El remedio para el misionero

Octubre, 26

El remedio para el misionero

Devocional por John Piper

Todas las cosas son posibles para Dios. (Marcos 10:27)

La gracia soberana es el manantial de vida del hedonista cristiano, ya que lo que el hedonista cristiano más ama es la experiencia de la gracia soberana de Dios llenándolo y desbordándose por el bien de otras personas.

Los misioneros hedonistas cristianos aman experimentar lo que Pablo describe en 1 Corintios 15:10: «no yo, sino la gracia de Dios en mí». Se deleitan en la verdad de que el fruto de su labor misionera le pertenece enteramente a Dios (1 Corintios 3:7; Romanos 11:36).

No sienten más que alegría cuando el Maestro dice: «separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5). Se regocijan como niños en la verdad de que Dios ha quitado el peso abrumador de la nueva creación de sus hombros y lo carga él mismo sobre sus espaldas. Sin resentimientos, dicen: «no que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios» (2 Corintios 3:5).

Cuando vuelven a su casa bajo licencia, nada les da más gozo que decir a las iglesias: «No me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles» (Romanos 15:18).

«Todas las cosas son posibles para Dios»: las primeras palabras nos dan esperanza, las últimas producen humildad. Son el antídoto para la desesperación y el orgullo: el remedio perfecto para el misionero.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 235–236

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo»

26 de octubre

«Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo».

Eclesiastés 1:7

Todas las cosas terrestres están en movimiento; el tiempo no descansa jamás. La sólida tierra es una esfera que rueda, y el gran sol mismo una estrella que describe obedientemente su órbita en torno a un astro mayor que él. Las mareas sacuden el mar; los vientos agitan el altanero océano y la fricción desgasta la roca. El cambio y la muerte imperan por doquier. El mar no almacena codiciosamente su caudal de aguas; pues, si bien esas aguas entran en él por un cauce, por otro se elevan de él. Los hombres nacen para morir. Todas las cosas producen confusión, ansiedad y aflicción de espíritu. Amigo del inmutable Jesús, ¡cuán gozoso te sientes al pensar en tu herencia inmutable y en tu mar de felicidad, mar que estará lleno por siempre, pues Dios mismo verterá en él ríos eternos! Nosotros buscamos una ciudad permanente que está más allá del firmamento, y no nos veremos defraudados en nuestra esperanza.

El pasaje que tenemos delante bien puede enseñarnos a ser agradecidos. El padre Océano es un gran receptor, pero también es un generoso repartidor. Aquello que los ríos llevan al mismo, él lo devuelve a la tierra en forma de nubes y lluvia. El que lo recibe todo y no devuelve nada está desligado del universo. Dar a otros no es sino sembrar para nosotros mismos; y al que demuestra ser tan buen mayordomo que voluntariamente utiliza sus bienes para la obra del Señor, se le concederán más. Amigo de Jesús, ¿estás dando a tu Salvador según los beneficios que recibes? Mucho se te ha dado, ¿cuál es tu fruto? ¿Lo has hecho todo? ¿No puedes hacer algo más? Ser egoísta significa ser malvado. Supón que el océano no compartiese nada de sus abundantes aguas: eso llevaría a la ruina a nuestra raza. Quiera Dios que ninguno de nosotros siga la política cicatera y fatal de vivir para sí mismo. Jesús no se agradó a sí mismo; toda la plenitud habita en él, pero de su plenitud tomamos todos. ¡Ojalá pudiésemos tener el espíritu de Jesús para, de aquí en adelante, no vivir para nosotros mismos!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 310). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza”

26 OCTUBRE

2 Reyes 7 | 1 Timoteo 4 | Daniel 11 | Salmo 119:25–48

Cuando aún era muy joven, comencé a pastorear una iglesia relativamente pequeña en Canadá. Las personas eran muy amables conmigo y mucho más pacientes con mis defectos y errores que lo que yo merecía.

