El hombre que salió de la tumba

viernes 3 noviembre

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Juan 11:25-26

El hombre que salió de la tumba

Juan 11:1-44

Lázaro, de Betania, había muerto después de una corta enfermedad. Sus dos hermanas, Marta y María, esperaron en vano la venida de Jesús, a quien habían reconocido como Mesías y le habían enviado un mensaje. Pero Jesús llegó demasiado tarde para curarlo. Lázaro estaba en el sepulcro desde hacía cuatro días.

Cuando llegó a la tumba donde habían depositado el cuerpo, Jesús lloró. Oyó los comentarios de los que lo rodeaban: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?”. Sin duda el Señor hubiese podido curar la enfermedad, como lo había hecho tantas veces, pero iba a hacer mucho más.

“Quitad la piedra”, ordenó. Marta le respondió, pensando que era demasiado tarde, que la situación era irreversible. Entonces Jesús alzó los ojos al cielo y dijo: “Padre, gracias te doy por haberme oído”. Podemos adivinar la sorpresa de los asistentes. ¿Qué significaba esta oración? ¿Había habido un cambio? El cadáver seguía ahí… ¡No había ninguna señal de vida! El Señor expresó su comunión con su Padre y su perfecta dependencia de él para que sirviese de testimonio a la gente. Luego habló con autoridad: “¡Lázaro, ven fuera!”. ¡Y el muerto salió de la tumba!

Pasaje impresionante que ilustra la realidad de la resurrección y anticipa la del Señor y la nuestra. Esta historia también muestra la perfecta simpatía de Jesús por sus amigos sumidos en el duelo, su total confianza en su Padre y el poder de su palabra.

Ester 8 – Juan 18:1-18 – Salmo 119:113-120 – Proverbios 26:23-24

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

ESTEMOS FIRMES

ESTEMOS FIRMES

11/2/2017

Estad así firmes en el Señor. (Filipenses 4:1)

El versículo de hoy trae a la mente la imagen de un soldado que se mantiene firme en medio de la batalla. Pablo empleó la misma metáfora en Efesios 6:11: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. Estar firmes espiritualmente quiere decir no comprometer su testimonio cristiano al dejarse abatir por las pruebas o las tentaciones.

Me entristece que muchos creyentes no toman en serio a Dios y sus mandamientos. En vez de conocer a Dios, muchos prefieren que los entretengan. Esa indiferencia considera sus mandamientos como simples sugerencias. Pero nuestro soberano Señor nos manda que estemos firmes. Inmanente en ese mandato está la capacidad de obedecer.

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Gozo en medio del dolor

NOVIEMBRE, 02

Gozo en medio del dolor

Devocional por John Piper

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande. (Mateo 5:11-12)

El hedonismo cristiano indica que, para el cristiano, hay distintas formas de regocijarse en el sufrimiento. Todas son como expresiones de la gracia de Dios que todo lo satisface y en todo es suficiente.

Una forma de regocijarnos en el sufrimiento es fijar nuestra mirada en la grandeza de la recompensa que obtendremos en la resurrección. El resultado de este tipo de enfoque es que nuestra aflicción presente se vuelve pequeña en comparación con lo que ha de venir: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Romanos 8:18; ver 2 Corintios 4:16-18). Regocijarnos al pensar en nuestra recompensa no solo hace que el sufrimiento sea tolerable, sino que también hace que el amor sea posible.

«Amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande» (Lucas 6:35). Sea generoso con los pobres y, como dice Lucas 14:14: «serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos».

Otra forma de regocijarse en el sufrimiento es sufrir con la convicción de la esperanza. El gozo en las aflicciones está arraigado a la esperanza de la resurrección, pero nuestra experiencia en el sufrimiento también hace crecer la raíz de esa esperanza.

Por ejemplo, Pablo dice: «Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza» (Romanos 5:3-4).

En este pasaje, el gozo de Pablo no se basa simplemente en la gran recompensa, sino en los efectos que el sufrimiento produce al consolidar su esperanza en esa recompensa. Las aflicciones producen paciencia, y la paciencia, una sensación de que nuestra fe es real y genuina, y eso fortalece nuestra esperanza de que en verdad ganaremos a Cristo.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 283-284

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«Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley»

2 de noviembre

«Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley».

Salmo 119:53

Alma mía, ¿sientes este santo estremecimiento ante los pecados de los demás? Porque si no lo sientes, careces de santidad interior. Las mejillas de David estaban mojadas por ríos de lágrimas debido a la impiedad reinante; Jeremías deseaba que sus ojos se convirtieran en fuentes de agua para llorar las iniquidades de Israel; y Lot se sintió abrumado por la conducta de los hombres de Sodoma. Aquellos sobre quienes se puso una señal (en la visión de Ezequiel), eran los que suspiraban y clamaban por las abominaciones de Jerusalén. No puede sino contristar a las almas bondadosas el ver el trabajo que se toman los hombres para ir al Infierno. Ellas conocen experimentalmente el mal del pecado, y se sienten alarmadas de ver a otros volar como polillas hacia su fuego. El pecado hace que el justo se estremezca, porque viola una ley santa que debiera guardarse por el más alto interés de todo hombre. El pecado derriba los pilares de la nación. El pecado practicado por otros horroriza al creyente, porque le recuerda la ruindad de su propio corazón. Cuando ve a un transgresor clama como el santo mencionado por Bernardo: «Él cayó hoy, y yo puedo caer mañana». El pecado es horrible para el creyente, porque crucificó al Salvador. El creyente ve en toda iniquidad los clavos y la lanza. ¿Cómo puede un alma salvada ver sin horror a ese maldito matador de Cristo? Di, corazón mío, ¿apruebas todo esto? Es espantoso insultar a Dios en su rostro. Dios merece mejor trato: él lo reclama y él lo obtendrá; de lo contrario, dará el pago en su cara a sus adversarios. Un corazón despierto tiembla ante la audacia del pecado y se siente alarmado por la contemplación de su castigo. ¡Cuán monstruosa es la rebelión! ¡Qué juicio tan horrible aguarda al impío! Alma mía, nunca te rías de las locuras del pecado, no sea que llegues a reírte del pecado en sí. El pecado es tu enemigo y el enemigo de tu Señor. Míralo con odio; pues solo así puedes demostrar que posees esa santidad sin la cual nadie verá al Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 317). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Oficios eclesiales

2 NOVIEMBRE

2 Reyes 15 | Tito 1 | Oseas 8 | Salmos 123–125

En algunas denominaciones, se enseña que la Biblia presenta tres oficios eclesiales: los obispos, que presiden sobre varias congregaciones; los ancianos/pastores, que sirven en iglesias locales, especialmente con respecto al ministerio de la palabra y la oración (alguno añadirían “sacramento”) y los diáconos, que ayudan con la administración de fondos, particularmente en el cuidado de las necesidades físicas del rebaño (ver la meditación del 25 de octubre).

No obstante, en muchos círculos se acepta que, en realidad, el Nuevo Testamento reconoce sólo dos oficios: el obispo/anciano/pastor y el diácono. Uno de los escritos más convincentes sobre este asunto es de J.B. Lightfoot, un anglicano del siglo pasado. Él argumenta, con razón, que la división en tres categorías surgió una vez escritos los documentos del Nuevo Testamento.

Esto significa, por supuesto, que uno de los dos oficios se conoce con tres nombres diferentes, en parte porque la obra tiene muchas facetas. La palabra pastor proviene de una raíz latina y ya se usaba para los encargados de las ovejas (1 Pedro 5:2). Los pastores alimentan, defienden, guían y disciplinan al rebaño. El término anciano surge tanto del gobierno de aldeas antiguas como de las sinagogas: los líderes han de ser maduros y respetados. Como la palabra obispo hoy día tiene tantas connotaciones eclesiásticas, algunas versiones suelen usar otras palabras como episcopado, dirigente o supervisor (1 Timoteo 3:1, por ejemplo) para captar los elementos de supervisión, la gestión piadosa y la responsabilidad espiritual incluidos en la tarea.

Una de las razones por las cuales tantas personas han llegado a la conclusión de que las palabras obispo, anciano y pastor son todas aplicables al mismo puesto es que las listas de requisitos para estas tareas son muy parecidas. Por tanto, compara Tito 1:6–9, que habla sobre el anciano, con 1 Timoteo 3:1–7, que trata del obispo.

Un punto de aparente divergencia en versiones tales como la Nueva Versión Internacional provoca ataques de remordimiento a algunos pastores. 1 Timoteo 3:4 estipula que el obispo “debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto”. Por otro lado, Tito 1:6 exige que el anciano sea un hombre cuyos “hijos sean creyentes, libres de sospecha de libertinaje o de desobediencia”. Este requisito suena más estricto que el del obispo. Pero en realidad, esta traducción no es correcta y además es impracticable. El griego bien podría interpretarse como “cuyos hijos sean fieles”, en el sentido de que no son “libertinos o desobedientes”. Mientras los hijos vivan bajo el techo del padre, el obispo/anciano debe gobernar su casa de tal manera que demuestre ser capaz de dirigir también la iglesia. Si entendiéramos que Tito 1:6, tal como aparece en la NVI, exige que sus hijos sean creyentes, bien podríamos preguntarnos: “¿desde qué edad?” En fin, la mala traducción también es impracticable. Lo que el texto original dice encaja bien con 1 Timoteo 3.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 306). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Yo soy la resurrección y la vida

jueves 2 noviembre

Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron (es decir: que han muerto) es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

1 Corintios 15:20-21

Yo soy la resurrección y la vida

¡Estas palabras de Jesús cambiaron todo! Los creyentes que vivieron antes de la era cristiana tenían una idea muy imprecisa con respecto al destino de su cuerpo. Pero cuando Jesús apareció, el misterio fue revelado: el cuerpo mortal del creyente, aunque esté descompuesto y se haya convertido en polvo, será transformado y hecho semejante al “cuerpo de la gloria” del Señor Jesús (Filipenses 3:21), cuerpo espiritual, incorruptible e inmortal (1?Corintios 15:53). Mediante su propia resurrección, Jesús nos da la seguridad de que nosotros también resucitaremos.

Para el que cree en el Señor Jesús, la muerte no tiene ese “aguijón” (1 Corintios 15:55), es decir, ya no tenemos que tener miedo de ella. El creyente fue comprado, cuerpo, alma y espíritu. Cuando llegue el momento de la resurrección de vida, será transformado a la semejanza del cuerpo glorificado del Señor. Jesús mismo vendrá, no revestido de humillación y sufrimiento, como en su primera venida, sino que vendrá en gloria para llevar consigo al cielo a quienes rescató.

Amigo cristiano afligido por el duelo, quizás esté sumido en la amargura. ¡Pero si el ser querido por el que llora era un creyente, puede cobrar ánimo! La Palabra de Dios dice: Nuestro Salvador “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad” (2 Timoteo 1:10). Mientras está en el velorio, o al lado de la tumba, ¡recuerde que de ese mismo polvo, un cuerpo revivirá eternamente para alabar a su Dios redentor!

Ester 7 – Juan 17 – Salmo 119:105-112 – Proverbios 26:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

 

EL ATAQUE A LA IGLESIA

EL ATAQUE A LA IGLESIA

11/1/2017

En el mundo tendréis aflicción.

Juan 16:33

No debiéramos sorprendernos cuando se ataca a la iglesia porque Cristo dijo que así sucedería. Como el mundo, la carne y Satanás están detrás de tal hostilidad, Cristo nos ordenó que veláramos y oráramos “para que no [entremos] en tentación” (Mt. 26:41). Pedro advirtió: “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8). Para estar preparados, Pablo dijo: “Nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo” (1 Ts. 5:8).

Puede ser difícil mantener su testimonio cristiano cuando la persecución es sutil y no manifiesta. Recuerdo haberle preguntado a un pastor ruso: “¿Es difícil pastorear una iglesia en su país?” El pastor respondió: “No, es fácil porque sé cuál es la posición de todo el mundo. Pero ¿cómo puede alguien pastorear una iglesia en los Estados Unidos, donde la avenencia es tan común y sutil?” Muchos que se dicen cristianos quieren la aceptación del mundo y por lo tanto, no están dispuestos a defender la causa de Cristo.

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Los sufrimientos de Cristo en nosotros

NOVIEMBRE, 01

Los sufrimientos de Cristo en nosotros

Devocional por John Piper

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia. (Colosenses 1:24)

Cristo preparó una ofrenda de amor para el mundo por medio de su sufrimiento y muerte por los pecadores. Es un acto completo y no carece de nada, excepto de una cosa: la presentación personal de Cristo mismo a las naciones del mundo.

La respuesta de Dios ante esta carencia es llamar al pueblo de Cristo (a personas como Pablo) para que hagan una presentación personal de las aflicciones de Cristo al mundo. Al hacer esto, cumplimos «lo que falta de las aflicciones de Cristo». Terminamos aquello para lo que fueron planeadas, es decir, una presentación personal a la gente que desconocen su infinito valor.

Pero lo más asombroso de Colosenses 1:24 es el modo en que Pablo cumple lo que falta de las aflicciones de Cristo.

Lo que él dice es que sus propios sufrimientos completan las aflicciones de Cristo. Esto significa que Pablo expone los sufrimientos de Cristo sufriendo él mismo por aquellas personas que intenta ganar. En sus sufrimientos, ellos ven los sufrimientos de Cristo.

La notable conclusión es que la intención de Dios es que las aflicciones de Cristo sean presentadas al mundo por medio de las aflicciones de su pueblo.

Dios realmente quiere que el cuerpo de Cristo, la iglesia, experimente parte del sufrimiento que Cristo atravesó, para que cuando proclamemos la Cruz como el camino a la vida, las personas puedan ver las marcas de la Cruz en nosotros y sientan el amor de la Cruz a través nuestro.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 269–270

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«Y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre»

1 de noviembre

«Y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre».

Mateo 24:39

Este juicio fue universal: no se escapó del mismo ni el rico ni el pobre. Todos se hundieron en la común ruina: el erudito y el iletrado; el admirado y el aborrecido; el religioso y el profano; el anciano y el joven… Algunos, sin duda, ridiculizaron al patriarca. ¿Dónde están ahora sus burlonas carcajadas? Otros lo amenazaron por su celo, que consideraban locura. ¿Dónde están ahora sus palabras ofensivas y jactanciosas? El crítico que juzgó la obra del anciano está anegado en el mismo mar que oculta a sus burlones compañeros. Los que hablaron en términos elogiosos de la lealtad que Noé mostró hacia sus convicciones, pero no las hicieron suyas, se hundieron para no levantarse jamás; y los operarios que, por un sueldo, ayudaron a construir la maravillosa arca, se perdieron también para siempre. El Diluvio los barrió a todos, sin hacer excepción alguna. Así también, fuera de Cristo, una segura destrucción aguarda a todo hombre nacido de mujer. Ni la posición social, ni las posesiones, ni la fama serán suficientes para salvar a una sola alma que no crea en el Señor Jesús. Alma mía, contempla este juicio universal y tiembla al pensar en el mismo!

¡Resulta sorprendente la apatía de los contemporáneos de Noé! Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta que llegó el espantoso día. Fuera del arca no quedó ni un solo hombre prudente. La insensatez había embaucado a todos los seres humanos que estaban en la tierra. Era la más insensata de todas las insensateces: aquella que lleva al hombre a descuidar su propia preservación. Era la insensatez de dudar del verdadero Dios: la más necia de todas las necedades. ¿No es esto extraño, alma mía? Todos los hombres descuidan sus almas hasta que la gracia les da entendimiento; es entonces, y solo entonces, cuando los hombres dejan su insensatez y actúan como seres racionales.

Todos, bendito sea Dios, estaban seguros en el arca: ninguna ruina entró en la misma. Desde el corpulento elefante hasta el ratoncito, todos estuvieron seguros. Todos están seguros también en Jesús. Alma mía, ¿te encuentras tú en él?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 316). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La Biblia y su realismo.

1 NOVIEMBRE

2 Reyes 14 | 2 Timoteo 4 | Oseas 7 | Salmos 120–122

Uno de los aspectos atractivos y perturbadores de la Biblia es su realismo. Al idealismo simplista le encantaría que las personas “buenas” recibieran recompensa de manera algo consistente, que fueran fructíferas y bendecidas en su trabajo. De igual manera, les gustaría que los “malos” acabaran fracasando. Sin duda que, a largo plazo, ante el tribunal de Dios, se hará justicia y esta será evidente a todos. También es cierto que hay suficientes recompensas y bendiciones temporales que nos recuerdan que Dios tiene el control. Pero, en el misterio de la providencia, también hay suficientes anomalías que también nos recuerdan que la justicia final no se encuentra en este mundo. Y esto, desde luego, concuerda con la realidad de la vida. Es el máximo realismo.

Este aspecto se ilustra muy bien con los dos reyes de 2 Reyes 14. Amasías, hijo de Joás, comienza a reinar sobre Judá a sus veinticinco años de edad. “Amasías hizo lo que agrada al SEÑOR, aunque no como lo había hecho su antepasado David. En todo siguió el ejemplo de su padre Joás” (14:3). Si bien no fue tan consistente como David, en muchos aspectos fue un hombre bueno. Incluso en el asunto de la captura y ejecución de los asesinos de su padre, el rey Joás, Amasías se negó a matar a sus parientes—lo cual, en esa época, era lo habitual—por seguir la ley de Dios (Deuteronomio 24:16; 2 Reyes 14:6). Pero luego experimentó algo de éxito militar (14:7) y parece ser que se envaneció, por lo cual, sin razón justificada, provocó a las tribus del norte a una guerra que perdió de manera desastrosa. La estupidez fue gigantesca. Finalmente, al propio Amasías lo asesinaron tras un reinado de veintinueve años.

Por otro lado, al llegar al trono del reino del norte, Jeroboam II “Jeroboán hizo lo que ofende al Señor, pues no se apartó de ninguno de los pecados con que Jeroboán hijo de Nabat hizo pecar a Israel” (14:24). Sin embargo, demostró ser un hábil administrador y líder militar. El Señor fue sensible al clamor de su pueblo, que se enfrentaba al poder destructor de Siria al norte. Por lo tanto, usó a Jeroboam II para restaurar las fronteras de Israel contra la invasión siria y recuperar a Damasco y Hamat, las cuales habían pertenecido a Israel en los días de la monarquía unida. Jeroboam II reinó durante cuarenta y un años, y murió en paz.

Observemos: (1) Un buen rey puede hacer cosas malas y estúpidas. (2) Un rey malo puede hacer cosas buenas e importantes. (3) Se puede concluir que jamás debemos evaluar la moralidad de un líder sencillamente en base a algunas cosas buenas o malas que haya hecho. Incluso Hitler restauró la confianza de los alemanes y creó empleos. Se sabe de presidentes que ganan guerras y mantienen la economía a flote a la vez que viven fracasados en su vida sexual, por ejemplo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 305). Barcelona: Publicaciones Andamio.