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«Yo te conocí en el desierto, en tierra seca»

31 de octubre

«Yo te conocí en el desierto, en tierra seca».

Oseas 13:5

Sí, Señor, tú en verdad me conociste en mi condición de caído y, a pesar de ello, me elegiste para ti. Cuando era aborrecible y me aborrecía a mí mismo, tú me recibiste como hijo tuyo y satisficiste mis múltiples necesidades. ¡Bendito para siempre sea tu nombre por esta rica, libre y abundante gracia! Desde entonces, mi experiencia íntima ha sido frecuentemente la de un desierto; pero, sin embargo, tú me has reconocido como tu amado y has derramado sobre mí raudales de amor y de gracia para alegrarme y hacerme fructífero. Más aún: cuando mis circunstancias externas estaban en lo peor y yo vagaba en tierra seca, tu grata presencia me trajo solaz. Los hombres no me conocieron cuando el desprecio me aquejaba, pero tú conociste mi alma en las adversidades, porque no hay aflicción que empañe el brillo de tu amor. Te alabo, oh Señor de grandísima bondad, porque en circunstancias dolorosas me has mostrado tu perfecta fidelidad, y deploro, al mismo tiempo, que en algún momento te haya olvidado. Lamento también que mi corazón se enalteciera cuando, en realidad, todo se lo debo a tu benignidad y amor. ¡Ten en esto misericordia de tu siervo!

Alma mía, si Jesús te reconoció en tu condición perdida, asegúrate de reconocerlo ahora tú a él y a su causa mientras estás en prosperidad. No te enaltezcas por tus éxitos terrenales hasta el punto de avergonzarte de la verdad y de la humilde Iglesia a la cual te has unido. Sigue a Jesús al desierto; lleva la cruz con él cuando el calor de la persecución aumente. ¡Oh alma mía, él te reconoció en tu pobreza y en tu vergüenza! Nunca seas, pues, tan pérfida como para avergonzarte de él. ¡Ojalá me avergonzara más bien de pensar siquiera en avergonzarme de mi Amado! Jesús, mi alma se une a ti.

Jesús, mi Salvador, ¿será posible

que se avergüence algún mortal de ti,

y que, olvidando tus sublimes hechos,

lo que tú has sido niegue para sí?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 315). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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