«Él había tomado mujer cusita».

6 de octubre

«Él había tomado mujer cusita».

Números 12:1

Resulta extraña esta elección de Moisés, ¡pero cuánto más extraña es la elección de Aquel que es un profeta como Moisés y aun mayor que él! Nuestro Señor, hermoso como el lirio del campo, se ha unido en matrimonio con una que declara ser negra porque el sol la ha quemado (cf. Cnt. 1:6, LBLA, margen). El que Jesús ame a seres pobres, perdidos y pecadores admira a los ángeles. Cada creyente, cuando se familiariza con el amor de Jesús, debe sentirse profundamente admirado de que ese amor se prodigue a sujetos que son tan enteramente indignos del mismo. Conociendo, como conocemos, nuestra vergonzosa maldad, infidelidad y negrura de corazón, nos deshacemos en una admiración agradecida por la incomparable liberalidad y soberanía de la gracia. Jesús debe de haber hallado el motivo de su amor en su propio corazón: no podría haberlo hallado en nosotros, pues no se encuentra ahí. Aun después de nuestra conversión hemos seguido siendo «negros», aunque la gracia nos haya hecho aceptables. El santo Rutherford dijo de sí mismo algo que cada uno de nosotros debiera rubricar: «La relación entre Cristo y yo consiste en que yo estoy enfermo y él es el Médico de quien tengo necesidad. ¡Ay, cuántas veces ando jugando con Cristo! Él ata y yo suelto; él edifica y yo derribo; yo alterco con él y él se aviene conmigo veinte veces al día». ¡Tiernísimo y fiel Esposo de nuestras almas, prosigue la bondadosa obra de conformarnos a tu imagen, hasta que nosotros, pobres etíopes, seamos presentados a ti, sin mancha ni arruga ni cosa semejante! Moisés encontró oposición por causa de su matrimonio, y tanto él como su esposa fueron objeto de torvas miradas. ¿Vamos a admirarnos, pues, de que este mundo vano se oponga a Jesús y a su Esposa, especialmente cuando se convierten los grandes pecadores? Porque la base de la objeción del fariseo es siempre la misma: «Éste a los pecadores recibe». La antigua causa de la querella aún se renueva: «Porque él había tomado mujer etíope».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 290). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

De las profundidades a las alturas

6 Octubre 2017

De las profundidades a las alturas
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

En unos pocos versículos, el compositor del Salmo 116 ha salido de las profundidades del dolor y el sufrimiento y ha escalado a las alturas de la alabanza a Dios. Esta jornada seguramente duró muchos meses aun cuando la canción no lo expresa. La canción sólo relata la odisea.

Aunque en su alabanza Dios marca el pináculo de la cima, también parece ser el mismo que le ayudó a llegar a ella. Él no esperó hasta sentirse bien para poder alabar a Dios.

Alabaré su nombre

Estimada es en los ojos del Señor
la muerte de sus fieles.
Escúchame, oh Señor, porque yo soy tu siervo;
soy tu siervo, hijo de tu sierva.
Tú rompiste mis cadenas.
Te ofreceré sacrificio de acción de gracias
e invocaré el nombre del Señor 
(v. 15-17).

Finalmente, el salmista declara su agradecimiento y alabanza al nombre de Dios como apreciación por toda su bondad. Es extraño, sin embargo, que el compositor mencione, «la muerte de sus fieles» como parte de su alabanza. ¿Por qué lo hace? Creo que la respuesta está vinculada con la experiencia trágica que se menciona en los versículos 3, 4, 6 y 8. De hecho, yo creo que el salmista fue liberado de la muerte, como si él fuera el único sobreviviente de alguna tragedia.

