¡No pierdas tiempo! | Charles Spurgeon

4 de febrero
«Refugio contra el vengador de la sangre».
Josué 20:3 (VM)

Se dice que en la tierra de Canaán las ciudades de refugio estaban distribuidas de tal forma que cualquier persona podía llegar a algunas de ellas, a lo sumo, en medio día. Así también la palabra de nuestra salvación está cerca de nosotros.

Jesús es un Salvador presente, y el camino que conduce a él es corto. Ese camino no es solo una renuncia de nuestros méritos y la aceptación de Jesús para que sea nuestro todo en todo. En cuanto a los caminos que conducían a la ciudad de refugio, se nos dice que estaban rigurosamente conservados: todos los ríos tenían puentes, se removía todo obstáculo… de suerte que el hombre que huía pudiese hallar fácil camino a la ciudad. Una vez cada año, los ancianos recorrían los caminos y observaban su estado, de modo que nada pudiese impedir la huida de alguno y, por la demora, fuese eso causa de su captura y de su muerte. ¡Con cuánta bondad las promesas del evangelio quitan del camino las piedras de tropiezo! Dondequiera que haya atajos y curvas hay letreros indicadores con esta inscripción: «A la ciudad de refugio». Esto es una figura del camino a Jesucristo.

Ese camino no es el camino con rodeos de la ley. No es el camino de obedece esto o aquello o lo de más allá; no, es un camino directo: «Cree y vive». Es un camino tan tosco que el que confía en su justicia propia no lo puede transitar; pero, por otra parte, es tan fácil que cualquier pecador que se reconozca como tal puede hallar en él su sendero al Cielo. No bien el hombre alcanzaba las afueras de la ciudad, ya estaba seguro; no era necesario que cruzase las murallas, pues los suburbios mismos eran suficiente protección. Aprende de esto la siguiente verdad: que si tocas solamente el borde de los vestidos de Cristo, resultarás sanado.

Si te agarras a él con «fe como un grano de mostaza», serás sano.
Un poco de gracia genuina nos asegura
la muerte de todos nuestros pecados.

No pierdas tiempo, no te demores en el camino, porque el vengador de la sangre es ligero de pies y puede que esté pisándote los talones en esta hora tranquila de la noche.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 43). Editorial Peregrino.

Mi alma tiene hambre y sed del refrigerio de tu presencia | Charles Spurgeon

3 de febrero
«Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía».
Cantares 1:7

Estas palabras expresan el deseo del creyente por Cristo y sus ansias de comunión permanente con él. ¿Dónde apacientas? ¿En tu casa? Entonces iré allí, si allí puedo hallarte. ¿En la oración privada? Entonces oraré sin cesar. ¿En la Palabra? Entonces la leeré diligentemente. ¿En tus ordenanzas? Entonces andaré en ellas de todo corazón. Dime dónde apacientas, porque donde quiera que tú estés como Pastor, allí paceré yo como oveja; pues nadie sino tú mismo puede suplir mis necesidades. Soy incapaz de vivir satisfecho lejos de ti.

Mi alma tiene hambre y sed del refrigerio de tu presencia. «¿Dónde sesteas al mediodía?»; porque ya sea al amanecer, ya al mediodía, mi único descanso debe estar donde tú y tu amado rebaño están. El descanso de mi alma debe ser un descanso otorgado por gracia; y esto solo puede hallarse en ti. ¿Dónde está la sombra de aquella Roca? ¿Por qué no habría de reposar yo debajo de ella? «¿Por qué habría de estar como vagando tras los rebaños de tus compañeros?» (Cnt. 1:7). Tú tienes compañeros, ¿por qué no debía yo ser uno de ellos? Satanás me dijo que yo soy indigno; es cierto, yo siempre fui indigno, pero sin embargo, tú me has amado en todo tiempo y, por tanto, mi indignidad no puede ser un impedimento para que tenga ahora comunión contigo.

Es cierto que soy débil en la fe y propenso a caer, pero esa misma debilidad es la razón por que yo debiera siempre estar donde tú apacientas tu majada, para que pueda verme fortalecido y preservado en seguridad junto a aguas de reposo. ¿Por qué debía yo apartarme? No hay razón para ello; en cambio, hay mil razones para que no me aparte, pues Jesús me invita a ir a él. Si él se aparta un poco, es solo para hacerme apreciar más su presencia.

