Batallemos contra la incredulidad

SEPTIEMBRE, 29

Batallemos contra la incredulidad

Devocional por John Piper

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6)

Cuando me pongo ansioso ante el pensamiento de envejecer, lucho contra la incredulidad con la promesa: «Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré; yo os sostendré, y yo os libraré» (Isaías 46:4).

Cuando estoy ansioso respecto de la muerte, batallo contra la incredulidad con la promesa de que «ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:7-9).

Cuando me siento ansioso al pensar que podría naufragar en la fe y alejarme de Dios, lucho contra la incredulidad aferrándome a dos promesas: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Filipenses 1:6) y «Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).

Hagamos la guerra no contra otras personas, sino contra nuestra propia incredulidad. Esta es la raíz de la ansiedad, que, a su vez, es la raíz de tantos otros pecados. Por eso, encendamos el limpiaparabrisas y usemos el líquido limpiador, y mantengamos la mirada fija en las preciosas y grandiosas promesas de Dios.

Tomemos la Biblia, pidamos ayuda al Espíritu Santo, guardemos las promesas en nuestro corazón, y peleemos la buena batalla —para vivir por fe en la gracia venidera—.

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«Hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé».

29 de septiembre

«Hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé».

Cantares 3:4

¿Nos recibe Cristo cuando nos acercamos a él a pesar de toda nuestra pecaminosidad pasada? ¿No nos reprende nunca por haber probado primero todos los demás refugios? ¿Hay en la tierra alguien como él? ¿Es él el mejor entre todos los buenos y el más bello entre todos los hermosos? ¡Oh, alabémosle entonces! ¡Hija de Jerusalén, ensálzalo «con salterio y arpa» (Sal. 150:3)! ¡Abajo los ídolos! ¡Arriba el Señor Jesús! Dejemos que los estandartes de la pompa y el orgullo sean pisoteados, pero levántese en alto la cruz de Jesús, la cual el mundo zahiere y escarnece. ¡Ojalá tuviésemos un trono de marfil para nuestro Rey Salomón! Quiero que Jesús se siente en alto para siempre, y que mi alma, en cambio, lo haga en su estrado, le bese los pies y lave los mismos con sus lágrimas. ¡Oh, qué precioso es Cristo! ¿Cómo es posible que piense tan poco en él? ¿Cómo puedo alejarme en busca de gozo, de consuelo, cuando él tiene tanta abundancia, es tan rico y satisface tanto? Compañero creyente, haz con tu corazón el pacto de jamás apartarte de él; y, después, pídele a tu Señor que lo ratifique. Ruégale que te ponga en su dedo como un anillo y en su brazo como un brazalete. Pídele que te ciña a sí mismo como la desposada se atavía con ornamentos y como el novio se pone sus joyas. Yo quisiera vivir en el corazón de Cristo. Mi alma desea habitar eternamente en la hendidura de esa Roca. «Aun el ave ha hallado casa, y la golondrina nido para sí donde poner sus polluelos: ¡tus altares, oh Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío!» (Sal. 84:3, LBLA). Yo también quisiera hacer mi nido, mi casa, en ti; para que el alma de tu tórtola nunca más se alejara de tu persona, sino que pusiese su nido cerca de ti, oh Jesús, verdadero y único descanso mío.

Gloria, gloria, aleluya,

gloria, gloria a Jesús;

él me salva y me guarda:

Gloria, gloria a Jesús.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 283). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

En curso

29 Septiembre 2017

En curso
por Charles R. Swindoll

Salmos 101

Ahora que David identificó esas cuatro cualidades que debemos desarrollar en su manifiesto espiritual del Salmo 101, él continúa con varias afirmaciones con la intención de mantenerlo en curso a su propósito divino. David no se está viendo ahora internamente, él está viendo a su alrededor. David considera el pueblo de su reino y menciona su respuesta predeterminada a siete tipos de personas.

El difamador

Al que solapadamente difama a su prójimo, a ese yo lo silenciaré (v. 5a).

