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«Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen»

29 de octubre

«Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen».

Lucas 24:16

Los discípulos debieran haber reconocido a Jesús. Habían oído su voz tan a menudo; habían mirado aquel rostro desfigurado tantas veces, que resulta asombroso que no lo hayan conocido. Sin embargo, ¿no pasa lo mismo contigo? Tú no has visto a Jesús en estos últimos días. Has estado en su mesa y no te has encontrado con él. Esta noche estás pasando por una dura prueba y, aunque él te dice claramente: «Yo soy, no temáis», no puedes reconocerlo. ¡Ay, nuestros ojos están velados! Conocemos su voz, hemos mirado su rostro, hemos reclinado nuestras cabezas sobre su pecho y, sin embargo, aunque Jesús se halla muy cerca de nosotros, decimos: «¡Ojalá supiese dónde hallarlo!». Nosotros debiéramos reconocer a Jesús, pues tenemos las Escrituras que reflejan su imagen; pero, sin embargo, ¡cuán fácil es abrir ese precioso libro y no tener una vislumbre del Bien Amado! Querido hijo de Dios, ¿te ocurre esto a ti? Jesús apacienta entre los lirios de la Palabra; y tú andas entre esos lirios y, sin embargo, no le ves. Él está acostumbrado a atravesar los claros de las Escrituras y departir con los suyos como el Padre lo hizo con Adán, «al aire del día»; sin embargo, tú, aunque te encuentras en el huerto de la Palabra de Dios, no puedes verlo, a pesar de que él esté allí. ¿Y por qué no lo vemos? Porque, como los discípulos, manifestamos incredulidad. Por lo visto, ellos no esperaban ver a Jesús y, por esa razón, no le reconocieron. Generalmente, en las cosas espirituales, obtenemos aquello que esperamos del Señor: solo la fe puede hacernos ver a Jesús. Haz tuya esta oración: «Señor, abre mis ojos para que vea que mi Salvador está conmigo». Querer verlo supone una bendición; pero, ¡ah, es mucho mejor contemplarlo! Él es amable para los que le buscan, pero para los que lo hallan es indeciblemente querido.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 313). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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