Varón muy amado

2 de octubre

«Varón muy amado».

Daniel 10:11

Hijo de Dios, ¿vacilas en apropiarte este título? ¿Acaso tu incredulidad te ha hecho olvidar que tú también eres muy amado? ¿Puedes pensar que no se te ha amado mucho cuando la Palabra de Dios dice que fuiste comprado con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación? Cuando Dios hirió por ti a su Unigénito Hijo, ¿no demostró con eso que para él eras muy amado? Dios fue muy paciente contigo mientras vivías desenfrenadamente en el pecado. ¿No demuestra esto que te amaba mucho? Tú fuiste llamado por gracia, conducido al Salvador y hecho hijo de Dios y heredero del Cielo. ¿No prueba todo ello un amor grande y superabundante? Cuando, desde entonces, tus senderos se han presentado escabrosos por las dificultades o llanos por las misericordias, ¿no ha habido también en esto muchas pruebas de que eras un «varón muy amado»? Si el Señor te ha castigado, no lo ha hecho con ira. Si te ha constituido pobre, en cambio, en la gracia te ha hecho rico. Cuanto más indigno te sientas, tantas más pruebas tendrás de que nada sino un amor inefable ha podido guiarte al Señor Jesús para que él salvara un alma como la tuya. Cuanto más carente de méritos te sientas, más clara será para ti la manifestación del inmenso amor de Dios al elegirte, llamarte y hacerte heredero de bendición. Ahora bien, si existe tal amor entre Dios y nosotros, vivamos bajo el influjo y la bondad del Señor, y utilicemos el privilegio que nos concede esa posición. No nos acerquemos a Dios como si fuéramos extranjeros o como si él no deseara oírnos; pues somos muy amados por nuestro amoroso Padre: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Ro. 8:32). Ven confiadamente, oh creyente, pues, a pesar de los susurros de Satanás y de las dudas de tu corazón, eres «muy amado». Medita esta noche en la grandeza y en la fidelidad del amor divino y acuéstate en paz.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 286). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La tristeza abunda

2 Octubre 2017

La tristeza abunda
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

Es fácil que aquellos que están fuertes y saludables olviden cuántas lágrimas de sufrimiento y dolor se derraman cada día. La tristeza abunda en este mundo, y quizás está ocurriendo esta semana en su propia casa o en su propio corazón. Las lágrimas caen. El dolor se ha apoderado de usted y lo peor es que puede ocurrir repentinamente.

Recuerdo conversar una vez con un joven que trabajaba con nosotros en el equipo de apoyo de una iglesia que pastoreaba antes. Él estaba muy contento acerca de su futuro, era un chico muy agradable y con una personalidad contagiosa. Ese mismo día el murió en una colisión automovilística. En cuestión de horas, la risa se tornó en llanto. Su familia, repentinamente tuvo que enfrentar el dolor de su ausencia. Tal es la situación de la humanidad.

El compositor de Salmo 116 comprendía muy bien el afán del dolor y el sufrimiento. No sabemos los detalles que hicieron que el salmista estuviera de luto, sin embargo, la letra de este lamento antiguo nos da la pista de que su situación tenía que ver con la muerte. Uno de los versículos dice: «Me rodearon las ataduras de la muerte; me encontraron las angustias del Seol (la tumba)». También dice: «En angustia y en dolor me encontraba». Unos pocos renglones después él dice: «estaba yo postrado», más el Señor libró sus «ojos de las lágrimas». Dios, de alguna forma lo restableció de tal forma que él pudo escribir: «Estimada es en los ojos del Señor la muerte de sus fieles».

¡Asombroso! Del hoyo al pináculo… de la agonía al éxtasis.

El mismo que comienza la canción en el valle oscuro del dolor y el sufrimiento (vv. 1-2) termina con la mayor exclamación de alabanza que un judío podía expresar: «¡Aleluya!» (v. 19) la cual se traduce como «gloria a Dios».

El salmista, después de pasar en medio del valle del dolor, se sienta y relata su experiencia. Esta canción es su testimonio personal, primeramente de su amor por el Señor que lo cuidó durante las aguas turbulentas de la desesperación, el sufrimiento y el dolor (vv. 1-11) y luego su deseo de agradecerle al Señor por preservarlo (vv. 12-19). El bosquejo de esta canción pudiera ser:

I. ¡Amo al Señor! (vv. 1-11)
A. Porque me escucha (vv. 1-2)
B. Porque me rescata (vv. 3-6, 8-11)
C. Porque me cuida (vv. 7)
II. ¿Qué le puedo dar al Señor? (vv. 12-19)
A. Proclamaré sus beneficios (vv.12-13)
B. Cumpliré mis votos (vv. 14, 18-19)
C. Alabaré su nombre (vv. 15-17)