El término, «silenciaré» viene de una palabra hebrea que significa «acabar con alguien o con algo». David no va a permitir que una persona difamadora siga su campaña secreta en contra de otra persona. David no va a tolerar la calumnia. Las personas que se encuentran en posiciones de autoridad deben tener una política fuerte para tratar severamente con aquellos que intentan subir de posición destruyendo a otra persona en el proceso.

El altanero

No soportaré al de ojos altaneros y de corazón arrogante (v. 5b).

David rehúsa convivir con una persona arrogante. Note que la arrogancia se revela en el rostro: «ojos altaneros» pero su origen viene de un «corazón arrogante». Proverbios 21: 4 también vincula el corazón arrogante con una apariencia altanera. Existe un problema práctico que se asocia con las personas arrogantes y es un derivado del egoísmo. Me refiero a una actitud beligerante. Una persona arrogante es una persona que siempre está discutiendo en toda situación. La arrogancia siempre quiere salirse con la suya. Escuche una vez más al sabio Salomón: «Ciertamente la soberbia producirá contienda, pero con los que admiten consejo está la sabiduría» (Proverbios 13: 10).

El fiel

Mis ojos pondré en los fieles de la tierra para que habiten conmigo (v. 6a).

Durante mi tiempo de estudio en la Escritura he llegado a descubrir un aspecto interesante. El libro de Proverbios, en dos ocasiones, se hace la misma pregunta. Una vez con respecto a los hombres y la otra con respecto a las mujeres. La pregunta es: “¿quién hallará…?»  Esa pregunta sugiere que algo es muy difícil de encontrar.

Proverbios 20: 6 dice: «un hombre fiel, ¿quién lo hallará?.” Proverbios 31: 10 dice: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?”

Las dos preguntas implican que es difícil encontrar fidelidad en los hombres y fortaleza de carácter en las mujeres (eso es lo que significa ser una mujer virtuosa).

David no podía soportar a una persona arrogante pero deseaba habitar con las personas fieles. Él había descubierto que un individuo fiel, no siempre estaba de acuerdo con el líder pero apoyaría su visión y su agenda. Si no hay personas fieles que cumplan sus funciones, el liderazgo no puede tener éxito.

Afirmando el alma
Pablo nos advierte: “No se dejen engañar: ‘Las malas compañías corrompen las buenas costumbres’” (1 Corintios 15: 33). En una hoja de papel, escriba su nombre en el centro y luego escriba los nombres de las personas con las que usted pasa la mayoría de su tiempo. Al lado de cada nombre, describa su cualidad, ya sea positiva o negativa. ¿Se está rodeando de influencias que le impulsan a ser una persona mejor?

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Fracaso crónico de David

29 SEPTIEMBRE

1 Reyes 1 | Gálatas 5 | Ezequiel 32 | Salmo 80

La transferencia de la autoridad real de David a Salomón (1 Reyes 1) fue turbia. Uno de los hijos de David, Adonías, se confabuló con Joab, el jefe del ejército, e intentó usurpar el trono. Betsabé, la madre de Salomón, le recordó a su esposo moribundo su promesa de que Salomón sería su heredero y comienza el relato complicado.

Una vez más, resalta el fracaso crónico de David en cuanto a su familia. El autor de 1 Reyes lo presenta a nuestra atención mediante su comentario del 1:6. Al referirse a Adonías, quien intentaba el golpe de Estado, afirma: “Adonías era más joven que Absalón, y muy bien parecido. Como David, su padre, nunca lo había contrariado ni le había pedido cuentas de lo que hacía”, como si el ser guapo generara una especie de arrogancia fácil que le hacía pensar que se merecía todo, incluso la corona.

