«Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio».

19 de agosto

«Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio».

Salmo 31:4

Nuestros enemigos espirituales son la generación de la serpiente y buscan engañarnos con astucia. La oración de este versículo supone la posibilidad de que al creyente lo cacen como un pájaro. Tan astutamente el cazador hace su obra que los simples caen pronto en la red. En el texto se suplica que aun de las redes de Satanás sea librado el cautivo; es esta una petición conveniente que se puede conceder. De entre las fauces del león y de las entrañas del Infierno puede el amor eterno rescatar al santo. Quizá se necesite un fuerte tirón para salvar de la red de la tentación a un alma y un violento zarandeo para desenredar a una persona de las trampas de algún malicioso ardid; pero el Señor es el mismo para todas las necesidades y, por tanto, las redes del cazador más habilidoso jamás podrán atrapar a sus elegidos. ¡Ay de aquellos que son hábiles en poner trampas! Los que tientan a otros se destruirán a sí mismos.

«Pues tú eres mi refugio». ¡Qué indecible dulzura hallamos en estas breves palabras! ¡Con cuánto gozo podemos combatir las redes y cuán alegremente soportar los sufrimientos cuando nos asimos del refugio celestial! El poder divino hará pedazos todas las redes de nuestros enemigos, confundirá su astucia y frustrará sus maliciosas estratagemas. El que tiene de su parte tan incomparable poder es feliz. Nuestras propias fuerzas serán de poco valor cuando estemos desconcertados en las redes de la vil artimaña, pero el refugio del Señor siempre estará disponible; solo tenemos que invocarlo y lo hallaremos cerca. Si por la fe estamos dependiendo únicamente del refugio del poderoso Dios de Israel, podemos utilizar nuestra santa confianza como argumento en la súplica.

Mi mano ten, Señor, tan flaco y débil,

sin ti no puedo riesgos afrontar;

tenla, Señor, mi vida el gozo llene,

Al verme libre así de todo azar.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 242). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un anhelo por Dios

19 Agosto 2017

Un anhelo por Dios
por Charles R. Swindoll

Salmos 42 y 43

La composición de David, preservada para nosotros como el Salmo 42 y Salmo 43 menciona la siguiente estrofa tres veces y con ello sugiere que el tema de ambos salmos es el conflicto interno.

¿Por qué te abates, oh alma mía,
y te turbas dentro de mí?
Espera a Dios, porque aún le he de alabar (Salmo 42:5,11; 43:5).

El término, «abatir» viene de la palabra hebrea, «Shakhakh», que significa literalmente, agacharse o encogerse. En su sentido figurativo, el verbo significa rebajarse. Esta canción habla de esos días cuando sentimos el deseo de “hacernos chiquititos” y renunciar. Afortunadamente, David no nos deja en el suelo. Nos dice cómo conquistar esos sentimientos antes de sucumbir a ellos; cómo vencer los sentimientos de un tumulto interno en vez de «retorcernos» toda la vida.

Tal como lo mencioné anteriormente tener esos sentimientos perturbadores de vez en cuando es algo normal. Por cierto, no le estamos haciendo ningún bien a los nuevos creyentes diciéndoles que la tristeza o la desesperación son sentimientos pecaminosos. Eso no es realista ni tampoco bíblico. David escribió muchos salmos mientras que se encontraba retorciéndose. Ciertamente no tenemos que pasar meses en el calabozo de la depresión, pero debemos ser lo suficientemente transparentes para admitir que tenemos días «tristes». Me consuela saber que el mismo Jesús, una ocasión, se sintió muy perturbado internamente (Juan 11:33; 12: 27; 13:21). Charles Haddon Spurgeon escribió acerca de los momentos de desmayo de un ministro en su libro, Mensajes para mis estudiantes. El doctor John Henry Jowett, otro predicador sobresaliente del pasado, fue lo suficientemente honesto para admitirlo en una carta a un amigo:

Espero que no pienses que soy perfecto. Creo que piensas que no tengo altibajos sino una vida espiritual superlativa sin ningún quebrantamiento. ¡De ninguna manera! Frecuentemente, me siento desdichado y todo parece opaco. Muchas veces me siento como si mi vida religiosa apenas comenzara y que me encuentro en una etapa infantil. No obstante, puedo mirar atrás y ver que estas épocas miserables provienen de alguna causa personal y lo primero que tengo que hacer es analizar lo que sucedió y de esa forma poder nuevamente vivir reflejando la luz de Dios en mi vida.

Aprecio la vulnerabilidad de Jowett.

Que bueno es saber que estas dos canciones nos ayudan a descubrir cómo escapar de la oscuridad y volver nuevamente a la luz del sol.

El compositor comienza su cuadragésima segunda canción con una imagen del desierto.

Como ansía el venado las corrientes de las aguas,
así te ansía a ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.
¿Cuándo iré para presentarme delante de Dios? (vv. 1-2)

David ansiaba a Dios así como un venado sediento en medio de un desierto estéril ansía un arroyo fresco. Imagínese un venado jadeando de sed. David dice que él está «jadeando» por el Señor.

En el Salmo 119:131, David expresa un concepto similar cuando escribe: «Mi boca abrí y suspiré porque anhelaba tus mandamientos».

Dios, quien es considerado, «la fuente de agua viva» (Jeremías 2:13; 17:13) era el anhelo del cantante en conflicto. David, un hombre conforme al corazón de Dios, anhelaba apasionadamente estar en su presencia. Los renglones iniciales sugieren que el conflicto interno de David surgió como resultado de un distanciamiento en su relación con Dios.

Afirmando el alma
Piense en la última vez que usted sufrió un conflicto interno. ¿Qué efecto tuvo sobre su vida espiritual en términos de perspectiva? Si se le pidiera que escriba cuál es su deseo más grande, ¿qué hubiese mencionado? Lo que mencionó, ¿se trata de algo que viene de Dios o de su anhelo por Dios mismo?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

 

«Jesús realmente es el Mesías»

19 AGOSTO

1 Samuel 11 | Romanos 9 | Jeremías 48 | Salmo 25

Una de las preguntas importantes que los primeros cristianos tuvieron que contestar mientras daban testimonio de Jesús el Mesías, fue algo como: “Si Jesús realmente es el Mesías prometido, ¿por qué tantos judíos lo rechazan?” Inevitablemente, hubo variaciones, como por ejemplo: “Si los cristianos tenéis razón, ¿no significa esto que Dios no cumplió sus promesas a los judíos?” o “¿Por qué apóstoles como Pablo invierten tanto tiempo en evangelizar a los gentiles como si hubieran abandonado a su propio grupo?”

Las páginas del Nuevo Testamento ofrecen muchas respuestas complementarias a estas preguntas y a otras parecidas. Aquí, podemos notar algunos componentes de la respuesta de Pablo (Romanos 9).

Primero, a pesar del énfasis sobre los gentiles en el ministerio de Pablo, este nunca descartó a los de su propia raza. Todo lo contrario: hubiera deseado ser maldecido si con ello hubiera podido salvarlos (9:3). Sería fácil descartar este tipo de lenguaje como si fuera una hipérbole fundada en una mera posibilidad hipotética. Pero el hecho de que Pablo pueda escribir en esos términos revela, no a un apóstol que es un simple experto en apologética, frío y analítico, sino a un hombre con pasión y extraordinario amor por su propio pueblo. La iglesia necesita hoy día desesperadamente evangelistas con el mismo tipo de corazón.

Segundo, Pablo afirma que si muchos judíos no creen, no es porque la palabra de Dios haya fracasado (9:6). En absoluto: nunca se estableció que todos los hijos de Abraham serían incluidos en el pacto. Dios especificó que la línea sería a través de Isaac, no de Ismael ni de los hijos de Cetura (9:7). Para decirlo de otra manera, sólo los “hijos de la promesa” se consideran descendientes de Abraham, no todos los hijos naturales (9:8). Más aún, Pablo ya les había recordado a sus lectores la promesa a Abraham de que por medio de su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra (4:16–17), no sólo los judíos.

