//
estás leyendo...
Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

«Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley»

2 de noviembre

«Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley».

Salmo 119:53

Alma mía, ¿sientes este santo estremecimiento ante los pecados de los demás? Porque si no lo sientes, careces de santidad interior. Las mejillas de David estaban mojadas por ríos de lágrimas debido a la impiedad reinante; Jeremías deseaba que sus ojos se convirtieran en fuentes de agua para llorar las iniquidades de Israel; y Lot se sintió abrumado por la conducta de los hombres de Sodoma. Aquellos sobre quienes se puso una señal (en la visión de Ezequiel), eran los que suspiraban y clamaban por las abominaciones de Jerusalén. No puede sino contristar a las almas bondadosas el ver el trabajo que se toman los hombres para ir al Infierno. Ellas conocen experimentalmente el mal del pecado, y se sienten alarmadas de ver a otros volar como polillas hacia su fuego. El pecado hace que el justo se estremezca, porque viola una ley santa que debiera guardarse por el más alto interés de todo hombre. El pecado derriba los pilares de la nación. El pecado practicado por otros horroriza al creyente, porque le recuerda la ruindad de su propio corazón. Cuando ve a un transgresor clama como el santo mencionado por Bernardo: «Él cayó hoy, y yo puedo caer mañana». El pecado es horrible para el creyente, porque crucificó al Salvador. El creyente ve en toda iniquidad los clavos y la lanza. ¿Cómo puede un alma salvada ver sin horror a ese maldito matador de Cristo? Di, corazón mío, ¿apruebas todo esto? Es espantoso insultar a Dios en su rostro. Dios merece mejor trato: él lo reclama y él lo obtendrá; de lo contrario, dará el pago en su cara a sus adversarios. Un corazón despierto tiembla ante la audacia del pecado y se siente alarmado por la contemplación de su castigo. ¡Cuán monstruosa es la rebelión! ¡Qué juicio tan horrible aguarda al impío! Alma mía, nunca te rías de las locuras del pecado, no sea que llegues a reírte del pecado en sí. El pecado es tu enemigo y el enemigo de tu Señor. Míralo con odio; pues solo así puedes demostrar que posees esa santidad sin la cual nadie verá al Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 317). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Las Bienaventuranzas

Mateo 5:3-12 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: