Los consuelos del Señor

miércoles 1 noviembre

(Jesús dijo:) Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador… No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

Juan 14:16, 18

Los consuelos del Señor

A veces el cristiano se siente incomprendido y sin apoyo para resistir a las presiones de la vida. Su corazón, que antes estaba alegre, de repente se ve oscurecido por un dolor que ni siquiera podría compartir con un hermano en la fe. Pero el Señor sigue fiel; sigue siendo el amigo que “en todo tiempo ama”, y que “es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17). Muchos amigos pueden olvidarse de nosotros, o desaparecer, pero el Señor siempre estará con nosotros. Cuida de manera especial a los suyos que son huérfanos o que pasan por el duelo. Manifiesta la más tierna simpatía “al afligido que no tuviere quien le socorra” (Salmo 72:12).

A menudo, cuando nos vemos privados de lo que más amamos, hallamos en Jesús una felicidad de una frescura inimaginable. Sus palabras, al igual que toda la Biblia, se vuelven más valiosas para nosotros, y comprendemos mejor los pensamientos de Dios y su voluntad para nuestra vida. El Señor nos da esta promesa: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y… tomaréis consuelo” (Isaías 66:13). ¡Qué hermosa imagen de la fuerza y de la ternura de los consuelos del Señor!

¡Muchos creyentes no quisieran que sus circunstancias de vida difíciles cambiasen, si esto tuviese como consecuencia privarlos de los testimonios de amor y de simpatía del Consolador!

Un cristiano escribió: «Usted sabe desde hace mucho tiempo que es amado, pero la hora de la aflicción le hará descubrir la profundidad del amor del Señor Jesús».

Ester 5-6 – Juan 16 – Salmo 119:97-104 – Proverbios 26:19-20

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA ESTABILIDAD DE DIOS

LA ESTABILIDAD DE DIOS

10/31/2017

El Padre de las luces, en el cual no hay mudanza,
ni sombra de variación. (Santiago 1:17)

Santiago llama a Dios “el Padre de las luces”, que era una antigua alusión judía a Dios como el Creador. Santiago escogió ese título porque se adapta a su ilustración de Dios.

Las luces son el sol, la luna y las estrellas; cuerpos celestes creados por Dios. Desde nuestra perspectiva, el sol, la luna y las estrellas se mueven, desaparecen, cambian de forma o varían en intensidad; va y viene su beneficio para nosotros. Pero con Dios no hay variación ni cambio. Dios no cambia de una condición a otra ni varía como las sombras mientras el sol se mueve. Su brillante luz de gloria y misericordiosa bondad no palidece. Su gracia nunca se opaca. Primera Juan 1:5 dice: “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él”. Malaquías 3:6 dice: “Yo Jehová no cambio”.

Nunca decae la misericordia de Dios. Nada puede empañar su bondad ni detener su benevolencia. Sabiendo eso, no se trague el anzuelo de Satanás ni dé a luz el pecado mortal. Más bien reciba lo bueno que Dios quiere darle.

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El seminario del sufrimiento

OCTUBRE, 31

El seminario del sufrimiento

Devocional por John Piper

Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. (2 Corintios 12:9)

Tal es el propósito universal de Dios con todo el sufrimiento cristiano: más gozo en Dios y menos satisfacción en uno mismo y en el mundo. Nunca oí a alguien decir: «Las lecciones más profundas de la vida vienen en tiempos de calma y comodidad».

Al contrario, he oído a grandes santos decir: «Cada paso significativo que he dado alguna vez en el descubrimiento de las profundidades del amor de Dios y en el crecimiento de mi relación con él fue por medio del sufrimiento».

La perla de gran precio es la gloria de Cristo.

Por eso, Pablo hace hincapié en que, en nuestro sufrimiento, la gloria de la gracia absolutamente suficiente de Cristo se magnifica. Cuando confiamos en él en medio de las calamidades y él sustenta nuestro «gozo en la esperanza», se pone de manifiesto que él es el Dios de gracia y poder que todo lo satisface.

Si nos aferramos a él cuando todo lo que rodea nuestra alma se desmorona, entonces él demuestra que es más deseable que todo lo que hemos perdido.

Cristo le dijo al apóstol en medio de su sufrimiento: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». La respuesta de Pablo fue: «Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12:9-10).

Por lo tanto, el sufrimiento claramente fue diseñado por Dios no solo como un método para que los cristianos renuncien a su individualidad y se sujeten a la gracia, sino también como una forma de destacar esa gracia y hacerla brillar. Es precisamente eso lo que la fe hace: magnifica la gracia futura de Cristo.

Las lecciones más profundas de la vida en Dios se aprenden por medio del sufrimiento.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 265–267

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«Yo te conocí en el desierto, en tierra seca»

31 de octubre

«Yo te conocí en el desierto, en tierra seca».

