El motivo de la creación

AGOSTO, 07

El motivo de la creación

Devocional por John Piper

Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Génesis 1:27)

Dios hizo a los seres humanos a su imagen para que el mundo estuviera lleno de reflectores de Dios. Imágenes de Dios. Siete mil millones de estatuas de Dios, para que así nadie ignore el motivo de la creación.

Nadie (a menos que estuviera totalmente ciego) podría pasar por alto el propósito de la humanidad: Dios. Conocer, amar y mostrar a Dios. Los ángeles daban voces en Isaías 6:3, diciendo: «Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria». Está llena de millones de seres humanos que llevan su imagen. Ruinas gloriosas.

Pero no solo de humanos. ¡También de naturaleza! ¿Por qué un mundo increíblemente bello para que vivamos? ¿Por qué un universo tan vasto?

Una vez leí que son más las estrellas del universo que las palabras y sonidos que todos los seres humanos de todos los tiempos han emitido. ¿Por qué? La Biblia es absolutamente clara al respecto: «Los cielos proclaman la gloria de Dios» (Salmos 19:1).

Alguien podría preguntar: «Si la Tierra es el único planeta habitado y el hombre es el único habitante racional entre las estrellas, ¿para qué un universo tan grande y vacío?». La respuesta es esta: no se trata de nosotros. Se trata de Dios. Y decir solo eso, es quedarse corto.

Dios nos creó para que lo conozcamos y lo amemos y lo demos a conocer; y nos dio un indicio de cómo es él —el universo—.

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«Satanás nos estorbó».

7 de agosto

«Satanás nos estorbó».

1 Tesalonicenses 2:18

Desde el primer instante en que el bien entró en conflicto con el mal, nunca ha dejado de ser cierto, en la experiencia espiritual, que Satanás nos estorba. Desde todos los puntos cardinales, a lo largo de toda la línea de batalla, en la vanguardia y en la retaguardia, al empezar el día y a la medianoche, Satanás nos estorba. Si trabajamos en el campo, él procura rompernos el arado; si edificamos una pared, se esfuerza por echarla abajo; si queremos servir a Dios en medio del sufrimiento o de la lucha, Satanás nos estorba por todas partes. Nos estorba cuando al principio nos acercamos a Jesucristo. ¡Qué terribles conflictos tuvimos con Satanás cuando miramos a la cruz y vivimos! Y ahora que somos salvos, se esfuerza por impedir el perfeccionamiento de nuestro carácter personal. Quizá te felicites diciendo: «Hasta aquí he sido consecuente; ninguno puede dudar de mi integridad». Cuídate de la vanagloria, porque tu virtud se ha de probar aún. Satanás dirigirá sus estratagemas precisamente contra aquella virtud en que más destacas. Si hasta aquí has sido un creyente firme, tu fe se atacará antes de mucho; si has sido manso como Moisés, has de verte tentado a hablar imprudentemente. Los pájaros picotearán tus frutos más maduros; el jabalí hundirá sus colmillos en tus selectas vides. Sin duda, Satanás nos estorba cuando estamos orando con ardor: él reprime nuestra importunidad y debilita nuestra fe para que, si es posible, no consigamos la bendición. Satanás no se muestra menos astuto al obstruir todo esfuerzo cristiano: nunca hubo un avivamiento en religión sin un avivamiento de su oposición. En cuanto Esdras y Nehemías empezaron a trabajar, Sanbalat y Tobías se enardecieron para estorbarlos. ¿Qué pues? No nos alarmemos porque Satanás nos estorbe, pues ello es prueba de que estamos del lado del Señor, y con el poder de Cristo obtendremos la victoria y triunfaremos sobre nuestros adversarios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 229). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Paralizado por el temor

7 Agosto 2017

Paralizado por el temor
por Charles R. Swindoll

Salmos 27

Uno de los problemas más paralizantes en la vida de un ser humano es el temor. Nuestros temores aparecen en muchas áreas: temor a lo desconocido, temor a la calamidad, temor a la enfermedad, temor a la muerte, temor a las personas, temor a perder nuestro empleo, temor a los ataques del enemigo, temor de ser malentendido, de ser rechazado, de ser criticado, de ser olvidado, o como lo mencionamos anteriormente de ser maltratado. Lo peor es que aquello que tenemos más es lo que termina ocurriéndonos. Y a veces, es peor de lo que habíamos anticipado. He pasado momentos cuando prácticamente me he quedado paralizado con sentimientos de pánico. El temor se aferra a nosotros y en un instante nos convertimos en su víctima.

Recuerdo un amigo mío de la universidad que me contó de su experiencia hace varios años mientras trabajaba en la construcción de un gran hospital en Dallas. Le tocó trabajar en el doceavo piso soldando las vigas de acero que servían de estructura al edificio. Estaba tan aterrado de caerse, que literalmente temblaba de temor todos los días, aun cuando no lo divulgaba. Un día, su supervisor se dio cuenta que mi amigo estaba temblando y le dijo: «Oye, chico, ¿tienes miedo?» Mi amigo le respondió: » Miedo… ¿yo? ¡He  estado tratando de decirte desde hace dos semanas que quiero renunciar!»

Eso es estar paralizado de temor.

Si el temor se ha convertido en su afán diario, el Salmo 27 le será muy útil. Esta canción fue escrita con la intención de aplacar el dolor de ese afán tan perturbador.

El pasaje y su patrón

Una lectura cuidadosa de la canción del rey David revelará un contraste entre la primera parte (vv. 1-6) y la segunda parte (vv. 7-14). Los primeros seis versículos resuenan en alabanza, confianza y canto mientras que los últimos ocho versículos presentan una larga lista de peticiones. Observe las expresiones que David utiliza en su composición: »

Versículo 7: » Escucha, oh Señor… y respóndeme».
Versículo 8: » Tu rostro buscaré, oh Señor».
Versículo 9: «No escondas…no apartes… no me dejes ni me desampares».
Versículo 11: «Enséñame… oh Señor».

Estas frases antiguas parecen dar la sensación de temblar mientras expresan la dependencia en Dios.

Antes de comenzar este análisis profundo de la reacción de David hacia el temor, permítame señalarle la estructura general del salmo.

Declaración de alabanza (vv. 1-6)
Petición por las necesidades (vv. 7-13)
Exhortación a esperar (v. 14)
David primero dijo lo que sabía (vv. 1-6).
Luego expresó lo que necesitaba (vv. 7-13).
Y finalmente, se comprometió a esperar en Dios (v. 14).

Afirmando el alma
¿Cuál es su reacción acostumbrada cuando el temor llega su vida? ¿Cree usted que su reacción es constructiva para usted y los demás? ¿Cómo cambiaría usted su reacción al temor si pudiese hacerlo?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

“En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor.”

7 AGOSTO

Jueces 21 | Hechos 25 | Jeremías 35 | Salmos 7–8

Ahora se da el último paso malvado de la violencia provocada por la violación y el asesinato de la concubina del levita (Jueces 21). En una furia vengativa, los israelitas arrasaron el territorio tribal de Benjamín, aniquilando hombres, mujeres, niños y ganado (20:48). Los únicos que quedaron fueron 600 hombres armados que se habían escondido en una peña en Rimón (20:47). Pero ahora el resto de la nación está titubeando. Como parte de sus sanciones en contra de Benjamín, habían prometido no darle ninguna de sus hijas a hombre alguno de Benjamín. Si cumplen su voto, la tribu de Benjamín desaparecerá, pues sólo quedan hombres en ella.

Su solución es más nauseabunda, cruel y bárbara que todo lo que habían hecho hasta ese entonces. Descubrieron que un pueblo grande en Israel, Jabes-Galaad, nunca respondió al llamado inicial a tomar armas. En parte como castigo y en parte para conseguir mujeres israelitas, las fuerzas de Israel destruyeron Jabes-Galaad y mataron a todos los hombres y a las mujeres que no eran vírgenes (21:10–14). Esta táctica proveyó 400 esposas a los 600 benjamitas que sobrevivieron. El plan para conseguir otras 200 es apenas menos malvado. A los 200 hombres de Benjamín que quedaron sin mujer, se les concedió autorización para secuestrar mujeres adecuadas durante la época de un festival en Silo, previa una advertencia a sus padres y hermanos (21:20–23). De esta manera, la tribu de Benjamín, muy reducida ya en número, sobrevivió. Uno apenas puede imaginarse los niveles exorbitantes de amargura, dolor, temor, resentimiento, soledad, venganza, rabia e intenso pesar que deben haber provocado estas “soluciones”.

Ya debe quedar claro que los israelitas se enfrentaron a dos tipos de problemas en el libro de los Jueces. Muy a menudo, el problema es que eran esclavizados o reprimidos por una u otra de las tribus cananeas que compartían mucha de la tierra con ellos o que vivían cerca. Cuando el pueblo clama a Dios, él les levanta un héroe para rescatarlos, una y otra vez. Pero el otro problema es mucho más profundo. Es la rebelión misma, el abandono crónico y persistente al Dios que les rescató de Egipto y que efectuó un pacto solemne con ellos. Esto no sólo genera más ciclos de opresión desde afuera, sino una decadencia espiral y desorientación desde adentro.

Por quinta y última vez, el escritor de Jueces ofrece su análisis: “En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor.” (21:25). Cuánto necesita esta nación un rey—para ordenarla, estabilizarla, defenderla, mantener la justicia, dirigirla, unirla. Pero, ¿será un rey que resuelva los problemas o uno cuya dinastía se convierte en parte del problema? Así comienza un nuevo capítulo de la historia de Israel. Una institución real nueva pronto se vuelve igual de problemática—hasta que llegue Aquel que es Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:16).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 219). Barcelona: Publicaciones Andamio.

 

La Biblia es la revelación de Dios (2)

Os he enseñado… que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día.

1 Corintios 15:3-4

Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Romanos 10:11

La Biblia es la revelación de Dios (2)

La Biblia es un mensaje vivo. Si usted cree en la Palabra de Dios, experimentará que ella produce en usted lo que dice. Ella crea pensamientos y referencias nuevas, una paz interior profunda y la seguridad de la vida eterna. Este mensaje es la buena nueva, es decir, el Evangelio que proclama que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Corintios 15:3). ¡Sí, el Hijo de Dios murió por usted y por mí! No piense que ante Dios usted está limpio, que no cometió pecados, o que hizo suficientes buenas obras para equilibrar el peso de sus faltas. Eso equivaldría a pensar que Dios miente, pues en su Palabra dice que todos los hombres pecaron y están destituidos de su gloria. Tendré acceso a esta gloria si acepto que todo aquel que cree en Cristo es justificado ante Dios ¡gratuitamente! Entonces puedo disfrutar de la gracia divina, perfecta.

Ese maravilloso regalo de Dios se hace posible porque Jesús, su Hijo, sufrió en mi lugar el juicio que yo merecía por mis pecados. Me amó, pagó el precio, dio su vida, su sangre fue derramada en la cruz. Dios perdona a todo el que cree, lo declara justo y le da la vida eterna. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados (Romanos 3; Juan 3; 1 Juan 1).

Dios le ama y le está llamando. Acérquese a él ahora y descubra el mayor testimonio de su amor y de su poder: Jesús murió, pero no permaneció en la tumba; Dios lo resucitó de entre los muertos y ahora vive para siempre.

1 Crónicas 20 – Lucas 17 – Salmo 91:7-10 – Proverbios 20:29-30

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El joven rico

El joven rico

8/6/2017

¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! (Lucas 18:24)

Cuando el joven rico le preguntó a Jesús respecto a la salvación, nuestro Señor probó de inmediato su disposición a dejarlo todo y a seguirlo: “vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Lc. 18:22). Cuando el joven rico no prestó atención a las palabras de Jesús, demostró que no estaba dispuesto a someterse al señorío de Cristo.

El que quiera aceptar la salvación debe rendir el control de su vida al Salvador. Eso significa estar dispuesto a abandonarlo todo para seguirlo, o estar contento con todo lo que le ha dado, sabiendo que puede soberanamente darle más cuando le sirve.

La salvación es cambiar todo lo que usted es por todo lo que Cristo es. Por lo tanto, la fe salvadora no es simplemente un acto mental; ella calcula el costo (Lc. 14:28) y humildemente clama a Dios como hizo el publicano en Lucas 18:13: “Dios, sé propicio a mí, pecador”.

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Jesús pagó por nuestra perseverancia

AGOSTO, 06

Jesús pagó por nuestra perseverancia

Devocional por John Piper

Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros. (Lucas 22:20)

Lo que este pasaje significa es que el nuevo pacto, prometido más explícitamente en Jeremías 31 y 32, fue asegurado y sellado por la sangre de Jesús. El nuevo pacto se cumple porque Jesús murió para establecerlo.

¿Qué nos asegura el nuevo pacto a todos los que pertenecemos a Cristo? Perseverancia en la fe hasta el final.

Observemos lo que dice Jeremías 32:40:

Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí.

El pacto eterno —el nuevo pacto— incluye una promesa inquebrantable: «Infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí». No podrán. No lo harán. Cristo selló este pacto con su sangre. Él compró nuestra perseverancia.

Si hoy están perseverando en la fe, se lo deben a la sangre de Jesús. El Espíritu Santo, quien está obrando en ustedes para preservar su fe, honra el pago de Jesús. Dios Espíritu obra en nosotros lo que Dios Hijo obtuvo para nosotros. El Padre lo planeó, Jesús lo compró, el Espíritu lo aplica: todos ellos obran con infalibilidad.

Dios está totalmente comprometido con la seguridad eterna de sus hijos comprados con su sangre.

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«Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén».

6 de agosto

«Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén».

Salmo 72:19

He aquí una amplia petición. Para interceder por una ciudad es necesario hacer un esfuerzo de fe y hay ocasiones cuando una oración por una sola persona resulta suficiente para hacernos titubear. ¡Pero de cuán largo alcance era la angustiosa intercesión del Salmista! ¡Qué amplia! ¡Qué sublime! «Toda la tierra sea llena de su gloria». No exceptúa un solo país, aunque esté aplastado por el pie de la superstición; no excluye a una sola nación, aunque sea bárbara. Esta oración se eleva a favor de los caníbales y de los civilizados, por todos los climas y por todas las razas. Alcanza a toda la redondez de la tierra y no omite a ningún hijo de Adán. Debemos levantarnos y trabajar para nuestro Maestro, de lo contrario no podremos ofrecer sinceramente esta oración. Esta petición no se hace con corazón sincero si no nos esforzamos, con la ayuda de Dios, en extender el Reino de nuestro Señor. ¿No hay algunos que descuidan tanto el orar como el trabajar? Lector, ¿es tuya también la oración del Salmista? Vuelve tus ojos al Calvario: contempla al Señor de la vida clavado en una cruz, con la corona de espinas en sus sienes y su cabeza, sus manos y sus pies sangrando. Qué, ¿puedes contemplar este milagro de milagros —la muerte del Hijo de Dios— sin sentir en tu pecho una admirable adoración que ningún lenguaje es capaz de expresar? Si cuando notas la sangre aplicada a tu conciencia y sabes que él ha borrado tus pecados, no te levantas del lugar donde estás arrodillado y clamas: «Toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén», es que no eres hombre. ¿Puedes inclinarte delante del Crucificado en amoroso homenaje y no desear que tu Monarca sea el Señor del mundo? ¡Afuera contigo si pretendes amar a tu Príncipe y no deseas verlo como gobernante universal! Tu piedad no tiene valor si no te lleva a desear que la misma gracia que te ha sido concedida se otorgue también al resto del mundo. Señor, la hora de segar ha llegado: mete tu hoz y siega (cf. Ap. 14:15).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 228). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Hasta aquí vais a llegar. No más.”

6 AGOSTO

Jueces 20 | Hechos 24 | Jeremías 34 | Salmos 5–6

Uno podría esperar que sólo se buscara y se ejecutara a los culpables (Jueces 20). Pero el levita está agitando a la nación (claro, sin mencionar su propia conducta vergonzosa). Hasta donde sabemos por los registros, Gabaa no ofreció entregar a los culpables. Si lo hubieran hecho, ahí se había acabado el asunto. Los líderes de la tribu de Benjamín tampoco ofrecieron intervenir para asegurarse de que se hiciera justicia. En vez de esto, cerraron filas y se dispusieron a pelear contra todos los que vinieran, pues probablemente pensaban que el resto de la nación no estaría dispuesto a pagar un precio demasiado alto para capturar unos cuantos violadores en una época en la que la nación entera se había vuelto violenta.

Por su parte, el resto de las tribus se puso furioso, pero actuó tontamente. En vez de efectuar un ataque masivo, inicialmente deciden enviar las tropas de una sola tribu a la vez. Cuando se nos dice que los israelitas le consultaron a Dios cuál de las tribus debía ir primero, probablemente quiere decir que pasaron por el procedimiento del urim y el tumim con algún sacerdote del santuario. Los israelitas perdieron veintidós mil hombres el primer día (20:21) y dieciocho mil el siguiente (20:25). Finalmente, el Señor promete entregar a Gabaa y a los de Benjamín en manos del resto de los israelitas (20:28). Al tercer día, los israelitas planificaron una emboscada y finalmente salieron victoriosos. Muchísimos de los hombres de Benjamín murieron.

Este tipo de cosas son las que suceden cuando se disuelve el estado de la ley, cuando la gente comienza a actuar por lealtad tribal y no por principios, cuando la venganza domina a la justicia, cuando la vendetta supersticiosa suplanta a los tribunales, cuando los hermanos ya no comparten una tradición común de adoración y de valores, cuando se gobierna mediante el temor y no con el consentimiento de los gobernados. No hay un punto lógico de parada. Esto puede iniciar un conflicto regional, puede inflamar un Bosnia, puede comenzar una guerra mundial. Es la materia prima de dictadores y caudillos, el lubricante de las gangas y la violencia.

La triste realidad es que todas las culturas son capaces de esto. Los israelitas antiguos se hundieron en este atolladero, no porque fueran peores que todos los demás, sino porque eran típicos representantes de todos los demás. Una sociedad que ya no se mantiene unida—bien sea por fundamentos religiosos, por una cosmovisión compartida o al menos por unos procedimientos acordados y respetados—está destinada a la violencia y la anarquía, lo cual, tarde o temprano, se convierte en el mejor criadero de la respuesta esperada de los tiranos: el poder instaurado mediante la espada y el arma de fuego.

Así lo entienden los historiadores seculares. Nosotros también vemos todo esto, y además discernimos, detrás de la sangre y la maldad, la mano justa de Dios que afirma: “Hasta aquí vais a llegar. No más.”

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 218). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La Biblia es la revelación de Dios (1)

(Jesús dijo a Dios:) Tu palabra es verdad.

Juan 17:17

La recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

1 Tesalonicenses 2:13

… los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

2 Pedro 1:21

La Biblia es la revelación de Dios (1)

Para todo hombre, esta es la pregunta crucial: ¿Creo que la Biblia es la Palabra de Dios?

Si este es su caso, al leerla atentamente todo se ilumina y se aclara; pero es necesario recibir lo que Dios dice, tal como un niño recibe la palabra de su padre que lo ama y no lo engaña. ¡Solo Dios es totalmente veraz!

Así, la luz divina me ilumina desde el día en que acepto que Dios me habla por medio de Jesucristo, su Hijo. Jesús es la Palabra hecha carne. Por medio de él Dios se pone en contacto con el hombre. Dios es justo y no miente. También es amor, es fiel y no engaña a nadie, por ello podemos creer con toda confianza el testimonio que da sobre su Hijo: “Esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-13).

La Biblia también dice: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

Dios quiere que todos los hombres sean salvos, por ello hizo todo lo necesario para librar nuestra alma y todo nuestro ser.

Si usted pone su confianza en otra cosa (filosofía, religiones paganas, teorías esotéricas,…) que no sea la Biblia, permanecerá en la duda y la confusión. ¡Crea en Jesús; él es “la luz de la vida”! (Juan 8:12).

(mañana continuará)

1 Crónicas 19 – Lucas 16 – Salmo 91:1-6 – Proverbios 20:27-28

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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