«Ahora bien, ¿en quién confías?».

7 de octubre

«Ahora bien, ¿en quién confías?».

Isaías 36:5

Lector, esta es una pregunta importante. Escucha la respuesta del cristiano y mira si es también la tuya. «¿En quién confías?». «Yo confío —dice el cristiano— en un Dios trino. Confío en el Padre, creyendo que él me ha elegido desde antes de la fundación del mundo. Y confío en él para que, en su providencia, me proporcione lo necesario, me enseñe, me guíe, me corrija si fuera necesario, y para que me lleve a su casa donde hay muchas moradas. Confío en el Hijo, Jesucristo, hombre que es Dios verdadero de Dios verdadero: confío en él para que quite todos mis pecados por su sacrificio, y para que me adorne de su perfecta justicia. Confío en él para que sea mi intercesor y presente delante del trono de su Padre mis oraciones y deseos. Confío en él para que sea mi Abogado en el último gran día, para que defienda mi causa y me justifique. Confío en él por lo que ha hecho y por lo que ha prometido hacer. Y confío en el Espíritu Santo, que ha empezado a librarme de mi pecado innato. Confío en él para que quite todas mis transgresiones, domine mi temperamento, someta mi voluntad, ilumine mi entendimiento, reprima mis pasiones, me conforte en los desalientos, me ayude en mis debilidades, y para que alumbre mis tinieblas. Confío en él para que habite en mi interior, como mi vida misma; para que reine en mí como mi Rey; para que me santifique completamente: espíritu, alma y cuerpo; y para que, después, me lleve a morar por siempre con los santos en luz.

¡Oh bendita confianza! Confiar en Aquel cuyo poder jamás quedará exhausto, cuyo amor jamás menguará, cuya bondad no cambiará nunca, cuya fidelidad nunca fallará, cuya sabiduría jamás será confundida y cuyo favor nunca disminuirá. ¡Feliz tú, querido lector, si es esta tu confianza! Confiando así, gozarás de una dulce paz ahora y después de la gloria, y el fundamento de tu confianza jamás será removido.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 291). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Se necesita más

7 Octubre 2017

Se necesita más
por Charles R. Swindoll

Salmos 119

Entusiasmo, una palabra interesante. Se deriva de dos términos griegos, «en» que significa dentro o en y «theos» que significa Dios. La unión de ambos términos conlleva la idea de estar inspirado. En el sentido original de la palabra, una persona estaba tan sobrecogida con la presencia de Dios, que apenas podía contener su emoción. Eso tiene sentido. La verdad de Dios cuando se aplica a nuestras circunstancias causa una explosión de entusiasmo como ninguna otra cosa.

Una nueva casa, un bote, un auto o ropa fina son cosas que nos dan una «emoción» temporal y digo temporal porque se acaba cuando nos llegan los recibos de pago. Un nuevo empleo siempre es emocionante pero con el tiempo pierde su chispa. Un nuevo cónyuge nos hace sentir «en las nubes» hasta que el trajín diario comienza a erosionar los recuerdos divertidos de la luna de miel. Con el tiempo, todas esas cosas nos hacen sentir culpables, decepcionados o desilusionados y en algunos casos hasta aburridos. Necesitamos algo más que lo que el mundo puede proveernos, algo que tenga sustancia. Necesitamos a «Dios dentro».

El Salmo 119 es la canción más larga del antiguo himnario. Es una canción que está llena de afirmaciones de entusiasmo «Dios dentro». Una y otra vez, el salmo afirma el valor de tener la Palabra de Dios en nuestras vidas. Ese tema resuena con fuerza al ritmo de la música. Estrofa tras estrofa anuncia el gozo, la nueva motivación, los beneficios únicos del libro de Dios en nuestra vida. Hablemos de toda la canción antes de concentrar nuestra atención en unas pocas estrofas.

El pasaje y su patrón

Esta es la canción más larga. No solo eso, también es el capítulo más largo de toda la Biblia compuesto por ciento setenta y seis versículos.

No hay otro capítulo en la Biblia que se le asemeje en tamaño.

La canción tiene una característica poco común que solo puede apreciarse en el idioma hebreo. La mayoría de las biblias siguen la estructura original de la canción dividiéndola en veintidós secciones de ocho versículos cada una. Cada sección tiene un título tal como «Alef», «Bet», «Gimel», etc. Estas palabras en realidad no son palabras sino más bien las letras que conforman alfabeto hebreo. El alfabeto hebreo contiene veintidós letras y eso explica por que la composición de la canción se divide en veintidós secciones. Dentro de cada sección de este himno antiguo, cada verso comienza con la misma letra hebrea. En otras palabras, todos los ocho versículos de la sección de «Alef» comienzan con la letra «Alef». Esa estructura poética llamada acróstico hace que la canción sea más fácil memorizar.

El tema de todo el salmo es la Palabra de Dios. Son pocos los versículos en este salmo que no hablan de las Escrituras. El compositor emplea varios sinónimos para referirse a la Escritura a través de toda la canción. Algunos de ellos son:

Palabra
Ley
Caminos
Senderos
Preceptos
Testimonios
Juicios
Estatutos
Mandatos
Ordenanzas

El propósito del salmo es alabar a Dios por su palabra y luego demostrar cómo debemos comportarnos en relación a la Escritura. Una versión antigua alemana de la Biblia coloca la siguiente descripción en el encabezado del Salmo 119: «Este es el abecedario dorado de la alabanza, el amor, el poder y el uso de la Palabra de Dios».

Afirmando el alma
Intentar lograr un objetivo sin tener entusiasmo es como intentar correr una carrera con pesas atadas a la cintura. ¿Qué asuntos o dificultades está usted arrastrando? Para ayudarle a identificar lo que está acabando con su entusiasmo, piense en una actividad o responsabilidad y después llene los espacios en blanco. Eso le puede mostrar esas situaciones que le están drenando el entusiasmo.

Yo disfrutaría si ______________no______________ pesara tanto en mi mente.

Por ejemplo: «Yo disfrutaría criar a mis hijos si el temor al fracaso no pesara tanto en mi mente». Identifique tantos asuntos como pueda.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

No te apresures a suponer

7 OCTUBRE

1 Reyes 10 | Filipenses 1 | Ezequiel 40 | Salmo 91

La visita de la reina de Sabá (1 Reyes 10) se ha adornado a menudo en libros y películas hasta convertirse en una historia de amor en la realeza. En el texto bíblico no se aprecia ni una pizca de romance ni de escándalo sexual. La función de la reina de Sabá es demostrar, mediante un ejemplo concreto, que la reputación de Salomón se había extendido a lo largo y lo ancho, y que esa reputación estaba fundamentada en la realidad. Veamos algunas observaciones sobre este encuentro:

Primero, a un nivel un tanto superficial, este relato ofrece la oportunidad de decir algo acerca de la naturaleza de la verdad en el Antiguo Testamento. Algunos han argumentado que ‘emet, la palabra hebrea que se traduce como “verdad”, en realidad significa “fidelidad” o “fiabilidad”, y que se refiere a relaciones y no a aseveraciones. De hecho, algunos afirman que los escritores del Antiguo Testamento sencillamente no tenían una categoría para afirmaciones certeras. Como la mayoría de los errores, este tiene un atisbo de verdad (si se puede usar esta palabra). Ciertamente, ‘emet tiene un abanico más amplio de significados que la palabra verdad y se puede referir a la fidelidad. Pero las palabras también pueden reflejar fidelidad. La reina de Sabá le dice a Salomón que el informe que ella escuchó en su propio país sobre sus logros y sabiduría era ‘emet: verdadero (10:6); más literalmente, dado que el informe fue fiel, es decir, sus aseveraciones eran conformes a la realidad, el informe era la verdad. Basta ya de análisis reduccionista de lo que los hebreos antiguos podían o no saber.