Oseas 13:5

Sí, Señor, tú en verdad me conociste en mi condición de caído y, a pesar de ello, me elegiste para ti. Cuando era aborrecible y me aborrecía a mí mismo, tú me recibiste como hijo tuyo y satisficiste mis múltiples necesidades. ¡Bendito para siempre sea tu nombre por esta rica, libre y abundante gracia! Desde entonces, mi experiencia íntima ha sido frecuentemente la de un desierto; pero, sin embargo, tú me has reconocido como tu amado y has derramado sobre mí raudales de amor y de gracia para alegrarme y hacerme fructífero. Más aún: cuando mis circunstancias externas estaban en lo peor y yo vagaba en tierra seca, tu grata presencia me trajo solaz. Los hombres no me conocieron cuando el desprecio me aquejaba, pero tú conociste mi alma en las adversidades, porque no hay aflicción que empañe el brillo de tu amor. Te alabo, oh Señor de grandísima bondad, porque en circunstancias dolorosas me has mostrado tu perfecta fidelidad, y deploro, al mismo tiempo, que en algún momento te haya olvidado. Lamento también que mi corazón se enalteciera cuando, en realidad, todo se lo debo a tu benignidad y amor. ¡Ten en esto misericordia de tu siervo!

Alma mía, si Jesús te reconoció en tu condición perdida, asegúrate de reconocerlo ahora tú a él y a su causa mientras estás en prosperidad. No te enaltezcas por tus éxitos terrenales hasta el punto de avergonzarte de la verdad y de la humilde Iglesia a la cual te has unido. Sigue a Jesús al desierto; lleva la cruz con él cuando el calor de la persecución aumente. ¡Oh alma mía, él te reconoció en tu pobreza y en tu vergüenza! Nunca seas, pues, tan pérfida como para avergonzarte de él. ¡Ojalá me avergonzara más bien de pensar siquiera en avergonzarme de mi Amado! Jesús, mi alma se une a ti.

Jesús, mi Salvador, ¿será posible

que se avergüence algún mortal de ti,

y que, olvidando tus sublimes hechos,

lo que tú has sido niegue para sí?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 315). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

La vida en “los últimos días”

31 OCTUBRE

2 Reyes 13 | 2 Timoteo 3 | Oseas 5–6 | Salmo 119:145–176

La vida en “los últimos días” (2 Timoteo 3) no suena muy atractiva: “La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad” (3:2–5). Innumerables pecados de sensualidad se combinan con el aumento de información comprometida con una procedencia corrupta, de manera que la gente no puede reconocer la verdad (3:6–7). Así es la vida en “los últimos días”. La inmediatez de la advertencia para los lectores de Pablo es una de las diversas señales que indican que él entendía que los “últimos días” van desde la ascensión de Cristo hasta su regreso.

¿Qué debemos hacer al respecto?

Primero, hemos de procurar seguir a los mejores mentores (3:10–11), esas personas cuyas vidas reflejan el evangelio y que han sido probadas por dificultades y protegidas por Dios. En un mundo de muchos ídolos en la cultura popular, incluso en el campo de la religión, debemos ser selectivos en la elección de los mejores mentores. De otra manera, probablemente escogeremos por defecto a los que no son buenos.

Segundo, debemos ser realistas en cuanto al mundo (3:12–13). Tenemos que esperar la oposición. De esa manera, no nos tomarán por sorpresa. Cuando Pablo dice que “esos malvados embaucadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (3:13), probablemente no quiere decir que cada generación será peor que la anterior, sino que, en todas las generaciones, los malvados se despeñarán en una espiral de corrupciones inevitables. Esto no nos debe sorprender. Sin la intervención de la gracia de Dios, eso es lo que el pecado produce en la gente.

Tercero, necesitamos depender de la Biblia (3:14–17). La Escritura no moldea únicamente la mente del cristiano con una cosmovisión profundamente ajena a la persona secular y a las que son infinitamente egoístas, y no sólo nos hace “sabios[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”, sino que es “inspirada por Dios” y, por ello, “útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia” (3:16). El peligro en el mundo evangélico contemporáneo no es un rechazo formal de las Escrituras, sino suponer de manera poco realista que conocemos la Biblia mientras avanzamos (o, en realidad, retrocedemos) hacia un sinnúmero de conferencias sobre liderazgo, técnicas, herramientas, trucos y agendas. Algunas de estas incluso podrían ser útiles si no mantuvieran a la Biblia tan al margen.

Cuarto, aunque esto ya nos lleva al próximo capítulo, tenemos que proclamar la Palabra (4:1–5). Ninguna otra cosa tiene poder transformador. El versículo 2 indica el contenido, la constancia, el alcance y la manera de tal predicación en los últimos días.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 304). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Vencer a la muerte

martes 31 octubre

 

… para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:14-15

Sorbida es la muerte en victoria.

1 Corintios 15:54

Vencer a la muerte

El objetivo de las investigaciones médicas es sanar enfermedades o atenuar sus consecuencias. Se crean muchos tratamientos para curar o aliviar ciertas enfermedades que en otra época eran incurables. Muchas personas tienen el privilegio de beneficiarse de los progresos de la medicina y pueden dar gracias a Dios por la inteligencia que dio al hombre en ese ámbito.

Pero debemos reconocer que el hecho de curar solo aplaza un final inevitable: la muerte. Cuando pensamos en nuestra última hora, nos hacemos esta pregunta: ¿Qué hay más allá de la muerte?

–Los que no hayan creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios tendrán que sufrir el juicio divino, porque durante su vida rechazaron el perdón ofrecido por Dios (lea Juan 3:18).

–Para los demás, Jesús dijo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). El creyente puede decir: Jesús entró en la muerte después de haber sufrido en mi lugar el juicio de Dios, a fin de poder liberarme de ese juicio para siempre. ¡Venció a la muerte, y esta victoria fue confirmada por su resurrección!

¡Qué maravillosa seguridad tenemos! Jesús se la dio también al ladrón que estaba crucificado a su lado y que se arrepintió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Querido lector, ¿tiene usted esta esperanza?

Ester 4 – Juan 15 – Salmo 119:89-96 – Proverbios 26:17-18

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LA BONDAD DE DIOS

LA BONDAD DE DIOS

10/30/2017

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto.

Santiago 1:17

Lo que viene de Dios es bueno y perfecto. Dios nunca pudiera producir lo malo porque su natu­raleza es buena. Más bien produce muchísimas buenas cosas. Mientras que nosotros tenemos una ­naturaleza que da origen al pecado, Dios no es así.

¿Por qué trataríamos de satisfacernos con malos deseos que dan por resultado la muerte cuando Dios está derramando todo lo que pudiéramos desear para nuestra satisfacción? Solo un necio sería atraído con semejante trampa cuando tiene a su disposición toda la bondad de Dios por su misericordia. De igual modo puede compararse nuestra carne con un pozo de aguas estancadas. Es absurdo creer que pudiéramos satisfacernos bebiendo de él cuando podemos acudir a la fuente de agua viva misma que nos da toda buena dádiva y todo don perfecto.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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El peligro de desviarnos

OCTUBRE, 30

El peligro de desviarnos

Devocional por John Piper

Por tanto, debemos prestar mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos.(Hebreos 2:1)

Todos conocemos personas a las que les ha sucedido esto. No hay diligencia, ni vigilancia; no escucharon con atención, no meditaron ni pusieron sus ojos en Jesús. El resultado fue que, en lugar de mantenerse firmes y de pie, se desviaron.

Ese es el punto: no se mantuvieron firmes. La vida en este mundo no es como un lago; es como un río, y su corriente conduce a la perdición. Si no escuchamos a Jesús con diligencia, meditamos en él a diario y ponemos nuestros ojos en él a toda hora, entonces no nos mantendremos firmes, retrocederemos. Flotaremos mientras la corriente nos arrastra.

Desviarse es fatal en la vida cristiana. La solución, según Hebreos 2:1, es «prestar mayor atención a lo que hemos oído». Es decir, debemos reflexionar en lo que Dios dice mediante su Hijo Jesús; prestar atención a lo que Dios dice y hace por medio del Hijo de Dios, Cristo Jesús.

No se trata de un estilo avanzado que debemos aprender para poder nadar contra la corriente del pecado y la indiferencia. Lo único que nos impide nadar contra corriente son nuestros propios deseos pecaminosos de mantenernos a flote con otros intereses.

No nos quejemos porque Dios nos asignó una tarea difícil. Escuchemos, reflexionemos y pongamos nuestros ojos en Cristo: esta no es la descripción de un trabajo complicado. No es la descripción de un trabajo. Es una invitación solemne a estar satisfechos en Jesús para que no dejemos que los deseos engañosos nos atraigan y la corriente nos arrastre.

Si usted está desviándose hoy, uno de los síntomas que indican que hay esperanza de que haya nacido de nuevo es que se sentirá confrontado por estas palabras, y tendrá un deseo cada vez mayor de volver sus ojos a Jesús, meditar en él, y escucharlo en los días y meses y años siguientes.


Devocional tomado del sermón “El peligro de desviarnos de la palabra”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«¡Oh, tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír!»

30 de octubre

«¡Oh, tú que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz; házmela oír!».