En el verso 16, él se menciona asimismo como el» hijo de tu sierva». Y luego el mismo versículo utiliza la frase «rompiste mis cadenas». En otras palabras, él había sido liberado de la muerte. Quisiera sugerirle que la calamidad y el dolor que se mencionó anteriormente en el capítulo tiene que ver con alguna tragedia que se llevó la vida de sus familiares, entre ellos probablemente su madre y que fue lo que causó sus lágrimas y su dolor (v. 8), el sufrimiento y la desilusión (vv. 10-11). No obstante en esas circunstancias, él alabó a Dios.

El salmista dice que la muerte de estas personas queridas era, «estimada» ante Dios.

No creo que eso signifique que Dios se deleitaba en el hecho de que ellos hayan muerto sino más bien que consideraba que sus muertes eran algo honorable. Además, no murieron anónimamente. Dios sabía lo que sucedería y le dio valor a esa situación.

Nadie del pueblo de Dios pasa de este mundo al siguiente sin que Dios lo sepa. Cuando mueren, él está presente en el momento de la muerte. Otros pasajes de la Biblia nos dicen que la bondad de Dios se convierte en su posesión cuando entran a su presencia para estar con Él para siempre. Aunque el compositor está de luto por la muerte de sus amados, y lamenta cuanto les extraña, sabe que ya no tendrán que sufrir más el afán del dolor y el sufrimiento. Nunca más volverán a derramar una lágrima de tristeza.

El salmista alabó a Dios en medio de su propio dolor porque sabía que Dios iba a levantar un mañana maravilloso de las cenizas del hoy. Así debe ser. Nuestra alabanza y nuestro agradecimiento deben expresarse en todo momento, sin importar la circunstancia. Cuando aprendemos a darle gracias a Dios por todo, descubrimos las lecciones más básicas de Dios para nuestras vidas, aun en los momentos de dificultad, aun en los  momentos de dolor y sufrimiento.

Afirmando el alma
No espere que mejoren las circunstancias antes que usted comience a alabar a Dios. Recuerde cómo Dios lo liberó anteriormente y aférrese a la promesa de la liberación futura.  Haga que la alabanza a Dios se convierta en una decisión consciente y busque la forma de unirse a otros en adoración. ¿Cuándo será la próxima oportunidad?

Nadie del pueblo de Dios pasa de este mundo al siguiente sin que Dios lo sepa.—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¡Orad también por mí!

6 OCTUBRE

Por Amor a Dios

1 Reyes 9 | Efesios 6 | Ezequiel 39 | Salmo 90

Justo antes de la despedida de Pablo en su carta a los efesios, invita a sus lectores a orar por él (Efesios 6:19–20): “Orad también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas. Orad para que lo proclame valerosamente, como debo hacerlo”.

(1) En otros lugares, cuando Pablo presenta modelos de oración a sus conversos (Efesios 3:14–21 y Filipenses 1:9–11, por ejemplo), el tema de la misión no aparece tan contundentemente como aquí. Es cierto que, en otras ocasiones, Pablo pide oración (1 Tesalonicenses 5:25), pero aquí especifica lo que él quiere que ellos pidan (comparad con Colosenses 4:4 y 2 Tesalonicenses 3:1). Quiere poder hablar sin temor sobre el “misterio” del evangelio.

(2) Ciertamente, es alentador pensar que Pablo sintió la necesidad de este tipo de oración. A veces, ponemos al apóstol en un pedestal tan alto, que olvidamos que era un mortal ordinario que se enfrentaba a las mismas tentaciones que nos atacan a nosotros. Era muy consciente de lo fácil que es distorsionar el evangelio, recortarlo un poco o esquivar las partes que creemos incomodarán u ofenderán a nuestros oyentes. De manera que sabía que para predicar el evangelio con fidelidad, tendría que hacerlo con valor. Esto no refleja un estilo agresivo. Más bien, significa que Pablo quería hablar sin temor de lo que sus oyentes pensaran o dijeran de él, o de lo que pudieran hacerle, para no distorsionar el evangelio que vino a anunciar.

