“Porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”

4 OCTUBRE

D. A. Carson

1 Reyes 7 | Efesios 4 | Ezequiel 37 | Salmos 87–88

Uno de los elementos más notables de las cartas de Pablo es que se le dedica mucho espacio a instruir a la gente sobre cómo vivir. De hecho, toda la Biblia tiene el propósito de enseñarnos qué creer (porque estas cosas son ciertas), pero, a la vez nos señala cómo tener una conducta fiel. Este equilibrio se ve más claramente en las cartas de Pablo.

La razón para que sea tan abarcador se encuentra en la naturaleza de Dios. El Dios de la Biblia, el Dios que está ahí (como nos enseñó a decirlo Francis Schaeffer), es Dios de todo. No es únicamente el Dios de nuestros pensamientos, ni exclusivamente de un ámbito espiritual o religioso. Él es Dios. Como nuestro Hacedor y Gobernante providencial, sus intereses y mandatos abarcan cada aspecto de nuestro ser, creencias, palabras y conducta. De ahí que, mantener una tensión horrible entre nuestro sistema de creencias y nuestra conducta, además de ser una invitación a la esquizofrenia, también es un insulto a Dios, una horrenda rebelión que no deja de ser fea sólo por ser selectiva.

Esto quiere decir que nuestra enseñanza y predicación deben incluir, no únicamente verdades para creer sino también instrucciones sobre cómo vivir. Lo que Pablo escribió en Efesios 4:17–32 es absolutamente ejemplar en este sentido. Nadie puede poner en duda seriamente que esta epístola es rica en doctrina. Aquí, no obstante, vemos a Pablo en insistir que sus lectores ya no anden “más con pensamientos frívolos como los paganos” (4:17). Conecta esta “vanidad”, por un lado con su ignorancia de Dios y, por otro, con su conducta repugnante. “No fue esta la enseñanza que vosotros recibisteis acerca de Cristo” (4:20). Fuisteis creados “a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” (4:24). Esto implica despojarse “del viejo ropaje” y ser renovados “en el espíritu de vuestra mente” y vestirse “de la nueva naturaleza” (4:22–24).

Todo eso todavía podría parecer un poco abstracto, pero Pablo no da pie a ello. El resto del capítulo es franco y práctico. La conducta que Pablo espera incluye hablar la verdad “porque todos somos miembros de un mismo cuerpo” (4:25), y un compromiso práctico de no permitir que un día termine en enojo, para no darle lugar al diablo (4:26–27). Los ladrones convertidos ya no deben robar. Deben trabajar, hacer algo útil y aprender a ser generosos con lo que ganen (4:28). Al hablar, no sólo debemos eliminar toda blasfemia, vulgaridad o “palabra corrompida”, sino que hemos de aprender a pronunciar palabra “que sea buena para la necesaria edificación” de los demás (4:29). En fin, “Abandonad toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonandoos mutuamente, así como Dios os perdonó en Cristo.” (4:31–32).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 277). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El libro que le daba miedo

miércoles 4 octubre

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca… Gracia y paz a vosotros… de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.

Apocalipsis 1:3-5

El libro que le daba miedo

Un creyente fue a visitar a una persona enferma y le propuso leer un pasaje de la Biblia. El enfermo respondió: «De acuerdo, pero que no sea en el Apocalipsis; es un libro que me da miedo».

La persona que no está en paz con Dios tiene razón para tener miedo. El Apocalipsis es un libro de juicios, terribles juicios que caerán sobre los hombres que viven sin Dios. Futuro aterrador, que nos invita a reconciliarnos con Dios antes de que dé rienda suelta a su ira. Esa ira que vendrá después de su actual paciencia, la cual el hombre a veces interpreta como indiferencia con respecto a la injusticia y al sufrimiento.

¡La hora está avanzada en el reloj del tiempo! En la época difícil en la que vivimos, Satanás seduce a los hombres y los arrastra a la perdición. Pero Dios, que conoce el futuro, recuerda sin cesar mediante su Palabra que hoy es el día de salvación.

