Enfrentando el temor con una canción de fe

9 Agosto 2017

Enfrentando el temor con una canción de fe
por Charles R. Swindoll

Salmos 27

Cuando el temor nos ha tomado cautivos, nuestra actitud se torna en una actitud de auto preservación. Hacemos lo posible para evitar la pérdida, huir del dolor o evitar la muerte. Ese no era el caso con David. Esta canción que fue preservada para nosotros como el Salmo 27, prioriza los asuntos eternos. Los versículos 4 al 6 giran alrededor del concepto que David tiene de mantenerse en una comunión íntima y constante con su Dios.

Una cosa he pedido al Señor; esta buscaré:
que more yo en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura del Señor
y para inquirir en su templo.
Porque en su enramada me esconderá en el día del mal;
me ocultará en lo reservado de su tabernáculo;
me pondrá en alto sobre una roca.
Ahora levantará mi cabeza
sobre mis enemigos que me rodean,
y en su tabernáculo ofreceré sacrificios de júbilo.
Cantaré y entonaré salmos al Señor.

¿Se dio cuenta que casi toda la conjugación de los verbos se utilizaron en la primera persona singular? David está dando aquí su testimonio. Él está escribiendo acerca de su vida privada, sus luchas personales con los afanes de la vida. Aquí no se trata de la figura pública de David, se trata de David ante su Dios.

Otro aspecto notable es que David dice: «Cantaré y entonaré salmos al Señor». Esto sólo puede darse cuando uno mantiene una relación íntima con el Señor. Efesios 5:18 nos manda a ser «llenos del Espíritu Santo», de tal forma que el Espíritu de Dios controle nuestros pensamientos, motivos, actitudes y acciones. Aquí se demuestra una comunión vertical. Cuando le cedemos todo el control al Espíritu Santo, él promete darnos:

Un corazón melodioso que canta  (Efesios 5: 19).
Una actitud agradecida (Efesios 5: 20).
Una actitud mutua y sumisa (Efesios 5: 21).

¿Cuando fue la última vez que usted le cantó a Dios una canción de confianza (a solas)? Es triste que las canciones cristianas no se oigan casi nunca fuera del templo. Vivir en comunión con Dios debiera hacer que nuestros corazones brotaran con melodías espontáneas todos los días. Cantar acerca de nuestra fe es algo muy estimulante.

Afirmando el alma
Cuando siente el temor cerca, ¿de qué forma la música podría ser parte de su reacción? David escribió una canción; quizás usted sepa cantar o tocar un instrumento. Escuchar música que honra y alaba a Dios puede ser un instrumento efectivo para convertir el temor en alabanza.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

El Señor no es deudor de nadie

9 AGOSTO

Rut 2 | Hechos 27 | Jeremías 37 | Salmo 10

El narrador ya nos ha contado que, cuando Noemí y Rut regresaron a Belén, era el tiempo de la siega de la cebada (Rut 1:22). Ahora en (Rut 2) se nos revela la importancia de ese detalle.

Había una tradición antigua, nacida de la ley mosaica, según la cual los terratenientes no debían ser demasiado escrupulosos al recoger el producto de su tierra. De esta manera, se dejaba algo para que los pobres pudieran rebuscar (cf. Deuteronomio 24:19–22; ver meditación del 19 de junio). Así, Rut salió a trabajar detrás de los segadores en un campo no muy lejos de Jerusalén. No tenía forma de saber que este campo pertenecía a un terrateniente adinerado llamado Booz—un pariente lejano de Noemí y el futuro esposo de Rut.

La historia es conmovedora, con muchas personas decentes actuando con amabilidad en todas partes. Por un lado, Rut demostró ser trabajadora, pues apenas se detenía para descansar (2:7). Era terriblemente consciente de su estado como extranjera (2:10), pero trataba a la gente del lugar con respeto y cortesía. Al traerle a Noemí lo que había recogido, le contó todo lo que había sucedido y un comentario del autor nos recuerda que durante esta época de la historia de Israel, el mero hecho de que una mujer soltera hiciera este tipo de trabajo era casi una invitación al abuso (2:22). Esto nos reafirma la valentía y resistencia de Rut.

Noemí vio la mano de Dios. Desde la perspectiva meramente pragmática de conseguir suficiente alimento, está agradecida. Pero al escuchar el nombre del dueño de la finca, no sólo reconoce la seguridad que esto le dará a Rut, sino que se da cuenta de que Booz es uno de sus “parientes-redentores” (2:20). Es decir, era uno de los que podía casarse con Rut, por la llamada ley del levirato, con el resultado de que su primer hijo cargaría los derechos legítimos y propietarios de su marido original.

Ahora bien, posiblemente es Booz quien queda mejor parado en este relato. Sin señales de romance en esta etapa, él se mostró preocupado por los pobres y conmovido por las calamidades de los demás. Es alguien que quiere ayudar sin hacer mucho alarde de ello. Conocía el regreso de Noemí y la fidelidad persistente de esta joven moabita. Dio instrucciones a sus obreros para que proveyeran para sus necesidades, afianzaran su seguridad e incluso dejaran un poco más de grano para que la labor de Rut fuera bien recompensada. Sobre todo, era un hombre de fe, así como de integridad, lo cual podemos percibir en su primera conversación con la mujer que luego sería su esposa: “Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces.” (2:12). Bien dicho, porque el Señor no es deudor de nadie.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 221). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¡Qué felicidad!

(Dios dijo:) Bienaventurado el hombre que me escucha.

Proverbios 8:34

Mis siervos cantarán por júbilo del corazón.

Isaías 65:14

¡Qué felicidad!

Esta era la expresión favorita y a menudo repetida por los presentadores de un programa que atraía a millones de telespectadores. ¡Pero la realidad era totalmente diferente! Interrogadas al final de la serie de programas, las personas que habían sido invitadas a participar hacían un balance triste y amargo. Una de ellas dijo que lo único que habían hecho era explotar su ingenuidad, otras declararon que todo era hipocresía. ¡Qué lejos estaban de la felicidad!

Debemos reconocer que este mundo solo nos propone una felicidad artificial, virtual y mentirosa; los momentos de alegría pasajera que nos ofrece solo son artificios y engaños.

Desde que el pecado entró en el mundo (Romanos 5:12), el hombre que vive sin Dios está privado de la verdadera felicidad. Cuando cree haberla encontrado, solo se trata de una impresión fugaz, pasajera, y nunca duradera. La Biblia precisa: “Si aquel viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?” (Eclesiastés 6:6).

La verdadera felicidad solo puede venir de un acercamiento a Dios. Jesucristo el Salvador dio su vida perfecta y justa por amor a nosotros, para salvarnos de la muerte eterna y para que estemos en paz con Dios. Un amor así va más allá de la razón, pero confiere al corazón paz y gozo (Gálatas 5:22). La Biblia nos invita a ir a Dios para conocer su paz y la verdadera felicidad, eterna, obtenida por el amor de Jesús.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (Salmo 23:6).

1 Crónicas 22 – Lucas 18:18-43 – Salmo 92:1-4 – Proverbios 21:3-4

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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No es optativo el arrepentimiento

No es optativo el arrepentimiento

8/8/2017 

Arrepentíos, y creed en el evangelio. (Marcos 1:15)

Si quiere entrar por la puerta estrecha, tiene que arrepentirse. Muchos judíos de la época de Jesús creían que el ser simplemente descendientes físicos de Abraham era suficiente para la entrada en el cielo. Y hoy muchos creen que con ir a la iglesia o ser moralmente buenos es suficiente para la salvación. Después de todo, piensan ellos, Dios es demasiado bueno para excluir a alguien que no sea tan malo.

Dios quiere que todos entren por la puerta estrecha porque Él “no [quiere] que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). Pero usted no pasará por la puerta estrecha a menos que siga el consejo de Carlos Spurgeon: “Usted y sus pecados se apartan o usted y su Dios nunca se juntarán. No puede mantener ningún pecado; tiene que abandonarlos todos, tiene que sacarlos como a los reyes cananeos de la cueva y ahorcarlos al sol”.