Tercero, la defensa de estas proposiciones da un giro dramático. Dios coordinó una selección de entre los hijos de Abraham—no sólo en la generación de Abraham sino con respecto a los hijos de Isaac (9:8–13)— “y para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a las obras sino al llamado de Dios” (9:11–12). Nada deja más claro la supremacía de la gracia que la doctrina de la elección. Dios no tenía que salvar a nadie. Si salvaba a uno, sería un gran acto de gracia. Aquí salva a una inmensa cantidad de personas culpables, sólo por su gracia, teniendo compasión de quien él quiera (9:15), pues tal es su derecho (9:16–24).

Cuarto, las Escrituras del Antiguo Testamento habían previsto que un día el pueblo de Dios dejaría de estar limitado a la raza judía (9:25–26).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 231). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una vieja profecía

Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí.

Juan 5:39

El Señor Dios dijo a la serpiente:… esta (la descendencia de la mujer) te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Génesis 3:14-15

Una vieja profecía

El segundo versículo del encabezamiento es una de las más antiguas profecías bíblicas.

Dios la pronunció cuando Satanás, bajo la forma de una serpiente, acababa de seducir al hombre y a la mujer para incitarlos a desobedecer. A partir de ese momento, el mal marcó toda la humanidad. Pero mediante esta profecía, Dios dejó entrever un destello de esperanza. Con mucha antelación anunció, cuando entró el pecado en el mundo, el remedio que él mismo iba a dar a esta trágica situación.

La descendencia de la mujer se refiere a Jesucristo hecho hombre al nacer de una mujer, María. La cruz en la que aceptó morir interrumpió su vida en la tierra; esto es lo que sugiere el hecho de tener el calcañar herido: es como si su trayectoria aquí en la tierra fuese detenida. En apariencia, la muerte de Jesús era la victoria de Satanás, pero en realidad marcó su destrucción. Mediante su muerte, Cristo pudo destruir “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14). ¡Qué victoria! Aplastó la cabeza de la serpiente, es decir, la venció totalmente. Jesús murió, pero resucitó. Es el primer hombre resucitado en el cielo. Él es el camino para salvar de la muerte a todos los que creen en él.

Esta profecía, que ya tiene varios milenios, se cumplió hace más de 2.000 años. Satanás todavía sigue reinando en el mundo y esclaviza a los hombres. Pero llegará el día en que será echado al infierno, debido a la victoria que Cristo obtuvo sobre él en la cruz (Apocalipsis 20:10).

2 Crónicas 5 – Lucas 23:1-25 – Salmo 96:7-13 – Proverbios 21:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Cómo distinguir lo verdadero de lo falso

Cómo distinguir lo verdadero de lo falso

8/18/2017

Todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. (Mateo 7:17)

La Didaché, uno de los escritos cristianos más antiguos después del Nuevo Testamento, da varias pautas para distinguir a los profetas verdaderos de los falsos. En primer lugar, un verdadero profeta no abusará de la hospitalidad, sino que seguirá adelante, atendiendo su ministerio y su misión. Pero un falso profeta dará vueltas indefinidamente, preocupado solo por satisfacer sus propios intereses.

En segundo lugar, a diferencia del falso profeta, el verdadero profeta se opone a la excesiva solicitud de dinero. Está contento con el apoyo para las necesidades fundamentales de la vida y del ministerio.

En tercer lugar, la manera de vivir de un verdadero profeta corresponderá con las normas de justicia que enseña. Es muy probable que un falso profeta enseñe una cosa y practique otra.

Un verdadero ministro del evangelio mostrará lo que Pablo escribió: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17).

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Esperanza para obedecer mandamientos difíciles

AGOSTO, 18

Esperanza para obedecer mandamientos difíciles

Devocional por John Piper

El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien. (1 Pedro 3:10-11)

Hay solo una razón básica por la cual desobedecemos los mandamientos de Jesús: porque no confiamos en que la obediencia nos traerá más bendición que la desobediencia. No confiamos plenamente en lo que Dios prometió.