Segundo, gran parte del capítulo presenta descripciones sucintas de la riqueza de Salomón, de su fuerza militar, sus lucrativas expediciones comerciales marítimas, sus instrumentos musicales y mucho más. No obstante, se separa un espacio para varios temas explícitamente teológicos. Alguien de la realeza visitó a Salomón para escuchar su sabiduría, la cual Dios mismo había puesto en su corazón (10:24). En efecto, Salomón gozaba de una extraordinaria reputación por mantener el derecho y la justicia en su reino, de tal manera que la reina de Sabá entendió que sus logros en este sentido demostraban “el eterno amor del Señor por Israel” (10:9).

Tercero, no obstante, todo esto sirve como preámbulo del próximo capítulo. A pesar de la bendición, sabiduría, poder, riqueza, prestigio y honor que Salomón disfrutó y recibió de la mano de Dios, la triste realidad es que su propia conducta preparó el camino para el juicio y la destrucción de la dinastía davídica. Estos desarrollos enrevesados nos esperan en la meditación de mañana. Aquí, nos basta con reflexionar sobre el hecho de que las bendiciones extraordinarias no son necesariamente evidencia de fidelidad. Dado que Dios es tan lento para la ira (¡algo ciertamente bueno!), el juicio que nuestra corrupción merece se suele retrasar bastante. No te apresures a suponer que las bendiciones presentes son señales de fidelidad: el terrible fruto de la infidelidad puede tardar mucho en llegar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 280). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El acceso a la verdad

Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 1:17

(Jesús dijo a su Padre:) Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

Juan 17:17

El acceso a la verdad

En junio de 2011, el tema del examen de filosofía de las pruebas de acceso a una universidad era: «El arte, ¿es un medio para acceder a la verdad?». Para responder esta pregunta, habría que empezar examinando la que en otro tiempo hizo Pilato, el gobernador romano encargado del proceso contra Jesús: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). Con dos mil años de intervalo entre la una y la otra, esas dos preguntas siguen sin respuesta para muchos. La conclusión dada por un alumno en su examen no da una respuesta más concreta: «Al final, lo que nos revela el arte, ¿no es que no hay una única verdad y lo que decimos ser verdad quizá no lo sea?».

Sin embargo Dios, a quien la Biblia designa como “el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20), puso la verdad a nuestro alcance. Jesucristo vino a la tierra para decirnos: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Era la revelación exacta de Dios Padre. También nos dijo la verdad con respecto a nuestro estado moral. “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9:13).

Pero Jesús también dijo: “El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados” (Mateo 9:6). ¡Pecamos todos los días! ¡Todos necesitamos ser salvos del juicio y de la muerte! Acceder a la verdad es primeramente estar de acuerdo con Dios para así recibir su perdón y su gracia. Entonces nos permite descubrir la realidad eterna de sus planes de amor para los hombres, consignados en la Biblia.

Esdras 3 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27Editorial

La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

LA PRUEBA DEL AGUA

LA PRUEBA DEL AGUA

10/6/2017

También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.

Romanos 5:3-4

Los joyeros usan “la prueba del agua” como una de las maneras más seguras de identificar un verdadero diamante. Una piedra de imitación nunca es tan brillante como una piedra genuina, pero a veces no puede determinarse la diferencia a simple vista. Los joyeros saben que un diamante genuino puesto en el agua centellea refulgente, mientras que el brillo de la imitación es prácticamente opaco. Esa prueba hace relativamente fácil seleccionar el verdadero ­diamante.

A modo de analogía, encuentro que la fe de muchas personas bajo las aguas de la tristeza o la aflicción no es más que una imitación. Sin embargo, cuando un verdadero hijo de Dios está hundido en una prueba, brillará más refulgente que nunca.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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La Gloria de Dios

OCTUBRE, 06

La Gloria de Dios

Devocional por John Piper

La sana doctrina [es] según el glorioso evangelio del Dios [feliz]. (1 Timoteo 1:10-11)

Gran parte de la gloria de Dios es su felicidad.

Para el apóstol Pablo, era inconcebible que Dios pudiera estar privado del gozo infinito y aun así ser sumamente glorioso. Para ser infinitamente glorioso se debe ser infinitamente feliz. Por eso habló en términos del glorioso evangelio del Dios feliz: porque para Dios es glorioso ser tan feliz como él es.

En gran parte, la gloria de Dios consiste en el hecho de que él es más feliz de lo que jamás podríamos imaginar.

Este es el evangelio: «El evangelio de la gloria del Dios feliz». La gloriosa felicidad de Dios es una buena noticia.

Nadie querría pasar la eternidad con un Dios infeliz. Si Dios no fuera feliz, entonces la meta del evangelio no sería una meta feliz, y eso significaría que ese no es el evangelio en absoluto.

Sin embargo, Jesús en efecto nos invita a pasar la eternidad con un Dios feliz, al decir: «entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:23). Jesús vivió y murió para que este gozo —el gozo de Dios— estuviera en nosotros y para que nuestro gozo fuera completo (Juan 15:11; 17:13). Por lo tanto, el evangelio es «el evangelio de la gloria del Dios feliz».

La felicidad de Dios consiste, en primer lugar y por sobre todo, en la alegría que tiene en su Hijo. Por eso es que cuando tenemos parte en la felicidad de Dios, tenemos el mismo deleite que el Padre tiene en el Hijo.

Es por esta razón que Jesús nos dio a conocer al Padre. Al final de la gran oración de Juan 17, Jesús dijo a su Padre: «Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos» (Juan 17:26). Jesús dio a conocer a Dios para que el deleite de Dios en su Hijo estuviera en nosotros y se vuelva en nuestro deleite.


Devocional tomado del libro “Los Deleites de Dios” , páginas 26-27

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Él había tomado mujer cusita».

6 de octubre

«Él había tomado mujer cusita».

Números 12:1

Resulta extraña esta elección de Moisés, ¡pero cuánto más extraña es la elección de Aquel que es un profeta como Moisés y aun mayor que él! Nuestro Señor, hermoso como el lirio del campo, se ha unido en matrimonio con una que declara ser negra porque el sol la ha quemado (cf. Cnt. 1:6, LBLA, margen). El que Jesús ame a seres pobres, perdidos y pecadores admira a los ángeles. Cada creyente, cuando se familiariza con el amor de Jesús, debe sentirse profundamente admirado de que ese amor se prodigue a sujetos que son tan enteramente indignos del mismo. Conociendo, como conocemos, nuestra vergonzosa maldad, infidelidad y negrura de corazón, nos deshacemos en una admiración agradecida por la incomparable liberalidad y soberanía de la gracia. Jesús debe de haber hallado el motivo de su amor en su propio corazón: no podría haberlo hallado en nosotros, pues no se encuentra ahí. Aun después de nuestra conversión hemos seguido siendo «negros», aunque la gracia nos haya hecho aceptables. El santo Rutherford dijo de sí mismo algo que cada uno de nosotros debiera rubricar: «La relación entre Cristo y yo consiste en que yo estoy enfermo y él es el Médico de quien tengo necesidad. ¡Ay, cuántas veces ando jugando con Cristo! Él ata y yo suelto; él edifica y yo derribo; yo alterco con él y él se aviene conmigo veinte veces al día». ¡Tiernísimo y fiel Esposo de nuestras almas, prosigue la bondadosa obra de conformarnos a tu imagen, hasta que nosotros, pobres etíopes, seamos presentados a ti, sin mancha ni arruga ni cosa semejante! Moisés encontró oposición por causa de su matrimonio, y tanto él como su esposa fueron objeto de torvas miradas. ¿Vamos a admirarnos, pues, de que este mundo vano se oponga a Jesús y a su Esposa, especialmente cuando se convierten los grandes pecadores? Porque la base de la objeción del fariseo es siempre la misma: «Éste a los pecadores recibe». La antigua causa de la querella aún se renueva: «Porque él había tomado mujer etíope».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 290). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

De las profundidades a las alturas

6 Octubre 2017

De las profundidades a las alturas
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

En unos pocos versículos, el compositor del Salmo 116 ha salido de las profundidades del dolor y el sufrimiento y ha escalado a las alturas de la alabanza a Dios. Esta jornada seguramente duró muchos meses aun cuando la canción no lo expresa. La canción sólo relata la odisea.