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Soberano sobre toda la naturaleza

AGOSTO, 08

Soberano sobre toda la naturaleza

Devocional por John Piper

La suerte se echa en el regazo, mas del Señor viene toda decisión. (Proverbios 16:33)

En lenguaje actual, diríamos: «Nosotros tiramos los dados, pero Dios decide la suerte».

No hay ningún evento, por más pequeño que sea, que Dios no controle según sus propósitos. Como dijo Jesús: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados» (Mateo 10:29-30).

Cada tirada de dados en Las Vegas, o la muerte del más pequeño de los pájaros en los miles de bosques del mundo —todo obedece al mandato de Dios—.

En el libro de Jonás, Dios le manda a un pez que trague (1:17), a una planta que crezca (4:6) y a un gusano que la consuma (4:7).

Y mucho más allá de la vida de los gusanos, las estrellas ocupan un lugar y se mantienen en su sitio por el mandato de Dios:

Alzad a lo alto vuestros ojos y ved quién ha creado estos astros: el que hace salir en orden a su ejército, y a todos llama por su nombre. Por la grandeza de su fuerza y la fortaleza de su poder no falta ni uno (Isaías 40:26).

Cuánto más, entonces, le obedecen los eventos naturales de este mundo —desde el clima y los desastres naturales hasta las enfermedades, las discapacidades y la muerte—.

Por lo tanto, maravillémonos ante tal imagen y tengamos paz, sabiendo que ningún evento natural está fuera de los buenos propósitos y el perfecto control de Dios.

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Al que cree todo le es posible

8 de agosto

«Al que cree todo le es posible».

Marcos 9:23

Muchos que profesan ser cristianos están siempre dudando y temiendo, y piensan, miserablemente, que esa es la condición inevitable del creyente. Esto es un error, pues: «Al que cree todo le es posible». La verdad es que podemos ascender hasta una posición donde cualquier duda o temor sea solo como un ave que vuela a través del alma, pero no se posa en ella. Cuando lees acerca de la sublime y dulce comunión que han disfrutado ciertos santos distinguidos, suspiras y lamentas en lo íntimo de tu corazón diciendo: «¡Ay!, eso no es para mí». ¡Oh escalador, solo con tener fe, te verás colocado sobre el luminoso pináculo del Templo!, pues «al que cree todo le es posible». Tú oyes hablar de las proezas que han llevado a cabo por Jesús algunos hombres santos, o cuánto se han gozado ellos en él, o en qué medida han llegado a parecérsele, o cómo han podido soportar grandes persecuciones por su causa, y dices: «¡Oh, en cuánto a mí, no soy más que un gusano; yo no puedo alcanzar eso!». No hay nada que haya sido algún santo que no puedas serlo tú. No hay exaltación alguna de la gracia, adquisición de espiritualidad, prueba de seguridad, puesto de servicio, que no te sea accesible, si tan solamente crees. Desecha el cilicio y la ceniza y elévate hasta la dignidad de tu verdadera posición. Tú eres pequeño en Israel porque quieres serlo, no porque haya necesidad de que lo seas. No es propio que te arrastres en el polvo, oh hijo de Rey. ¡Asciende! El trono de oro de la certeza te aguarda. La corona de la comunión con Jesús está lista para adornar tus sienes. Vístete de escarlata y de lino fino y pásalo bien todos los días; pues, si crees, puedes comer «lo mejor del trigo». Tu tierra fluirá leche y miel y tu alma se saciará de meollo y de grosura. Recoge las doradas gavillas de la gracia, pues ellas te esperan en los campos de la fe: «Al que cree todo le es posible».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 230). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Enfrentando el temor con alabanza

8 Agosto 2017

Enfrentando el temor con alabanza
por Charles R. Swindoll

Salmos 27

En tanto que David enfrentaba sus temores y los expresaba a Dios en el Salmo  27, él comenzaba adorando y celebrando el poder y la fidelidad de Dios.

Declaración de alabanza

El versículo clave de toda la canción es el versículo 1. Consiste de dos oraciones similares y le une preguntas.

«El Señor es mi luz y mi salvación…El Señor es la fortaleza de mi vida». David dice, interesantemente, que Dios es todo esto. El Señor no sólo provee estas cosas. En otras palabras, el salmista se enfoca en los atributos de Dios más que en sus obras. David le conocía de manera personal. Para David, el Señor era un amigo y un ayudador muy personal. Era omnipresente, no una deidad distante, impersonal y abstracta, escondida en las nubes. David veía a Dios como un compañero fiel.

Debido a la presencia de Dios, algo que para David era más importante que cualquier otra cosa, la pregunta fluye fácilmente: «¿De quién temeré?… ¿de quién me he de atemorizar?»

En este versículo, el término hebreo que se utiliza con la palabra, «temeré» es la palabra «yarah». Esta palabra es diferente a la palabra, «atemorizar» que parece en el segundo renglón y que es menos común. La palabra hebrea es, «pachad» y significa sentirse abrumado y lleno de preocupación. Dios era tan importante en la vida David, tan impresionante y tan significativo que para él no había nada ni nadie que le causara temor.

A mí me estimula saber que el Salmo 23 dice: «nada me faltará». Que el Salmo 26 dice: «no vacilaré». Y ahora el Salmo  27 dice: «no temeré». En cada caso, el compositor sabe que lo que le hace falta solamente lo encuentra en la presencia y  en la provisión de Dios.

Después de considerar la suficiencia de su Dios, David recuerda los triunfos pasados del Señor sobre sus enemigos.

Cuando se acercaron a mí los malhechores,
mis adversarios y mis enemigos
para devorar mis carnes
tropezaron y cayeron.
Aunque acampe un ejército contra mí,
mi corazón no temerá.
Aunque contra mí se levante guerra,
aun así estaré confiado. (vv. 2 -3)

Note los temores potenciales: «malhechores… adversarios… enemigos… un ejército… guerra». Ese es un escenario lúgubre. Note también que no eran simples posibilidades; eran realidades. Él comienza el versículo 2 diciendo: «cuando» en vez de la frase «en caso». David tuvo que enfrentar esos peligros.

Observe dos cosas. Primero, analice la intensidad del conflicto. El versículo 2 dice que los malhechores venían a devorarlo (v. 2); el ejército había venido a acampar contra él (v. 3); la guerra se vino contra él. Éstas no son expresiones de una aflicción momentánea.

Segundo, analice la reacción de salmista en la última frase del versículo 3. A pesar de esos peligros, ya sean pasados o futuros, David dice: » aun así estaré confiado». El original hebreo literalmente utiliza el verbo en su forma presente: «estoy confiado». Él había enfrentado el peligro en el pasado. El peligro seguía siendo inminente y los días difíciles se veían en el horizonte. David tenía motivo para estar temblando pero él se mantuvo firme.

El término hebreo, «confiado», que utiliza David no significa un atributo de valentía o autoconfianza, humanamente hablando. El concepto más bien refleja confianza y seguridad. Su contraparte árabe significa tirarse de cara al suelo, caer a tierra. Lo que quiero decir es que el origen de la confianza de David y su estabilidad no se encontraba en su propia fuerza sino más bien en Dios. Su Señor era la única fundación de una estabilidad sólida. ¡Dios es el fundamento inconmovible!

Hudson Taylor, el valiente misionero que pasó su vida llevando el evangelio a China, escribió lo siguiente mientras estaba luchando con grandes dificultades y presiones: «No importa cuanta presión exista. Lo que importa es lo que esa presión hace. Te separa de Dios o más bien te acerca a su corazón».

Afirmando el alma
¿Por qué piensa que alabar a Dios en medio de circunstancias atemorizantes puede ser útil? Piense en aspectos prácticos y teológicos. ¿Puede recordar momentos en su propio pasado cuando Dios le rescató del peligro? ¿Escribió sobre ello en un diario? Puede que le sirva después.

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Rut

8 AGOSTO

Rut 1 | Hechos 26 | Jeremías 36; 45 | Salmo 9

Difícilmente encontraremos en las Escrituras una figura más atractiva que Rut.

Es moabita (Rut 1:4). Vive en tiempos difíciles y se enfrenta a su propio profundo duelo. Ella y otra moabita, Orfa, se casan con dos inmigrantes recientes llamados Mahlón y Quelión. Estos dos hombres y sus padres habían llegado al territorio moabita para escapar de la hambruna que acechaba a su pueblo, Belén. Pasaron unos años y el padre de estos hombres, Elimelec, murió. Luego también murieron Mahlón y Quelión, de manera que quedan las tres mujeres: la suegra de las moabitas, Noemí, y las dos moabitas: Orfa y Rut.