¿Qué prometió Dios? Pedro lo enseña de este modo:

No [devolváis] el mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien [bendecid], porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición. El que quiere amar la vida y ver días buenos… apártese del mal y haga el bien (1 Pedro 3:9-11).

Siempre estaremos mejor en obediencia que en desobediencia, incluso si obedecer nos costara la vida:

En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo… junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna (Marcos 10:29-30).

La única forma de obtener el poder necesario para seguir a Cristo en el costoso camino del amor es estar llenos de esperanza, y con la plena confianza de que si perdemos nuestra vida haciendo su voluntad, la volveremos a encontrar y seremos recompensados abundantemente.


Devocional tomado del sermón“The Power of Hope”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó».

18 de agosto

«Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó».

Marcos 15:23

Una verdad de oro está implícita en el hecho de que el Salvador apartara de sus labios el vino mezclado con mirra. El Hijo de Dios estuvo en las alturas desde el principio y, al mirar desde allí a nuestro mundo, midió como Salvador su profundo descenso a las honduras de la desdicha humana. Calculó la suma total de todas las angustias que la expiación requería, no descontando nada; y solemnemente llegó a la conclusión de que para ofrecer un sacrificio expiatorio suficiente, debía recorrer todo el camino desde lo más alto hasta lo más bajo: desde el Trono de la augusta gloria hasta la cruz de profundo dolor. Aquella copa de mirra, con su efecto soporífero, le habría detenido a corta distancia del límite extremo de su sufrimiento; por eso la rehusó. Él no quería dejar de sufrir nada de todo aquello que se había propuesto sufrir por los suyos. ¡Ah, cuántos de nosotros hemos ansiado vehementemente un alivio de nuestros dolores, alivio que nos hubiese resultado perjudicial! Lector, ¿nunca has rogado con impaciente y porfiada avidez que Dios te librara de la dura servidumbre o del sufrimiento? La Providencia te quitó de golpe el deseo de tus ojos (cf. Ez. 24:16). Di, cristiano ¿qué hubiera pasado si se te hubiese dicho: «Si así lo quieres, ese ser amado vivirá; pero Dios no será glorificado con ello»? ¿Habrías en ese caso rechazado la tentación y dicho: «Sea hecha tu voluntad?». ¡Ah!, es agradable poder decir: «Señor mío, aun cuando por otras razones no desee sufrir, sin embargo, si con el sufrimiento y con la pérdida de aquello que me es querido puedo glorificarte más, entonces que así se haga. Rehúso el consuelo si este obstruye el camino a tu glorificación». ¡Ojalá podamos andar más en las pisadas de nuestro Señor, soportando alegremente las pruebas por su causa, desechando pronto y voluntariamente el pensar en nosotros mismos y en el consuelo, cuando este no nos permita terminar la obra que él nos ha encargado hacer. Mucha gracia necesitamos para ello; pero también se nos proporciona mucha gracia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 241). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Un “lugar de disturbio”

18 Agosto 2017

Un “lugar de disturbio”
por Charles R. Swindoll

Salmos 42 y 43

Tengo un lugar donde ocurre un «disturbio». Se encuentra en mi estómago. Está en la parte superior izquierda, un poquito más abajo de la caja torácica. Cuando ocurren cosas perturbadoras, cuando se dicen palabras nebulosas, cuando se escriben ciertas cartas que contienen palabras feas o se leen comentarios extremadamente críticos, empiezo a sentir una agitación interna. ¿Le pasa a usted algo similar?

Un amigo mío dice que a él lo que le afecta es la cabeza, especialmente la frente. Otro me dijo que su «lugar de disturbio» reside en la parte de atrás de su cuello. La mayoría de las personas que conozco tienen una región particular donde ocurren esas molestias causadas por:

Malas noticias
Conflicto personal
Recibos sin pagar
Problemas legales
Reparaciones costosas
Decisiones difíciles
Fechas límites imposibles de satisfacer
Un pecado sin resolver

Para mí es muy reconfortante saber que el himnario inspirado de Dios no omite el afán del conflicto interno. Siendo algo tan común, me parecería extraño que un tema así no fuese mencionado. Pero antes de develar algunas de las connotaciones más prácticas, observemos algunos de los antecedentes de los salmos 42 y 43.

El cancionero antiguo de las Escrituras se organiza en cinco divisiones o «libros».

Libro 1: Salmos 1 -41
Libro 2: Salmos 42 -72
Libro 3: Salmos 73 -89
Libro 4: Salmos 90 -106
Libro 5: Salmos 107 -150

La última canción de cada libro concluye con un «amén» o alguna otra forma de doxología. La última canción, el Salmo 150, se puede decir que es una doxología ampliada cuyo clímax estalla en alabanza.

Se han dado toda clase de sugerencias para explicar por que estas canciones antiguas se dividieron en cinco libros. La tradición judía explica que este arreglo es una reflexión consciente del Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento.

Un Midrash (comentario) que proviene desde el periodo talmúdico sugiere:

Así como Moisés dio cinco libros de la ley a Israel, David también dio cinco libros o salmos a Israel: el libro de los salmos titulado, Bienaventurado es el hombre (Salmo 1: 1); el libro titulado, Para el líder: Masquil (Salmo 42: 1); el libro, Un Salmo de Asaf (Salmo 73: 1); el libro, Una oración de Moisés (Salmo 90: 1) y el libro, El redimido del Señor lo dice (Salmo 107: 2). 6

Siendo realistas, nadie sabe con seguridad por que los salmos fueron divididos así. No obstante, no creo que sea ninguna coincidencia que el Salmo 42 y el Salmo 43 sirven de introducción para el libro 2. Quiero sugerir que estos dos salmos deben ser vistos como una unidad.

Dos aspectos me ayudaron a tomar esa posición. Primero, el Salmo 43 no tiene un título y si observa con detenimiento el primer versículo, este no funciona como introducción. Además, es el único salmo del libro 2 que no tiene título. Eso me hace creer que fluye de manera natural de la canción anterior (recuerde que las divisiones de capítulos y versículos fueron añadidos a la Escritura en siglos posteriores. La Palabra de Dios es inspirada, no así la puntuación o las divisiones de capítulos o párrafos).

Segundo, una frase que se repite dos veces en el Salmo 42  también aparece en el Salmo 43. Salmo 42:5, 11 y Salmo 43:5:

¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?
Espera a Dios, porque aún le he de alabar.

Esta frase idéntica que aparece en esos tres versículos me hace creer que estas dos canciones eran en realidad una sola y contienen el mismo tema. Ahora note el título que aparece antes de versículo 1 del Salmo 42: «Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré». Recuerde que la designación Masquil significa que la canción fue diseñada para proveer perspectiva y sabiduría al enfrentarse a ciertas situaciones. En el Salmo 32, la situación tiene que ver con una conciencia atormentada.

¿Cual es la situación en estas dos canciones? La frase que mencionamos anteriormente y que  se repite tres veces nos dice claramente que la situación es de desesperación y perturbación interna. En otras palabras, estas dos canciones han sido reservadas para proveerle al lector sabiduría y perspectiva sobre cómo enfrentar los «días tristes», cómo enfrentar el viejo afán del conflicto interno.

Afirmando el alma
¿Dónde reside su «lugar de disturbio»? Normalmente, ¿qué es lo que hace que su interior se agite? ¿Cómo reacciona cuando ocurre el tumulto interno y que hace para tratar de encontrar alivio? Si en este momento no se acuerda, la próxima vez que el conflicto interno le cause volver al «lugar de disturbio», anótelo en un papel. Puede ser una buena idea escribir un diario sobre la experiencia.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Qué significa para los cristianos ser “más que vencedores”?

18 AGOSTO

1 Samuel 10 | Romanos 8 | Jeremías 47 | Salmos 23–24

¿Qué significa para los cristianos ser “más que vencedores”? (Romanos 8:37) Una cantidad considerable de personas lo entienden como un grupo especial de cristianos ilustres que viven como si nada les afectara, poderosos al combatir la tentación, victoriosos en sus vidas de oración, fructíferos en su testimonio, maduros y fieles en sus relaciones. Pero el texto no dice nada de eso.