Afirmando el alma
¿Cuál evento le ha causado el mayor dolor y sufrimiento? ¿De qué forma afectó su perspectiva sobre la vida? ¿Cómo afectó su relación con Dios? ¿Qué fue lo que lo sacó de esa época oscura? ¿Qué fue lo que terminó su dolor?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo”

2 OCTUBRE

1 Reyes 4–5 | Efesios 2 | Ezequiel 35 | Salmo 85

A muchos cristianos se les enseña a memorizar Efesios 2:8–9: “Porque por gracia habéis sido salvados mediante la fe; esto no procede de vosotros, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte”. Ciertamente, estas líneas expresan unas verdades maravillosas. Pero quiero centrarme en algunas de las cosas que dice Pablo en los versículos cercanos.

(1) Antes de nuestra conversión, estábamos, como los efesios, muertos en nuestros “transgresiones y pecados” (2:1), debido a nuestra adicción a la transgresión y al pecado, por nuestra costumbre de seguir los caminos del mundo (2:2), porque hemos sido engañados por el diablo (2:2) a la vez que estamos comprometidos con satisfacer los deseos y pensamientos de nuestra naturaleza pecaminosa (2:3), sencillamente no teníamos manera de responder de manera positiva al evangelio. Peor aún, nuestra trágica incapacidad era moral: “Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (2:3). No había esperanza alguna para nosotros a menos que Dios mismo interviniera y produjera vida donde sólo había muerte, mostrara misericordia donde su propia justicia exigía la ira.

(2) Esto es lo que hizo Dios mientras aún estábamos muertos, por su gran amor hacia nosotros: “Dios, que es rico en misericordia, nos dio vida con Cristo” (2:4–5). Esto fue por pura gracia: ciertamente, no podíamos ayudarnos a nosotros mismos, pues estábamos “muertos” (2:5).

(3) De hecho, Dios nos une de tal manera a Cristo que, ante sus ojos, ya hemos sido levantados con él y estamos sentados “en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (2:6). Dios ha efectuado estos pasos “para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús” (2:7). De manera que nuestra máxima esperanza y expectativa es lo que todavía nos espera. Ningún cristiano puede ser estable sin ver y valorar esta perspectiva del futuro.

(4) En este momento, Pablo acentúa la absoluta gracia del don de la salvación, un regalo recibido por fe que, en sí mismo, es don de Dios y que es independiente de cualquier obra que podamos ejecutar; porque, si pudiéramos, nos jactaríamos de ellas.

(5) Ahora bien, nada de esto significa que continuamos viviendo como lo hacíamos antes: muertos en delitos, siguiendo nuestros propios deseos y pensamientos. Todo lo contrario: los que hemos recibido la gracia de Dios y la fe para aceptarla, somos “hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (2:10). Nadie puede disfrutar de la gracia salvadora sin que luego lleve a cabo buenas obras, de la misma manera que nadie puede experimentar la gracia salvadora sin conocer las incomparables riquezas que nos esperan en la era por venir. ¡Esta gran salvación es un compendio estupendo!

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 275). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un testimonio procedente de Camboya

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.

Mateo 9:2

Un testimonio procedente de Camboya

Bao, alistado por los jemeres rojos a la edad de 17 años, estaba completamente traumatizado por la guerra. Vio cómo mataban a sus mejores amigos. Un día su unidad capturó a un soldado enemigo a quien se le preguntó si tenía una última voluntad. El prisionero no pidió un cigarrillo, como era costumbre, sino que le leyesen un pasaje del libro que tenía en su bolsillo. Bao empezó a leer en voz alta: “Jesús dijo…”. Pero repentinamente fue interrumpido por un fuerte ruido, y no pudo seguir leyendo. Un helicóptero de combate los atacó y, en medio de la confusión, el prisionero escapó.

Al día siguiente Bao preguntó al jefe de su unidad: «¿Qué fue lo que Jesús dijo?». Este último lo miró asombrado. Bao continuó: «Mire, sin duda es algo importante para que ese tipo quisiese escucharlo antes de morir». Su jefe se enfureció y le dijo que iba a contárselo al comisario político. Bao sabía que tendría serios problemas, pero ese día su tropa fue atacada y Bao fue el único sobreviviente.

Permaneció cuatro años más en la milicia. Cada día se preguntaba qué había dicho Jesús. Al final encontró una Biblia. Bao dio el siguiente testimonio: «Por fin descubrí qué había dicho Jesús, y decidí que yo también quería morir oyendo esas palabras». Y continuó diciendo: «Dios quería salvarme; me liberó para que yo pudiese escuchar lo que Jesús dijo».

Por cierto, el mensaje de Jesús es vivo y se dirige a cada uno de nosotros.