Cuando Noemí se enteró de que se había acabado la hambruna en su tierra—la razón principal para haber emigrado a Moab— decide volver a casa. Las familias solían trabajar en relaciones de clanes extendidos. Allí, cuidarían de ella y el dolor de su soledad se mitigaría. Con sabiduría, anima a sus dos nueras a que se queden en su propia tierra, con su pueblo, idioma y cultura. ¿Quién sabe? Con el tiempo, hasta podrían conseguir nuevas parejas. Ciertamente, ¡no podían esperar que Noemí se los produjera!

Así, Orfa acepta el consejo y se queda en Moab, y no se sabe nada más de ella. Rut, sin embargo, se aferra a Noemí: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, iré yo, y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré sepultada” (1:16–17). Incluso se amenaza a sí misma con una maldición: “¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!” (1:17).

Rut no tenía la intención de parecer heroica. Sencillamente, estaba hablando con el corazón. ¿Había alcanzado una fe genuina y consistente en Dios el Señor durante los diez años de su matrimonio? ¿Qué clase de lazos sólidos y sutiles se habían forjado entre Rut y los miembros israelitas de esta familia extendida y, en particular, entre ella y Noemí?

Nuestra cultura suele bromear acerca de las suegras. Pero muchísimas son asombrosamente desinteresadas y establecen relaciones con sus nueras que son tan profundas y piadosas como las mejores entre madres e hijas. Así parece ser aquí. Rut estaba dispuesta a abandonar a su propio pueblo, cultura, tierra e incluso religión, con tal de quedarse con Noemí para ayudarla.

No podía saber que, al tomar esa decisión, pronto acabaría casada otra vez, y menos aún que ese matrimonio le haría formar parte del linaje, no sólo de la impresionante dinastía davídica, sino del Rey supremo que surgiría de ella siglos más tarde.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 220). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Se hace lo que se puede

martes 8 agosto

Vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

1 Pedro 2:25

Hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma.

Salmo 143:8

Se hace lo que se puede

«Todo el mundo es diferente y cada uno trata de conducir su vida con sus propios medios como puede». Este comentario pesimista de uno de nuestros lectores refleja el pensamiento de muchos sobre la manera de conducir su vida. Se hace lo que se puede, lo mejor posible, vamos de un lado a otro sin tener ningún punto de referencia, ninguna seguridad.

¡Nada de esto es nuevo! Hace casi tres mil años, un profeta constataba: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Y Jesucristo mismo “tuvo compasión” de las multitudes, “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).

“El hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). Pero Dios quiere orientar nuestra vida de forma segura. En la Biblia nos revela su plan para el bien de su criatura. Él traza una senda para el que quiere escuchar. Primero nos da un punto de partida llamado el nuevo nacimiento. Se llega a él mediante la fe en su Hijo Jesucristo. Luego nos muestra el destino, es decir, la felicidad de estar con él en el cielo. Para indicarnos el camino que debemos seguir cada día, nos guía por medio de su Espíritu: “Tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:21). Mediante su Palabra nos ilumina: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

1 Crónicas 21 – Lucas 18:1-17 – Salmo 91:11-16 – Proverbios 21:1-2

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Dependencia como la de los niños

Dependencia como la de los niños

8/7/2017 

Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 18:3)

Mientras hablaba de la genuina salvación, Jesús hizo una apropiada comparación con las características de los niños. Para ser salvo, usted debe ir a Cristo con la actitud dependiente y la perspectiva de un niño: sencillo, indefenso, confiado, sincero, sin pretensiones y sin ambiciones.

No es que los niños no tengan pecado, sino que son cándidos y modestos, dependientes de los demás y libres de egoístas reclamos de grandeza. Se someten al cuidado de sus padres y de otros seres queridos, dependiendo de ellos para que satisfagan todas sus necesidades. Esa es la actitud humilde y dependiente que debe tener todo el que procure entrar en el reino de Jesucristo.

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