¿Ese libro le da miedo y por eso no lo lee? Su actitud no soluciona nada. ¡El hecho de ignorar las advertencias nunca ha hecho desaparecer los peligros! Sí, Dios juzgará al mundo, pero primero lo amó. Hoy le ofrece su gracia. ¡Abra ese libro, abra los ojos! Escuche el último llamado de Jesús, al principio del libro: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Sofonías 3 – Judas – Salmo 110 – Proverbios 24:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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NADA DE FELICIDAD ENGAÑOSA

NADA DE FELICIDAD ENGAÑOSA

10/3/2017

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

Salmo 23:4

Tenemos que comprender que Dios va a permitirnos que pasemos por las pruebas y que Él está obrando para que todo resulte en su propósito santo (Ro. 8:28). Sé que todos soñamos con un ambiente perfecto de comodidad y tranquilidad. Aunque cualquier reposo temporal de las pruebas nos lleve a creer que podamos hallar una permanente liberación de ellas, nuestra vida en la tierra nunca estará libre de las pruebas. Podemos vivir en una felicidad engañosa, nunca presagiando ningún problema y prediciendo un futuro desahogado, pero eso es una fantasía. Cristo advirtió a sus discípulos y a todos los que sigan sus pasos que esperaran pruebas en esta vida (Jn. 15:18-16:6).

El puritano Thomas Manton observó una vez que Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ningún hijo sin una cruz. Como cristianos, podemos estar seguros de que tendremos pruebas. Pero nuestra confianza es que tendremos victoria sobre ellas por la presencia de Dios. Vendrán las pruebas, pero la gracia de Dios estará con nosotros en nuestro tiempo de necesidad.

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Amor absoluto, soberano y todopoderoso

OCTUBRE, 03

Amor absoluto, soberano y todopoderoso

Devocional por John Piper

El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad. (Éxodo 34:6)

Dios abunda en misericordia y verdad.

Hay dos imágenes que vienen a mi mente:

  1. El corazón de Dios como un manantial de agua inagotable que desborda en amor y verdad en la cima de la montaña.
  2. El corazón de Dios como un volcán que hierve de amor a tal temperatura que explota en una erupción en la cima de la montaña y fluye año tras año con la lava del amor y la verdad.

Cuando Dios usa la palabra abundante, su intención es hacernos entender que los recursos de su amor son ilimitados. En cierto modo, él es como el gobierno: cuando hay una necesidad, simplemente puede imprimir más dinero para cubrirla.

Sin embargo, la diferencia es que Dios tiene un tesoro infinito de amor dorado para cubrir todas las emisiones de monedas. El gobierno solamente vive en un mundo de ensueño. Pero Dios cuenta, de un modo muy realista, con los recursos infinitos de su deidad.

La existencia absoluta, la libertad soberana y la omnipotencia de Dios son la plenitud volcánica que explota en un desborde de amor. La pura magnificencia de Dios consiste en que él no nos necesita para cubrir ninguna deficiencia en él. Por el contrario, es su infinita autosuficiencia la que se derrama en forma de amor sobre nosotros, quienes lo necesitamos.

Podemos confiar en su amor precisamente porque creemos en lo absoluto de su existencia, en la soberanía de su libertad y en lo ilimitado de su poder.


Devocional tomado del libro “El Señor, un Dios misericordioso y clemente”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Él mismo padeció siendo tentado».

3 de octubre

«Él mismo padeció siendo tentado».

Hebreos 2:18

«Jesús fue tentado como yo» es un pensamiento muy común; pero, sin embargo, al corazón fatigado le sabe a néctar. Tú has oído esta verdad muchas veces, ¿pero la has comprendido? Jesús fue tentado por los mismos pecados que a nosotros nos hacen caer. No separemos a Jesús de nuestra naturaleza humana común. Tú estás atravesando ahora un cuarto oscuro, pero Jesús pasó por él antes que tú. Tú estás empeñado en una dura batalla, pero Jesús tuvo que hacer frente a ese mismo enemigo. Tengamos buen ánimo: Cristo llevó la carga antes que nosotros, y las pisadas del Rey de gloria, manchadas de sangre, pueden verse a lo largo del camino que nosotros estamos transitando en este momento. Hay algo más agradable aún que eso: Jesús fue tentado, pero nunca pecó. Por consiguiente, alma mía, no es preciso que peques tú tampoco; porque Jesús fue hombre, y si un hombre sufrió esas tentaciones sin pecar, entonces, asistidos por su poder, los miembros de su Cuerpo también pueden dejar de caer. Algunos que se inician en la vida divina piensan que no les es posible ser tentados sin pecar, pero se equivocan. El experimentar tentaciones no es pecado, pero sí el ceder a la tentación. Aquí hay aliento para aquellos que se sienten terriblemente tentados: tienen aún más razón para cobrar ánimo si consideran que el Señor Jesús, aunque fue tentado, triunfó gloriosamente. Y, como él venció, así también vencerán sus seguidores: pues Jesús es el representante de su pueblo. La Cabeza ha triunfado y los miembros comparten su victoria. Los temores son innecesarios, ya que Cristo está con nosotros, armado, para defendernos. Nuestro lugar de seguridad es el pecho del Salvador. Quizá ahora mismo estemos siendo tentados para que nos acerquemos más a él. ¡Bendito sea cualquier viento que nos lleve al puerto del amor de nuestro Salvador! ¡Dichosas las heridas que nos hicieron buscar a nuestro Médico amado! Tú que eres tentado, acércate a tu tentado Salvador, pues él puede compadecerse de tus flaquezas y socorrerá a todo aquel que pase por pruebas y tentaciones.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 287). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una canción de tristeza

