SEPARADOS DEL MUNDO

SEPARADOS DEL MUNDO

10/5/2017

[Moisés tuvo] por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Hebreos 11:26

Cuanto más vivimos, tanto más acumulamos. Pero esas cosas tienden a tener menos importancia para los cristianos. Cuando llegan las pruebas a la vida y usted se esfuerza por alcanzar esas cosas terrenales, ve lo efímera que son. Las pruebas pueden separarlo a usted de las cosas terrenales cuando demuestran lo inútil que son para resolver algún problema o para dar algún alivio en tiempo de tensiones.

Moisés aprendió el valor de las pruebas aunque se había criado en la casa del Faraón como príncipe de Egipto. Como parte de la familia real, tenía la mejor educación y alcanzó la cima de la sociedad egipcia desde el punto de vista de la riqueza, la honra y la comodidad. Pero consideró los sacrificios hechos al identificarse con los propósitos de Dios “mayores riquezas… que los tesoros de los egipcios”. Quitó la mirada de todas las cosas terrenales que tenía a su disposición y comenzó a preocuparse por las pruebas de su pueblo, lo que el Señor usó para separarlo de los placeres materiales.

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Se hará justicia

OCTUBRE, 05

Se hará justicia

Devocional por John Piper

Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19)

A todos nosotros nos han tratado con injusticia alguna vez. La mayoría de nosotros, probablemente, fuimos tratados de un modo realmente injusto por alguien que jamás nos pidió disculpas ni hizo algo que fuera suficiente para enmendar la situación.

Y uno de los grandes obstáculos que se nos presentan para dejar ir el dolor y la amargura es la convicción —la convicción justificada— de que debería hacerse justicia, de que el universo mismo se desmoronaría si las personas pudieran simplemente salirse con la suya cometiendo horribles injusticias y engañando a los demás.

Ese es uno de los impedimentos para el perdón y para abandonar el rencor. No es el único —ya que también tenemos que lidiar con nuestro propio pecado— pero es un impedimento real.

Sentimos que olvidar sería como admitir que simplemente no se hará justicia. Y no podemos hacer eso.

Por eso, nos aferramos a la ira y repetimos la misma historia una y otra vez con los sentimientos: No tendría que haber sucedido, no debería haber sucedido, estuvo mal, fue injusto. ¿Cómo puede estar tan feliz mientras yo estoy tan deprimido? Eso no está bien. ¡No está nada bien!

Dios nos dio las palabras de Romanos 12:19 para quitar esta carga de nuestras espaldas.

«Nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios»: ¿qué significa eso para nosotros?

Hacer a un lado la carga de la ira, hacer a un lado la costumbre de abrigar nuestras heridas con sentimientos de rencor —hacer todo eso a un lado— no significa que no hemos sido tratados con injusticia.

No significa que no hay justicia, ni que no seremos reivindicados, ni que los que nos trataron así simplemente se saldrán con la suya. No es así.

Significa que cuando hacemos a un lado la carga de la venganza, Dios la toma sobre sí mismo.

No se trata de una manera de vengarse sutilmente. Se trata de poner la venganza en manos de aquel a quien le pertenece.

Se trata de respirar profundo, quizás por primera vez en décadas, y sentir que ahora al fin quizás seamos libres para amar.


Devocional tomado del sermón “No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios”

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«El que creyere y fuere bautizado será salvo».

5 de octubre

«El que creyere y fuere bautizado será salvo».

Marcos 16:16

El Sr. Macdonald preguntó a los habitantes de la isla de Santa Kilda cómo puede una persona llegar a ser salva. Un anciano le contestó: «Arrepintiéndose, abandonando el pecado y convirtiéndose a Dios». «Sí —dijo una mujer que había llegado a la madurez—, pero haciendo eso con corazón sincero». «Sí —añadió un tercero— pero no olvidándose de la oración». Y un cuarto expresó: «Pero esa oración debe hacerse de corazón». Luego, un quinto dijo: «Sí, pero también hemos de ser diligentes en guardar sus mandamientos». Habiendo dado cada uno su parecer y pensando que habían compuesto un credo muy razonable, esperaban la aprobación del predicador; pero, en cambio, este se mostró más bien triste. Vemos en estas contestaciones cómo la mente carnal traza para sí misma un camino en el cual el «yo» pueda actuar y llegar a ser grande, pero el camino del Señor es muy distinto. Creer y ser bautizado no son asuntos de mérito para que nos gloriemos en ellos; son más bien dos actos tan sencillos que excluyen toda jactancia y, de esa forma, la libre gracia se lleva la palma. Puede que el lector aún no sea salvo. ¿Cuál es el motivo de ello? ¿Crees que el camino de salvación como lo presenta nuestro texto resulta dudoso? ¿Cómo puede serlo, cuando Dios ha empeñado su palabra en cuanto a la certeza del mismo? ¿Piensas que ese camino es demasiado fácil? ¿Por qué entonces no lo sigues? Su facilidad deja sin excusa a quienes lo descuidan. Creer es simplemente confiar, depender, descansar en Cristo Jesús. Ser bautizado consiste en someterse al rito al que se sometió el Señor en el Jordán, por el cual pasaron también los conversos en Pentecostés, y al que el carcelero obedeció la misma noche de su conversión. El signo exterior no salva, pero simboliza nuestra muerte, sepultura y resurrección con Jesús y, como la Cena del Señor, no debe descuidarse. Lector, ¿crees en Jesús? Entonces, querido amigo, desecha tus temores: Serás salvo. ¿Eres aún incrédulo? Entonces, recuerda que solo hay una puerta, y que si no entras por ella perecerás en tus pecados.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 289). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una respuesta pública

5 Octubre 2017

Una respuesta pública
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

El Salmo 116, un lamento de dolor y sufrimiento, da un giro positivo cuando el compositor decide la forma en que va a reaccionar con respecto a la liberación del Señor. Él ha prometido compartir la historia del rescate de Dios; y ahora toma la determinación de hacer algo más con ese anuncio público.

Cumpliré mis votos

Cumpliré mis votos al Señor
delante de todo su pueblo. (v. 4)
Cumpliré mis votos al Señor
delante de todo su pueblo
en los atrios de la casa del Señor,
en medio de ti, oh Jerusalén.
¡Aleluya!
 (vv. 18-19)

Un voto es una promesa solemne que usted hace delante de Dios. Los votos que se encuentran en la Biblia son cosa seria. A propósito, también he notado que los votos bíblicos siempre son voluntarios pero una vez que han sido hechos, Dios los hace obligatorios. Puede que nosotros olvidemos nuestros votos hoy, pero Dios no lo hace.

El salmista menciona que él puede mostrar su gratitud al Señor cumpliendo sus promesas y preferiblemente ante el público. Recientemente descubrí un pasaje excelente de la Escritura que habla acerca de los votos.

No te precipites con tu boca ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Cuando hagas un voto a Dios no tardes en cumplirlo; porque él no se complace en los necios. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, a que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar ni digas delante del mensajero que fue un error. ¿Por qué habrá de airarse Dios a causa de tu voz y destruir la obra de tus manos? (Eclesiastés 5:2-6)

¿Ve lo serio que es? La Biblia dice que es mejor no hacer ningún voto antes que hacerlo y no cumplirlo. Cuando usted cumple sus votos, usted está honrando a Dios.Cuando rompe sus votos, usted está dándoles más municiones a los enemigos de Dios. El salmista tomó la determinación de mostrar su gratitud públicamente por medio del cumplimiento de sus votos.

Afirmando el alma
¿Qué promesa le ha hecho usted al Señor o a los demás? Un voto puede ser un acuerdo verbal, un contrato escrito, un compromiso implícito de terminar algo o alguna otra actividad que tenga que ver con su función. ¿Qué puede hacer usted esta semana para cumplir sus promesas?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

«Todos los pueblos de la tierra sabrán que el Señor es Dios, y que no hay otro.”

5 OCTUBRE

1 Reyes 8 | Efesios 5 | Ezequiel 38 | Salmo 89

La dedicación del templo en Jerusalén y la oración de Salomón en esa ocasión (1 Reyes 8) sobreabundan en vínculos que se extienden hacia el futuro y el pasado en la historia de la redención.

(1) La estructura del templo es una reproducción proporcional del tabernáculo. De ahí que, continúen los rituales establecidos en el pacto mosaico y el valor simbólico de todo lo que Dios ordenó a través de Moisés: el altar, la mesa para el pan de la consagración, el Lugar Santísimo, los dos querubines sobre el arca del pacto, entre otros.

(2) Lo más espectacular es que, una vez el arca del pacto fue transportada a su nueva morada y los sacerdotes se retiraron, la gloria de Dios—manifestada en el mismo tipo de nube que señalaba la presencia del Señor en el tabernáculo—llenó el templo. Dios no sólo dio su aprobación al templo, sino que un nuevo paso en el propósito progresivo de Dios se había cumplido. Si bien el templo preserva el simbolismo del tabernáculo, este edificio ya no es portátil. Se acabaron los años de deambular errantes, así como la época incierta de los jueces. Ahora, la presencia de Dios, manifestada en este edificio sólido, está vinculada a una localidad: Jerusalén. Una nueva serie de experiencias simbólicas en la historia añade nuevas dimensiones a las riquezas acumuladas que apuntan a la venida de Jesús. Aquí tenemos un reino estable y el reino de Dios; Jerusalén y la nueva Jerusalén; el templo glorioso y la ciudad que no necesita templo porque “el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo” (Apocalipsis 21:22). Aquí se produce la matanza de decenas de miles de animales y al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(3) Salomón, en su mejor momento, es perfectamente consciente de que ninguna estructura—ni siquiera esta—puede contener o domesticar a Dios. “Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!” (8:27).

(4) Pero esto no le impide pedirle a Dios que se manifieste en este lugar. Sobre todo, Salomón sabe que lo que más necesitará el pueblo es perdón. De manera que, en abarcadoras y proféticas descripciones de las experiencias que el pueblo pasará, Salomón repite variaciones del estribillo: “Oye desde el cielo, donde habitas; ¡escucha y perdona!” (8:30ss.). Esto da en el clavo: escucha desde el cielo, aunque los ojos del pueblo estén fijados en este templo, y perdona.

(5) La mirada hacia el futuro de Salomón incluye la terrible posibilidad del exilio (8:46–51), seguido por el rescate y la liberación. Más aún, a la vez que Salomón anima al pueblo a la fidelidad (8:56–61), también hace eco de un aspecto prominente del pacto abrahámico (Génesis 12:3): Israel debe ser fiel “así todos los pueblos de la tierra sabrán que el Señor es Dios, y que no hay otro.” (8:60).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 278). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Regocijaos en el Señor

Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra.

Salmo 81:1

El que hace misericordia, con alegría.

Romanos 12:8

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Filipenses 4:4

Regocijaos en el Señor

Recuerdo haber oído decir a un creyente mayor: «Un cristiano triste es un triste cristiano». Quería decir que la tristeza no es el estado normal de un hijo de Dios y puede ser un mal testimonio para los que lo rodean.

Como cristiano tengo razones fundamentales para ser feliz: sé que mis pecados fueron borrados para siempre, que Dios me adoptó como hijo suyo y que mi futuro eterno está asegurado en la gloria del cielo. Esto debería producir ciertos efectos en mi vida. ¡La gente debería oírme cantar de gozo y verme servir gozoso a mi Dios y a mi prójimo!

El apóstol Pablo es un ejemplo a seguir. Su vida, lejos de ser fácil, estuvo llena de pruebas y motivos de preocupaciones sin comparación con mi propia vida (lea 2 Corintios 11:23-28). Pero su gozo interior no fue alterado, y era sincero cuando decía que estaba entristecido pero siempre gozoso (2 Corintios 6:10).

Si mi gozo fluctúa según las circunstancias por las que paso, quizá sea porque no pienso lo suficiente en el amor de Jesús por mí. Ayer dejó el cielo para venir a salvarme y dio su vida para borrar mis pecados. Hoy se ocupa de mí al igual que un pastor cuida de sus ovejas, y me prepara un lugar en la casa de su Padre. Mañana él mismo vendrá a buscarme para llevarme con él. ¿Qué más necesito para vivir feliz?

“No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10).

Esdras 1 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué hay en su corazón?

4 de octubre

¿Qué hay en su corazón?

Dios lo dejó [al rey Ezequías], para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

2 Crónicas 32:31

Dios no necesitaba probar a Ezequías para saber lo que había en su corazón. Dios ya lo sabía por su omnisciencia. Pero Él nos prueba para que podamos averiguarlo. Nos ayuda a hacer un recuento espiritual acerca de nosotros mismos al traer pruebas a nuestra vida a fin de demostrar la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si en la actualidad está pasando por una prueba y se enoja con Dios preguntándose por qué le sucede eso, esa es una buena señal de que tiene una fe débil. Si, por otra parte, está descansando y regocijándose en el Señor, habiendo puesto la prueba en sus manos, entonces tiene una fe fuerte.

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«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo».

4 de octubre

«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo».

1 Juan 2:1

«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos». Sí, aunque pequemos, aún lo tenemos a él. Juan no dice: «Si alguno hubiere pecado ha perdido el derecho de tener abogado»; sino «abogado tenemos», aunque seamos pecadores. Todos los pecados que haya cometido nunca el creyente o que pueda llegar a cometer, no son capaces de destruir el vínculo que lo une al Señor Jesucristo su Abogado. El nombre que se le da aquí a nuestro Señor es sugestivo: «Jesús». ¡Ah, entonces se trata de un abogado de la categoría que nosotros necesitamos!, pues Jesús es el nombre de Uno cuyo cometido y deleite está en salvar. El ángel dijo: «Llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Su dulce nombre denota el éxito que él había de conseguir. Luego tenemos «Jesucristo», del griego khristos, ungido. Esto indica su autoridad para interceder; pues él es el abogado designado y el sacerdote elegido por Dios. Si hubiera sido elegido por nosotros podría fracasar, pero si es Dios quien nos ofrece ayuda en la poderosa persona de Cristo, entonces llevemos a él nuestras cuitas sin vacilar. Él es el Cristo y, por eso mismo, está cualificado para llevar a cabo su obra: pues la unción lo ha preparado perfectamente. Él puede rogar de tal manera que conmueva el corazón de Dios y prevalezca. ¡Qué palabras de ternura, qué frases tan persuasivas emplea el Ungido cuando se presenta para interceder por mí! Hay otra palabra asociada con su nombre que debemos considerar: «Jesucristo, el justo». Esto no es solo una descripción de su carácter, sino su alegato. Si mi abogado es el Justo, entonces mi causa es buena; de lo contrario, él no la hubiera defendido. Su alegato también es justo; pues él rebate la acusación que se me hace de injusticia alegando que él es justo. Él declara ser mi Sustituto y pone a mi cuenta su obediencia. Alma mía, tienes un amigo que reúne todas las condiciones para ser tu Abogado. Él, sin duda, tendrá éxito como tal; ponte por completo en sus manos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 288). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Gozo sin restricciones

OCTUBRE, 04

Gozo sin restricciones

Devocional por John Piper

Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté con ellos y yo en ellos. (Juan 17:26)

Imaginen que son capaces de disfrutar de lo más placentero, con energía y pasión, sin restricciones y para siempre. Esa no es nuestra experiencia hoy día. Hay tres obstáculos que se interponen entre nosotros y nuestra satisfacción completa en este mundo.

El primero es que no hay nada que tenga un valor intrínseco tan grande que pueda cumplir los anhelos más profundos de nuestro corazón.

El segundo es que carecemos de las fuerzas para gozar de los mejores tesoros a su máxima expresión.

El tercer obstáculo para nuestra satisfacción completa es que nuestros deleites aquí tienen un final. Nada permanece. Pero si las palabras de Jesús en Juan 17:26 se vuelven realidad, entonces todo esto cambiará.

Si el deleite de Dios en el Hijo se vuelve nuestro deleite, entonces el objeto de nuestro deleite, Jesús, será de un valor intrínseco inagotable para nosotros. Jamás se tornará aburrido, ni decepcionante, ni frustrante.

No es posible concebir un tesoro más grande que el mismo Hijo de Dios.

Más aún, nuestra capacidad de gustar de tal tesoro inagotable no se verá limitada por nuestras debilidades humanas. Nos regocijaremos en el Hijo de Dios por medio del deleite mismo de su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro deleite. Y nunca llegará a su fin, porque ni el Padre ni el Hijo tienen fin.

El amor del uno por el otro se convertirá en nuestro amor por ellos y, por lo tanto, nuestro amor por ellos jamás se acabará.


Devocional tomado del libro “Los deleites de Dios”, páginas 27

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Una canción de liberación

4 Octubre 2017

Una canción de liberación
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

El lamento de salmista en el Salmo 116 continúa mostrando razones por las cuales podemos amar al Señor, a pesar de que estemos enfrentando dolor y sufrimiento.

Porque me cuida

Vuelve, oh alma mía, a tu reposo
porque el Señor te ha favorecido
 (v. 7).

La palabra, «favorecido» viene del hebreo «gamal» que significa hacer algo completamente o totalmente para alguien o para algo. Con frecuencia, sugiere la idea de una recompensa. En lenguaje actual podríamos parafrasear el versículo de esta manera: «ya que el Señor me cuida tanto, le amaré como recompensa. En otras palabras, Dios no es tacaño cuando nos provee, cuando nos cuida, cuando nos rodea con su cuidado vigilante. Cuando el salmista se da cuenta que Dios le ha sostenido en su dolor, esa pregunta: «¿Qué le daré al Señor?

Podríamos pensar en otras preguntas: ¿cómo puedo devolverle mi agradecimiento? ¿Cuál podría ser una prueba suficiente de mi gratitud? Dios ha hecho tanto, tanto, tanto. ¿De qué manera puedo ofrecerle adecuadamente mi apreciación por él? ¿Cómo le podría pagar? El compositor ofrece tres respuestas: (1) proclamar sus beneficios, (2) cumplir mis votos, (3) alabar su nombre. Consideremos cada una de ellas.

Proclamaré sus beneficios

Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor
 (v. 13).

¿Qué significa «Alzaré la copa de la salvación»? En el Antiguo Testamento la palabra «copa» con frecuencia se utilizaba para denotar la abundancia. Quizá recuerde que en el Salmo 23:5 David dice, «mi copa está rebosando». La otra palabra, «salvación», aparece actualmente en la Biblia hebrea en su forma plural, o sea, «salvaciones». La mejor forma en que podemos traducir esa palabra para que la entendamos mejor es usando la palabra, «liberación». El salmista expresa su alabanza a Dios por la gran abundancia de liberaciones. El versículo diría literalmente: «En el nombre del Señor, proclamaré». Transmite la idea de exclamar abiertamente que Dios es su libertador.

Este asunto de hacer una proclamación pública en honor al Señor es importante. Es algo bueno, saludable y bíblico. Dios inunda nuestras vidas con abundancia de liberaciones, no obstante, son muy pocos los cristianos que comparten su experiencia públicamente. Muy pocos cristianos, «proclaman sus beneficios». No escondamos sus alabanzas. Comparta a su Salvador. No tenga timidez o vergüenza. Si usted quiere darle algo de valor al Señor, proclame sus beneficios. Creo que le sorprenderá ver cómo eso le ayuda a vivir más allá del afán del dolor y el sufrimiento.

Afirmando el alma
Medite en los momentos cuando el Señor le ha liberado del peligro o la dificultad. Escriba algunos de ellos en formato de historia. Piense en ellos como si se los estuviese contando alguien durante la cena. Luego, pídale al Señor que le den la oportunidad de contarles a otros la bondad de Dios con usted. Esté preparado para hacerlo. Dios le va a proveer más de una ocasión.

 

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.