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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

«El que creyere y fuere bautizado será salvo».

5 de octubre

«El que creyere y fuere bautizado será salvo».

Marcos 16:16

El Sr. Macdonald preguntó a los habitantes de la isla de Santa Kilda cómo puede una persona llegar a ser salva. Un anciano le contestó: «Arrepintiéndose, abandonando el pecado y convirtiéndose a Dios». «Sí —dijo una mujer que había llegado a la madurez—, pero haciendo eso con corazón sincero». «Sí —añadió un tercero— pero no olvidándose de la oración». Y un cuarto expresó: «Pero esa oración debe hacerse de corazón». Luego, un quinto dijo: «Sí, pero también hemos de ser diligentes en guardar sus mandamientos». Habiendo dado cada uno su parecer y pensando que habían compuesto un credo muy razonable, esperaban la aprobación del predicador; pero, en cambio, este se mostró más bien triste. Vemos en estas contestaciones cómo la mente carnal traza para sí misma un camino en el cual el «yo» pueda actuar y llegar a ser grande, pero el camino del Señor es muy distinto. Creer y ser bautizado no son asuntos de mérito para que nos gloriemos en ellos; son más bien dos actos tan sencillos que excluyen toda jactancia y, de esa forma, la libre gracia se lleva la palma. Puede que el lector aún no sea salvo. ¿Cuál es el motivo de ello? ¿Crees que el camino de salvación como lo presenta nuestro texto resulta dudoso? ¿Cómo puede serlo, cuando Dios ha empeñado su palabra en cuanto a la certeza del mismo? ¿Piensas que ese camino es demasiado fácil? ¿Por qué entonces no lo sigues? Su facilidad deja sin excusa a quienes lo descuidan. Creer es simplemente confiar, depender, descansar en Cristo Jesús. Ser bautizado consiste en someterse al rito al que se sometió el Señor en el Jordán, por el cual pasaron también los conversos en Pentecostés, y al que el carcelero obedeció la misma noche de su conversión. El signo exterior no salva, pero simboliza nuestra muerte, sepultura y resurrección con Jesús y, como la Cena del Señor, no debe descuidarse. Lector, ¿crees en Jesús? Entonces, querido amigo, desecha tus temores: Serás salvo. ¿Eres aún incrédulo? Entonces, recuerda que solo hay una puerta, y que si no entras por ella perecerás en tus pecados.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 289). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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