De entre las muchas lecciones importantes, podemos resaltar dos:

Primero, incluso los creyentes dotados y moralmente rectos suelen manifestar defectos trágicos. De vez en cuando, surge alguien como Daniel, de quien no se nos narra ningún fracaso. Pero la mayoría de los mejores personajes de las Escrituras revelan lacras de una u otra índole: Abraham, Moisés, Pedro, Tomás y, particularmente, David. Debemos enfrentar esta realidad, pues no es menos potente hoy día. Dios levanta líderes influyentes en lugares estratégicos. Es posible que haya alguien extraordinario que sea tan consistente que sea difícil detectar en él defectos notables. Pero normalmente no es lo que ocurre. Hasta los mejores líderes cristianos presentan comúnmente defectos que sus amigos y personas más cercanas pueden identificar (¡aunque los mismos líderes no los vean!). Esto no nos debería sorprender. En este mundo caído, así son las cosas, igual que lo eran cuando se escribió la Biblia. No debemos, por tanto, desilusionarnos cuando los líderes se muestran imperfectos. Debemos apoyarlos siempre que podamos, buscar corregir los fallos cuando sea posible y dejarle el resto a Dios, siempre reconociendo el tremendo potencial de fracaso y deficiencia en nuestra propia vida.

Segundo, una vez más, la soberanía de Dios actúa a través de los esfuerzos complicados de su pueblo. Cuando a David se le informa acerca del problema, no toma una actitud pasiva ni se limita a orar por la situación: inmediatamente, ordena una serie de pasos decisivos, simbólicos y complejos, para asegurar que Salomón ascienda al trono. La confianza en la bondad soberana de Dios nunca es excusa para la inactividad o la indolencia. Muchos años de “caminar por fe” le han enseñado a David que esta frase puede significar una serie de cosas, pero nunca es una justificación para la pasividad. Si queremos vivir sin desafiar a Dios o en nuestros vanos esfuerzos por ser independientes de Dios, también debemos evitar el pietismo que está perennemente en peligro de colapsar la confianza y convertirla en fatalismo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 272). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La angustia del Señor Jesús

viernes 29 septiembre

Estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Lucas 22:44

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?… No te alejes de mí, porque la angustia está cerca… no hay quien ayude.

Salmo 22:1, 11

La angustia del Señor Jesús

Algunas horas antes de morir, el Señor Jesús estaba en el huerto de Getsemaní. Sabía lo que iba a suceder, por ello sintió una angustia muy profunda. Allí, moralmente solo, oró de rodillas a su Padre. A algunos metros de allí, sus discípulos dormían, ajenos a la angustia de su Maestro. “Estando en agonía, oraba más intensamente”.

Su angustia era tan profunda que su sudor era “como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. ¿Qué sucedía? Ante él estaba la obra que llevaría a cabo, los sufrimientos que iba a soportar en la cruz; no solo los sufrimientos físicos, sino aquellos debido al juicio de Dios sobre el pecado. La ira de Dios lo castigaría en nuestro lugar. Entonces Jesús pronunció estas palabras: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa (imagen de todo lo que iba a soportar); pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Como amaba a los hombres y deseaba hacer la voluntad de su Padre, Jesús, que era puro y no tenía pecado, aceptó ser castigado por las faltas de los demás. ¿Quién puede comprender la angustia tan intensa que sintió?

¡Pero qué triunfo! Su perfecto amor le permitió llevar a cabo todos los planes de Dios. Murió en nuestro lugar. En las tres horas de tinieblas, fue castigado por nuestros pecados para que Dios los perdonase. Así cumplió la gran obra por la que lo alabaremos y adoraremos eternamente.

Habacuc 1 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

OBEDECER POR AMOR

9/28/2017

El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

1 Timoteo 1:5

El guardar un mandamiento debe surgir de un corazón amoroso. Es posible obedecer la ley por temor y tener miedo del castigo de Dios. Pero cuando se hace eso, en realidad no se obedece la ley de manera absoluta porque el temor no es el motivo bíblico de la obediencia. El temor puede hacer que usted se abstenga de hacer algo malo y su efecto puede ser bueno, pero su resultado es incompleto.

Algunos guardan la ley por interés egoísta. Creen que si llevan una vida moral, Dios los recompensará. Pero ese no es un motivo puro para la obediencia; es egoísta. Aunque pudiera abstenerse de hacer lo malo y hacer exteriormente cosas buenas, no tendrá usted una obediencia que resulta de una actitud de amor. El verdadero propósito de la ley es cultivar el amor de corazón. Así es que se cumple la ley.

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Nuestro bien es su gloria

SEPTIEMBRE, 28

Nuestro bien es su gloria

Devocional por John Piper

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mateo 6:6)

Una objeción común que se le hace al hedonismo cristiano es que pone los intereses del hombre por encima de la gloria de Dios —pone mi felicidad por encima del honor de Dios—. Pero el hedonismo cristiano se opone categóricamente a esta postura.

Es cierto que nosotros, los hedonistas cristianos, vamos en pos de nuestros intereses y nuestra felicidad con todas nuestras fuerzas. Nos adherimos a la resolución del joven Jonathan Edwards: «Resuelvo: esforzarme para obtener para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible, haciendo uso de todo el poder, la fuerza, el vigor, la vehemencia, incluso la violencia, que sea capaz de ejercer, en todas las formas imaginables».

No obstante, hemos aprendido de la Biblia (¡y de Edwards!) que Dios está interesado en magnificar la plenitud de su gloria derramándola en forma de misericordia por nosotros.

Por lo tanto, la búsqueda de nuestros intereses y nuestra felicidad nunca está por sobre los de Dios, sino en los de Dios. La verdad más preciosa de la Biblia es que el mayor deseo de Dios es glorificar las riquezas de su gracia haciendo que los pecadores sean felices en él. ¡Sí, en él!

Cuando nos humillamos como niños pequeños, sin aires de autosuficiencia, sino corriendo felices al gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma es satisfecho. Nuestros intereses y su gloria son un mismo objetivo.

Por consiguiente, los hedonistas cristianos no ponen su felicidad por sobre la gloria de Dios al buscar la felicidad en él.


Devocional tomado del libro “Deseando a Dios”, páginas 159-160

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«Vuelve siete veces»

28 de septiembre

«Vuelve siete veces».

1 Reyes 18:43

Cuando el Señor lo ha prometido, el éxito está asegurado. No es posible que el Señor desoiga el angustioso clamor de su pueblo por algo que atañe a su propia gloria, aunque hayan estado suplicando durante meses sin recibir respuesta. El Profeta continuó luchando con Dios sobre la cumbre del Carmelo y nunca, ni por un momento, temió que en la Corte celestial le fuese a ser denegada su petición. Seis veces volvió el siervo de Elías, pero tras ninguna de ellas se le dijeron otras palabras más que estas: «Vuelve otra vez». No debemos vacilar incrédulamente, sino que hemos de aferrarnos a nuestra fe hasta setenta veces siete. La fe envía a una expectante esperanza a que mire desde la cumbre del Carmelo; y, si esta no ve nada, la envía una y otra vez a hacer lo mismo. Lejos de amilanarse por las frecuentes decepciones sufridas, la fe se siente alentada a interceder más fervorosamente en la presencia de Dios. Se humilla, pero no se avergüenza. Sus gemidos son más profundos y sus suspiros más vehementes, pero no deja de aferrarse ni detiene su mano. A la carne y a la sangre le sería agradable poder conseguir una pronta respuesta, pero las almas creyentes han aprendido a ser sumisas y a considerar un bien tanto el esperar al Señor como el esperar en él. Las respuestas que se demoran hacen, a menudo, que el corazón se examine a sí mismo y se vea guiado a la contrición y a la reforma espiritual. De esta manera, los golpes mortales caen sobre nuestra maldad y las cámaras de nuestra imaginería resultan purificadas. El gran peligro es que los hombres desmayen y pierdan la bendición. Lector, no caigas tú en este pecado: sigue orando y velando. Finalmente, apareció en el cielo una pequeña nube como segura precursora de abundantes lluvias. Así acontecerá también contigo: la «señal para bien» se te concederá sin duda, y te levantarás como un príncipe que ha prevalecido a fin de gozar de la gracia que has demandado. «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras» (Stg. 5:17), así que su poder para con Dios no residía en sus méritos. Si la oración de fe le fue a él de tanta ayuda, ¿por qué no lo ha de serlo para ti la tuya? Invoca la preciosa sangre con incesante importunidad y te será hecho como deseas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 282). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Honestidad y pureza

28 Septiembre 2017

Honestidad y pureza
por Charles R. Swindoll

Salmos 101

El Salmo 101 presenta cuatro cualidades que un creyente debe tener para poder discernir su propósito divino. La confusión abunda cuando no existen estas cuatro virtudes para aclarar la visión de un individuo. Después de describir el honor y la integridad, la canción continúa con otras dos cualidades piadosas: la honestidad y la pureza.