Había una mujer en esa iglesia que a veces me resultaba particularmente exasperante. Casi todos los domingos por la mañana me daba las gracias enfáticamente por el sermón y luego añadía: “Pero eres tan joven”. Esto sucedió durante muchas semanas, hasta convertirse en poco más que una fórmula. Finalmente, mi celo excedió a mi sensatez. Tras escuchar una vez más su exclamación trillada (“Eres tan joven”), sonreí con dulzura y le respondí (citando una versión antigua): “Sí, pero la Biblia dice que ‘ninguno tenga en poco tu juventud’. ¡Ninguno!” Si bien es cierto que mi arrebato fue desmedido, funcionó, porque nunca volvió a decirme algo parecido.

No obstante, al reflexionar me di cuenta de que había citado la primera parte de 1 Timoteo 4:12 pero no la última. La primera parte dice: “Que nadie te menosprecie por ser joven”. Supongo que, si esa línea estuviera sola, una de las maneras de evitar que otros te menospreciaran sería atacarles con este versículo. Pero Pablo escribe: “Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza”. En otras palabras, si eres un creyente joven, particularmente uno que está en posición de liderazgo como Timoteo, la manera de evitar que los demás te menosprecien es dar ese ejemplo “en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” para que tu piedad transparente les haga callar.

Si eres diligente con los dones y la gracia que Dios te ha dado, Pablo añade, todos verán tu progreso (4:15). Tu diligencia debe ser exhaustiva y así las áreas en las que los demás detecten tu progreso también serán integradoras: “Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza” (4:16). El resultado no sólo incluye que tu propia perseverancia produzca la salvación de la consumación, sino también la salvación de muchos de aquellos a quienes les ministres (4:16).

En este consejo un joven encuentra una gama de enseñanza moral cristiana. Las acciones suelen decir más que las palabras. Los líderes cristianos deben liderar, no sólo mediante palabras, sino con acciones que sean conformes con esas palabras. La autoridad que le corresponde a un líder cristiano no se obtiene con el oficio en sí, sino que se gana con el tiempo por la calidad de su vida cristiana. No sorprende entonces que gran parte del próximo capítulo se dedica a dar instrucciones específicas sobre cómo tratar a los hermanos en Cristo durante diversas etapas de vida. Cómo tratar a la gente siempre se halla cerca del centro del discipulado cristiano.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 299). Barcelona: Publicaciones Andamio.

En todas las Escrituras

Comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, (Jesús) les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Lucas 24:27

En todas las Escrituras

Los cuatro evangelios, bajo cuatro aspectos diferentes, narran la vida de Jesús en la tierra. Pero toda la Biblia habla de él; desde las primeras páginas del Antiguo Testamento, Cristo es presentado bajo la forma de imágenes proféticas. El texto de la Biblia fue comparado a un cuadro compuesto por múltiples toques asociados los unos a los otros en sus diferentes dimensiones y colores. ¡Todos son útiles para representar el dibujo final! Cada versículo es como un toque dado al dibujo divino.

Pero, ¿qué representa este cuadro? La respuesta es simple: la persona de Jesucristo. En efecto, Jesús es el centro, el punto de convergencia de todas las Escrituras. Numerosas imágenes (personas, objetos o animales) hacen referencia a él y muestran el lugar central que él ocupa en toda la Palabra de Dios.

Algunos ejemplos: José vendido por sus hermanos, y Abel asesinado por su hermano Caín, anuncian el rechazo y la entrega a muerte de Jesús por su pueblo. El arca de Noé que salva de las aguas del diluvio es una imagen de Jesucristo, quien salva a los hombres del juicio. Los numerosos sacrificios del Antiguo Testamento ilustran diversos aspectos de su sacrificio en la cruz. Podríamos seguir dando ejemplos, los cuales nos incitan a buscar a Cristo en cada página de la Biblia.

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados” (Lucas 24:45-47).

