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«Él había tomado mujer cusita».

6 de octubre

«Él había tomado mujer cusita».

Números 12:1

Resulta extraña esta elección de Moisés, ¡pero cuánto más extraña es la elección de Aquel que es un profeta como Moisés y aun mayor que él! Nuestro Señor, hermoso como el lirio del campo, se ha unido en matrimonio con una que declara ser negra porque el sol la ha quemado (cf. Cnt. 1:6, LBLA, margen). El que Jesús ame a seres pobres, perdidos y pecadores admira a los ángeles. Cada creyente, cuando se familiariza con el amor de Jesús, debe sentirse profundamente admirado de que ese amor se prodigue a sujetos que son tan enteramente indignos del mismo. Conociendo, como conocemos, nuestra vergonzosa maldad, infidelidad y negrura de corazón, nos deshacemos en una admiración agradecida por la incomparable liberalidad y soberanía de la gracia. Jesús debe de haber hallado el motivo de su amor en su propio corazón: no podría haberlo hallado en nosotros, pues no se encuentra ahí. Aun después de nuestra conversión hemos seguido siendo «negros», aunque la gracia nos haya hecho aceptables. El santo Rutherford dijo de sí mismo algo que cada uno de nosotros debiera rubricar: «La relación entre Cristo y yo consiste en que yo estoy enfermo y él es el Médico de quien tengo necesidad. ¡Ay, cuántas veces ando jugando con Cristo! Él ata y yo suelto; él edifica y yo derribo; yo alterco con él y él se aviene conmigo veinte veces al día». ¡Tiernísimo y fiel Esposo de nuestras almas, prosigue la bondadosa obra de conformarnos a tu imagen, hasta que nosotros, pobres etíopes, seamos presentados a ti, sin mancha ni arruga ni cosa semejante! Moisés encontró oposición por causa de su matrimonio, y tanto él como su esposa fueron objeto de torvas miradas. ¿Vamos a admirarnos, pues, de que este mundo vano se oponga a Jesús y a su Esposa, especialmente cuando se convierten los grandes pecadores? Porque la base de la objeción del fariseo es siempre la misma: «Éste a los pecadores recibe». La antigua causa de la querella aún se renueva: «Porque él había tomado mujer etíope».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 290). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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