Por qué debemos amar a nuestros enemigos

MAYO, 12

Por qué debemos amar a nuestros enemigos

Devocional por John Piper

Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. (Lucas 6:27)

Hay dos razones principales por las que los cristianos debemos amar a nuestros enemigos y hacerles bien.

La primera es que esto revela un aspecto del carácter de Dios: Dios es misericordioso.

  • «Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45).
  • «No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades» (Salmos 103:10).
  • «Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:32).

Por lo tanto, cuando los cristianos vivimos de este modo, mostramos una parte del carácter de Dios.

La segunda razón es que el corazón de los cristianos está satisfecho en Dios y no se deja llevar por la sed de venganza, ni por el deseo de exaltarse a sí mismo, ni por el dinero, ni por la seguridad terrenal.

Dios se ha convertido en nuestro tesoro que todo lo satisface, y es por eso que no tratamos a nuestros adversarios conforme a nuestras propias necesidades e inseguridades, sino conforme a nuestra plenitud en la gloria de Dios, que todo lo satisface.

Hebreos 10:34 dice: «Aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes [es decir, sin tomar represalias], sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión». Lo que nos libra del impulso de tomar venganza es la confianza profunda en que este mundo no es nuestro hogar, y que Dios es nuestra recompensa, absolutamente segura y suficiente.

Por lo tanto, podemos apreciar que ambas razones para amar a nuestros enemigos producen un resultado fundamental: Dios se muestra como realmente es, es decir, como un Dios misericordioso y gloriosamente suficiente para nosotros.

El objetivo más importante de ser misericordiosos es glorificar a Dios: hacer que se vea grandioso a los ojos de los hombres.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Números 21 | Salmos 60–61 | Isaías 10:5–34 | Santiago 4

12 MAYO

Números 21 | Salmos 60–61 | Isaías 10:5–34 | Santiago 4

La idea central de Isaías 10:5–34 está muy clara. Tanto al principio como al final (10:5–19, 28–34), hace hincapié en el hecho de que Dios aplastará a la poderosa Asiria después de utilizarla para castigar a su propio pueblo del pacto. En la parte central (10:20–27), se insta a los israelitas a no temer a los asirios ni confiar en ellos, y apoyarse solo en el Señor.

Comenzaremos con esta sección central (10:20–27). Uno de sus temas importantes es “el remanente”. El juicio caerá, pero el pueblo de Dios no desaparecerá por completo: quedará un grupo de sus miembros. Probablemente, “el remanente de Israel” (10:20) no se refiere al del reino norteño de Israel, sino al de los israelitas del norte y del sur (nótese la analogía “pueblo de Jacob”, el antepasado común, y “remanente de Jacob”, 10:20, 21). “Se ha decretado destrucción, abrumadora justicia” (10:22) “en medio de todo el país” (10:23). Sin embargo, un remanente regresará, no sólo a un lugar, sino “al Dios poderoso” (10:21). A la luz de tales promesas, el pueblo del reino del sur, “que vive en Sion” (10:24), no debe temer a los asirios, ni siquiera cuando estos los derroten. La ira de Dios contra Israel acabará, volviéndose en breve contra los propios asirios (10:25–27).

Eso nos lleva a las secciones a ambos lados de 10:20–27. Por un lado, el tema está muy claro. El Dios que utiliza a Asiria para castigar a la obstinada comunidad del pacto, la hace responsable de sus propios pecados y la destruirá finalmente. El imperio que no es sino un hacha de guerra en la mano de Dios, blandida contra una nación rebelde (10:15), acabará reducido a la nada (10:34). El pronunciamiento de este juicio tiene el propósito de promover la fe y la perseverancia entre el remanente.

Hay un importante tema teológico subsidiario en este capítulo; la tensión bíblica entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana aparece con fuerza. El Señor utiliza a la poderosa Asiria como si fuese solo una herramienta en sus manos (10:5, 15). Él mismo la envía para castigar a Israel (10:6). Por supuesto, Asiria no es consciente de ese control por parte de Dios. Sin embargo, él la hace responsable de sus propias acciones y actitudes, en particular su arrogancia y soberbia (10:7–11, 13–14). Por tanto, la castigará (10:12). Esta tensión entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana no debe despreciarse o rechazarse, sino aprovecharse con gratitud, porque nos guardará de negar la realidad del mal y de imaginar que este puede triunfar finalmente. Meditemos en Hechos 2:23; 4:27–28.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 132). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una oveja perdida

Sábado 12 Mayo

Así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Lucas 15:7

(Jesucristo) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.