3 Octubre 2017

Una canción de tristeza
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

El Salmo 116 es el lamento de un hombre que está rodeado de dolor y sufrimiento, probablemente porque la muerte ha rozado su vida. Investiguemos un poco más a fondo esa canción de tristeza.

El primer renglón de la canción de salmista nos sorprende. Él escribe: «Amo al Señor, pues…» (v. 1). En el siglo XIX una joven inglesa llamada Elizabeth Barrett sufrió una lesión en la espalda, cuando tenía 15 años, que la dejó semi inválida por muchos años. Aunque ella volvió a recuperar sus fuerzas antes de su matrimonio con Robert Browning en 1846, ella no quería cargarlo con las responsabilidades de cuidar de una esposa incapacitada. Su amor por él fue expresado bellamente en su obra, Sonetos de la portuguesa, y de allí es que se conoce aquella frase inmortal: «¿Qué cómo te amo? Déjame contártelo». En esos sonetos ella describe la profundidad, la anchura y la altura de su amor. De la misma forma, el salmista expresa su más profundo afecto por su Señor. Déjeme contárselo.

Porque me escucha
Dice el salmista en los dos primeros versículos:

Amo al Señor, pues ha escuchado mi voz y mis súplicas,
porque ha inclinado a mí su oído. Por tanto, le invocaré todos mis días
 (vv. 1-2).

1. Ha escuchado mi voz.
2. Ha inclinado a mí su oído.

Estas dos frases son distintas. La primera, «ha escuchado», significa sencillamente que cuando el salmista habla, Dios le escucha. Dios le pone atención. La segunda frase, «ha inclinado» viene de la palabra hebrea «natah» que significa doblarse o virar hacia un lado. Implica interés, como cuando alguien vuelve su rostro para mirarlo o cuando alguien deja de hacer algo para darle su atención completa; o cuando alguien se acerca a oír lo que usted tiene que decir.

Por ejemplo, Salomón utiliza la misma palabra en Proverbios 7:21-22 para escribir la reacción de un hombre que ha sido seducido por una prostituta y la «sigue». También aparece en 1 Reyes 11:4 para describir la forma en que las esposas de Salomón le «volvieron» su corazón a otros dioses. El salmista dice que el ama al Señor porque Dios se «vuelve» a él, porque deja de hacer su trabajo para poder ponerle atención en su dolor y sufrimiento. Dios nunca le da la espalda a aquellos que claman a Él con lágrimas. Cuando Dios parece estar alejado, en realidad Él está «inclinándose» a escucharnos.

Porque me rescata

Lea nuevamente los versículos  3 al 6 y 8 al 11 pero ahora, hágalo detenidamente.

Podemos ver que alguna circunstancia trágica había rodeado al escritor. Alguna experiencia terrible y dolorosa le había hecho decir que él estaba cerca de la muerte. Por experiencia personal, sé que el dolor y el sufrimiento pueden ser tan intensos, que la muerte parezca inminente. El salmista clama a Dios con la misma intensidad que lo haría un hombre que va cayendo de un precipicio y en esa situación llega a confesar que ha dudado de Dios y que ha caído en pecado.

Creo que Spurgeon capta muy bien el pathos de la situación del salmista cuando dice:

Así como los cazadores rodean su presa, de tal forma que no haya ningún escape, David se encontraba prisionero en sus sufrimientos mortales. La tristeza, la debilidad y el terror son peones de la muerte con las que ella lo rodeaba.

… Horrores que atormentan al perdido se adhirió a mí, me encadenó, me requisó para luego tomarme prisionero… la sentía tan cerca que podía ver sus dientes como los perros cazadores cuando encuentran a su presa.