Nehemías 12 – Juan 12:1-26 – Salmo 119:49-56 – Proverbios 26:7-8

Nehemías 11 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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NO HA DE CULPARSE A DIOS

NO HA DE CULPARSE A DIOS

10/25/2017 

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie.
(SANTIAGO 1:13)

Aunque algunos creen en el antiguo concepto de que Dios es responsable de nuestra tentación y de nuestro pecado, Santiago prohíbe tal concepto en el versículo de hoy.
Santiago advierte contra el justificar nuestro pecado y culpar a Dios en medio de nuestra lucha contra la tentación. Cuando esté luchando con la tentación y casi a punto de rendirse, no se justifique diciendo que Dios lo está tentando.
Suponiendo que nadie acuse a Dios de hacer que él peque, Santiago quiere decir que no debemos ni siquiera pensar en Dios como la causa de nuestros pecados. La mayoría de las personas no llegan tan lejos como para ver a Dios como el tentador directo, pero sí creen que Dios es indirectamente el culpable por haber permitido la situación y la posibilidad del fracaso. Pero Dios no es el causante directo de la tentación, ni es siquiera su causa remota. Nunca se considere una víctima de la providencia de Dios.

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La gran esperanza de las misiones

OCTUBRE, 25

La gran esperanza de las misiones

Devocional por John Piper

Aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados). (Efesios 2:5)

La gran esperanza de las misiones es que cuando el evangelio es predicado con el poder del Espíritu Santo, Dios mismo hace lo que el hombre no puede hacer: Él produce la fe que salva. El llamado de Dios hace lo que el llamado del hombre no puede hacer: levanta a los muertos, crea vida espiritual. Es como el llamado que Jesús hizo a Lázaro en la tumba: «¡Lázaro, ven fuera!» (Juan 11:43).

Nosotros podemos despertar a alguien que está dormido con nuestro llamado, pero el llamado de Dios puede dar vida a las cosas que están muertas (Romanos 4:17). El llamado de Dios es irresistible en el sentido de que puede vencer cualquier resistencia. Es efectivo e infalible de acuerdo con el propósito de Dios, hasta el punto que Pablo puede decir: «a los que [Dios] llamó, a esos también justificó» (Romanos 8:30).

En otras palabras, el llamado de Dios es tan efectivo que indefectiblemente crea la fe a través de la cual una persona es justificada. Todos los que fueron llamados son justificados; pero ninguno es justificado sin fe (Romanos 5:1). Por lo tanto, el llamado de Dios infaliblemente produce el efecto deseado. Asegura de un modo irresistible la fe que justifica.

Eso es lo que el hombre no puede hacer. Es imposible. Solo Dios puede quitar el corazón de piedra (Ezequiel 36:26). Solo Dios puede llevar a las personas al Hijo (Juan 6:44, 65). Solo Dios puede abrir el corazón para que reciba el evangelio (Hechos 16:14). Solo el Buen Pastor conoce a las ovejas por su nombre.

Él las llama y ellas lo siguen (John 10:3-4, 14). La gracia soberana de Dios que hace lo que es humanamente imposible, es la gran esperanza de las misiones.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, página 235

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¡Su suerte cayó!

25 de octubre

«Partió, pues, y fue y espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que su suerte cayó sobre [margen] la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec».

Rut 2:3 (LBLA)

«Su suerte cayó». Sí, aquello no parecía otra cosa que una simple casualidad; ¡pero, qué bien guiada por Dios estaba dicha casualidad! Rut había salido de su casa con la bendición de la madre y con la bendición del Dios de la madre, para hacer un trabajo humilde pero honroso, y la providencia de Dios guió todos sus pasos. No se imaginaba ella que, en medio de las espigas, hallaría un esposo que la haría copropietaria de todos aquellos extensos campos, y que ella (pobre extranjera) sería una de las progenitoras del gran Mesías. Dios es muy bueno con los que en él confían y, a menudo, los sorprende con inesperadas bendiciones. Nada sabemos nosotros en cuanto a lo que nos puede acontecer mañana, pero quizá nos alegre saber que ningún bien se nos negará. La casualidad está desterrada de la fe de los cristianos, pues ellos ven en todas las cosas la mano de Dios. Los acontecimientos insignificantes de hoy o de mañana pueden implicar consecuencias de la más alta relevancia. ¡Oh Señor, trata a tus siervos con tanta bondad como trataste con Rut!

