¿Qué Es El Dispensacionalismo Y Cuál Es Su Relación Con La Salvación De Señorío?

¿Qué Es El Dispensacionalismo Y Cuál Es Su Relación Con La Salvación De Señorío?

Por John F. Macarthur

U no de los elementos más confusos en toda la controversia del señorío tiene que ver con el dispensacionalismo. Algunos han supuesto que mi ataque a la teología de la negación del señorío es una lucha sin cuartel contra el dispensacionalismo, pero ese no es el caso. A algunos lectores les puede sorprender saber que la cuestión del dispensacionalismo es un área en la que Charles Ryrie, Zane Hodges y yo compartimos cierto terreno en común: todos somos dispensacionalistas.

Es comprensible que muchos estén confundidos por el término dispensacionalismo; he conocido a graduados de seminario y a muchos líderes cristianos que no tienen la menor idea de cómo definirlo. ¿En qué difiere de la teología del pacto? ¿Qué tiene que ver con la salvación de señorío? Tal vez podamos responder a esas preguntas con sencillez y sin mucha jerga teológica.

El dispensacionalismo es un sistema de interpretación bíblica que ve una diferencia entre el programa de Dios para Israel y su trato con la iglesia . De verdad, es así de simple.

Una dispensación es el plan de Dios por medio del cual él administra su gobierno dentro de una etapa determinada de su programa eterno. Las dispensaciones no son períodos de tiempo, sino diferentes administraciones en el desarrollo eterno del propósito de Dios. Es especialmente crucial notar que el método de salvación (por la gracia, mediante la fe) es el mismo en cada dispensación. El plan redentor de Dios permanece inalterado, pero la forma en que lo administra variará entre una dispensación y otra. Los dispensacionalistas observan que Israel fue el foco del plan redentor de Dios en una dispensación; la iglesia, compuesta por los redimidos, incluyendo a judíos y gentiles, es el foco en otra. Todos los dispensacionalistas creen que queda al menos una dispensación por cumplirse en el futuro, durante el reino milenario de Cristo en la tierra (conocido como el milenio), en el cual Israel tendrá una vez más un papel esencial.

El dispensacionalismo enseña que el resto de promesas de pacto de Dios a Israel se cumplirán literalmente, incluyendo las promesas de bendiciones terrenales y del reino mesiánico terrenal: Dios le prometió a Israel, por ejemplo, que poseerían la tierra prometida para siempre (Gén. 13:14-17; Éxo. 32:13); las Escrituras declaran que el Mesías gobernará sobre los reinos de la tierra desde Jerusalén (Zac. 14:9-11); la profecía del Antiguo Testamento dice que todo Israel un día será restaurado a la tierra prometida (Amós 9:14, 15), el templo será reedificado (Eze. 37:26-28) y que el pueblo de Israel será redimido (Jer. 23:6; Rom. 11:26, 27). Los dispensacionalistas creen que todas esas bendiciones prometidas se cumplirán tan literalmente como sucedió con las maldiciones prometidas.

La teología del pacto, por otra parte, normalmente considera que tales profecías ya se han cumplido alegórica o simbólicamente. Los teólogos del pacto creen que la iglesia (no literalmente Israel) es la receptora de las promesas del pacto, pues según ellos esta ha sustituido a Israel en el programa eterno de Dios, de modo que sus promesas a Israel se cumplen en las bendiciones espirituales recibidas por los cristianos 1 . Dado que su sistema no permite el cumplimiento literal de las bendiciones prometidas a la nación judía, los teólogos del pacto alegorizan o espiritualizan esos pasajes proféticos de la Palabra de Dios.

Soy dispensacionalista porque el dispensacionalismo por lo general comprende y aplica la Biblia (en particular los pasajes proféticos) de una manera más consistente con la perspectiva normal y literal que considero que Dios ha determinado para la interpretación de su Palabra 2 . Por ejemplo, los dispensacionalistas pueden interpretar literalmente Zacarías 12—14, Romanos 11:25-29 y Apocalipsis 20:1-6, mientras que los teólogos del pacto no.

Así pues, estoy convencido de que la distinción dispensacionalista entre la iglesia e Israel es una interpretación acertada del plan eterno de Dios revelado en las Escrituras. No he abandonado el dispensacionalismo ni tengo intenciones de hacerlo.

Fíjate, dicho sea de paso, que la descripción que hace el doctor Ryrie del dispensacionalismo y de sus razones para adoptar ese sistema son muy parecidas a lo que acabo de decir aquí. Hace algunos años escribió: “La esencia del dispensacionalismo, entonces, es la distinción entre Israel y la Iglesia. Esto proviene del uso que el dispensacionalista hace de un sistema de interpretación normal y llano” 3 . En cuanto a esto, parece que el doctor Ryrie y yo estamos fundamentalmente de acuerdo, pero en lo que diferimos es en la aplicación práctica del dispensacionalismo. El sistema del doctor Ryrie resulta ser de alguna manera más complejo de lo que su propia definición parece sugerir.

El debate del señorío ha tenido un efecto devastador en el dispensacionalismo. Dado que la teología de la negación del señorío está tan estrechamente relacionada con el dispensacionalismo, muchos han imaginado una relación de causa y efecto entre ambos. En El evangelio según Jesucristo afirmé que algunos de los primeros dispensacionalistas establecieron los fundamentos para la enseñanza de la negación del señorío; manifesté mi desacuerdo con los dispensacionalistas extremos que relegan secciones completas de la Biblia (incluyendo el Sermón del monte y el Padrenuestro) a una era del reino futuro; critiqué la manera en que algunos dispensacionalistas han manipulado la predicación y enseñanza de Jesús hasta anular la intención evangelística de algunas de sus invitaciones más importantes; desacredité la metodología de los dispensacionalistas que procuran aislar la salvación del arrepentimiento, la justificación de la santificación, la fe de las obras y el señorío de Cristo de su papel como Salvador, de manera que están separando lo que Dios ha unido.

Varios antidispensacionalistas declarados elogiaron el libro como un golpe importante contra el dispensacionalismo: querían declarar la muerte del sistema y organizar la celebración de su funeral.

Para ser sincero, considero que ciertos híbridos del dispensacionalismo deberían morir y me encantaría unirme a ese cortejo fúnebre, pero es una equivocación descartar todo el dispensacionalismo como si fuera completamente inválido. Mi propósito no es atacar sus raíces, sino apelar por una aplicación más pura y bíblica del principio de interpretación literal, histórica y gramatical. El método hermenéutico subyacente del dispensacionalismo es sólido y no debería ser abandonado: ese no es el punto del debate del señorío.

¿Quiénes son los dispensacionalistas? Prácticamente todos los dispensacionalistas son evangélicos de teología conservadora: nuestra perspectiva de las Escrituras es por lo general muy alta, nuestro método de interpretación es consistentemente literal y nuestro celo por las cosas espirituales se ve exacerbado por la convicción de que estamos viviendo en los últimos días.

¿De qué manera influye el dispensacionalismo en nuestra perspectiva teológica general? Obviamente, la cuestión fundamental en todo sistema es la escatología (el estudio de la profecía): todos los dispensacionalistas son premilenialistas ; es decir, creen que en el futuro Cristo reinará sobre la tierra por mil años porque eso es lo que decreta una perspectiva literal de la profecía (cf. Apoc. 20:1-10). Los dispensacionalistas pueden no ponerse de acuerdo en cuanto al momento del rapto, la cantidad de dispensaciones u otros detalles, pero su posición en cuanto al reino milenario en la tierra queda establecida por su método de interpretación bíblica.

El dispensacionalismo también tiene implicaciones para la eclesiología (la doctrina de la iglesia) a causa de la diferenciación entre la iglesia e Israel. Muchos dispensacionalistas, entre los cuales me incluyo, están de acuerdo en que existe alguna continuidad entre el pueblo de Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento en cuanto a que compartimos la misma salvación comprada por Jesucristo y apropiada por la gracia mediante la fe, pero los dispensacionalistas no aceptan la enseñanza de la teología del pacto de que la iglesia es el Israel espiritual. La teología del pacto ve una continuidad entre el ritual judío y los sacramentos del Nuevo Testamento, por ejemplo, de ahí que en su sistema el bautismo y la circuncisión tengan una significación similar (de hecho, muchos teólogos del pacto utilizan la analogía de la circuncisión como argumento a favor del bautismo infantil). Los dispensacionalistas, por otra parte, tienden a ver el bautismo como un sacramento exclusivo para creyentes diferente del rito judío.

