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Jueces 12 | Hechos 16 | Jeremías 25 | Marcos 11

29 JULIO

Jueces 12 | Hechos 16 | Jeremías 25 | Marcos 11

La profecía de Jeremías 25 data del cuarto año del reinado de Nabucodonosor, es decir, 605 a.C., el año en que los babilonios derrotaron a los egipcios en Carquemis, obligando a Judá a cambiar su lealtad hacia la nueva potencia creciente. En ese momento, Jeremías ha estado profetizando ya durante veintitrés años, desde el reinado del último rey bueno, Josías, hasta ese día (25:3).

El comienzo de la supremacía babilónica es una ocasión apropiada para que el profeta reitere algunos de sus principales temas: un repaso de la desobediencia crónica del pueblo, de las advertencias de no seguir a otros dioses, la negativa del pueblo a escuchar las palabras del Señor (25:4–8). Sin embargo, existen varios elementos en este capítulo que no se han mencionado anteriormente o que apenas se han tratado hasta este momento.

Primero, en un lenguaje que recuerda el que encontramos en Isaías, Nabucodonosor recibe el calificativo de “siervo” de Dios (25:9). Es una forma de decir que el propio Todopoderoso provocará la destrucción de Jerusalén, aunque el poder temporal que está haciendo el trabajo es Babilonia y su rey.

Segundo, el servicio al rey de Babilonia durará “setenta años” (25:11). Existen diferentes maneras de calcular la duración del exilio. En esta caso, se trata de una cifra redondeada que abarca desde el auge de Babilonia en 609 hasta su derrota ante los persas (539), o quizás desde la primera deportación de líderes en 605 hasta el primer retorno de los judíos a su tierra bajo el régimen del rey Ciro de Persia (536; cp. 2 Crónicas 36:20–23; Zacarías 1:12).

Tercero, recordando lo que hará con los asirios después de haberlos utilizado para castigar al reino del norte (Isaías 10:5ss.), Dios dice que Babilonia pagará “por su iniquidad” y quedará “en desolación perpetua” (25:12). “Haré que vengan sobre este país todas las amenazas que le anuncié, y todo lo que está registrado en este libro y que Jeremías ha profetizado contra las naciones” (25:13).

Cuarto, en los siguientes versículos, se pide a Jeremías, en una experiencia visionaria, que obligue a las naciones a beber “la copa del vino de mi ira” (25:15; compárese con Apocalipsis 14:10). El Dios de la Biblia no es una simple deidad tribal; todas las naciones deben rendirle cuentas. El juicio puede comenzar con la comunidad del pacto, pero abarcará finalmente a todo el mundo sin excepción. “’Seréis castigados’, afirma el Señor Todopoderoso, ‘porque yo desenvaino la espada contra todos los habitantes de la tierra’ ” (25:29). ¿A dónde huiremos para escapar del juicio, si no es al refugio que sólo él provee?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 210). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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