Aunque en su alabanza Dios marca el pináculo de la cima, también parece ser el mismo que le ayudó a llegar a ella. Él no esperó hasta sentirse bien para poder alabar a Dios.

Alabaré su nombre

Estimada es en los ojos del Señor
la muerte de sus fieles.
Escúchame, oh Señor, porque yo soy tu siervo;
soy tu siervo, hijo de tu sierva.
Tú rompiste mis cadenas.
Te ofreceré sacrificio de acción de gracias
e invocaré el nombre del Señor 
(v. 15-17).

Finalmente, el salmista declara su agradecimiento y alabanza al nombre de Dios como apreciación por toda su bondad. Es extraño, sin embargo, que el compositor mencione, «la muerte de sus fieles» como parte de su alabanza. ¿Por qué lo hace? Creo que la respuesta está vinculada con la experiencia trágica que se menciona en los versículos 3, 4, 6 y 8. De hecho, yo creo que el salmista fue liberado de la muerte, como si él fuera el único sobreviviente de alguna tragedia.

En el verso 16, él se menciona asimismo como el» hijo de tu sierva». Y luego el mismo versículo utiliza la frase «rompiste mis cadenas». En otras palabras, él había sido liberado de la muerte. Quisiera sugerirle que la calamidad y el dolor que se mencionó anteriormente en el capítulo tiene que ver con alguna tragedia que se llevó la vida de sus familiares, entre ellos probablemente su madre y que fue lo que causó sus lágrimas y su dolor (v. 8), el sufrimiento y la desilusión (vv. 10-11). No obstante en esas circunstancias, él alabó a Dios.

El salmista dice que la muerte de estas personas queridas era, «estimada» ante Dios.

No creo que eso signifique que Dios se deleitaba en el hecho de que ellos hayan muerto sino más bien que consideraba que sus muertes eran algo honorable. Además, no murieron anónimamente. Dios sabía lo que sucedería y le dio valor a esa situación.

Nadie del pueblo de Dios pasa de este mundo al siguiente sin que Dios lo sepa. Cuando mueren, él está presente en el momento de la muerte. Otros pasajes de la Biblia nos dicen que la bondad de Dios se convierte en su posesión cuando entran a su presencia para estar con Él para siempre. Aunque el compositor está de luto por la muerte de sus amados, y lamenta cuanto les extraña, sabe que ya no tendrán que sufrir más el afán del dolor y el sufrimiento. Nunca más volverán a derramar una lágrima de tristeza.

El salmista alabó a Dios en medio de su propio dolor porque sabía que Dios iba a levantar un mañana maravilloso de las cenizas del hoy. Así debe ser. Nuestra alabanza y nuestro agradecimiento deben expresarse en todo momento, sin importar la circunstancia. Cuando aprendemos a darle gracias a Dios por todo, descubrimos las lecciones más básicas de Dios para nuestras vidas, aun en los momentos de dificultad, aun en los  momentos de dolor y sufrimiento.

Afirmando el alma
No espere que mejoren las circunstancias antes que usted comience a alabar a Dios. Recuerde cómo Dios lo liberó anteriormente y aférrese a la promesa de la liberación futura.  Haga que la alabanza a Dios se convierta en una decisión consciente y busque la forma de unirse a otros en adoración. ¿Cuándo será la próxima oportunidad?

Nadie del pueblo de Dios pasa de este mundo al siguiente sin que Dios lo sepa.—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¡Orad también por mí!

6 OCTUBRE

Por Amor a Dios

1 Reyes 9 | Efesios 6 | Ezequiel 39 | Salmo 90

Justo antes de la despedida de Pablo en su carta a los efesios, invita a sus lectores a orar por él (Efesios 6:19–20): “Orad también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas. Orad para que lo proclame valerosamente, como debo hacerlo”.