Sofonías 1 – Tito 3 – Salmo 109:6-19 – Proverbios 24:15-16

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

 

LA CONFESIÓN DE JOB

LA CONFESIÓN DE JOB

10/1/2017

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Job 42:3

En los momentos difíciles de nuestra vida, Dios puede parecer esquivo o desinteresado en nuestra difícil situación. Se debe a que nuestras emociones humanas pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y podemos llegar a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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El Objeto que todo lo satisface

OCTUBRE, 01

El Objeto que todo lo satisface

Devocional por John Piper

Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4)

La búsqueda del deleite no es siquiera una opción, sino un mandamiento (en los Salmos): «Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón » (Salmos 37:4).

Los salmistas iban en pos de ello: «Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente» (Salmos 42:1-2); «Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Salmos 63:1).

El motivo de la sed encuentra la contrapartida que lo satisfaga cuando el salmista afirma que los hombres «se sacian de la abundancia de tu casa, y les das a beber del río de tus delicias» (Salmos 36:8).

He descubierto que la bondad de Dios, el fundamento mismo de la adoración, no es algo a lo que uno le presenta sus respetos en una reverencia desinteresada. No, es algo en lo que nos regocijamos: «Probad y ved que el Señor es bueno» (Salmos 34:8).

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca» (Salmos 119:103).

Como dijo C. S. Lewis, Dios en los Salmos es «el Objeto que todo lo satisface». Su pueblo lo adora sin reparo alguno por el «supremo gozo» que halla en él (Salmos 43:4). Él es la fuente del deleite completo e inagotable: «En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre» (Salmos 16:11).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 23-27

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Gracia y Gloria da el SEÑOR»

1 de octubre

«Gracia y gloria da el SEÑOR».

Salmo 84:11 (LBLA)

El Señor es generoso por naturaleza: se complace en dar. Sus dones son indeciblemente preciosos y él los otorga tan liberalmente como la luz del sol. Él da gracia a sus elegidos porque le place; a sus redimidos, a causa del pacto; a los llamados, por las promesas; a los creyentes, porque la buscan; y a los pecadores, porque la necesitan. Él la concede abundante, oportuna, constante, pronta y soberanamente, encareciendo el valor de la dádiva con la forma de darla. Dios da gracia a los suyos generosamente y en todas las formas: confortándolos, preservándolos, santificándolos, dirigiéndolos, instruyéndolos y asistiéndolos sin cesar. Esto lo hará siempre, ocurra lo que ocurra. Si se presenta la enfermedad, el Señor dará gracia; si nos sobreviene la pobreza, gracia nos será concedida; si llega la muerte, la gracia encenderá la vela en la hora más oscura. Lector, cuán precioso es gozar de esta inmarcesible promesa —»Gracia […] dará el Señor»— a medida que van pasando los años y las hojas de los árboles empiezan a caer de nuevo.

La pequeña conjunción «y» es en este versículo un remache de diamante, que une el presente con el futuro. La gracia y la gloria siempre van juntas. Dios las ha unido en matrimonio, y ninguna se puede divorciar de la otra. El Señor nunca negará la gloria a aquella alma a la que se ha concedido generosamente vivir en la gracia. En realidad, la gloria no es otra cosa que la gracia vestida de fiesta, la gracia en plena floración, la gracia semejante a los frutos de otoño, maduros y perfectos. Ninguno puede decir cuándo estará en la gloria: quizá antes de que termine este mes de octubre veamos la Santa Ciudad. No obstante, sea ahora o sea más tarde, la verdad es que pronto seremos glorificados. El Señor, sin duda, dará a sus escogidos gloria: gloria celestial, gloria eterna, la gloria de Jesús. ¡Oh, qué sorprendente promesa de un Dios fiel!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 285). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¿Por qué Salomón, se casó con tantas mujeres?

1 OCTUBRE

1 Reyes 3 | Efesios 1 | Ezequiel 34 | Salmos 83–84

Algunos cristianos se preguntan por qué Salomón, si era tan sabio, se casó con tantas mujeres, acabó su reinado bastante mal y no fue leal a Dios.

La respuesta en parte tiene que ver con la diferencia entre lo que para nosotros significa sabiduría y las varias definiciones bíblicas de la misma palabra. Lo que entendemos, suele ser algo bastante genérico como “saber vivir bien y tomar decisiones sabias”. Pero, aunque la sabiduría en la Biblia puede aludir a algo amplio—como, por ejemplo saber vivir en el temor de Dios—muy a menudo se refiere a una destreza particular. Podría ser la habilidad para vivir en un mundo peligroso (Proverbios 30:24) o alguna capacidad técnica (Éxodo 28:3). Pero una de las aptitudes a las que se puede referir la sabiduría es la administración, en especial la administración de la justicia. Y de manera concluyente, eso es lo que Salomón pide en 1 Reyes 3.