Ahora que estoy afligido y angustiado por estar apartado de él, él me guiará de nuevo a aquel abrigado rincón en donde las ovejas de su dehesa están protegidas del sol abrasador.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 42). Editorial Peregrino.

Que son cosas antiguas | Charles Spurgeon

2 de febrero
Que son cosas antiguas
1 Crónicas 4:22

Sin embargo, no tan antiguas como aquellas cosas preciosas que son el deleite de nuestras almas. Volvamos por un momento a contarlas, enumerándolas una y otra vez como cuenta el avaro su dinero. La soberana elección del Padre, por la que él nos eligió para vida eterna antes que la tierra fuese, es un asunto de remota antigüedad, ya que ninguna fecha puede asignarle a este hecho la mente humana. Hemos sido elegidos desde antes de la fundación del mundo. El amor eterno acompañó a la elección, pues no hemos sido apartados por un simple acto de la voluntad divina, sino porque intervino el amor de Dios.

El Padre nos amó desde el principio. Aquí tenemos un tema para la meditación diaria. El propósito eterno de redimirnos de nuestra ruina, de limpiarnos, de santificarnos y, al final, de glorificarnos es asunto de infinita antigüedad y corre parejas con el amor inmutable y la absoluta soberanía. El pacto se describe siempre como eterno, y Jesús, la segunda parte de ese pacto, tiene «sus salidas […] desde el principio» (Mi. 5.2). Él fue nuestro Fiador mucho antes que los primeros astros empezaran a alumbrar, y fue en él en quien se ordenó a los elegidos para vida eterna. Así, en los propósitos divinos, quedó establecido entre el Hijo de Dios y su pueblo elegido un pacto de unión muy bendito, que permanecerá como el fundamento de su seguridad cuando el tiempo ya no sea más.

¿No es bueno estar ocupados en estas cosas antiguas? ¿No es vergonzoso que queden tan olvidadas y hasta desechadas por la mayoría de los creyentes? Si conocieran más de sus propios pecados, ¿no estarían aquellos más dispuestos a adorar esta eminente gracia? Admiremos y adoremos en esta noche a nuestro Dios mientras cantamos:

Soy salvo por su gracia,
su tierno amor me sacia;
su preciosa sangre me lavó,
y hasta hoy su brazo me guardó.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 41). Editorial Peregrino.

Maravilloso me fue tu amor | Charles Spurgeon

1 de febrero
Maravilloso me fue tu amor
2 Samuel 1:26

Vengan, queridos lectores, hablemos cada uno por sí mismo del admirable amor, no de Jonatán, sino de Jesús. No relataremos lo que otros nos han dicho, sino lo que hemos gustado y palpado; hablaremos del amor de Cristo. Tu amor por mí, oh Jesús, fue admirable, cuando yo vagaba como un extraño lejos de ti, «haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos» (Ef. 1:3). Tu amor me contuvo para que no cometiera el pecado de muerte y me libró de mi propia perdición. Tu amor detuvo el hacha, cuando la justicia decía: «Córtala, ¿para qué inutiliza también la tierra?» (Lc. 13:7).

Tu amor me llevó al desierto, allí me desnudó y me hizo sentir la culpa de mi pecado y la carga de mi iniquidad. Cuando estaba tristemente desalentado, tu amor me habló con dulzura en estos términos: «Ven a mí, que yo te haré descansar». ¡Oh, cuán incomparable fue tu amor, cuando, en un momento, lavaste por completo mis pecados e hiciste que mi alma, roja por la sangre de mi naturaleza pecaminosa y negra por la suciedad de mis transgresiones, fuese blanca como la nieve y pura como la lana! ¡Cómo engrandeciste tu amor al susurrar en mis oídos: «Yo soy tuyo y tú eres mío»! Afectuosos fueron esos acentos, cuando dijiste: «El Padre mismo os ama». Y dulces, muy dulces, resultaron los momentos en que me declaraste «el amor del Espíritu».

Nunca mi alma olvidará aquellos lugares de comunión donde te revelaste a mí.

¿Tuvo Moisés su hendidura en la peña desde donde vio la gloria, las espaldas de su Dios? Nosotros también tenemos nuestras hendiduras en la peña, donde hemos percibido los esplendores de la Deidad en la persona de Cristo. ¿Recuerda David los rastros de las cabras monteses, la tierra del Jordán y de los hermonitas? Nosotros también podemos recordar lugares queridos para la memoria, tan dichosos como aquellos.

Amado Jesús, danos una nueva porción de tu admirable amor, para que con él podamos empezar el mes. Amén.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 40). Editorial Peregrino.

Correr no lo es todo | Charles Spurgeon

Corrió, pues, Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope».
2 Samuel 18:23

Correr no lo es todo: hay otras cosas en el camino que hemos elegido. El que corra velozmente por los valles y las montañas no avanzará más que el que viaje lentamente por un camino llano. ¿Cómo va mi viaje espiritual? ¿Estoy subiendo fatigosamente el collado de mis propias obras y descendiendo por las barrancas de mis humillaciones y resoluciones, o corro por el camino llano del «Cree y vive»? ¡Cuán bienaventurado es esperar en el Señor por la fe! El alma corre sin cansancio y marcha sin fatiga por el camino del creer.

Jesucristo es el camino de la vida: un camino llano, placentero, apropiado para los pies vacilantes y las rodillas débiles de los temblorosos pecadores. ¿Me hallo yo en ese camino o estoy angustiosamente buscando otra senda como la que me promete la superchería o la metafísica? He leído acerca del camino de santidad, en el cual el viajero, aunque sea torpe, no se extraviará. ¿He sido librado de la arrogante razón y llevado, como un niñito, a descansar en el amor y en la sangre de Jesús? Si es así, por la gracia de Dios, ganaré al más diestro corredor que haya elegido cualquier otro camino.

Recordaré para mi bien esta verdad en mis ansiedades y necesidades diarias. Mi determinación más sabia será ir directamente a mi Dios y no vagar de un lado para otro. Él conoce mis necesidades y puede aliviarlas. ¿A quién recurriré sino a Dios por el directo medio de la oración y el sencillo argumento de la promesa? No conferenciaré con los sirvientes, sino que iré directamente al Señor.

Al leer este pasaje llego a la siguiente conclusión: si los hombres compiten por cosas triviales y uno sobrepasa al otro, yo también debo mostrarme celoso y correr de tal manera que obtenga el premio (cf. 1 Co. 9:24). Señor, ayúdame a ceñir los lomos de mi entendimiento, para que prosiga «a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Fil. 3:14).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 39). Editorial Peregrino.

En quien también nosotros tuvimos herencia | Charles Spurgeon

Efesios 1:11 (VM)

30 de enero

En quien también nosotros tuvimos herencia

Efesios 1:11 (VM)

Cuando Jesús se dio a sí mismo por nosotros, nos otorgó todos sus derechos y privilegios; de modo que, aunque como Dios eterno tiene unos derechos esenciales que ninguna criatura puede aventurarse a pretender, sin embargo, como Jesús —el Mediador, la Cabeza representativa del pacto de gracia—, comparte una herencia con nosotros. Cada uno de los gloriosos resultados de su obediencia hasta la muerte son posesiones comunes de todos aquellos que están en él, a favor de los cuales cumplió la voluntad divina. Mira bien: Jesús entra en la gloria, pero no solo para sí mismo; pues está escrito: «Donde entró por nosotros como precursor» (He. 6.20). ¿Está él en la presencia de Dios? Está allí «para presentarse por nosotros» (He. 9:24).

Considera esto, creyente. En ti mismo no tienes el derecho de ir al Cielo; tu derecho está en Cristo. Si estás perdonado es por su sangre; si estás justificado es por su justicia; si estás santificado es porque él te ha sido hecho por Dios santificación; si permaneces sin caer es porque en Cristo Jesús estás preservado; y si, finalmente, llegas a ser perfecto, será porque estás completo en él. De este modo, Jesús es magnificado, pues todo existe en él y por él; así se nos garantiza la herencia, porque la hemos obtenido en él; así las bendiciones resultan más ricas y el Cielo mismo más esplendoroso, porque lo hemos obtenido todo en Jesús nuestro Amado. ¿Dónde está el hombre que pueda tasar nuestra divina porción? Pesa las riquezas y los tesoros de Cristo en balanzas, si puedes, y entonces intenta calcular los tesoros que pertenecen a los santos.

Mira si eres capaz de llegar al fondo del mar de gozo que hay en Cristo y, entonces, podrás tener la esperanza de comprender la gloria que Dios ha preparado para los que le aman. Salta, si puedes, por encima de las fronteras de las posesiones de Cristo y, entonces, sueña en poner límite a la hermosa herencia de los elegidos. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co. 3:23).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 38). Editorial Peregrino.

Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde. – Génesis 8:11

29 de enero
«Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde».
Génesis 8:11

Bendito sea el Señor por este otro día de gracia, aunque esté yo ahora fatigado con sus afanes. Al preservador de los hombres elevo mi cántico de gratitud. La paloma no halló descanso fuera del arca y, por lo mismo, volvió a ella; y mi alma ha conocido hoy, más plenamente que nunca, que no hay satisfacción en las cosas terrenales: solo Dios puede dar descanso a mi espíritu. Mis negocios, mis posesiones, mi familia, mis conocimientos, todo está bien en su lugar, pero esas cosas no pueden satisfacer los deseos de mi naturaleza inmortal: «Vuelve alma mía a tu reposo, porque el Señor te ha colmado de bienes» (Sal. 116:7, LBLA). Fue en la hora del reposo, mientras las puertas del día se cerraban, cuando, con las alas fatigadas, la paloma volvió a su dueño. ¡Oh Señor, capacítame esta noche para volver a Jesús! La paloma no podía estar revoloteando toda la noche sobre las turbulentas aguas; tampoco puedo yo estar ni una hora más apartado de Jesús, descanso de mi corazón y hogar de mi espíritu. La paloma no descendió meramente sobre el techo del arca, sino que entró en ella. Así quisiera mi angustiado espíritu considerar lo secreto del Señor, penetrar en el interior de la verdad, entrar dentro del velo y llegar a mi Amado. Debo ir a Jesús: mi anhelante espíritu solo quedará satisfecho con una comunión muy íntima y amorosa con él. Bendito Jesús, quédate conmigo, revélate y permanece conmigo toda la noche, de suerte que, cuando despierte, pueda estar aún contigo. Observo que la paloma traía en su pico una hoja de olivo, recuerdo de los días pasados y profecía de los futuros. ¿No tengo yo algún placentero recuerdo que traer a la memoria? ¿Alguna promesa de cariño? Sí, Señor mío, yo te presento mi agradecido reconocimiento por tus apacibles misericordias que has renovado todas las mañanas y repetido todas las tardes; y, ahora, te ruego que extiendas tu mano y pongas a tu paloma en tu pecho.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 37). Editorial Peregrino.

Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho – Lucas 2:20

¿Cuál era el motivo de su alabanza? Alababan a Dios por lo que habían oído: por las buenas nuevas de gran gozo que decían que les había nacido un Salvador. Imitémoslos; levantemos nosotros también un cántico de acción de gracias por haber oído de Jesús y de su salvación. También alababan a Dios por lo que habían visto. Hay una música más melodiosa: aquello que hemos experimentado, que hemos sentido en nosotros, de lo que nos hemos apropiado… «Las cosas que hemos hecho tocante al Rey».

No es suficiente oír acerca de Jesús. El mero acto de oír puede afinar el arpa, pero son los dedos de la fe viva los que producen la música. Si has visto a Jesús con la visión de la fe que Dios da, no consientas que haya las telarañas entre las cuerdas del arpa, sino que, en alta voz, para alabanza de la soberana gracia, despierta tu salterio y tu arpa.

Un motivo por el cual alababan a Dios aquellos pastores era la concordancia entre lo que habían oído y lo que habían visto. Observa la última frase: «Como se les había dicho». ¿Has encontrado que el evangelio no ha sido para ti lo que la Biblia dice que debiera haber sido? Jesús prometió que te daría descanso. ¿No has gozado en él de la más dulce paz? Él dijo que tendrías gozo, bienestar y vida, creyendo en él. ¿No has recibido todas estas cosas? ¿No son sus sendas, sendas de gozo, y sus pasos, pasos de paz? Sin duda puedes decir con la reina de Sabá: «Ni aun se me dijo la mitad». He hallado a Cristo más amable de lo que sus siervos me dijeron que era.

Contemplé su parecer mientras lo describían, pero eso era un mero manchón comparado con la realidad; porque el Rey en su hermosura eclipsa toda la belleza imaginable. Sin duda, lo que hemos visto guarda relación con lo que hemos oído: más aún, lo excede.