Así pues, el dispensacionalismo determina la escatología y la eclesiología de la persona, pero eso es todo. El dispensacionalismo puro no tiene repercusiones para las doctrinas de Dios, del hombre, del pecado o de la santificación y, lo que es más importante, el dispensacionalismo no hace ninguna contribución relevante a la soteriología (doctrina de la salvación). Por decirlo de otra manera, no hay nada en una perspectiva de la Biblia dispensacionalista legítima que decrete que definamos el evangelio de una manera única o diferente. De hecho, si el mismo celo por la hermenéutica literal que se aplica a la distinción entre Israel y la iglesia fuera seguido consistentemente en el tema de la salvación, no existiría nada parecido a la teología de la negación del señorío.

***

1. Esta es la mayor inconsistencia que veo en la perspectiva del pacto: todos reconocemos que las promesas del juicio de Israel fueron cumplidas literalmente, pero la teología del pacto coloca a la iglesia como receptora de las bendiciones prometidas que después deben ser espiritualizadas a fin de aplicarse a la iglesia. A mí me parece que la consistencia requeriría que, si las promesas del juicio fueron cumplidas literalmente, las bendiciones deberían también tener un cumplimiento literal.

2. Ver el capítulo “¿Cómo debiéramos interpretar la Biblia?” en mi libro Los Carismáticos: una perspectiva doctrinal, trad. Francisco Almanza (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 1994), 85-105.

3. Charles C. Ryrie, Dispensacionalismo hoy , trad. Evis L. Carballosa (Barcelona: Publicaciones Portavoz Evangélico, 1974), 26.

Tomado originalmente de: Evangelio.blog

https://evangelio.blog/2017/12/26/qu-es-el-dispensacionalismo-y-cul-es-su-relacin-con-la-salvacin-de-seoro/

Mi nombre es ORGULLO

Mi nombre es ORGULLO

¡Soy un tramposo!

Te privo del destino que Dios te dio …

Porque tú demandas las cosas a tu manera.

Te privo del contentamiento …

Porque «mereces más que esto».

Te privo del conocimiento …

Porque tú ya conoces todo.

Te privo de la sanidad …

Porque estás demasiado lleno de mí como para perdonar.

Te privo de la santidad …

Porque rehúsas admitir cuando te equivocas.

Te privo de tu visión …

Porque prefieres mirar en un espejo que a través de una ventana.

Te privo de tu genuina amistad …

Porque nadie conocerá quién eres realmente.

Te privo del amor …

Porque el verdadero romance demanda sacrificio.

Te privo de las grandezas del cielo …

Porque rehúsas lavar los pies de otros en la tierra.

Te privo de la gloria de Dios…

Porque te convenzo de buscar la tuya propia.

Mi nombre es ORGULLO. Soy un tramposo.

Yo te agrado porque piensas que siempre te cuidaré. No es cierto.

Yo procuro hacerte quedar como un tonto.

Dios tiene mucho para ti, lo admito,

Pero no te preocupes …

Si permaneces a mi lado,

Nunca te darás cuenta.

BETH MOORE

Jueces 12 | Hechos 16 | Jeremías 25 | Marcos 11

29 JULIO

Jueces 12 | Hechos 16 | Jeremías 25 | Marcos 11

La profecía de Jeremías 25 data del cuarto año del reinado de Nabucodonosor, es decir, 605 a.C., el año en que los babilonios derrotaron a los egipcios en Carquemis, obligando a Judá a cambiar su lealtad hacia la nueva potencia creciente. En ese momento, Jeremías ha estado profetizando ya durante veintitrés años, desde el reinado del último rey bueno, Josías, hasta ese día (25:3).

El comienzo de la supremacía babilónica es una ocasión apropiada para que el profeta reitere algunos de sus principales temas: un repaso de la desobediencia crónica del pueblo, de las advertencias de no seguir a otros dioses, la negativa del pueblo a escuchar las palabras del Señor (25:4–8). Sin embargo, existen varios elementos en este capítulo que no se han mencionado anteriormente o que apenas se han tratado hasta este momento.

