«¡Oh, tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír!»

30 de octubre

«¡Oh, tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír!».

Cantares 8:13

Mi afable Señor Jesús recuerda muy bien el huerto de Getsemaní; pero, como ya ha dejado ese lugar, ahora habita en el huerto de la Iglesia. Allí él abre su corazón a quienes cultivan su bendita amistad. La amorosa voz con que él habla a su amada es más melodiosa que las arpas del Cielo. Hay en ella una profundidad tal de amor melódico que supera toda música humana. Decenas de millares en la tierra y millones en el Cielo se deleitan con los armoniosos acentos de la voz de Jesús. Algunos a quienes conozco bien y a quienes envidio grandemente están en este momento escuchando su querida voz. ¡Ah, si pudiese participar de las alegrías de ellos! Es verdad que entre ellos algunos son pobres; otros están postrados en cama; y otros yacen cerca de las puertas de la muerte. Pero, oh Señor mío, con tal de oír tu voz yo padecería alegremente hambre con ellos, me consumiría con ellos o moriría con ellos. En otro tiempo yo oía esa voz con frecuencia, pero contristé tu Espíritu. Vuelve a mí con compasión y dime una vez más: «Yo soy tu salvación». Ninguna otra voz puede contentarme. Yo conozco la voz tuya y no hay otra que sea capaz de engañarme. Te ruego que me permitas oírla. No sé, oh Amado mío, lo que me dirás, ni te pongo condición alguna; lo único que quiero es oírte hablar. Si lo que tienes que darme es una reprensión, te alabaré por ella. Quizá para purificar mi oído se necesite una operación muy penosa para la carne; pero, sea lo que sea, no me apartaré de este vehemente deseo: «Hazme oír tu voz». Horada mi oreja otra vez; hiere mi oído con tus notas más agudas. Lo único que te pido es que no permitas que continúe sordo a tu voz. Señor, cumple esta noche el deseo de tu indigno siervo, porque yo soy tuyo y tú me has comprado con tu sangre. Tú has abierto mis ojos para que te vea y tu presencia me ha salvado. Señor, abre mis oídos. He leído tu corazón; déjame ahora oír tus labios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 314). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Discusiones inútiles

30 OCTUBRE

2 Reyes 12 | 2 Timoteo 2 | Oseas 3–4 | Salmo 119:121–144

Una de las muchas decisiones prácticas que debe tomar un pastor comprometido es si debe o no confrontar algún error particular que se vislumbra entre el pueblo.

Son muchos los factores que influyen en este tipo de decisión. ¿A cuántas personas les está afectando? ¿Está amenazando con dividir a la iglesia o sólo es una fijación de una o dos personas? ¿Se trata de algún asunto relativamente marginal o ataca al corazón del evangelio? ¿Es algo que la Biblia aborda de manera bastante clara, o sobre lo cual no afirma nada sustancial? Además, aunque el asunto es evidentemente importante, uno debe tomar decisiones sobrias sobre cuánto tiempo y energía dedicarle. Si es poco, la congregación se puede ver seriamente afectada; si es demasiado, te distrae de lo que debería ser el enfoque principal de tu ministerio. Puede que gradualmente acabes inmerso en un mar tan enorme, que jamás vuelvas a ver la orilla.

A través de los años, me han invitado a hablar sobre una cantidad de “problemas” o “interpretaciones” que no han durado más de un par de meses o años. Puede ser conveniente estudiar lo necesario para abordar algunos de ellos; más que eso es perder el tiempo. Cerca de un mes antes del suicidio masivo de la secta “Heaven’s Gate” (en inglés, Puerta del Cielo), ellos mismos me enviaron (y seguramente a muchas otras personas) uno de sus videos y un montón de literatura. Le dediqué diez minutos a la lectura de esos documentos para ver de qué iba. Eran auténticas sandeces, así que lo guardé, esperando no tener que responder nunca a esta tontería en particular. Varias semanas después, la mayoría de sus seguidores estaban muertos.

Hará unos dos años, un pastor me llamó y me regañó por no haber respondido sustancialmente al libro de Michael Drosnin, El Código Secreto de la Biblia. Por interés, había acumulado un archivo bastante amplio sobre el tema, pero eso no satisfizo a este pastor. Él entendía que las personas de su iglesia eran terriblemente vulnerables e insistió en que yo dedicara tiempo a trabajar el tema. Yo me negué. Dos meses más tarde, descubrí que en esa iglesia, la persona con la mayor fijación en este problema era el pastor mismo, que no lograba abandonar ese asunto.

Qué contraste tan agradable, entonces, es escuchar a Pablo decirle a Timoteo lo que debe enseñarle a las nuevas generaciones de pastores: “Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes” (2 Timoteo 2:14). O una vez más: “No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos” (2:23). Responde lo que sea necesario; nunca te obsesiones con los temas marginales; no pierdas centrarte en lo principal; no dejes que te atraigan las discusiones tontas. Los asuntos verdaderos son demasiado importantes.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 303). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué ídolos hay hoy?

lunes 30 octubre

(Dios el Padre) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

Colosenses 1:12-13

Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos.

1 Juan 5:20-21

¿Qué ídolos hay hoy?

Un ídolo es todavía, en nuestros días y en numerosos lugares, una estatua o un objeto asimilado a una divinidad que el hombre teme. Un ídolo desvía al hombre de Dios y lo vuelve hacia los falsos dioses, a veces incluso hacia los poderes ocultos. Pero de forma más general, podemos llamar ídolo a todo aquello que se interpone entre el hombre y Dios.

Los ídolos modernos quizá no sean de madera, de plata o de piedra, pero son igual de reales. Pensemos en el lugar que ocupa el dinero, el poder o el placer en nuestras sociedades. Pensemos también en las personas a las que mucha gente llama ídolos: deportistas, cantantes, actores, que sirven de referencia y de modelo a muchas personas.

Dios quiere liberarnos de todo lo que nos hace esclavos de la opinión de la mayoría, de su manera de vivir, de su comportamiento frente a todos los aspectos de la vida. Si vamos a Jesús, él nos liberará. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra”, dice Jesús, “seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).

¿Cómo comprender esta última exhortación del apóstol a los creyentes: “Hijitos, guardaos de los ídolos”? Un cristiano la explicaba así: «Hijos míos, guárdense de todo aquello que puede tomar el lugar de Dios en sus corazones». Incluso un ser amado puede volverse un ídolo y alejarnos de Dios.

Servir a un ídolo es estar en un mundo ilusorio, pero servir a Dios significa estar en la realidad y la verdad.

Ester 3 – Juan 14 – Salmo 119:81-88 – Proverbios 26:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA PREVENCIÓN DEL DESEO

LA PREVENCIÓN DEL DESEO

10/29/2017

Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
2 CORINTIOS 10:4-5

Hay muchas cosas en nuestra corrompida sociedad que tratan de captar nuestra atención: el cine, la televisión, los libros, la música, la ropa, los anuncios, y ahora el Internet; todo está diseñado para captar las emociones. Por ejemplo, los expertos en publicidad saben que comprar es en definitiva una decisión emocional. Pocas personas conocen el funcionamiento mecánico del automóvil que se anuncia y ni se interesan en eso; pero les impresiona si se parece a un auto de carrera, si hay una linda muchacha detrás del volante, o si hay otras carnadas emotivas incluidas en el anuncio.
Tenemos que cuidar nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Tenemos que buscar la voluntad de Dios meditando en su Palabra y permitiendo que
 su voluntad sea la nuestra. Una mente indefensa, no controlada y obstinada va a llenarse de malos deseos que resultarán en malas acciones. Debemos controlar cómo reaccionan nuestras emociones y nuestra mente ante el anzuelo tentador con el que se encuentran.

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Enfermedad, pecado o sabotaje

OCTUBRE, 29

Enfermedad, pecado o sabotaje

Devocional por John Piper

Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. (2 Corintios 12:8)

Toda la vida, si se vive de todo corazón por la fe y en pos de la gloria de Dios y la salvación de otras personas, es como el caso del cristiano que va a una aldea azotada por una plaga. El sufrimiento resultante es parte del precio de vivir en el lugar al que usted fue en obediencia al llamado de Dios.

Al elegir seguir a Cristo del modo que él manda que lo sigamos, elegimos también todo lo que ese camino conlleva según su soberana providencia. Por lo tanto, todo el sufrimiento que resulta por seguir el camino de la obediencia es un sufrimiento con Cristo y por Cristo, ya sea que se trate de un cáncer o de otro tipo de conflicto.

Y es «por elección», es decir, nosotros por voluntad propia optamos por el camino de la obediencia en el cual el sufrimiento nos espera, y no murmuramos contra Dios. Es probable que oremos, como Pablo, para que el sufrimiento nos sea quitado (2 Corintios 12:8); pero si está dentro de la voluntad de Dios, acabamos abrazándolo como parte del costo de ser discípulo en el camino de la obediencia que nos conduce al cielo.

Todos los sufrimientos que atravesamos en el camino de la obediencia cristiana, ya sea por persecución, enfermedad o accidente, tienen algo en común: todos amenazan nuestra fe en la bondad de Dios y nos tientan a abandonar este camino.

Por lo tanto, cada victoria de la fe y toda perseverancia en la obediencia dan testimonio de la bondad de Dios y del precioso valor de Cristo, sin importar si el enemigo es la enfermedad, Satanás, el pecado o un sabotaje. Eso significa que todo sufrimiento, de cualquier tipo, que soportamos en el camino de nuestro llamamiento cristiano es un sufrimiento con Cristo y por Cristo.

Con él en el sentido del sufrimiento que nos sobreviene a medida que vamos caminando con él por la fe, y en el sentido que es soportado con las fuerzas que él nos suple mediante su ministerio de sumo sacerdote quien se compadece de nosotros (Hebreos 4:15).

Por él en el sentido de que el sufrimiento prueba y demuestra nuestra lealtad a su bondad y poder, y en el sentido de que revela el valor de Cristo como compensación y recompensa totalmente suficiente.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 256–257

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«Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen»

29 de octubre

«Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen».

Lucas 24:16

Los discípulos debieran haber reconocido a Jesús. Habían oído su voz tan a menudo; habían mirado aquel rostro desfigurado tantas veces, que resulta asombroso que no lo hayan conocido. Sin embargo, ¿no pasa lo mismo contigo? Tú no has visto a Jesús en estos últimos días. Has estado en su mesa y no te has encontrado con él. Esta noche estás pasando por una dura prueba y, aunque él te dice claramente: «Yo soy, no temáis», no puedes reconocerlo. ¡Ay, nuestros ojos están velados! Conocemos su voz, hemos mirado su rostro, hemos reclinado nuestras cabezas sobre su pecho y, sin embargo, aunque Jesús se halla muy cerca de nosotros, decimos: «¡Ojalá supiese dónde hallarlo!». Nosotros debiéramos reconocer a Jesús, pues tenemos las Escrituras que reflejan su imagen; pero, sin embargo, ¡cuán fácil es abrir ese precioso libro y no tener una vislumbre del Bien Amado! Querido hijo de Dios, ¿te ocurre esto a ti? Jesús apacienta entre los lirios de la Palabra; y tú andas entre esos lirios y, sin embargo, no le ves. Él está acostumbrado a atravesar los claros de las Escrituras y departir con los suyos como el Padre lo hizo con Adán, «al aire del día»; sin embargo, tú, aunque te encuentras en el huerto de la Palabra de Dios, no puedes verlo, a pesar de que él esté allí. ¿Y por qué no lo vemos? Porque, como los discípulos, manifestamos incredulidad. Por lo visto, ellos no esperaban ver a Jesús y, por esa razón, no le reconocieron. Generalmente, en las cosas espirituales, obtenemos aquello que esperamos del Señor: solo la fe puede hacernos ver a Jesús. Haz tuya esta oración: «Señor, abre mis ojos para que vea que mi Salvador está conmigo». Querer verlo supone una bendición; pero, ¡ah, es mucho mejor contemplarlo! Él es amable para los que le buscan, pero para los que lo hallan es indeciblemente querido.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 313). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

5 – [8] – Sola Gratia // Por gracia solamente

Enseñanzas que transformaron el mundo

5 – [8] – Sola Gratia // Por gracia solamente

Ministerios Integridad & Sabiduría

El Dr. Miguel Núñez sirve como Pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad & Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Tiene una maestría en teología del Southern Baptist School for Theological Studies y un doctorado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary. El pastor Núñez,forma parte del cuerpo docente del Instituto Bíblico de Integridad & Sabiduría y de la facultad docente del Southern Baptist Theological Seminary. Además es autor de varios libros y contribuidor en varias otras obras.

Hoy encontramos un estudio de dos abuelas.

29 OCTUBRE

2 Reyes 10–11 | 2 Timoteo 1 | Oseas 2 | Salmo 119:97–120

En los dos pasajes designados para hoy, encontramos un estudio de dos abuelas.

La primera es Atalía (2 Reyes 11), la vil madre de Ocozías, el rey de Judá que fue asesinado por Jehú (como vimos ayer) en la locura precipitada por la insurrección en el reino del norte, Israel. Uno podría imaginar una variedad de reacciones que una reina madre podría tener al enterarse del asesinato de su hijo. La de Atalía fue matar a su propia familia. Así lo ordenó a los guardias del palacio, de manera que eliminaron a todos los hijos de su hijo asesinado y a sus nietos y, de esa manera, Atalía aseguró para sí el poder. Solamente se salvó Joás, un pequeño nietecito de Atalía que fue rescatado por su tía (a quien seguramente también mataron), quien lo escondió con su nodriza.

Varios años después, cuando Joás tenía apenas siete años de edad, el sacerdote Joiada hizo arreglos para sacar al niño y declararlo rey, protegido por unidades militares que eran fieles a Joiada y a su determinación de preservar el linaje davídico. Cuando Atalía descubrió el complot, sus gritos de “¡Traición! ¡Traición!” resultaron un poco huecos. Por amor al poder, esta mujer malvada estuvo dispuesta no sólo a asesinar (lo que no era muy raro), sino a matar a sus hijos y nietos, algo mucho menos común e infinitamente más cruel, y ahora acusa de traición a aquellos que le piden cuentas.

Contrastemos la madre y la abuela que se mencionan brevemente en 1 Timoteo 1:5. La abuela de Timoteo, Loida, y su madre Eunice eran mujeres de “fe sincera”, según Pablo, y transmitieron esta herencia a su hijo y a su nieto Timoteo. No se nos dice cómo hicieron esto, pero a juzgar por los patrones que vemos en otras partes de las Escrituras, lo menos que deben haber hecho fue modelar un ejemplo personal y suministrar instrucción concreta. Le pasaron tanto la enseñanza de las Escrituras como el modelo de su propia “fe sincera”: no el patrón de su propio caminar con Dios, sino la integridad que caracterizó sus vidas como consecuencia de ello. De hecho, en este pasaje se esconde una esperanza para hombres y mujeres en matrimonios mixtos. Según Hechos 16:1, la madre de Timoteo, Eunice, era judía y también cristiana; su padre era griego, aparentemente pagano. La influencia cristiana prevaleció.

No todas las mujeres son tan malvadas como Atalía; no todas son tan fieles como Loida y Eunice. No obstante, en el hogar, el trabajo y la iglesia hay hombres y mujeres a quienes les interesa más el poder que ninguna otra cosa. Puede que no lleguen a asesinar, pero están dispuestos a mentir, hacer trampa y a calumniar para ganar más autoridad. Ellos se enfrentarán al juicio de Dios. Pero dichosos aquellos cuya fe sincera deja huella en la siguiente generación.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 302). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Pasando por el duelo

domingo 29 octubre

He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados.

Isaías 57:18

Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.

Isaías 66:13

Pasando por el duelo

En la Biblia Dios da numerosas palabras de consuelo al creyente que ha perdido un ser querido. Es como si nos dijese: pienso en ti; fijé la duración de tu prueba; sé que estás muy triste a raíz de esta muerte inesperada. Quiero que tu fe cuente conmigo en las horas sombrías; acepta que no puedes comprender los misterios de mi voluntad.

El versículo de hoy nos dice que Dios ve, sana, conduce (pastorea) y consuela.

–Dios ve. Conoce todos los detalles de nuestra vida, y solo él puede juzgar la necesidad de la prueba. Conoce y seca las lágrimas de los creyentes que pasan por el duelo (Salmo 56:8).

–Dios sana. Da el consuelo y permite que la prueba vaya hasta cierto punto, pero no más allá. Da la paz después de tantas preguntas. Renueva nuestra confianza.

–Dios conduce. Incluso si todo parece sombrío, muestra la dirección y cubre las necesidades de los suyos que están afligidos (Isaías 58:11).

–Dios consuela. Actúa como una madre que muestra su amor a su hijo cuando está enfermo o herido, y lo cuida con paciencia, amor y celo. ¡El consuelo que Dios nos promete es precisamente así! (Isaías 66:13).

Que aquel que llora, incluso en medio de la soledad y la inquietud, diga con certeza: “El Señor pensará en mí”, él es “mi ayuda y mi libertador” (Salmo 40:17).

Ester 2 – Juan 13:21-38 – Salmo 119:73-80 – Proverbios 26:13-14

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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UN GOLPE MORTAL A LOS DESEOS PECAMINOSOS

UN GOLPE MORTAL A LOS DESEOS PECAMINOSOS

10/28/2017

Amados hermanos míos, no erréis.
SANTIAGO
1:16

¿En qué punto se enfrenta usted al pecado? No en el punto de la conducta, porque entonces es demasiado tarde, sino en el punto del deseo. La persona que puede dominar sus reacciones emocionales puede enfrentarse con el pecado. Cuando se le está bombardeando con reacciones emocionales negativas, una persona con una mente santificada puede desactivar los deseos antes que ellos sean activados por la voluntad. Pero una vez que dominan la voluntad, su nacimiento es inevitable.


Tiene que enfrentarse a las emociones lujuriosas si quiere enfrentarse con éxito al pecado en su vida. Si expone sus emociones al anzuelo, puede quedar atrapado a menos que tome medidas inmediatas.

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