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«Él mismo padeció siendo tentado».

3 de octubre

«Él mismo padeció siendo tentado».

Hebreos 2:18

«Jesús fue tentado como yo» es un pensamiento muy común; pero, sin embargo, al corazón fatigado le sabe a néctar. Tú has oído esta verdad muchas veces, ¿pero la has comprendido? Jesús fue tentado por los mismos pecados que a nosotros nos hacen caer. No separemos a Jesús de nuestra naturaleza humana común. Tú estás atravesando ahora un cuarto oscuro, pero Jesús pasó por él antes que tú. Tú estás empeñado en una dura batalla, pero Jesús tuvo que hacer frente a ese mismo enemigo. Tengamos buen ánimo: Cristo llevó la carga antes que nosotros, y las pisadas del Rey de gloria, manchadas de sangre, pueden verse a lo largo del camino que nosotros estamos transitando en este momento. Hay algo más agradable aún que eso: Jesús fue tentado, pero nunca pecó. Por consiguiente, alma mía, no es preciso que peques tú tampoco; porque Jesús fue hombre, y si un hombre sufrió esas tentaciones sin pecar, entonces, asistidos por su poder, los miembros de su Cuerpo también pueden dejar de caer. Algunos que se inician en la vida divina piensan que no les es posible ser tentados sin pecar, pero se equivocan. El experimentar tentaciones no es pecado, pero sí el ceder a la tentación. Aquí hay aliento para aquellos que se sienten terriblemente tentados: tienen aún más razón para cobrar ánimo si consideran que el Señor Jesús, aunque fue tentado, triunfó gloriosamente. Y, como él venció, así también vencerán sus seguidores: pues Jesús es el representante de su pueblo. La Cabeza ha triunfado y los miembros comparten su victoria. Los temores son innecesarios, ya que Cristo está con nosotros, armado, para defendernos. Nuestro lugar de seguridad es el pecho del Salvador. Quizá ahora mismo estemos siendo tentados para que nos acerquemos más a él. ¡Bendito sea cualquier viento que nos lleve al puerto del amor de nuestro Salvador! ¡Dichosas las heridas que nos hicieron buscar a nuestro Médico amado! Tú que eres tentado, acércate a tu tentado Salvador, pues él puede compadecerse de tus flaquezas y socorrerá a todo aquel que pase por pruebas y tentaciones.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 287). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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