Hebreos 7:25

Una oveja perdida

Algunas parábolas (11): Lucas 15:1-7

Resumen: Un hombre tenía 100 ovejas, pero una de ellas se perdió. Entonces dejó las 99 y se fue a buscar la perdida, “hasta encontrarla”. Luego, muy feliz, la llevó a casa sobre sus hombros y llamó a sus amigos y vecinos para compartir su gozo con ellos.

Significado: La oveja perdida representa al hombre sin Dios, perdido en el mal, consciente o no de su triste condición. El hombre que busca la oveja es Jesucristo, “el buen pastor” (Juan 10:11). Los hombros del pastor son una imagen de la seguridad y la fuerza que hallamos en el Salvador. Los amigos y los vecinos representan a los demás creyentes, así como a los ángeles de Dios, que se gozan por un pecador que se arrepiente. ¿Y las otras 99 ovejas? Son todos aquellos que se creen justos por sí mismos y no piensan estar perdidos.

Aplicación: ¿Qué creyente podría decir que fue al Señor por sí mismo? Ninguno, pues fue el Señor quien vino a nosotros mediante algo que oímos, un pasaje de la Biblia que nos impactó, un acontecimiento significativo… Jesús vino a buscarnos, nos halló y se ocupó de nosotros. Su objetivo es salvarnos y llevarnos un día a la casa del Padre. Para ello dio su propia vida; la entregó por sus ovejas. Luego resucitó, ahora está vivo en el cielo y nos conduce manifestándonos cada día su gracia y sus cuidados. ¡El buen Pastor todavía desea compartir su gozo con otros más!

(continuará el próximo sábado)

Isaías 59 – Marcos 11:1-19 – Salmo 56:8-13 – Proverbios 15:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Concéntrese

Concéntrese

5/11/2018

Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante. (Filipenses 3:13)

Un atleta que corre en una carrera debe fijar los ojos en algo que está delante de él. No puede mirarse los pies o caerá de bruces. No puede distraerse con los otros corredores. Tiene que concentrarse en la meta que tiene delante.

La notable concentración de Pablo era el resultado de dos cosas. En primer lugar, optó por olvidar “lo que queda atrás”. Eso incluye las cosas buenas y las malas. Quiere decir que no debemos extendernos en las obras y las realizaciones virtuosas más de lo que debemos pensar en los pecados y fracasos pasados. Lamentablemente, muchos cristianos están tan distraídos por el pasado que no hacen ningún progreso actual.

En vez de mirar al pasado, Pablo se concentró en el futuro. Al decir “extendiéndome”, describe a un corredor que estira cada uno de sus músculos para alcanzar la meta. Para hacer eso tiene que eliminar las distracciones y concentrarse solo en la meta que tiene por delante. ¿Tiene usted esa concentración en su deseo de ser semejante a Cristo?

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Probemos el plato principal

MAYO, 11

Probemos el plato principal

Devocional por John Piper

Probad y ved que el Señor es bueno. (Salmos 34:8)

A aquellos que dicen que nunca han probado la gloria de Dios, les digo: han probado muchos de sus aperitivos.

¿Alguna vez han mirado hacia el cielo? ¿Han recibido un abrazo? ¿Se han sentado frente a un fuego cálido? ¿Han caminado por un bosque, se han sentado junto a un lago, o se han mecido en una hamaca en verano? ¿Han probado su bebida favorita en un día de calor o han comido algo sabroso?

Todo deseo es un incentivo, ya sea devoto o distorsionado, para poner la mira en la gloria del cielo.

Si dicen que no han probado la gloria de Dios, yo les digo que sí han probado los aperitivos. Ahora sigamos con el plato principal.

Han visto las sombras; ahora miremos la sustancia. Han caminado bajo los cálidos rayos de luz del día; ahora levantemos la cabeza y miremos al mismo sol. Han oído los ecos de la gloria de Dios por doquier; ahora sintonicemos nuestro corazón con la melodía original.

El mejor lugar donde podemos sintonizar nuestro corazón es la cruz de Jesucristo. «Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).

Si queremos contemplar la muestra más concentrada de la gloria de Dios, miremos a Jesús en los Evangelios, y especialmente en la cruz. Esto nos hará enfocar la mirada, sintonizar el corazón y despertar las papilas gustativas para poder ver y oír y saborear la gloria del Dios verdadero en todas partes.

Esa es la razón para la que fuimos creados. Les suplico: no desperdicien su vida. Dios nos creó para que conozcamos su gloria. Busquémosla de todo corazón y por sobre todas las cosas.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

11 MAYO

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

Isaías 9:8–10:4 vuelve al tema del juicio, pero esta vez no lo dirige contra el reino sureño de Judá (como en 5:8–25), sino contra el del norte, Israel (caracterizado como “Efraín” y “Samaria”, 9:9). El pasaje se divide en cuatro secciones, cada una de las cuales acaba con el mismo estribillo: “¡Su mano aún sigue extendida!” (9:12, 17, 21; 10:4). Estas palabras contestan a la pregunta: “¿Qué hará Dios con un pueblo que ni siquiera lo buscará en una situación de colapso social y amenazante devastación?”. Estamos viendo las primeras señales del juicio de Dios sobre la nación, pero seguía sin haber arrepentimiento. ¿Qué haría Dios entonces? La respuesta es que aunque el juicio iba intensificándose gradualmente, todavía no era suficiente. Por ello, la ira del Señor no se detiene y su mano sigue extendida. Él ya ha enviado “palabra” contra Jacob (9:8), pero no le han prestado atención; “Pero el pueblo no ha querido reconocer al que lo ha castigado; no ha buscado al Señor Todopoderoso” (9:13). Lo único que queda ya es el día “cuando debáis rendir cuentas” (10:3).

Existe otra dura progresión del pensamiento a lo largo de las cuatro secciones. Las dos primeras tienden a enfatizar la decadencia moral: “Todos ellos son impíos y malvados; sus labios profieren necedades” (9:17). La maldad quema y devora como el fuego en un bosque (9:18). Rápidamente, la sociedad se desintegra y la cultura se colapsa (9:20–10:4). Finalmente, los asirios arrasarán el reino del norte (Siria cayó ante Asiria en 732 a.C., Israel lo hizo en 722. Judá fue devastado en 701, pero no totalmente destruida, algo que harían los babilonios un siglo después).

Una vez más, esta sección de Isaías, que condena al populacho del reino norteño por su pecado excesivo y su incapacidad de reaccionar a las advertencias de Dios, carga la responsabilidad principal sobre los líderes. El Señor “cortará a Israel la cabeza y la cola… La cabeza son los ancianos y la gente de alto rango; la cola son los profetas, maestros de mentiras. Los guías de este pueblo lo han extraviado; los que se dejan guiar son confundidos” (9:14–16), “¡Ay de los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos! Privan de sus derechos a los pobres, y no hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo; hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos. ¿Qué vais a hacer cuando debáis rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A quién acudiréis en busca de ayuda? ¿Dónde dejaréis vuestras riquezas?” (10:1–3).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 131). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El perfecto siervo de Dios

Viernes 11 Mayo

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Mateo 20:28

Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre.

Éxodo 21:5

Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Juan 12:26

El perfecto siervo de Dios

Lea Éxodo 21:2-6

Jesucristo fue el siervo perfecto de Dios. Tomó ese lugar voluntariamente, con total abnegación: “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”, dijo (Juan 6:38).

Y mientras servía a Dios, también estaba entre los hombres como “el que sirve” (Lucas 22:27). Actuando así, el Hijo de Dios manifestó el verdadero amor, que halla su complacencia en servir, mientras muy a menudo los hombres quieren ser servidos.

Nuestro Señor no solo vino para servir, sino también para dar su vida. Sin su muerte, libremente consentida, hubiese podido regresar al cielo, pero hubiese permanecido solo. Es el sentido profundo de este pasaje de Éxodo 21, aclarado por esta frase del evangelio: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Su amor por los seres humanos y el deseo de verlos con él eternamente lo condujeron a dar su vida por ellos. Así borró los pecados de los que creen en él, y los capacitó para compartir su gloria celestial.

Los que Cristo redimió se llenan de adoración al contemplar tanta devoción, y esperan felices el día anunciado por el autor del salmo: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Salmo 126:6).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El máximo esfuerzo

El máximo esfuerzo

5/10/2018

Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. (Filipenses 3:12)

El crecimiento espiritual no es un ejercicio intermitente; debe ocupar todo el tiempo. En realidad, la palabra griega para “prosigo” se empleaba para describir a un corredor de carreras cortas, y se refiere a un enérgico esfuerzo. Pablo estaba corriendo con todas sus fuerzas, distendiendo todos los músculos espirituales a fin de ganar el premio (cp. 1 Co. 9:24-27). También dijo que debemos pelear “la buena batalla de la fe” (1 Ti. 6:12)

Esa perspectiva no estaba limitada a Pablo. El autor de Hebreos escribió: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (He. 12:1).

Nuestra búsqueda vitalicia es ser semejantes a Cristo. El correr esa carrera exige el máximo esfuerzo en el uso de los medios de gracia Dios nos ha dado.

DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Un pueblo para su nombre

MAYO, 10

Un pueblo para su nombre

Devocional por John Piper

Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. (Hechos 15:14)Resulta prácticamente imposible ser exagerado respecto del lugar central que ocupa la fama de Dios a la hora de incentivar a la iglesia en su misión.

Cuando el mundo de Pedro quedó de cabeza por de la visión de los animales impuros que relata Hechos 10 y por la lección que Dios le dio acerca de evangelizar tanto a gentiles como a judíos, él regresó a Jerusalén y le dijo a los apóstoles que todo esto se debía al celo de Dios por su nombre. Lo sabemos porque Jacobo resumió el discurso de Pedro en estas palabras: «Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre» (Hechos 15:14).

No es de extrañarse que Pedro haya dicho que el propósito de Dios era reunir un pueblo para su nombre, ya que algunos años antes Jesús había tocado el corazón de Pedro dándole una lección inolvidable.

Recordemos la escena en la que, luego de que un joven rico se alejara de Jesús y se negara a seguirlo, Pedro le dijo a Jesús: «He aquí, nosotros [a diferencia de este joven rico] lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?» (Mateo 19:27). Jesús le respondió con una leve reprensión, con la que en efecto intentaba advertir que no existe sacrificio supremo para quienes viven por el nombre del Hijo del Hombre: «Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mateo 19:29).

La verdad es clara: Dios está persiguiendo, con gozo omnipotente, el propósito mundial de reunir de toda tribu, lengua y nación un pueblo para su nombre (Apocalipsis 5:9, 7:9). Él tiene un entusiasmo inagotable porque su fama sea difundida entre las naciones.

Por lo tanto, cuando nuestros sentimientos entran en armonía con los suyos y, por causa de su nombre, renunciamos a ir en pos de los placeres mundanos y nos unimos a él en su propósito global, el compromiso omnipotente de Dios por su nombre nos invade y no podemos salir perdiendo, a pesar de que podamos atravesar muchas tribulaciones (Hechos 9:16; Romanos 8:35-39).

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

10 MAYO

Números 19 | Salmos 56–57 | Isaías 8:1–9:7 | Santiago 2

Pablo escribe: “Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no solo por las obras que la ley exige” (Romanos 3:28). Santiago dice: “¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? […]. Como podéis ver, a una persona se la declara justa por las obras, y no solo por la fe […]. Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:14–26, especialmente vv. 20, 24, 26).

La contradicción formal entre Pablo y Santiago es tan llamativa que ha provocado un incesante debate a lo largo de los siglos. Muchos críticos contemporáneos, que dudan de que Dios haya hablado realmente en la Biblia, creen que los pasajes son incompatibles, y que juntos demuestran que desde el principio existieron ramas diferentes del cristianismo con interpretaciones distintivas e incluso mutuamente contradictorias. Otros piensan que el verdadero secreto que define la relación entre Pablo y Santiago reside en los distintos significados de “obras” y “hechos”.

Han surgido muchas explicaciones, pero no podemos valorarlas aquí. Sin embargo, ayudará reflexionar en los siguientes puntos:

(a) Pablo y Santiago se están enfrentando a problemas muy diferentes. Pablo está lidiando con los que dicen que las obras, sean malas o buenas, contribuyen de forma fundamental a la conversión al cristianismo (véase una de sus respuestas en Romanos 9:10–12). Su respuesta es que no lo hacen ni pueden hacerlo: la gracia de Dios únicamente se recibe por fe. Santiago lucha con los que sostienen que la fe salvadora se encuentra incluso en aquellos que simplemente afirman (por ejemplo) que hay un solo Dios (Santiago 2:19). Su respuesta es que esta fe es insuficiente; la auténtica produce buenas obras o, de lo contrario, está muerta.

(b) El asunto del orden de la secuencia está, pues, en juego. Pablo declara que las obras no pueden ayudar a una persona a ser cristiano; Santiago sostiene que el cristiano debe realizar buenas obras. No obstante, Pablo estaría de acuerdo en este punto; véase, por ejemplo, 1 Corintios 6:9–11.

(c) Pablo emplea constantemente el término “justificación”, el acto por el que Dios, en base a la obra de Cristo en la cruz, declara absueltos y justos a los pecadores culpables. Esa justificación es totalmente por gracia (Romanos 3:20; Gálatas 2:16). Santiago se centra más en la “justificación” ante los semejantes (2:18) e incluso en el juicio final. Dice que una vida cristiana auténtica debe ser una vida transformada. De nuevo, Pablo está de acuerdo: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Corintios 5:10). La asignación de recompensas puede ser por gracia, porque incluso nuestras buenas obras brotan finalmente de la gracia de Dios. Por tanto, las obras no son menos necesarias.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 130). Barcelona: Publicaciones Andamio.