La angustia del Señor Jesús

viernes 29 septiembre

Estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Lucas 22:44

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?… No te alejes de mí, porque la angustia está cerca… no hay quien ayude.

Salmo 22:1, 11

La angustia del Señor Jesús

Algunas horas antes de morir, el Señor Jesús estaba en el huerto de Getsemaní. Sabía lo que iba a suceder, por ello sintió una angustia muy profunda. Allí, moralmente solo, oró de rodillas a su Padre. A algunos metros de allí, sus discípulos dormían, ajenos a la angustia de su Maestro. “Estando en agonía, oraba más intensamente”.

Su angustia era tan profunda que su sudor era “como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. ¿Qué sucedía? Ante él estaba la obra que llevaría a cabo, los sufrimientos que iba a soportar en la cruz; no solo los sufrimientos físicos, sino aquellos debido al juicio de Dios sobre el pecado. La ira de Dios lo castigaría en nuestro lugar. Entonces Jesús pronunció estas palabras: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa (imagen de todo lo que iba a soportar); pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Como amaba a los hombres y deseaba hacer la voluntad de su Padre, Jesús, que era puro y no tenía pecado, aceptó ser castigado por las faltas de los demás. ¿Quién puede comprender la angustia tan intensa que sintió?

¡Pero qué triunfo! Su perfecto amor le permitió llevar a cabo todos los planes de Dios. Murió en nuestro lugar. En las tres horas de tinieblas, fue castigado por nuestros pecados para que Dios los perdonase. Así cumplió la gran obra por la que lo alabaremos y adoraremos eternamente.

Habacuc 1 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

OBEDECER POR AMOR

9/28/2017

El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

1 Timoteo 1:5

El guardar un mandamiento debe surgir de un corazón amoroso. Es posible obedecer la ley por temor y tener miedo del castigo de Dios. Pero cuando se hace eso, en realidad no se obedece la ley de manera absoluta porque el temor no es el motivo bíblico de la obediencia. El temor puede hacer que usted se abstenga de hacer algo malo y su efecto puede ser bueno, pero su resultado es incompleto.

Algunos guardan la ley por interés egoísta. Creen que si llevan una vida moral, Dios los recompensará. Pero ese no es un motivo puro para la obediencia; es egoísta. Aunque pudiera abstenerse de hacer lo malo y hacer exteriormente cosas buenas, no tendrá usted una obediencia que resulta de una actitud de amor. El verdadero propósito de la ley es cultivar el amor de corazón. Así es que se cumple la ley.

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Nuestro bien es su gloria

SEPTIEMBRE, 28

Nuestro bien es su gloria

Devocional por John Piper

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mateo 6:6)

Una objeción común que se le hace al hedonismo cristiano es que pone los intereses del hombre por encima de la gloria de Dios —pone mi felicidad por encima del honor de Dios—. Pero el hedonismo cristiano se opone categóricamente a esta postura.

Es cierto que nosotros, los hedonistas cristianos, vamos en pos de nuestros intereses y nuestra felicidad con todas nuestras fuerzas. Nos adherimos a la resolución del joven Jonathan Edwards: «Resuelvo: esforzarme para obtener para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible, haciendo uso de todo el poder, la fuerza, el vigor, la vehemencia, incluso la violencia, que sea capaz de ejercer, en todas las formas imaginables».

No obstante, hemos aprendido de la Biblia (¡y de Edwards!) que Dios está interesado en magnificar la plenitud de su gloria derramándola en forma de misericordia por nosotros.

Por lo tanto, la búsqueda de nuestros intereses y nuestra felicidad nunca está por sobre los de Dios, sino en los de Dios. La verdad más preciosa de la Biblia es que el mayor deseo de Dios es glorificar las riquezas de su gracia haciendo que los pecadores sean felices en él. ¡Sí, en él!

Cuando nos humillamos como niños pequeños, sin aires de autosuficiencia, sino corriendo felices al gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. Nuestros intereses y su gloria son un mismo objetivo.