¡Qué bendición sería si en esta noche, mientras andamos por el campo de la meditación, nuestra suerte cayera sobre el lugar en que nuestro Pariente cercano se revela a nosotros! ¡Oh Espíritu de Dios, guíanos a él! Quisiéramos más bien espigar en su campo que llevar toda la cosecha de cualquier otro campo. ¡Oh, sigamos las huellas de su rebaño, las cuales nos pueden conducir a los verdes pastos donde él sestea! Este mundo es aburrido cuando Jesús se halla ausente. Sería mejor para nosotros vivir sin sol y sin luna que vivir sin él. ¡Pero cuán divinamente hermosas se vuelven todas las cosas en su gloriosa presencia! Nuestras almas conocen la virtud que reside en Jesús y nunca pueden estar satisfechas sin él. En esta noche, esperamos en oración que nuestra suerte caiga sobre aquella parte del campo que pertenece a Jesús y en donde él se manifiesta a nosotros.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 309). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Las consecuencias de las decisiones

25 Octubre 2017

Las consecuencias de las decisiones
por Charles R. Swindoll

Salmos 137

Nadie puede negar el dolor causado por las consecuencias de las malas acciones. Puede ser algo tan sencillo como el castigo que recibimos de la vara de un padre o algo tan duradero y severo como una sentencia de prisión. Cualquiera, sin embargo, no es fácil de aceptar. La persona que le es infiel a su cónyuge y después abandona el matrimonio llegará a sufrir las consecuencias en algún momento. El hijo que huye de la casa durante un momento de rebeldía, debe vivir con las consecuencias dolorosas de ello. El político que hace promesas irreales e inalcanzables si llega a ser elegido debe enfrentar la crítica después de la elección. El ministro que transige en el área de la ética o la moral debe vivir con la vergüenza privada y la pérdida del respeto público. La lista continúa.

Aun cuando nuestra época está caracterizada por una erosión de responsabilidad personal y por los muchos intentos de cubrir las consecuencias de las malas acciones, los días que se viven en desobediencia siguen siendo una realidad. El pecado todavía da su fruto amargo. Las consecuencias devastadoras todavía le esperan al transgresor. La Biblia dice: «No se engañen; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará» (Gálatas 6:7).  Son pocas las personas que tienen vidas más sombrías que aquellos que han desobedecido y que ahora sufren el afán de las consecuencias duraderas.

El Salmo 137 es una canción de luto que habla de personas que están enfrentando el afán de las consecuencias duraderas después de una larga historia de malas decisiones.

El compositor sirve de vocero para expresar la angustia del pueblo del pacto de Dios que fue removido de su tierra prometida, extirpado de su primogenitura. Como si fuesen una banda de prisioneros de guerra judíos, ellos fueron cautivados por los babilonios y llevados a una tierra extranjera. Los primeros renglones nos dan el escenario.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos
acordándonos de Sion (v. 1).
Un paso breve por los siguientes ocho versículos nos ayuda a detectar otros términos que revelan esa sensación de sentirse prisioneros:

Versículo 3: » Los que nos habían llevado cautivos… nos habían hecho llorar».

Versículo 4: «…nos habían hecho llorar».

Versículo 7: «Acuérdate, oh Señor,  de los hijos de Edom».

Versículo 8: « Oh hija de Babilonia, la despojadora».

¿Por qué estaba un escritor hebreo en Babilonia? ¿Cuáles fueron los eventos que hizo que él y otros quedarán cautivos bajo este gobierno extranjero?