No requiere mucha imaginación para detectar las maneras como los predicadores del mundo occidental hoy día necesitan desesperadamente esta oración. Supón que le estás predicando a un grupo de estudiantes en una universidad pagana, o a jóvenes empresarios brillantes de una ciudad como Nueva York. Al realizar una exposición sobre Romanos, ¿cómo vas a manejar el tema de la homosexualidad en el capítulo 1 y la elección en el capítulo 9? ¿Cómo hablarás del infierno en los múltiples pasajes en los que Jesús mismo presenta las imágenes más horrendas? ¿Cómo podrías verte tentado a acobardarte al explicar la absoluta exclusividad del evangelio o al hablarles a los ricos sobre el dinero?

(3) No debemos obviar el hecho de que Pablo está dispuesto a pedir oración. Algunos líderes piensan que jamás deben admitir debilidad, temor o necesidad. Actúan como si vivieran por encima de toda lucha. Pablo no es así. Su petición de oración no es pro forma: pide oración para predicar el evangelio sin temor porque lleva tanto tiempo predicando y se conoce a sí mismo tan bien, que reconoce el poder y el peligro de predicar sólo por el aplauso del público. Al pedir oración, confiesa sus temores y asegura el remedio divino.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 279). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El lenguaje de las golondrinas

viernes 6 octubre

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro… He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra… Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

Apocalipsis 22:7, 12, 20

El lenguaje de las golondrinas

Una mañana del mes de octubre, cuando salían los primeros rayos del sol, cientos de golondrinas se reunieron para su larga migración al sur. Iban y venían piando enérgicamente. ¡Era un día de fiesta para ellas! ¿Quién había dado la señal de salida? ¿Y de qué llamado misterioso se trataba, pues solo ellas lo habían oído? Los demás pájaros continuaban sus idas y venidas habituales, pero las golondrinas habían oído la invitación al viaje hacia otros cielos.

Un día, quizá muy cercano, sonará otro llamado. Es el de Jesucristo, quien vendrá a buscar a todos los que hayan creído en él. Solo estos conocen su voz, depositaron su confianza en él. Jesús también los conoce. Incluso puede llamar a cada uno por su nombre. Los creyentes que hayan muerto también oirán su llamado y resucitarán. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, todos se reunirán alrededor de él en las nubes para ser recibidos en la presencia de Dios. El mundo constatará su ausencia. Podrá razonar, averiguar las causas y perderse en hipótesis. ¡Pero ya no podrá creer! ¡El tiempo de la gracia habrá pasado!

La primera venida de Jesús a la tierra fue anunciada con gran antelación por los profetas. Muchos fieles la esperaron y no la vieron, pero un día en la ciudad de Belén se pudo ver a un niño, Jesús, acostado en un pesebre.

De la misma manera, su segunda venida está claramente anunciada en la Biblia. Llegará el día en que se cumplirá igual que la primera. Jesús nos dice: “Ciertamente vengo en breve”.

Esdras 2 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

SEPARADOS DEL MUNDO

SEPARADOS DEL MUNDO

10/5/2017

[Moisés tuvo] por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Hebreos 11:26

Cuanto más vivimos, tanto más acumulamos. Pero esas cosas tienden a tener menos importancia para los cristianos. Cuando llegan las pruebas a la vida y usted se esfuerza por alcanzar esas cosas terrenales, ve lo efímera que son. Las pruebas pueden separarlo a usted de las cosas terrenales cuando demuestran lo inútil que son para resolver algún problema o para dar algún alivio en tiempo de tensiones.

Moisés aprendió el valor de las pruebas aunque se había criado en la casa del Faraón como príncipe de Egipto. Como parte de la familia real, tenía la mejor educación y alcanzó la cima de la sociedad egipcia desde el punto de vista de la riqueza, la honra y la comodidad. Pero consideró los sacrificios hechos al identificarse con los propósitos de Dios “mayores riquezas… que los tesoros de los egipcios”. Quitó la mirada de todas las cosas terrenales que tenía a su disposición y comenzó a preocuparse por las pruebas de su pueblo, lo que el Señor usó para separarlo de los placeres materiales.

DERECHOS DE AUTOR © 2017 Gracia a Vosotros
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Se hará justicia

OCTUBRE, 05

Se hará justicia

Devocional por John Piper

Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19)

A todos nosotros nos han tratado con injusticia alguna vez. La mayoría de nosotros, probablemente, fuimos tratados de un modo realmente injusto por alguien que jamás nos pidió disculpas ni hizo algo que fuera suficiente para enmendar la situación.

Y uno de los grandes obstáculos que se nos presentan para dejar ir el dolor y la amargura es la convicción —la convicción justificada— de que debería hacerse justicia, de que el universo mismo se desmoronaría si las personas pudieran simplemente salirse con la suya cometiendo horribles injusticias y engañando a los demás.

Ese es uno de los impedimentos para el perdón y para abandonar el rencor. No es el único —ya que también tenemos que lidiar con nuestro propio pecado— pero es un impedimento real.

Sentimos que olvidar sería como admitir que simplemente no se hará justicia. Y no podemos hacer eso.

Por eso, nos aferramos a la ira y repetimos la misma historia una y otra vez con los sentimientos: No tendría que haber sucedido, no debería haber sucedido, estuvo mal, fue injusto. ¿Cómo puede estar tan feliz mientras yo estoy tan deprimido? Eso no está bien. ¡No está nada bien!

Dios nos dio las palabras de Romanos 12:19 para quitar esta carga de nuestras espaldas.

«Nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios»: ¿qué significa eso para nosotros?

Hacer a un lado la carga de la ira, hacer a un lado la costumbre de abrigar nuestras heridas con sentimientos de rencor —hacer todo eso a un lado— no significa que no hemos sido tratados con injusticia.

No significa que no hay justicia, ni que no seremos reivindicados, ni que los que nos trataron así simplemente se saldrán con la suya. No es así.

Significa que cuando hacemos a un lado la carga de la venganza, Dios la toma sobre sí mismo.

No se trata de una manera de vengarse sutilmente. Se trata de poner la venganza en manos de aquel a quien le pertenece.

Se trata de respirar profundo, quizás por primera vez en décadas, y sentir que ahora al fin quizás seamos libres para amar.


Devocional tomado del sermón “No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios”

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

«El que creyere y fuere bautizado será salvo».

5 de octubre

«El que creyere y fuere bautizado será salvo».

Marcos 16:16

El Sr. Macdonald preguntó a los habitantes de la isla de Santa Kilda cómo puede una persona llegar a ser salva. Un anciano le contestó: «Arrepintiéndose, abandonando el pecado y convirtiéndose a Dios». «Sí —dijo una mujer que había llegado a la madurez—, pero haciendo eso con corazón sincero». «Sí —añadió un tercero— pero no olvidándose de la oración». Y un cuarto expresó: «Pero esa oración debe hacerse de corazón». Luego, un quinto dijo: «Sí, pero también hemos de ser diligentes en guardar sus mandamientos». Habiendo dado cada uno su parecer y pensando que habían compuesto un credo muy razonable, esperaban la aprobación del predicador; pero, en cambio, este se mostró más bien triste. Vemos en estas contestaciones cómo la mente carnal traza para sí misma un camino en el cual el «yo» pueda actuar y llegar a ser grande, pero el camino del Señor es muy distinto. Creer y ser bautizado no son asuntos de mérito para que nos gloriemos en ellos; son más bien dos actos tan sencillos que excluyen toda jactancia y, de esa forma, la libre gracia se lleva la palma. Puede que el lector aún no sea salvo. ¿Cuál es el motivo de ello? ¿Crees que el camino de salvación como lo presenta nuestro texto resulta dudoso? ¿Cómo puede serlo, cuando Dios ha empeñado su palabra en cuanto a la certeza del mismo? ¿Piensas que ese camino es demasiado fácil? ¿Por qué entonces no lo sigues? Su facilidad deja sin excusa a quienes lo descuidan. Creer es simplemente confiar, depender, descansar en Cristo Jesús. Ser bautizado consiste en someterse al rito al que se sometió el Señor en el Jordán, por el cual pasaron también los conversos en Pentecostés, y al que el carcelero obedeció la misma noche de su conversión. El signo exterior no salva, pero simboliza nuestra muerte, sepultura y resurrección con Jesús y, como la Cena del Señor, no debe descuidarse. Lector, ¿crees en Jesús? Entonces, querido amigo, desecha tus temores: Serás salvo. ¿Eres aún incrédulo? Entonces, recuerda que solo hay una puerta, y que si no entras por ella perecerás en tus pecados.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 289). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Una respuesta pública

5 Octubre 2017

Una respuesta pública
por Charles R. Swindoll

Salmos 116

El Salmo 116, un lamento de dolor y sufrimiento, da un giro positivo cuando el compositor decide la forma en que va a reaccionar con respecto a la liberación del Señor. Él ha prometido compartir la historia del rescate de Dios; y ahora toma la determinación de hacer algo más con ese anuncio público.

Cumpliré mis votos

Cumpliré mis votos al Señor
delante de todo su pueblo. (v. 4)
Cumpliré mis votos al Señor
delante de todo su pueblo
en los atrios de la casa del Señor,
en medio de ti, oh Jerusalén.
¡Aleluya!
 (vv. 18-19)

Un voto es una promesa solemne que usted hace delante de Dios. Los votos que se encuentran en la Biblia son cosa seria. A propósito, también he notado que los votos bíblicos siempre son voluntarios pero una vez que han sido hechos, Dios los hace obligatorios. Puede que nosotros olvidemos nuestros votos hoy, pero Dios no lo hace.

El salmista menciona que él puede mostrar su gratitud al Señor cumpliendo sus promesas y preferiblemente ante el público. Recientemente descubrí un pasaje excelente de la Escritura que habla acerca de los votos.

No te precipites con tu boca ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Cuando hagas un voto a Dios no tardes en cumplirlo; porque él no se complace en los necios. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, a que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar ni digas delante del mensajero que fue un error. ¿Por qué habrá de airarse Dios a causa de tu voz y destruir la obra de tus manos? (Eclesiastés 5:2-6)

¿Ve lo serio que es? La Biblia dice que es mejor no hacer ningún voto antes que hacerlo y no cumplirlo. Cuando usted cumple sus votos, usted está honrando a Dios.Cuando rompe sus votos, usted está dándoles más municiones a los enemigos de Dios. El salmista tomó la determinación de mostrar su gratitud públicamente por medio del cumplimiento de sus votos.

Afirmando el alma
¿Qué promesa le ha hecho usted al Señor o a los demás? Un voto puede ser un acuerdo verbal, un contrato escrito, un compromiso implícito de terminar algo o alguna otra actividad que tenga que ver con su función. ¿Qué puede hacer usted esta semana para cumplir sus promesas?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

«Todos los pueblos de la tierra sabrán que el Señor es Dios, y que no hay otro.”

5 OCTUBRE

1 Reyes 8 | Efesios 5 | Ezequiel 38 | Salmo 89

La dedicación del templo en Jerusalén y la oración de Salomón en esa ocasión (1 Reyes 8) sobreabundan en vínculos que se extienden hacia el futuro y el pasado en la historia de la redención.

(1) La estructura del templo es una reproducción proporcional del tabernáculo. De ahí que, continúen los rituales establecidos en el pacto mosaico y el valor simbólico de todo lo que Dios ordenó a través de Moisés: el altar, la mesa para el pan de la consagración, el Lugar Santísimo, los dos querubines sobre el arca del pacto, entre otros.