Por consiguiente, los hedonistas cristianos no ponen su felicidad por sobre la gloria de Dios al buscar la felicidad en él.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 159-160

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«Vuelve siete veces»

28 de septiembre

«Vuelve siete veces».

1 Reyes 18:43

Cuando el Señor lo ha prometido, el éxito está asegurado. No es posible que el Señor desoiga el angustioso clamor de su pueblo por algo que atañe a su propia gloria, aunque hayan estado suplicando durante meses sin recibir respuesta. El Profeta continuó luchando con Dios sobre la cumbre del Carmelo y nunca, ni por un momento, temió que en la Corte celestial le fuese a ser denegada su petición. Seis veces volvió el siervo de Elías, pero tras ninguna de ellas se le dijeron otras palabras más que estas: «Vuelve otra vez». No debemos vacilar incrédulamente, sino que hemos de aferrarnos a nuestra fe hasta setenta veces siete. La fe envía a una expectante esperanza a que mire desde la cumbre del Carmelo; y, si esta no ve nada, la envía una y otra vez a hacer lo mismo. Lejos de amilanarse por las frecuentes decepciones sufridas, la fe se siente alentada a interceder más fervorosamente en la presencia de Dios. Se humilla, pero no se avergüenza. Sus gemidos son más profundos y sus suspiros más vehementes, pero no deja de aferrarse ni detiene su mano. A la carne y a la sangre le sería agradable poder conseguir una pronta respuesta, pero las almas creyentes han aprendido a ser sumisas y a considerar un bien tanto el esperar al Señor como el esperar en él. Las respuestas que se demoran hacen, a menudo, que el corazón se examine a sí mismo y se vea guiado a la contrición y a la reforma espiritual. De esta manera, los golpes mortales caen sobre nuestra maldad y las cámaras de nuestra imaginería resultan purificadas. El gran peligro es que los hombres desmayen y pierdan la bendición. Lector, no caigas tú en este pecado: sigue orando y velando. Finalmente, apareció en el cielo una pequeña nube como segura precursora de abundantes lluvias. Así acontecerá también contigo: la «señal para bien» se te concederá sin duda, y te levantarás como un príncipe que ha prevalecido a fin de gozar de la gracia que has demandado. «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras» (Stg. 5:17), así que su poder para con Dios no residía en sus méritos. Si la oración de fe le fue a él de tanta ayuda, ¿por qué no lo ha de serlo para ti la tuya? Invoca la preciosa sangre con incesante importunidad y te será hecho como deseas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 282). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Honestidad y pureza

28 Septiembre 2017

Honestidad y pureza
por Charles R. Swindoll

Salmos 101

El Salmo 101 presenta cuatro cualidades que un creyente debe tener para poder discernir su propósito divino. La confusión abunda cuando no existen estas cuatro virtudes para aclarar la visión de un individuo. Después de describir el honor y la integridad, la canción continúa con otras dos cualidades piadosas: la honestidad y la pureza.

Honestidad

No pondré delante de mis ojos cosa indigna; aborrezco la obra de los que se desvían. Ella no se me pegará (v. 3).

David, siendo el rey, tenía el poder político para exigir cualquier agenda y luego comprometer los recursos de toda la nación para lograr su objetivo. Saúl, su predecesor, utilizó su influencia política, la riqueza de la nación y el poderío del ejército israelí para perseguir a David, la persona que Dios había ungido como rey. David, sin embargo, toma la determinación de evitar cualquier ambición indigna. Hacerlo significaría para él, «desviarse» de su comunión con Dios. Además, decidió «aborrecer» los logros de aquellos que se «desvían».

En el Oriente Antiguo, aborrecer algo significa rechazarlo para aceptar algo más. Por ejemplo, Génesis 29 nos cuenta la historia de las dos esposas de Jacob y como el «amaba» a Raquel pero «aborrecía» a su hermana Lea.  El término solamente indica que Jacob favorecía a una por encima de la otra. No significa que él odiaba a Lea. Después de todo, él había tenido varios hijos con ella. La idea, entonces del versículo 3 del Salmo 101 es que David rechazaba las obras de los impíos, de esos que se desviaron de Dios y escogía el camino de Dios en su lugar.