Créame. No fue un accidente. Sucedió exactamente cómo Dios lo había anunciado por medio de su profeta Jeremías:

Por tanto, así ha dicho el Señor de los Ejércitos: ‘Por cuanto no han escuchado mis palabras, he aquí yo enviaré a tomar a todas las gentes del norte y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus habitantes, y contra todas las naciones de alrededor, dice el Señor. Los destruiré por completo y los convertiré en escarnio, rechifla y ruinas perpetuas. Toda esta tierra será convertida en desolación y espanto. Y estas naciones servirán al rey de Babilonia durante setenta años’ (Jeremías 25:8-9, 11).

Por siglos, el Señor había enviado profetas para que le dijeran al pueblo de Judá que su idolatría y su desobediencia continua los llevaría al exilio. No obstante, ellos continuaron en su desobediencia por más de trescientos años desde los últimos días del reinado de Salomón. Después de la muerte de Salomón, el reino de la nación judía se había dividido. Una guerra civil causó que diez de las doce tribus de Israel se refugiaran en el norte bajo el liderazgo del rey Jeroboam. Las otras dos tribus se fueron al sur siguiendo al rey Rehoboam, el hijo de Salomón.

En la Escritura, el reino del norte es llamado «Israel» y el reino del Sur es llamado «Judá». Israel tuvo diecinueve reyes durante sus más de doscientos años antes que cayera ante los asirios en el año 722  a. C. Judá tuvo veinte reyes y sólo ocho de ellos fueron reyes justos. Por muchos años, Judá vivía entre la obediencia y la rebelión hasta que el Señor permitió que los babilonios (que también se llamaban caldeos) la capturaran y la mantuvieran en esclavitud por setenta años, tal como Jeremías lo había predicho. El Salmo 137 fue escrito durante (o tal vez poco después) la cautividad de Judá en Babilonia.

Afirmando el alma
El Señor siempre nos amonesta antes de castigarnos. ¿Ha recibido advertencias para que deje un pecado habitual del cual no se ha arrepentido? ¿Cuál ha sido su reacción? ¿Qué fue lo que sucedió después? Si usted está escuchando advertencias ahora, piense en una persona confiable que le puede ayudar a «ponerlo en raya» antes que sea demasiado tarde.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Metamorfosis

miércoles 25 octubre

Las cosas que se escribieron antes (en la Palabra de Dios), para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

Romanos 15:4

La biblioterapia (2)

¡La Biblia no es un libro de «recetas de la felicidad»! Pero el que la lee atentamente halla consuelo en las promesas que Dios hizo a los que confían en él en cuanto a sus interrogantes:

–La muerte: “Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios (Jesucristo)… tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

–El sentimiento de culpabilidad: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25).

–El miedo al mañana: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?… Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mateo 6:31-32).

–La angustia: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

–La falta de energía: “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29).

–La preocupación: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).

–La dificultad para tomar una decisión: “Te instituiré, y te enseñaré el camino en que debes andar: te aconsejaré” (Salmo 32:8, V. M.).

–El miedo a las catástrofes: “Los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia” (Isaías 54:10).

–El miedo a la vejez: “Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo” (Isaías 46:4).

Nehemías 11 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

No nos metas en tentación.

¿PRUEBA O TENTACIÓN?

10/24/2017

No nos metas en tentación.

Mateo 6:13

La tentación es una experiencia común de todos los seres humanos, sean cristianos o no. Pablo dice en 1 Corintios 10:13 que toda tentación es “humana”. Cómo enfrentarse a la lucha de la tentación es una característica de la autenticidad de nuestra fe o nuestra falta de ella.

Las pruebas que el Señor permite en nuestra vida para fortalecernos también pueden convertirse en tentaciones. Pudieran ser incitaciones al pecado y no un medio para el crecimiento espiritual. Cada dificultad que se me presenta me fortalece porque obedezco a Dios y me mantengo confiado en su cuidado y poder, o me lleva a dudar de Dios y a desobedecer su Palabra.

Cada prueba tiene muchas características para convertirse en tentación. La diferencia está en cómo reaccionar ante ella.

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