Honestidad

No pondré delante de mis ojos cosa indigna; aborrezco la obra de los que se desvían. Ella no se me pegará (v. 3).

David, siendo el rey, tenía el poder político para exigir cualquier agenda y luego comprometer los recursos de toda la nación para lograr su objetivo. Saúl, su predecesor, utilizó su influencia política, la riqueza de la nación y el poderío del ejército israelí para perseguir a David, la persona que Dios había ungido como rey. David, sin embargo, toma la determinación de evitar cualquier ambición indigna. Hacerlo significaría para él, «desviarse» de su comunión con Dios. Además, decidió «aborrecer» los logros de aquellos que se «desvían».

En el Oriente Antiguo, aborrecer algo significa rechazarlo para aceptar algo más. Por ejemplo, Génesis 29 nos cuenta la historia de las dos esposas de Jacob y como el «amaba» a Raquel pero «aborrecía» a su hermana Lea.  El término solamente indica que Jacob favorecía a una por encima de la otra. No significa que él odiaba a Lea. Después de todo, él había tenido varios hijos con ella. La idea, entonces del versículo 3 del Salmo 101 es que David rechazaba las obras de los impíos, de esos que se desviaron de Dios y escogía el camino de Dios en su lugar.

Pureza

El corazón perverso será apartado de mí; no reconoceré al malo (v. 4).

David ya había tomado la resolución de ser un hombre de honor, de integridad y de honestidad. Ahora decide también ser un hombre de pureza. Esta tiene que ser una de las razones por las cuales Dios dijo que David era un «hombre conforme a su corazón». Son muy pocas las personas, ciertamente, las  que pueden decir lo que David decía en este cuarto versículo. El hijo de David, Salomón, también escribió acerca del valor de la pureza personal en Proverbios 11: 19-21:

Como la justicia es para vida,
así el que sigue el mal lo hace para su muerte.
Abominación le son al Señor los perversos de corazón,
pero los íntegros de camino le son agradables.
De ninguna manera quedará impune el malo,
pero la descendencia de los justos escapará.

No pase por alto la última parte de este pasaje. Una vida pura en realidad es una inversión espiritual, cuyos dividendos disfrutan sus hijos. Dios tiene, por así decirlo, un plan de apartado sobre la pureza, una cuenta espiritual que usted establece ahora y que sus descendientes pueden aprovechar después.

El valor de una vida pura debe ser fundamental para todo cristiano. Tenemos una curiosidad sobre la perversidad y la maldad. No es que solo tengamos conocimiento de lo que es la maldad, sino que más bien nos sentimos atraídos a ella. Los noticieros sacan provecho de su interés enfatizando la maldad de nuestro mundo. Ellos se han dado cuenta que el interés público aumenta cuando se habla de actividades inmorales o impuras. David se dio cuenta, sin embargo, que un «corazón perverso» solo causaría el debilitamiento de su vida espiritual.

Mi esposa, Cynthia y yo conocemos a un joven que se estaba preparando para el ministerio. Este joven se casó con una chica que había sido rescatada de un pasado inmoral. Por varios años, ella había sido una prostituta en una gran ciudad. Durante esos años ella había experimentado la profundidad de la vergüenza. Gracias a una serie de eventos, ella escuchó el evangelio y se entregó a Cristo. Después de su conversión y su matrimonio con nuestro amigo ministro, ella se encontró con un ambiente totalmente nuevo. En vez de maldad, había pureza. En una ocasión, ella compartió con Cynthia acerca de esos ajustes y de lo difícil que era para ella olvidar su pasado. Ella quería hacerlo, pero la maldad encontraba formas de adherirse a su mente. Quizás esa es la razón por la cual David decidió «no reconocer al malo». Este mundo nos etiqueta de formas casi imposibles de borrar. Es mejor ser puro y no tener experiencia que estar cicatrizado por los recuerdos impuros que regresan a nuestra mente sin avisar.