Pureza

El corazón perverso será apartado de mí; no reconoceré al malo (v. 4).

David ya había tomado la resolución de ser un hombre de honor, de integridad y de honestidad. Ahora decide también ser un hombre de pureza. Esta tiene que ser una de las razones por las cuales Dios dijo que David era un «hombre conforme a su corazón». Son muy pocas las personas, ciertamente, las  que pueden decir lo que David decía en este cuarto versículo. El hijo de David, Salomón, también escribió acerca del valor de la pureza personal en Proverbios 11: 19-21:

Como la justicia es para vida,
así el que sigue el mal lo hace para su muerte.
Abominación le son al Señor los perversos de corazón,
pero los íntegros de camino le son agradables.
De ninguna manera quedará impune el malo,
pero la descendencia de los justos escapará.

No pase por alto la última parte de este pasaje. Una vida pura en realidad es una inversión espiritual, cuyos dividendos disfrutan sus hijos. Dios tiene, por así decirlo, un plan de apartado sobre la pureza, una cuenta espiritual que usted establece ahora y que sus descendientes pueden aprovechar después.

El valor de una vida pura debe ser fundamental para todo cristiano. Tenemos una curiosidad sobre la perversidad y la maldad. No es que solo tengamos conocimiento de lo que es la maldad, sino que más bien nos sentimos atraídos a ella. Los noticieros sacan provecho de su interés enfatizando la maldad de nuestro mundo. Ellos se han dado cuenta que el interés público aumenta cuando se habla de actividades inmorales o impuras. David se dio cuenta, sin embargo, que un «corazón perverso» solo causaría el debilitamiento de su vida espiritual.

Mi esposa, Cynthia y yo conocemos a un joven que se estaba preparando para el ministerio. Este joven se casó con una chica que había sido rescatada de un pasado inmoral. Por varios años, ella había sido una prostituta en una gran ciudad. Durante esos años ella había experimentado la profundidad de la vergüenza. Gracias a una serie de eventos, ella escuchó el evangelio y se entregó a Cristo. Después de su conversión y su matrimonio con nuestro amigo ministro, ella se encontró con un ambiente totalmente nuevo. En vez de maldad, había pureza. En una ocasión, ella compartió con Cynthia acerca de esos ajustes y de lo difícil que era para ella olvidar su pasado. Ella quería hacerlo, pero la maldad encontraba formas de adherirse a su mente. Quizás esa es la razón por la cual David decidió «no reconocer al malo». Este mundo nos etiqueta de formas casi imposibles de borrar. Es mejor ser puro y no tener experiencia que estar cicatrizado por los recuerdos impuros que regresan a nuestra mente sin avisar.

Afirmando el alma

Si un investigador viniera a hacerle una auditoría acerca de sus finanzas o sus negocios, ¿qué quisiera usted que esa persona no descubra? Si su conciencia le molesta, ¿qué puede hacer para resolver este asunto? En términos de pureza, ¿qué influencia negativa o impura enfrenta usted de manera regular? ¿Qué puede hacer usted para crear un ambiente de pureza?

Una vida pura es una inversión espiritual, cuyos dividendos disfrutan sus hijos—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Deben los pastores y líderes contemporáneos preocuparse menos por aquellos bajo su cuidado que se desvían?

28 SEPTIEMBRE

2 Samuel 24 | Gálatas 4 | Ezequiel 31 | Salmo 79

Gálatas 4 incluye varias secciones que por mucho tiempo han instado a los cristianos a pensar sobre cómo Pablo entiende la historia de Israel, especialmente la llamada “alegoría” de 4:21–31. Atraen muchísima atención. No obstante, en el centro del capítulo hay dos párrafos cortos, fáciles de pasar por alto, que revelan los profundos sentimientos del corazón del apóstol (4:12–20).