Primero, en un lenguaje que recuerda el que encontramos en Isaías, Nabucodonosor recibe el calificativo de “siervo” de Dios (25:9). Es una forma de decir que el propio Todopoderoso provocará la destrucción de Jerusalén, aunque el poder temporal que está haciendo el trabajo es Babilonia y su rey.

Segundo, el servicio al rey de Babilonia durará “setenta años” (25:11). Existen diferentes maneras de calcular la duración del exilio. En esta caso, se trata de una cifra redondeada que abarca desde el auge de Babilonia en 609 hasta su derrota ante los persas (539), o quizás desde la primera deportación de líderes en 605 hasta el primer retorno de los judíos a su tierra bajo el régimen del rey Ciro de Persia (536; cp. 2 Crónicas 36:20–23; Zacarías 1:12).

Tercero, recordando lo que hará con los asirios después de haberlos utilizado para castigar al reino del norte (Isaías 10:5ss.), Dios dice que Babilonia pagará “por su iniquidad” y quedará “en desolación perpetua” (25:12). “Haré que vengan sobre este país todas las amenazas que le anuncié, y todo lo que está registrado en este libro y que Jeremías ha profetizado contra las naciones” (25:13).

Cuarto, en los siguientes versículos, se pide a Jeremías, en una experiencia visionaria, que obligue a las naciones a beber “la copa del vino de mi ira” (25:15; compárese con Apocalipsis 14:10). El Dios de la Biblia no es una simple deidad tribal; todas las naciones deben rendirle cuentas. El juicio puede comenzar con la comunidad del pacto, pero abarcará finalmente a todo el mundo sin excepción. “’Seréis castigados’, afirma el Señor Todopoderoso, ‘porque yo desenvaino la espada contra todos los habitantes de la tierra’ ” (25:29). ¿A dónde huiremos para escapar del juicio, si no es al refugio que sólo él provee?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 210). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Predicarnos a nosotros mismos

JULIO, 22

Predicarnos a nosotros mismos

Devocional por John Piper

¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios! (Salmos 42:11)

Debemos aprender a pelear contra el desánimo. Es una batalla que peleamos por la fe en la gracia venidera. Se pelea predicándonos verdad, a nosotros mismos, acerca de Dios y el futuro que él nos promete.

Eso es lo que hace el salmista en el Salmo 42: le predica a su alma angustiada, se regaña a sí mismo y discute consigo mismo. Y su argumento principal es la gracia venidera: «¡Espera en Dios! Confía en lo que Dios será para ti en el futuro. El día de la alabanza está por llegar. La presencia del Señor será toda la ayuda que necesites. Y él ha prometido estar con nosotros para siempre».

Martyn Lloyd-Jones, el predicador inglés del siglo XX, creía que esta cuestión de predicarnos a nosotros mismos la verdad acerca de la gracia venidera de Dios es crucial para superar la depresión espiritual.

¿Se dan cuenta de que la mayor parte de la infelicidad en la vida se debe al hecho de que nos escuchamos a nosotros mismos en lugar de hablarnos a nosotros mismos? Tomen esos pensamientos que llegan a ustedes al momento en que se levantan a la mañana. Nosotros no los originamos, pero comienzan a hablarnos, nos traen a memoria nuevamente los problemas de ayer, etc. Alguien está hablando… ¡nuestro propio ser nos está hablando!

La batalla contra el desánimo es una batalla por creer las promesas de Dios; y esa fe en la gracia venidera de Dios viene al oír la Palabra. Por eso, predicarnos a nosotros mismos es esencial para la batalla.


Devocional tomado del libro “Future Grace” (Gracia Venidera), página 305

Honrarse los unos a los otros

Honrarse los unos a los otros

7/12/2018

En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Romanos 12:10)

Si usted está consagrado al amor fraternal, es obvio que usted les dará preferencia a los demás creyentes. Eso quiere decir que usted tendrá una genuina humildad y no tendrá “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Ro. 12:3; vea también Fil. 2:3). También significa que usted dará honra a sus hermanos en Cristo y tomará la iniciativa de ponerlos en primer lugar.

No halagará a otro creyente simplemente con la esperanza de que lo halague a usted también o para congraciarse con él. Más bien le expresará sincero aprecio, respeto y amor como un hermano en la fe y miembro de la familia de Dios.

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4 recomendaciones de John Newton sobre la oración pública

4 recomendaciones de John Newton sobre la oración pública

John Newton (1725–1807), el famoso escritor del himno Sublime gracia, escribió más de mil cartas en su vida, y muchas de ellas tratan el tema de la oración. Newton creía y enseñaba que la oración es una disciplina tanto personal como congregacional. En correspondencia con un amigo, Newton expresó su opinión sobre las oraciones públicas, o las “oraciones sociales”, como las llamaba. Se refirió a estas oraciones como “los ejercicios más provechosos (además de la predicación pública) en los que los cristianos pueden participar”.[1] En otra carta, Newton instruyó a un lector sobre cómo realizar dichas oraciones públicas: que sean cortas, metodológicas, distinta del sermón, y reverentes.[2]

1. Las oraciones públicas deben ser cortas

En primer lugar, Newton argumentó que “las oraciones largas deberían evitarse en general”, porque podrían distraer incluso a las personas más espiritualmente maduras. Para él, el problema de algunas oraciones públicas era su larga duración. Entonces, Newton dijo que es mejor que los oyentes “deseen que la oración haya sido más larga, que pasar la mitad del tiempo deseando que haya terminado”.[3]

2. Las oraciones públicas deben ser simples

A Newton no le gustaban las oraciones elaboradas, argumentando que sonaban más bien “artificiales”. No quiso decir que las oraciones deberían ser desorganizadas. De hecho, dijo que “cierta atención a una metodología puede ser adecuada, para prevenir repeticiones”.[4] Recomendó la Guía de oración de Isaac Watts, pero comentó: “Poner demasiada atención al método que allí se recomienda da un aire de estudio y formalidad, y ofende esa simplicidad que es esencialmente necesaria para una buena oración”.[5]

3. Las oraciones públicas deben ser distintas de los sermones

Las oraciones deben basarse en las Escrituras y el evangelio, deben reflejar la experiencia, las expresiones, y los sentimientos del alma.

Las oraciones públicas son, de hecho, una oportunidad de aprendizaje para aquellos que escuchan, pero Newton lamentó que “las oraciones de algunos buenos hombres parecen más una predicación que una oración”. Newton creía que la predicación es hablar “la mente del Señor a la gente”, mientras que orar es hablar “los deseos de la gente al Señor”. Cuando se confunde una cosa con otra, “difícilmente puede llamarse una oración”. Lejos de beneficiar a la congregación, lamentó Newton, oraciones así difícilmente ayudarán a quienes desean orar de todo corazón. En contraste, Newton elogió las oraciones que son como un “respirar hacia el Señor en confesión, petición, o alabanza”. Y aunque las oraciones deben basarse en las Escrituras y el evangelio, deben reflejar la experiencia, las expresiones, y los sentimientos del alma. Al hacerlo, las oraciones resultarán en “la edificación de otros”.[6]

4. Las oraciones públicas deben ser reverentes

Por último, Newton desaprobó la “costumbre que algunos tienen de hablar [casualmente] con el Señor en oración”. Se refería al tono informal, como si la oración fuera “una ocasión familiar y trivial”. Exhortó a los que oran públicamente a recordar que le hablaban al Rey de reyes. Orar de esta manera “evitará que hablemos con [Dios] como si fuera un hombre igual a nosotros”.[7]


[1] John Newton, Letters of John Newton (Edimburgo: Banner of Truth Trust, 2007), 78.

[2] Aunque la carta no está dividida como tal, el patrón parece obvio a medida que se lee.

[3] John Newton, The Works of the Reverend John Newton (Edimburgo: Banner of Truth Trust, 1985), 1:77.

[4] Newton, Works, 1:77.

[5] Newton, Works, 1:77.

[6] Newton, Works, 1:77.

[7] Newton, Works, 1:77.

Giancarlo Montemayor es el Director Editorial de B&H Español. Es instructor de 9Marcas y Simeon Trust en Español. Al mismo tiempo, Giancarlo estudia un PhD en Historia, en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Marcela, y tienen dos hijos.

