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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Oficios eclesiales

2 NOVIEMBRE

2 Reyes 15 | Tito 1 | Oseas 8 | Salmos 123–125

En algunas denominaciones, se enseña que la Biblia presenta tres oficios eclesiales: los obispos, que presiden sobre varias congregaciones; los ancianos/pastores, que sirven en iglesias locales, especialmente con respecto al ministerio de la palabra y la oración (alguno añadirían “sacramento”) y los diáconos, que ayudan con la administración de fondos, particularmente en el cuidado de las necesidades físicas del rebaño (ver la meditación del 25 de octubre).

No obstante, en muchos círculos se acepta que, en realidad, el Nuevo Testamento reconoce sólo dos oficios: el obispo/anciano/pastor y el diácono. Uno de los escritos más convincentes sobre este asunto es de J.B. Lightfoot, un anglicano del siglo pasado. Él argumenta, con razón, que la división en tres categorías surgió una vez escritos los documentos del Nuevo Testamento.

Esto significa, por supuesto, que uno de los dos oficios se conoce con tres nombres diferentes, en parte porque la obra tiene muchas facetas. La palabra pastor proviene de una raíz latina y ya se usaba para los encargados de las ovejas (1 Pedro 5:2). Los pastores alimentan, defienden, guían y disciplinan al rebaño. El término anciano surge tanto del gobierno de aldeas antiguas como de las sinagogas: los líderes han de ser maduros y respetados. Como la palabra obispo hoy día tiene tantas connotaciones eclesiásticas, algunas versiones suelen usar otras palabras como episcopado, dirigente o supervisor (1 Timoteo 3:1, por ejemplo) para captar los elementos de supervisión, la gestión piadosa y la responsabilidad espiritual incluidos en la tarea.

Una de las razones por las cuales tantas personas han llegado a la conclusión de que las palabras obispo, anciano y pastor son todas aplicables al mismo puesto es que las listas de requisitos para estas tareas son muy parecidas. Por tanto, compara Tito 1:6–9, que habla sobre el anciano, con 1 Timoteo 3:1–7, que trata del obispo.

Un punto de aparente divergencia en versiones tales como la Nueva Versión Internacional provoca ataques de remordimiento a algunos pastores. 1 Timoteo 3:4 estipula que el obispo “debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto”. Por otro lado, Tito 1:6 exige que el anciano sea un hombre cuyos “hijos sean creyentes, libres de sospecha de libertinaje o de desobediencia”. Este requisito suena más estricto que el del obispo. Pero en realidad, esta traducción no es correcta y además es impracticable. El griego bien podría interpretarse como “cuyos hijos sean fieles”, en el sentido de que no son “libertinos o desobedientes”. Mientras los hijos vivan bajo el techo del padre, el obispo/anciano debe gobernar su casa de tal manera que demuestre ser capaz de dirigir también la iglesia. Si entendiéramos que Tito 1:6, tal como aparece en la NVI, exige que sus hijos sean creyentes, bien podríamos preguntarnos: “¿desde qué edad?” En fin, la mala traducción también es impracticable. Lo que el texto original dice encaja bien con 1 Timoteo 3.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 306). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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