Primero, cuando el apóstol afirma que “somos”, se refiere a todos los cristianos. Dios ha conocido de antemano a todos los cristianos y “los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo”; los llamó, los justificó y los glorificó (8:29–30). El pueblo al que se refiere no son una élite de entre los elegidos; son los cristianos ordinarios, todos los cristianos genuinos.

Segundo, la evidencia de que son “más que vencedores” es que perseveran a pesar de toda oposición. Esta podría tomar la forma de la horrible persecución que describe la Escritura (8:35–38). Puede ser otro tipo de dificultad, incluso el hambre misma. Las glorias de la vida no acabarán por seducirlos; los terrores de la muerte no los desviará por completo; ni las presiones del presente ni las frustraciones del futuro los destruirán (8:38). Ni poderes humanos ni ninguna otra cosa en toda la creación, ni siquiera todos los poderes del infierno desencadenados, nos podrán “separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (8:39).

Tercero, esa última oración lo deja claro: los cristianos no pueden ser separados del “amor de Cristo” (8:35) o el amor de Dios en Cristo (8:39). En cierto aspecto, por supuesto, esto es simplemente decir que ningún poder puede evitar que los cristianos sean cristianos. Por esto somos “más que vencedores”. Pero ese asunto se podía presentar de muchas maneras. Elegir esta forma, con el énfasis en el amor de Cristo como aquello de lo cual no podemos separarnos, nos recuerda la absoluta gloria y el placer que es nuestro, tanto ahora como en la eternidad, por estar en ese tipo de relación. No meramente somos absueltos; somos amados. No somos amados por uno igual a nosotros, sino por Dios mismo. Esto tampoco se refiere al amor general que Dios le tiene a toda su creación. Lo que aquí está en juego es ese amor especial que se aferra a todos “los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (8:28).

Cuarto, la garantía de prevalecer, perseverar y mostrar ser “más que vencedores” en este sentido no es más que los propósitos soberanos de Dios (8:29–30), manifestados en la muerte de su Hijo por nosotros (8:31–35). “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?” (8:32). No es posible imaginar una seguridad mayor.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 230). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El que camina en su rectitud teme al Señor.

Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

Hebreos 4:13

Hablad verdad.

Efesios 4:25

El que camina en su rectitud teme al Señor.

Proverbios 14:2

Ser verdadero

El Señor Jesús, quien sabe hablar con dulzura y ternura, a veces empleó palabras que nos parecen duras. Incluso trató de hipócritas a ciertos hombres religiosos. Su meta era descubrir el estado moral de ellos para que tomaran conciencia de su propia maldad.

La palabra “hipócrita” utilizada por el Señor es originaria del lenguaje teatral antiguo. Significaba “actor” y describía, por extensión, una persona que al representar un papel, mostraba un rostro que no era el suyo. La hipocresía es, pues, una mentira que puede manifestarse tanto en el comportamiento como en las palabras.

Amigos cristianos, se puede ser hipócrita sin darse cuenta de ello. Por debilidad o cobardía se corre el riesgo de mentirse a sí mismo tanto como a los demás. Jesús, quien es “la verdad” (Juan 14:6), mostró mucha energía para denunciar la hipocresía.

Evitemos pronunciar frases estereotipadas que no correspondan a nuestra convicción o a nuestro pensamiento. Seamos rectos, reconozcamos nuestros temores, dudas y debilidades. Mostrémonos tales como somos, frente al Señor y ante nuestros semejantes, sin ambigüedad ni rodeos.

Jesús, hombre perfecto a quien se le preguntaba: “¿Tú quién eres?”, pudo responder: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25). Verdaderamente su pensamiento no iba más allá de su palabra (Salmo 17:3).

Pidámosle la fuerza moral para poner en práctica lo que sabemos que es verdad.

2 Crónicas 3-4 – Lucas 22:47-71 – Salmo 96:1-6 – Proverbios 21:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch