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«Hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé».

29 de septiembre

«Hallé luego al que ama mi alma; lo así y no lo dejé».

Cantares 3:4

¿Nos recibe Cristo cuando nos acercamos a él a pesar de toda nuestra pecaminosidad pasada? ¿No nos reprende nunca por haber probado primero todos los demás refugios? ¿Hay en la tierra alguien como él? ¿Es él el mejor entre todos los buenos y el más bello entre todos los hermosos? ¡Oh, alabémosle entonces! ¡Hija de Jerusalén, ensálzalo «con salterio y arpa» (Sal. 150:3)! ¡Abajo los ídolos! ¡Arriba el Señor Jesús! Dejemos que los estandartes de la pompa y el orgullo sean pisoteados, pero levántese en alto la cruz de Jesús, la cual el mundo zahiere y escarnece. ¡Ojalá tuviésemos un trono de marfil para nuestro Rey Salomón! Quiero que Jesús se siente en alto para siempre, y que mi alma, en cambio, lo haga en su estrado, le bese los pies y lave los mismos con sus lágrimas. ¡Oh, qué precioso es Cristo! ¿Cómo es posible que piense tan poco en él? ¿Cómo puedo alejarme en busca de gozo, de consuelo, cuando él tiene tanta abundancia, es tan rico y satisface tanto? Compañero creyente, haz con tu corazón el pacto de jamás apartarte de él; y, después, pídele a tu Señor que lo ratifique. Ruégale que te ponga en su dedo como un anillo y en su brazo como un brazalete. Pídele que te ciña a sí mismo como la desposada se atavía con ornamentos y como el novio se pone sus joyas. Yo quisiera vivir en el corazón de Cristo. Mi alma desea habitar eternamente en la hendidura de esa Roca. «Aun el ave ha hallado casa, y la golondrina nido para sí donde poner sus polluelos: ¡tus altares, oh Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío!» (Sal. 84:3, LBLA). Yo también quisiera hacer mi nido, mi casa, en ti; para que el alma de tu tórtola nunca más se alejara de tu persona, sino que pusiese su nido cerca de ti, oh Jesús, verdadero y único descanso mío.

Gloria, gloria, aleluya,

gloria, gloria a Jesús;

él me salva y me guarda:

Gloria, gloria a Jesús.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 283). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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