Deuteronomio 2 | Salmos 83–84 | Isaías 30 | Judas

29 MAYO

Deuteronomio 2 | Salmos 83–84 | Isaías 30 | Judas

Isaías 30–31 constituyen una severa denuncia de todos los que buscan una alianza con Egipto. Ambos capítulos comienzan con una tremenda oposición a esta alianza (30:1–5; 31:1–3). Sin embargo, Isaías 30 concluye hablando de la gracia de Dios, mientras que Isaías 31 lo hace con un poderoso llamamiento al arrepentimiento. Existen sorprendentes paralelismos entre el capítulo 30 y la segunda lectura destacada de hoy, Judas.

La primera mitad de Isaías 30 denuncia a los líderes de Judá que buscan desesperadamente la ayuda de Egipto. Sus enviados ya han llegado a ciudades del delta del Nilo (30:4). Asnos y camellos cargados de riquezas cruzan el Neguev hacia el sur para comprar el apoyo de Egipto. Desde la perspectiva de Dios, esto demuestra que son infieles al pacto. Son “hijos rebeldes”, “hijos engañosos” (30:1, 9), en lugar de ser los hijos fieles que él esperaba (Éxodo 4:22–23). Son más parecidos al “hijo rebelde” de Deuteronomio 21:18–21, totalmente incapaces de entender las enseñanzas y finalmente condenados por una razón descorazonadora: no quieren escuchar la revelación, bien las estipulaciones del antiguo pacto que prohibía cualquier retorno a Egipto (Éxodo. 13:17; Deuteronomio 17:16), bien las visiones de sus profetas y videntes contemporáneos (30:10). Su criterio para aceptar un sermón es dolorosamente simple: “Decidnos cosas agradables, profetizad ilusiones. ¡Apartaos del camino, retiraos de la senda, y dejad de enfrentarnos con el Santo de Israel!” (30:10–11). Estas palabras recuerdan terriblemente la búsqueda de la “espiritualidad” que se da en la actualidad, dentro y fuera de la iglesia, el “cristianismo terapéutico”, el cristianismo ecuménico y el evangelio de la prosperidad. Existen enormes diferencias entre estos movimientos, por supuesto, pero lo que falta en todos ellos es el impactante asunto del juicio inminente allá donde no hay una sumisión incondicional a la revelación por gracia de Dios.

Nuestra esperanza es la gracia del Señor (30:17–33). Él anhela ser misericordioso con su pueblo (30:18), como su Maestro (30:18–22), como quien sana a su tierra (30:23–26) o como el Guerrero que los defiende (30:27–33). Aquí tenemos las alternativas fundamentales: la gracia (30:18) o Tofet (30:33), la pira que anuncia al propio infierno. Judas comprende esta idea. En su época, los falsos maestros que llevaban al pueblo por el mal camino son “impíos” que sufrirán “el castigo de un fuego eterno” (Judas 4, 7). Como contraste: “¡Al único Dios, nuestro Salvador, que puede guardaros para que no caigáis, y presentaros sin tacha y con gran alegría ante su gloriosa presencia, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad, por medio de Jesucristo nuestro Señor, antes de los siglos, ahora y para siempre! (24–25).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 149). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cuando el día de las madres es un día difícil

Cuando el día de las madres es un día difícil

Para algunas, el día de las madres no está lleno de flores, regalos, y felicitaciones.

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El día de las madres ya pasó en casi toda Latinoamérica, pero en mi país, República Dominicana, lo celebramos el último domingo de mayo. Aunque la mayoría de los escritos que vemos en estos días están centrados en una celebración normal del día de las madres, he querido escribir para todas aquellas que lo viven de manera diferente.

Este día no es color de rosa para todas. Para algunas, el día de las madres no está lleno de flores, regalos, y felicitaciones.

Quizás para ti es un día difícil porque perdiste a tu mamá, porque un hijo ya no está contigo o, como en mi caso, porque tu vientre nunca ha sido llenado. Todas estas situaciones tienen sus características particulares, pero todas comparten cierto dolor y malestar en una celebración como esta.

A lo largo de tantos días de las madres que no han sido tan dulces como quisiera, Dios me ha venido recordando algunas verdades que quiero compartir contigo. Oro que sirvan de aliento para tu corazón:

¡Dios es siempre bueno!

