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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Discusiones inútiles

30 OCTUBRE

2 Reyes 12 | 2 Timoteo 2 | Oseas 3–4 | Salmo 119:121–144

Una de las muchas decisiones prácticas que debe tomar un pastor comprometido es si debe o no confrontar algún error particular que se vislumbra entre el pueblo.

Son muchos los factores que influyen en este tipo de decisión. ¿A cuántas personas les está afectando? ¿Está amenazando con dividir a la iglesia o sólo es una fijación de una o dos personas? ¿Se trata de algún asunto relativamente marginal o ataca al corazón del evangelio? ¿Es algo que la Biblia aborda de manera bastante clara, o sobre lo cual no afirma nada sustancial? Además, aunque el asunto es evidentemente importante, uno debe tomar decisiones sobrias sobre cuánto tiempo y energía dedicarle. Si es poco, la congregación se puede ver seriamente afectada; si es demasiado, te distrae de lo que debería ser el enfoque principal de tu ministerio. Puede que gradualmente acabes inmerso en un mar tan enorme, que jamás vuelvas a ver la orilla.

A través de los años, me han invitado a hablar sobre una cantidad de “problemas” o “interpretaciones” que no han durado más de un par de meses o años. Puede ser conveniente estudiar lo necesario para abordar algunos de ellos; más que eso es perder el tiempo. Cerca de un mes antes del suicidio masivo de la secta “Heaven’s Gate” (en inglés, Puerta del Cielo), ellos mismos me enviaron (y seguramente a muchas otras personas) uno de sus videos y un montón de literatura. Le dediqué diez minutos a la lectura de esos documentos para ver de qué iba. Eran auténticas sandeces, así que lo guardé, esperando no tener que responder nunca a esta tontería en particular. Varias semanas después, la mayoría de sus seguidores estaban muertos.

Hará unos dos años, un pastor me llamó y me regañó por no haber respondido sustancialmente al libro de Michael Drosnin, El Código Secreto de la Biblia. Por interés, había acumulado un archivo bastante amplio sobre el tema, pero eso no satisfizo a este pastor. Él entendía que las personas de su iglesia eran terriblemente vulnerables e insistió en que yo dedicara tiempo a trabajar el tema. Yo me negué. Dos meses más tarde, descubrí que en esa iglesia, la persona con la mayor fijación en este problema era el pastor mismo, que no lograba abandonar ese asunto.

Qué contraste tan agradable, entonces, es escuchar a Pablo decirle a Timoteo lo que debe enseñarle a las nuevas generaciones de pastores: “Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes” (2 Timoteo 2:14). O una vez más: “No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos” (2:23). Responde lo que sea necesario; nunca te obsesiones con los temas marginales; no pierdas centrarte en lo principal; no dejes que te atraigan las discusiones tontas. Los asuntos verdaderos son demasiado importantes.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 303). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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