Glorifiquemos, pues, y alabemos a Dios por un Salvador tan precioso y que tanto satisface.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 36). Editorial Peregrino.

Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían – Lucas 2:18

No debemos dejar de admirarnos de las grandes maravillas de Dios. Sería muy difícil trazar una línea divisoria entre una admiración santa y una adoración auténtica; porque cuando el alma está anonadada por la majestad de la gloria de Dios, aun cuando no pueda expresar esa majestad con un cántico, ni aun hacerlo con la cabeza inclinada en humilde oración, sin embargo, esa alma adora silenciosamente.

Debemos adorar al Dios encarnado como el Admirable. Que Dios tenga consideración de sus caídas criaturas y, en lugar de barrerlas con el escobón de la destrucción, se encargue de ser su Redentor y pague el precio de su rescate es, en verdad, maravilloso. Para el creyente, la redención es aún mucho más maravillosa cuando la mira en relación consigo mismo. Es, en efecto, un milagro de la gracia que Jesús se desprenda de los tronos y las prerrogativas reales del Cielo para sufrir ignominiosamente por ti. Deja que tu alma prorrumpa en admiración, porque la admiración es, en este caso, una emoción muy práctica.

Una admiración muy santa te guiará a una adoración agradecida y a una sentida acción de gracias. Esto creará en ti una piadosa vigilancia, pues temerás pecar contra tal amor. Al sentir la presencia del poderoso Dios en el don de su querido Hijo, quitarás los zapatos de tus pies, porque el lugar donde te halles será tierra santa. Serás conducido al mismo tiempo a una gloriosa esperanza. Si Jesús ha hecho cosas tan maravillosas a tu favor, sentirás que el Cielo mismo no es algo demasiado grande para tu expectación.

¿Quién puede asombrarse de nada, cuando se ha asombrado ante el pesebre y ante la cruz? ¿Qué otra cosa admirable puede haber para uno que ha visto al Salvador? Querido lector, puede que desde la quietud y soledad de tu vida, difícilmente seas capaz de imitar a los pastores de Belén, quienes dijeron lo que habían visto y oído; pero puedes, al menos, llenar el círculo de los adoradores que están delante del Trono, maravillándote de lo que Dios ha hecho.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, pp. 34-35). Editorial Peregrino.

¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley – Romanos 3:31

Cuando el creyente es adoptado en la familia de Dios, su relación con el viejo Adán y con la ley cesan inmediatamente; pero entonces está bajo una nueva autoridad y un nuevo pacto. Creyente, tú eres un hijo de Dios: tu primer deber es obedecer a tu Padre celestial.

No tienes nada que ver con un espíritu servil, no eres un esclavo sino hijo, y ahora, puesto que eres un hijo amado, estás obligado a obedecer el más insignificante deseo de tu Padre, la más leve insinuación de su voluntad. ¿Te manda cumplir un sagrado mandato? Es peligroso que lo desatiendas, pues desobedecerías a tu Padre. ¿Te ordena que procures parecerte a Jesús? ¿No te gozas en hacer esto? ¿Te dice Jesús: «Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto»? Entonces debes esforzarte en ser perfecto en santidad, no porque la ley lo ordene, sino porque te lo manda tu Salvador. ¿Manda él a sus santos que se amen unos a otros? Hazlo, no porque la ley diga: «Ama a tu prójimo»; sino porque Jesús dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos».

Y este es el mandamiento que nos ha dado: «Que os améis los unos a los otros». ¿Se te dice que repartas a los pobres? Cumple con eso, no porque la caridad sea una carga que no te atreves a esquivar, sino porque Jesús enseña: «Al que te pida, dale». ¿Dice la Biblia: «Ama a Dios con todo tu corazón»? Considera el mandamiento y replica: «¡Ah mandamiento!, Cristo ya te ha cumplido; por tanto, yo no tengo necesidad de cumplirte para mi salvación, pero me gozo en obedecerte porque Dios ahora es mi Padre y tiene un derecho sobre mí que yo no quiero discutir».

Que el Espíritu Santo haga que tu corazón obedezca al irresistible poder del amor de Cristo, para que tu petición pueda ser: «Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi voluntad» (Sal. 119:35). La gracia es la madre y el ama de la santidad, no la defensora del pecado.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 33). Editorial Peregrino.