No obstante, lo maravilloso es que el Señor lo liberó, lo rescató. Aun cuando se sentía sin fuerzas, después de que calumniaron su carácter, de sentirse deprimido, enfermo y conmocionado por el dolor, el salmista testifica que el Señor se quedó a su lado. Dios siempre hará eso. Dios nunca nos abandona. Él nunca abandona un barco que se está hundiendo; Él no huye cuando el enemigo aumenta su fuerza. Nuestro Dios es un experto en lo que respecta a la liberación del ser humano y esa es una promesa para usted.

No es de extrañarse entonces que el salmista diga que que va a «andar delante del Señor» (v. 9) como agradecimiento por su liberación. Es una reacción natural querer pasar el tiempo con alguien que se mantuvo con nosotros durante alguna experiencia dolorosa que tuvimos que enfrentar.

Afirmando el alma
Las personas que enfrentan un intenso dolor y sufrimiento con frecuencia comienzan a dudar del Señor. ¿Por qué cree usted que esto sucede? ¿Qué hizo el salmista? ¿Qué hizo usted para contrarrestar la duda? Sabiendo lo que sabe ahora, ¿qué hará si el dolor y el sufrimiento quieren crear duda en su vida?

Nuestro Dios es un experto en lo que respecta a la liberación del ser humano.—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“Apóstoles y Profetas”

3 OCTUBRE

1 Reyes 6 | Efesios 3 | Ezequiel 36 | Salmo 86

Un “misterio” en los escritos de Pablo no suele ser algo “misterioso” y mucho menos un enigma al estilo de las novelas policíacas. Es una verdad o doctrina que, en cierta medida, estaba escondida durante las generaciones anteriores y que ahora, con la llegada del evangelio, se ha descubierto y publicado. A veces el evangelio mismo se trata como un misterio, pero lo más común es que se denomine así algún elemento del evangelio.

En Efesios 3:2–13, Pablo afirma que, junto con otros “apóstoles y profetas” (3:5), disfruta de un conocimiento profundo del “misterio de Cristo… que en otras generaciones no se dio a conocer a los seres humanos, ahora se les ha revelado por el Espíritu” (3:4–5). Luego nos expone el contenido de este misterio: “que los gentiles son, junto con Israel, beneficiarios de la misma herencia, miembros de un mismo cuerpo y participantes igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio” (3:6).

Debemos reflexionar sobre las maneras es que estaba escondido este misterio. Las Escrituras del Antiguo Testamento ciertamente en ocasiones adelantaban que la gracia de Dios se extendería a los hombres y las mujeres de todas las razas. El pacto abrahámico anticipó que en la descendencia de Abraham serían benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:3; ver meditación del 11 de enero). ¿Qué hay de escondido en eso? No obstante, el hecho es que el espacio que la Biblia le dedica a la ley de Moisés, sobre todo unido al creciente cuerpo de interpretación que hacía de la ley mosaica el marco interpretativo que controlaba la lectura de gran parte del Antiguo Testamento, causaba que este énfasis más amplio se perdiera de vista. Así que, por un lado, este ocultar se puede ver como un plan cuidadoso de Dios para esconder la gloria de su “propósito eterno” (3:11) hasta que llegara el tiempo adecuado para revelarla. Por otro, el ocultar se debe a la perversidad humana, que lee las Escrituras del Antiguo Testamento de tal manera que domestica y disminuye las verdaderas dimensiones de sus promesas.

Con la llegada de Jesucristo, las formas con las cuales los libros del Antiguo Testamento apuntaban hacia el futuro se hicieron incalculablemente más claras. La gran comisión de Jesús selló la misión de sus discípulos con una dimensión internacional que avergüenza todo parroquialismo. Sobre todo, la comprensión que Jesús tenía del Antiguo Testamento estableció unos nuevos paradigmas. Si se lee correctamente, en su secuencia histórica lineal, el relato del Antiguo Testamento no enfatiza tanto la ley de Moisés como algunos pensaban. De hecho, el pacto mosaico resulta ser un fracaso, en términos de su efectividad para cambiar a la gente. Su mayor éxito radica en suministrar los modelos que predicen cómo sería el máximo salvador, el máximo sacerdote, el máximo templo y el máximo sacrificio. Y Pablo es el apóstol que no sólo predica este misterio, sino que lo hace a los gentiles, los más afectados por su contenido.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 276). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El poder de la Palabra de Dios

(Jesús dijo:) Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Juan 6:63

La palabra de Dios es viva y eficaz.

Hebreos 4:12

El poder de la Palabra de Dios

En los años 1930, un vendedor había logrado vender una Biblia en un pueblo aislado de Polonia. Cuando tres años más tarde volvió a ese pueblo, sintió un gran gozo: doscientas personas habían sido llevadas a la fe en Cristo, ¡gracias a la lectura de la única Biblia que poseían!

Como aquellos cristianos solo tenían a disposición un ejemplar de la Biblia, habían decidido dividir cuidadosamente el libro en varias partes para que circulasen entre los habitantes, y así beneficiarse todos de la lectura.

El vendedor organizó un encuentro con aquellos creyentes y les preguntó si podían decir de memoria algunos versículos de la Biblia. Uno de los oyentes le preguntó: «¿Comprendimos bien? ¿Se refiere a versículos o capítulos?».

Muy sorprendido, el vendedor descubrió que estos creyentes habían aprendido de memoria no solo versículos aislados, sino varios capítulos e incluso libros enteros de la Biblia. Algunos podían repetir de memoria un evangelio entero, otros una parte del libro de los Salmos o de Génesis. En total, aquellos doscientos creyentes podían recitar prácticamente toda la Biblia. Gracias a Dios, porque las partes de la Biblia, que eran leídas diariamente e iban de casa en casa, estaban tan gastadas que casi no eran legibles.

¡Memoricemos, nosotros también, la Palabra de Dios! ¡Démosla a conocer, pues el Señor mismo prepara los corazones para que sea recibida!

Sofonías 2 – Filemón – Salmo 109:20-31 – Proverbios 24:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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LA FE DE ABRAHAM

LA FE DE ABRAHAM

10/2/2017

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos.  Hebreos 11:17-19

La obediencia de Abraham requirió una gran fe. Estuvo dispuesto a obedecer a Dios porque creía que Dios podía resucitar a los muertos, aunque nunca había visto que los muertos resucitaran. Creía que Dios era tan fiel a su Palabra y a su carácter que, si hacía una promesa, resucitaría aun a los muertos para cumplirla. ¿Es acaso asombroso que sea el ejemplo humano más grande de fe?

El apóstol Pablo también comentó sobre la fe de Abraham: “Los que son de fe, éstos son hijos de Abraham… Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gál. 3:7, 9). Cualquiera que vive por la fe en Dios es en un sentido espiritual hijo de Abraham. Él es el padre de los fieles. La historia de Abraham nos dice que un hombre puede pasar por la más severa prueba de la vida imaginable si confía en Dios, creyendo que cumplirá su promesa y logrará sus propósitos sin cometer un error.

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Dios no está deprimido

OCTUBRE, 02

Dios no está deprimido

Devocional por John Piper

El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación. (Salmos 33:10-11)

«Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place» (Salmos 115:3). La implicación de este pasaje es que Dios tiene el derecho de hacer lo que lo haga feliz, y cuenta con el poder para llevarlo a cabo. Esto es lo que significa decir que Dios es soberano.

Pensémoslo por un momento: si Dios es soberano y puede hacer lo que le plazca, entonces ninguno de sus propósitos puede ser frustrado. «El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación» (Salmos 33:10-11).

Y si ninguno de sus propósitos puede ser frustrado, entonces él debe ser el más feliz de todos los seres vivientes.

Esta felicidad infinita y divina es la fuente de la que el cristiano (hedonista) bebe y anhela beber más y más.

¿Se imaginan cómo sería todo si el Dios que gobierna el mundo no fuera feliz? ¿Qué pasaría si Dios fuera dado a la queja, el refunfuño y la depresión, como un gigante caprichoso que habita en el cielo? ¿Qué pasaría si Dios estuviera frustrado y abatido y deprimido y taciturno y triste y desanimado?

¿Podríamos entonces decir junto a David: «Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Salmos 63:1)? Lo dudo.

Todos nos relacionaríamos con Dios como los niños pequeños que tienen un padre frustrado, abatido, taciturno y desanimado. No pueden disfrutar su compañía. Solo pueden intentar no molestarlo, o quizás tratar de hacer algo para ganar un poco de su favor. El objetivo del hedonista cristiano es ser feliz en Dios, deleitarse en él, regocijarse en él y disfrutar de su comunión y favor.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 32-33

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