Sin importar nuestro dolor o la circunstancia en la que estemos, podemos siempre estar confiadas y proclamar que Dios es bueno, y bueno en gran manera. En medio del sufrimiento de la pérdida o del anhelo, podemos fijar nuestros ojos en un Dios cuya bondad arropa nuestras vidas de maneras que ni siquiera sabemos apreciar. El Rey David supo decir en medio de una situación profundamente difícil que:

“Los que a El miraron, fueron iluminados; Sus rostros jamás serán avergonzados. Este pobre clamó, y el Señor le oyó, Y lo salvó de todas sus angustias…Prueben y vean que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se refugia!”, Salmo 34:5-8.

Dios me ha enseñado que Él es bueno y que ninguna circunstancia en mi vida está fuera de su bondad.

Sus planes están llenos de su gracia y amor.

Dios orquesta nuestras vidas, ni el más mínimo detalle de alrededor nuestro está fuera de su soberanía. Eso significa que el que el día de las madres no sea como quisieras es parte del plan de Dios para tu vida, y un plan que es conforme a su gracia y amor. Dios es amor y no hay nada, absolutamente nada, que ocurra en nuestras vidas que no esté bañado por ese amor que Él es.

“El Señor es bueno para con todos, Y su compasión, sobre todas Sus obras”, Salmo 145:9.

Es cierto que habrán muchas cosas que no podremos entender, pero todo esto debe ser resuelto y envuelto en la confianza en el carácter de Dios. Spurgeon lo dijo de la siguiente manera: “Cuando no puedas rastrear su mano, siempre puedes confiar en su corazón”. Cuando no puedas ver lo que Él está haciendo, cuando no puedas ver hacia dónde se mueve su mano, confía en su corazón, confía en su carácter.

Recuérdale a tu alma que nuestras vidas están diseñadas de la mejor manera posible, por un Dios cuyo amor y gracia cubren cada detalle.

Dios entiende tu dolor.

¡Cuán hermosa es la verdad de que no tenemos un Dios que no pueda compadecerse de nosotras! El Dios que nos ha salvado es uno que entiende nuestro dolor: “Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”, Hebreos 5:15.

Jesús entiende tu dolor. Aquel que fue afligido hasta la muerte ha visto cada lágrima y escuchado cada oración… Él sabe y nos llama a depositar nuestras cargas delante de Él, porque Él tiene cuidado de nosotras (1 Pe. 5:7).

Podemos gozarnos en todo lo que hemos recibido de Él.

Si a partir de hoy Dios dejara de obrar en nuestra vida, Él ya ha hecho suficiente para alabarle por siempre. Siempre tendremos razones por las cuales estar agradecidas. Su Palabra nos recuerda que nuestras vidas están llenas de sus bienes y bondades, desde la bondad más grande de nuestra salvación en Cristo hasta el tener qué comer cada día.

A lo largo de estos años, Dios me ha enseñado a mirar lo que Él me ha dado por encima de aquello que me falta, y principalmente a mirarlo a Él como el bien mayor de todos mis días. “Cantaré al Señor, Porque me ha llenado de bienes”, Salmo 13:6.

Donde no habrá más llanto

El sufrimiento produce en nosotras un deseo por ese lugar donde no habrá más llanto ni más dolor, ese lugar donde nuestro mismo Señor enjugará toda lágrima de nuestros ojos; ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni más clamor, ni más dolor. Ese lugar donde aquel que está sentado en el trono habrá hecho nuevas todas las cosas, ese lugar donde todo será perfecto y estaremos por siempre con el mayor bien de nuestras vidas, Cristo Jesús, el Rey eterno, soberano y bueno.

Esperemos con ansias ese día, pero mientras llega, que nuestras vidas glorifiquen su Nombre en medio de cada circunstancia que Él haya diseñado para nosotras.

Patricia es coordinadora de iniciativas femeninas de Coalición por el Evangelio, desde donde escribe, contacta autoras y adquiere contenidos específicos para la mujer. Sirve en el ministerio matrimonios y de mujeres y es diaconisa en la Iglesia Bautista Internacional, República Dominicana. Patricia es encargada administrativa del Instituto Integridad & Sabiduría, del cual es también graduada. Tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, a través del programa Seminary Wives Institute, ama enseñar la Palabra a otras mujeres y caminar junto a ellas en discipulado. Está felizmente casada con Jairo desde el 2008 y juntos tienen dos hermosos hijos, Ezequiel e Isaac. Puedes encontrarla en Twitter.

