y Bruce K. Waltke, electronic ed. (Chicago: Moody Press, 1999), 283.