Cantares 8:13

Mi afable Señor Jesús recuerda muy bien el huerto de Getsemaní; pero, como ya ha dejado ese lugar, ahora habita en el huerto de la Iglesia. Allí él abre su corazón a quienes cultivan su bendita amistad. La amorosa voz con que él habla a su amada es más melodiosa que las arpas del Cielo. Hay en ella una profundidad tal de amor melódico que supera toda música humana. Decenas de millares en la tierra y millones en el Cielo se deleitan con los armoniosos acentos de la voz de Jesús. Algunos a quienes conozco bien y a quienes envidio grandemente están en este momento escuchando su querida voz. ¡Ah, si pudiese participar de las alegrías de ellos! Es verdad que entre ellos algunos son pobres; otros están postrados en cama; y otros yacen cerca de las puertas de la muerte. Pero, oh Señor mío, con tal de oír tu voz yo padecería alegremente hambre con ellos, me consumiría con ellos o moriría con ellos. En otro tiempo yo oía esa voz con frecuencia, pero contristé tu Espíritu. Vuelve a mí con compasión y dime una vez más: «Yo soy tu salvación». Ninguna otra voz puede contentarme. Yo conozco la voz tuya y no hay otra que sea capaz de engañarme. Te ruego que me permitas oírla. No sé, oh Amado mío, lo que me dirás, ni te pongo condición alguna; lo único que quiero es oírte hablar. Si lo que tienes que darme es una reprensión, te alabaré por ella. Quizá para purificar mi oído se necesite una operación muy penosa para la carne; pero, sea lo que sea, no me apartaré de este vehemente deseo: «Hazme oír tu voz». Horada mi oreja otra vez; hiere mi oído con tus notas más agudas. Lo único que te pido es que no permitas que continúe sordo a tu voz. Señor, cumple esta noche el deseo de tu indigno siervo, porque yo soy tuyo y tú me has comprado con tu sangre. Tú has abierto mis ojos para que te vea y tu presencia me ha salvado. Señor, abre mis oídos. He leído tu corazón; déjame ahora oír tus labios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 314). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Discusiones inútiles

30 OCTUBRE

2 Reyes 12 | 2 Timoteo 2 | Oseas 3–4 | Salmo 119:121–144

Una de las muchas decisiones prácticas que debe tomar un pastor comprometido es si debe o no confrontar algún error particular que se vislumbra entre el pueblo.

Son muchos los factores que influyen en este tipo de decisión. ¿A cuántas personas les está afectando? ¿Está amenazando con dividir a la iglesia o sólo es una fijación de una o dos personas? ¿Se trata de algún asunto relativamente marginal o ataca al corazón del evangelio? ¿Es algo que la Biblia aborda de manera bastante clara, o sobre lo cual no afirma nada sustancial? Además, aunque el asunto es evidentemente importante, uno debe tomar decisiones sobrias sobre cuánto tiempo y energía dedicarle. Si es poco, la congregación se puede ver seriamente afectada; si es demasiado, te distrae de lo que debería ser el enfoque principal de tu ministerio. Puede que gradualmente acabes inmerso en un mar tan enorme, que jamás vuelvas a ver la orilla.

A través de los años, me han invitado a hablar sobre una cantidad de “problemas” o “interpretaciones” que no han durado más de un par de meses o años. Puede ser conveniente estudiar lo necesario para abordar algunos de ellos; más que eso es perder el tiempo. Cerca de un mes antes del suicidio masivo de la secta “Heaven’s Gate” (en inglés, Puerta del Cielo), ellos mismos me enviaron (y seguramente a muchas otras personas) uno de sus videos y un montón de literatura. Le dediqué diez minutos a la lectura de esos documentos para ver de qué iba. Eran auténticas sandeces, así que lo guardé, esperando no tener que responder nunca a esta tontería en particular. Varias semanas después, la mayoría de sus seguidores estaban muertos.

Hará unos dos años, un pastor me llamó y me regañó por no haber respondido sustancialmente al libro de Michael Drosnin, El Código Secreto de la Biblia. Por interés, había acumulado un archivo bastante amplio sobre el tema, pero eso no satisfizo a este pastor. Él entendía que las personas de su iglesia eran terriblemente vulnerables e insistió en que yo dedicara tiempo a trabajar el tema. Yo me negué. Dos meses más tarde, descubrí que en esa iglesia, la persona con la mayor fijación en este problema era el pastor mismo, que no lograba abandonar ese asunto.

Qué contraste tan agradable, entonces, es escuchar a Pablo decirle a Timoteo lo que debe enseñarle a las nuevas generaciones de pastores: “Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes” (2 Timoteo 2:14). O una vez más: “No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos” (2:23). Responde lo que sea necesario; nunca te obsesiones con los temas marginales; no pierdas centrarte en lo principal; no dejes que te atraigan las discusiones tontas. Los asuntos verdaderos son demasiado importantes.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 303). Barcelona: Publicaciones Andamio.