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

11 MAYO

Números 20 | Salmos 58–59 | Isaías 9:8–10:4 | Santiago 3

Isaías 9:8–10:4 vuelve al tema del juicio, pero esta vez no lo dirige contra el reino sureño de Judá (como en 5:8–25), sino contra el del norte, Israel (caracterizado como “Efraín” y “Samaria”, 9:9). El pasaje se divide en cuatro secciones, cada una de las cuales acaba con el mismo estribillo: “¡Su mano aún sigue extendida!” (9:12, 17, 21; 10:4). Estas palabras contestan a la pregunta: “¿Qué hará Dios con un pueblo que ni siquiera lo buscará en una situación de colapso social y amenazante devastación?”. Estamos viendo las primeras señales del juicio de Dios sobre la nación, pero seguía sin haber arrepentimiento. ¿Qué haría Dios entonces? La respuesta es que aunque el juicio iba intensificándose gradualmente, todavía no era suficiente. Por ello, la ira del Señor no se detiene y su mano sigue extendida. Él ya ha enviado “palabra” contra Jacob (9:8), pero no le han prestado atención; “Pero el pueblo no ha querido reconocer al que lo ha castigado; no ha buscado al Señor Todopoderoso” (9:13). Lo único que queda ya es el día “cuando debáis rendir cuentas” (10:3).

Existe otra dura progresión del pensamiento a lo largo de las cuatro secciones. Las dos primeras tienden a enfatizar la decadencia moral: “Todos ellos son impíos y malvados; sus labios profieren necedades” (9:17). La maldad quema y devora como el fuego en un bosque (9:18). Rápidamente, la sociedad se desintegra y la cultura se colapsa (9:20–10:4). Finalmente, los asirios arrasarán el reino del norte (Siria cayó ante Asiria en 732 a.C., Israel lo hizo en 722. Judá fue devastado en 701, pero no totalmente destruida, algo que harían los babilonios un siglo después).

Una vez más, esta sección de Isaías, que condena al populacho del reino norteño por su pecado excesivo y su incapacidad de reaccionar a las advertencias de Dios, carga la responsabilidad principal sobre los líderes. El Señor “cortará a Israel la cabeza y la cola… La cabeza son los ancianos y la gente de alto rango; la cola son los profetas, maestros de mentiras. Los guías de este pueblo lo han extraviado; los que se dejan guiar son confundidos” (9:14–16), “¡Ay de los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos! Privan de sus derechos a los pobres, y no hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo; hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos. ¿Qué vais a hacer cuando debáis rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A quién acudiréis en busca de ayuda? ¿Dónde dejaréis vuestras riquezas?” (10:1–3).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 131). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Complacido con sus preceptos

MAYO, 08

Complacido con sus preceptos

Devocional por John Piper

Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío. (Salmos 40:8)

¿Cómo obra en nosotros el nuevo nacimiento para que los mandamientos de Dios se vuelvan un placer en lugar de una carga?

El apóstol Juan dice: «Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1 Juan 5:4). En otras palabras, el nuevo nacimiento nos capacita para sobreponernos al peso que los mandamientos de Dios ejercen sobre el hombre natural al engendrar fe. Esto queda confirmado en 1 Juan 5:1, que dice, literalmente: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios».

La fe es la evidencia de que hemos nacido de Dios. No podemos nacer de nuevo por nuestra propia decisión de creer. Dios nos da la voluntad de creer haciéndonos nacer de nuevo. Como dice Pedro en su primera carta, Dios «nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva» (1 Pedro 1:3). Nuestra esperanza viva, o fe en la gracia venidera, es la obra de Dios en nosotros mediante el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, cuando Juan dice que «todo lo que es nacido de Dios vence al mundo» y luego añade que «esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe», interpreto que lo que quiere decir es que Dios nos capacita, mediante el nuevo nacimiento, para vencer al mundo, es decir, para vencer a nuestra poca disposición en la carne para cumplir los mandamientos de Dios. El nuevo nacimiento produce este efecto al generar fe, lo que evidentemente implica una disposición a ser complacidos, en lugar de desalentados, por los mandamientos de Dios.

Por consiguiente, la fe es lo que vence nuestra hostilidad innata hacia Dios y su voluntad, y nos hace libres para guardar sus mandamientos y decir junto al salmista: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío » (Salmos 40:8).

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