Afirmando el alma

Si un investigador viniera a hacerle una auditoría acerca de sus finanzas o sus negocios, ¿qué quisiera usted que esa persona no descubra? Si su conciencia le molesta, ¿qué puede hacer para resolver este asunto? En términos de pureza, ¿qué influencia negativa o impura enfrenta usted de manera regular? ¿Qué puede hacer usted para crear un ambiente de pureza?

Una vida pura es una inversión espiritual, cuyos dividendos disfrutan sus hijos—Charles R. Swindoll

Adaptado del libro, Viviendo los Salmos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2013). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright
© 2017 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

¿Deben los pastores y líderes contemporáneos preocuparse menos por aquellos bajo su cuidado que se desvían?

28 SEPTIEMBRE

2 Samuel 24 | Gálatas 4 | Ezequiel 31 | Salmo 79

Gálatas 4 incluye varias secciones que por mucho tiempo han instado a los cristianos a pensar sobre cómo Pablo entiende la historia de Israel, especialmente la llamada “alegoría” de 4:21–31. Atraen muchísima atención. No obstante, en el centro del capítulo hay dos párrafos cortos, fáciles de pasar por alto, que revelan los profundos sentimientos del corazón del apóstol (4:12–20).

(1) En el primero (4:12–16), el apóstol hace un ruego a los gálatas. Insiste en que su lenguaje fuerte hacia ellos no tiene nada que ver con una herida personal: “No es que me hayan ofendido en algo” (4:12). De hecho, les recuerda que, en la etapa inicial de su relación, se estableció un vínculo que Pablo jamás podría quebrantar. Al principio, fue a ellos “debido a una enfermedad” (4:13). No podemos saber con certeza a qué se refería. Tal vez, la mejor teoría (aunque no es más que pura especulación) es que Pablo llegó en barco a la costa sur de lo que hoy día es Turquía y mientras ministraba allí, contrajo malaria o alguna otra enfermedad subtropical. La mejor solución en aquellos días era viajar a la región montañosa de Galacia. Ahí, Pablo se encontró con gente que le dio la bienvenida y le ayudó de manera impresionante. Al predicarles el evangelio, lo trataron como a un “ángel de Dios” (4:14). ¿Cómo iba Pablo a guardarles rencor o desecharlos? Pero, trágicamente, su gozo se había disipado. Se habían enamorado tanto de la perspectiva extranjera de los agitadores, que ahora veían a Pablo como un enemigo por decirles la verdad (4:16).

Aquí, entonces, tenemos a un apóstol que está involucrado íntimamente en la vida de las personas a quienes le predica, listo y dispuesto a dirigirse a ellos a partir de la compleja historia de su relación, pero incapaz de negociar la verdad para evitar el conflicto. Para Pablo, la integridad de la doctrina debe ir a la par con la integridad de las relaciones; no se pueden oponer.

(2) Pablo percibe y expone con delicadeza una profunda falta de carácter en los gálatas: aman a las personas fervientes, incluyendo a aquellas que fervorosamente les persiguen, sin evaluar con cuidado la dirección del celo (4:17–20). Pablo les advierte: “Está bien mostrar interés, con tal de que ese interés sea bien intencionado” (4:18). Dada la imposibilidad de comunicarse por teléfono o correo electrónico para saber las noticias de manera instantánea, el apóstol no sabe cómo proceder. ¿Debería continuar su reprimenda? ¿Debería cambiar ahora el tono para ganárselos? Se siente como una madre que tiene que pasar por la agonía del parto una segunda vez para volver a dar a luz al niño que ya nació.

¿Deben los pastores y líderes contemporáneos preocuparse menos por aquellos bajo su cuidado que se desvían?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 271). Barcelona: Publicaciones Andamio.