(2) Lo más espectacular es que, una vez el arca del pacto fue transportada a su nueva morada y los sacerdotes se retiraron, la gloria de Dios—manifestada en el mismo tipo de nube que señalaba la presencia del Señor en el tabernáculo—llenó el templo. Dios no sólo dio su aprobación al templo, sino que un nuevo paso en el propósito progresivo de Dios se había cumplido. Si bien el templo preserva el simbolismo del tabernáculo, este edificio ya no es portátil. Se acabaron los años de deambular errantes, así como la época incierta de los jueces. Ahora, la presencia de Dios, manifestada en este edificio sólido, está vinculada a una localidad: Jerusalén. Una nueva serie de experiencias simbólicas en la historia añade nuevas dimensiones a las riquezas acumuladas que apuntan a la venida de Jesús. Aquí tenemos un reino estable y el reino de Dios; Jerusalén y la nueva Jerusalén; el templo glorioso y la ciudad que no necesita templo porque “el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo” (Apocalipsis 21:22). Aquí se produce la matanza de decenas de miles de animales y al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(3) Salomón, en su mejor momento, es perfectamente consciente de que ninguna estructura—ni siquiera esta—puede contener o domesticar a Dios. “Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido!” (8:27).

(4) Pero esto no le impide pedirle a Dios que se manifieste en este lugar. Sobre todo, Salomón sabe que lo que más necesitará el pueblo es perdón. De manera que, en abarcadoras y proféticas descripciones de las experiencias que el pueblo pasará, Salomón repite variaciones del estribillo: “Oye desde el cielo, donde habitas; ¡escucha y perdona!” (8:30ss.). Esto da en el clavo: escucha desde el cielo, aunque los ojos del pueblo estén fijados en este templo, y perdona.

(5) La mirada hacia el futuro de Salomón incluye la terrible posibilidad del exilio (8:46–51), seguido por el rescate y la liberación. Más aún, a la vez que Salomón anima al pueblo a la fidelidad (8:56–61), también hace eco de un aspecto prominente del pacto abrahámico (Génesis 12:3): Israel debe ser fiel “así todos los pueblos de la tierra sabrán que el Señor es Dios, y que no hay otro.” (8:60).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 278). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Regocijaos en el Señor

Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra.

Salmo 81:1

El que hace misericordia, con alegría.

Romanos 12:8

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Filipenses 4:4

Regocijaos en el Señor

Recuerdo haber oído decir a un creyente mayor: «Un cristiano triste es un triste cristiano». Quería decir que la tristeza no es el estado normal de un hijo de Dios y puede ser un mal testimonio para los que lo rodean.

Como cristiano tengo razones fundamentales para ser feliz: sé que mis pecados fueron borrados para siempre, que Dios me adoptó como hijo suyo y que mi futuro eterno está asegurado en la gloria del cielo. Esto debería producir ciertos efectos en mi vida. ¡La gente debería oírme cantar de gozo y verme servir gozoso a mi Dios y a mi prójimo!

El apóstol Pablo es un ejemplo a seguir. Su vida, lejos de ser fácil, estuvo llena de pruebas y motivos de preocupaciones sin comparación con mi propia vida (lea 2 Corintios 11:23-28). Pero su gozo interior no fue alterado, y era sincero cuando decía que estaba entristecido pero siempre gozoso (2 Corintios 6:10).

Si mi gozo fluctúa según las circunstancias por las que paso, quizá sea porque no pienso lo suficiente en el amor de Jesús por mí. Ayer dejó el cielo para venir a salvarme y dio su vida para borrar mis pecados. Hoy se ocupa de mí al igual que un pastor cuida de sus ovejas, y me prepara un lugar en la casa de su Padre. Mañana él mismo vendrá a buscarme para llevarme con él. ¿Qué más necesito para vivir feliz?

“No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10).

Esdras 1 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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