(1) En el primero (4:12–16), el apóstol hace un ruego a los gálatas. Insiste en que su lenguaje fuerte hacia ellos no tiene nada que ver con una herida personal: “No es que me hayan ofendido en algo” (4:12). De hecho, les recuerda que, en la etapa inicial de su relación, se estableció un vínculo que Pablo jamás podría quebrantar. Al principio, fue a ellos “debido a una enfermedad” (4:13). No podemos saber con certeza a qué se refería. Tal vez, la mejor teoría (aunque no es más que pura especulación) es que Pablo llegó en barco a la costa sur de lo que hoy día es Turquía y mientras ministraba allí, contrajo malaria o alguna otra enfermedad subtropical. La mejor solución en aquellos días era viajar a la región montañosa de Galacia. Ahí, Pablo se encontró con gente que le dio la bienvenida y le ayudó de manera impresionante. Al predicarles el evangelio, lo trataron como a un “ángel de Dios” (4:14). ¿Cómo iba Pablo a guardarles rencor o desecharlos? Pero, trágicamente, su gozo se había disipado. Se habían enamorado tanto de la perspectiva extranjera de los agitadores, que ahora veían a Pablo como un enemigo por decirles la verdad (4:16).

Aquí, entonces, tenemos a un apóstol que está involucrado íntimamente en la vida de las personas a quienes le predica, listo y dispuesto a dirigirse a ellos a partir de la compleja historia de su relación, pero incapaz de negociar la verdad para evitar el conflicto. Para Pablo, la integridad de la doctrina debe ir a la par con la integridad de las relaciones; no se pueden oponer.

(2) Pablo percibe y expone con delicadeza una profunda falta de carácter en los gálatas: aman a las personas fervientes, incluyendo a aquellas que fervorosamente les persiguen, sin evaluar con cuidado la dirección del celo (4:17–20). Pablo les advierte: “Está bien mostrar interés, con tal de que ese interés sea bien intencionado” (4:18). Dada la imposibilidad de comunicarse por teléfono o correo electrónico para saber las noticias de manera instantánea, el apóstol no sabe cómo proceder. ¿Debería continuar su reprimenda? ¿Debería cambiar ahora el tono para ganárselos? Se siente como una madre que tiene que pasar por la agonía del parto una segunda vez para volver a dar a luz al niño que ya nació.

¿Deben los pastores y líderes contemporáneos preocuparse menos por aquellos bajo su cuidado que se desvían?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 271). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Agobiado por faltas pasadas?

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1 Juan 1:9

¿Agobiado por faltas pasadas?

Hay cargas que no podemos compartir con nadie. Las más pesadas son los tormentos que nos agobian por pecados incrustados en nuestra memoria. Si a las preocupaciones ordinarias de la vida añadimos las de esas faltas pasadas que nos obsesionan, la carga será demasiado pesada. Solo mediante la confesión podemos ser liberados de tal peso.

Todo pecado es primeramente un pecado contra Dios y debemos confesárselo. Las faltas cometidas contra una persona igualmente deben ser confesadas en privado a aquel a quien se ha ofendido. Los pecados cometidos en público, por ejemplo una calumnia, deben ser confesados públicamente.

Sin embargo, no es bueno que un sentimiento excesivo de culpabilidad nos lleve a confesar en público aquello que solo debería ser confesado a Dios y, si es el caso, a la persona con la que nos hemos comportado mal.

Cuando las cosas que cargaban nuestra conciencia han sido arregladas, la Biblia da muchas promesas como esta: “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:17). ¡Seríamos realmente insensatos si guardásemos en nuestra memoria aquello de lo que Dios nunca más se acordará! Por supuesto, nuestra mente no deja de funcionar, pero tenemos derecho a no volver a las faltas del pasado, pues nuestros pensamientos y nuestra conciencia tienen paz con respecto a ese tema.

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmo 32:1-2).

Oseas 13-14 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY

9/27/2017

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Romanos 13:10

La clave para obedecer la ley de Dios es el amor. Cuando amamos a los demás, automáticamente obedecemos la ley. Usted no cometerá adulterio si ama a alguien. Es porque el amor no corrompe a otros ni roba su pureza. Solamente la lujuria y el egoísmo hacen eso. Si usted ama a alguien, su amor hace inservible el mandamiento de no matar. No necesito que se me recuerde que no mate a las personas si las amo. Cuando usted ama a alguien, tampoco le robará. Por lo tanto, no necesita que se le diga que no robe. Ni codiciará lo que es de otro cuando lo ama.

El amor no substituye la ley; cumple la ley. Mediante el amor, usted puede cumplir el amor de Dios.

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El poder de una promesa superior

SEPTIEMBRE, 27

El poder de una promesa superior

Devocional por John Piper

Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos. (Salmos 119:45)

Un componente esencial del gozo es la libertad. Ninguno de nosotros estaría feliz si no estuviéramos libres de aquello que aborrecemos y libres para hacer lo que amamos.

¿Dónde encontramos la verdadera libertad? Salmos 119:45 dice: «Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos».

La imagen que se nos presenta es una de espacios abiertos. La Palabra nos libra de tener una mente estrecha (1 Reyes 4:29) y de un confinamiento amenazante (Salmos 18:19).

Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). La libertad a la que se refiere es la libertad de la esclavitud del pecado (versículo 34); o dicho en términos positivos, es la libertad para alcanzar la santidad.

Las promesas de la gracia de Dios nos dan el poder que convierte las demandas de la santidad de Dios en una experiencia de libertad en lugar de miedo. Pedro describió el poder liberador de las promesas de Dios en su carta: «Nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia» (2 Pedro 1:4).

En otras palabras, cuando confiamos en las promesas de Dios, cortamos la raíz de la depravación por el poder de una promesa superior.

La Palabra que quiebra el poder de los placeres banales es sumamente crucial. ¡Cuán diligentes debiéramos ser en iluminar nuestro camino y llenar nuestro corazón de la Palabra de Dios!

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino» (Salmos 119:105). «En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti» (Salmos 119:11; ver el versículo 9).


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 149-150

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«Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí».

27 de septiembre

«Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí».

Cantares 5:4

No era suficiente golpear, pues mi corazón estaba cargado de sueño y, además, demasiado frío y desagradecido como para levantarse y abrir la puerta; pero el toque de su eficiente gracia hizo que mi alma se conmoviese. ¡Ah, la paciencia demostrada por mi Amado!, quien a pesar de que le había negado la entrada, permaneció a la puerta mientras yo dormía en el lecho de la pereza. ¡Ah, la grandeza de su paciencia!, al golpear una y otra vez, rogándome que le abriera. ¡Cómo podía yo desairarlo! ¡Vil corazón, sonrójate y confúndete! No obstante, la mayor de todas las demostraciones de su amor para conmigo se evidencia en esto: en que él mismo haya sido su propio portero y corrido con sus propias manos el cerrojo de la puerta. ¡Tres veces bendita sea la mano que condesciende a levantar la aldaba y a dar la vuelta a la llave! Ahora veo que nada sino el poder de mi Señor puede salvar a una perversa masa de maldad como soy yo. Los ritos fallan y aun el evangelio no tiene efecto sobre mí hasta que la mano de mi Señor abre la puerta. Ahora veo también que su mano es eficaz allí donde todas las demás cosas no tienen éxito. Él puede abrir cuando nada más lo haría. ¡Bendito sea su nombre! Aún ahora siento su bondadosa presencia. Bien pueden mis entrañas conmoverse por él, cuando pienso en todo lo que sufrió por mi causa y en mi mezquina respuesta. Yo he permitido que mis sentimientos se extraviaran; le he suscitado rivales. ¡Oh, el más bello y querido de los amados, te he tratado como trata a su marido una esposa infiel! ¡Ah, mis crueles pecados, mi cruel egoísmo…! ¿Qué puedo hacer? Las lágrimas son poco para demostrar mi arrepentimiento; todo mi corazón hierve de indignación contra mí mismo. ¡Infeliz de mí, que traté a mi Señor (mi Todo en todo, mi grandísimo gozo) como si fuera un extraño! Jesús, tú perdonas sin reservas; pero esto no es suficiente: impide que vuelva a serte infiel. Enjuga estas lágrimas con un beso y, después, limpia mi corazón y átalo a ti mismo con siete cuerdas para que nunca más se extravíe.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 281). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.