Cuando responde a la generosa oferta de Dios de darle lo que pidiera, Salomón reconoce que es un mero niño y que no sabe cómo llevar a cabo sus tareas (3:7). Lo que quiere, entonces, es un corazón que discierna cómo gobernar bien al pueblo, en particular distinguir entre el bien y el mal (3:9). Dios felicita a Salomón por no pedir algo para sí mismo, ni siquiera algo vengativo (la muerte de sus enemigos, por ejemplo), sino “por discernimiento en la administración de la justicia” (3:11). Dios promete darle a Salomón exactamente lo que pidió, junto con riquezas y honor (3:12–13). El relato de las dos prostitutas que reclamaban el mismo bebé vivo y negaban que el muerto fuera suyo, y la resolución de Salomón de su caso (3:16–27), demuestran que Dios contestó la petición del rey. La nación entera percibe que Salomón tiene “sabiduría de Dios para administrar la justicia” (3:28). Ciertamente, a la mayoría de las naciones occidentales hoy día les vendría bien tener gente con dones parecidos.

Si bien Dios aplaude su decisión, esto no implica que tener esta sabiduría es todo lo que necesita Salomón para caminar siendo fiel al pacto. De hecho, aparte de la sabiduría, riqueza y honor que le concederá, Dios le dice que “Si andas por mis sendas y obedeces mis decretos y mandamientos, como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida” (3:14). Pero cuando huele amenaza: para asegurar su frontera del sur, Salomón se casó con una princesa egipcia (3:1). Además, dado que los “lugares altos” eran populares, no los abolió, sino que participó de la adoración en ellos (3:2–4).

Dios a veces otorga dones maravillosos de sabiduría— destrezas técnicas, sociales, administrativas y judiciales, pero, a menos que también recibamos de él un corazón dispuesto a amarle verdaderamente y a obedecerle por completo, nuestro camino podría acabar de manera desastrosa.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 274). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Perdonado porque Dios es justo

Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Hebreos 1:3

(Jesús) Herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

Perdonado porque Dios es justo

¿Por qué Dios perdona a los creyentes? Alguien responderá: porque nos ama y tiene compasión de nosotros. Es cierto, pero hay otra razón fundamental: Dios nos perdona porque es justo.

Quizás usted piense que Dios debería condenarlo, debido a Su santidad, pero que lo perdona porque se compadece de usted. Sin embargo, esto no es lo que la Biblia dice. De hecho, Dios nos perdona porque es Dios. No “volveré para destruir… porque Dios soy, y no hombre” (Oseas 11:9). En Dios la justicia y el amor nunca se oponen.

Para que Dios pudiera perdonar con justicia, Cristo mismo hizo “la purificación de nuestros pecados”. Para que Dios pudiera recibirnos, e incluso adoptarnos como sus hijos, para poder bendecirnos, primero debía ocuparse de nuestros pecados.

Nadie podía hacer nada para purificar sus propias faltas, pues el mal cometido, que es irreparable, constituye una ofensa a Dios. La purificación de nuestros pecados debía ser, pues, una obra divina. Esta obra fue hecha una vez por todas, cuando Jesús llevó en la cruz el castigo debido al pecado, el castigo por cada uno de nuestros pecados. Victorioso, Jesús resucitó y ahora está sentado a la diestra de Dios, su obra fue terminada en la cruz. El perdón de Dios puede ser proclamado y recibido por la fe. Por lo tanto puedo pedir su perdón y recibir el don de su gracia perfecta.

Habacuc 3 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

 Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿QUIÉN ES SU PRÓJIMO?

¿QUIÉN ES SU PRÓJIMO?

9/30/2017

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos 13:9

Cuando Pablo dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, quiere decir que debemos tener el mismo cuidado e interés por los demás que el que tenemos por nosotros mismos. Pablo dijo lo mismo de esta manera: “No mi­rando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual ­también por lo de los otros” (Fil. 2:4). Usted debe interesarse en la comodidad, la felicidad, la paz y la alegría de los demás tanto como se interesa en la de usted.

¿De quién es la cara que usted lava por la mañana? ¿De quién es el cabello que usted peina? ¿De quién es la ropa que compra? ¿De las comodidades de quién se preocupa usted? Usted está interesado en su con­ser­vación y en su comodidad, y debe interesarse en los demás de la misma manera. Présteles tanta atención como se presta a sí mismo. Eso es amar a su prójimo como a usted mismo.

¿Quién es su prójimo? Cualquiera que se cruce en su camino. Aunque sea difícil amar a todo el mundo, usted tiene una nueva capacidad en usted para hacer eso (Ro. 5:5).

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