(1) En otros lugares, cuando Pablo presenta modelos de oración a sus conversos (Efesios 3:14–21 y Filipenses 1:9–11, por ejemplo), el tema de la misión no aparece tan contundentemente como aquí. Es cierto que, en otras ocasiones, Pablo pide oración (1 Tesalonicenses 5:25), pero aquí especifica lo que él quiere que ellos pidan (comparad con Colosenses 4:4 y 2 Tesalonicenses 3:1). Quiere poder hablar sin temor sobre el “misterio” del evangelio.

(2) Ciertamente, es alentador pensar que Pablo sintió la necesidad de este tipo de oración. A veces, ponemos al apóstol en un pedestal tan alto, que olvidamos que era un mortal ordinario que se enfrentaba a las mismas tentaciones que nos atacan a nosotros. Era muy consciente de lo fácil que es distorsionar el evangelio, recortarlo un poco o esquivar las partes que creemos incomodarán u ofenderán a nuestros oyentes. De manera que sabía que para predicar el evangelio con fidelidad, tendría que hacerlo con valor. Esto no refleja un estilo agresivo. Más bien, significa que Pablo quería hablar sin temor de lo que sus oyentes pensaran o dijeran de él, o de lo que pudieran hacerle, para no distorsionar el evangelio que vino a anunciar.

No requiere mucha imaginación para detectar las maneras como los predicadores del mundo occidental hoy día necesitan desesperadamente esta oración. Supón que le estás predicando a un grupo de estudiantes en una universidad pagana, o a jóvenes empresarios brillantes de una ciudad como Nueva York. Al realizar una exposición sobre Romanos, ¿cómo vas a manejar el tema de la homosexualidad en el capítulo 1 y la elección en el capítulo 9? ¿Cómo hablarás del infierno en los múltiples pasajes en los que Jesús mismo presenta las imágenes más horrendas? ¿Cómo podrías verte tentado a acobardarte al explicar la absoluta exclusividad del evangelio o al hablarles a los ricos sobre el dinero?

(3) No debemos obviar el hecho de que Pablo está dispuesto a pedir oración. Algunos líderes piensan que jamás deben admitir debilidad, temor o necesidad. Actúan como si vivieran por encima de toda lucha. Pablo no es así. Su petición de oración no es pro forma: pide oración para predicar el evangelio sin temor porque lleva tanto tiempo predicando y se conoce a sí mismo tan bien, que reconoce el poder y el peligro de predicar sólo por el aplauso del público. Al pedir oración, confiesa sus temores y asegura el remedio divino.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 279). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El lenguaje de las golondrinas

viernes 6 octubre

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro… He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra… Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

Apocalipsis 22:7, 12, 20

El lenguaje de las golondrinas

Una mañana del mes de octubre, cuando salían los primeros rayos del sol, cientos de golondrinas se reunieron para su larga migración al sur. Iban y venían piando enérgicamente. ¡Era un día de fiesta para ellas! ¿Quién había dado la señal de salida? ¿Y de qué llamado misterioso se trataba, pues solo ellas lo habían oído? Los demás pájaros continuaban sus idas y venidas habituales, pero las golondrinas habían oído la invitación al viaje hacia otros cielos.

Un día, quizá muy cercano, sonará otro llamado. Es el de Jesucristo, quien vendrá a buscar a todos los que hayan creído en él. Solo estos conocen su voz, depositaron su confianza en él. Jesús también los conoce. Incluso puede llamar a cada uno por su nombre. Los creyentes que hayan muerto también oirán su llamado y resucitarán. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, todos se reunirán alrededor de él en las nubes para ser recibidos en la presencia de Dios. El mundo constatará su ausencia. Podrá razonar, averiguar las causas y perderse en hipótesis. ¡Pero ya no podrá creer! ¡El tiempo de la gracia habrá pasado!

La primera venida de Jesús a la tierra fue anunciada con gran antelación por los profetas. Muchos fieles la esperaron y no la vieron, pero un día en la ciudad de Belén se pudo ver a un niño, Jesús, acostado en un pesebre.

De la misma manera, su segunda venida está claramente anunciada en la Biblia. Llegará el día en que se cumplirá igual que la primera. Jesús nos dice: “Ciertamente vengo en breve”.

Esdras 2 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch