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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Fracaso crónico de David

29 SEPTIEMBRE

1 Reyes 1 | Gálatas 5 | Ezequiel 32 | Salmo 80

La transferencia de la autoridad real de David a Salomón (1 Reyes 1) fue turbia. Uno de los hijos de David, Adonías, se confabuló con Joab, el jefe del ejército, e intentó usurpar el trono. Betsabé, la madre de Salomón, le recordó a su esposo moribundo su promesa de que Salomón sería su heredero y comienza el relato complicado.

Una vez más, resalta el fracaso crónico de David en cuanto a su familia. El autor de 1 Reyes lo presenta a nuestra atención mediante su comentario del 1:6. Al referirse a Adonías, quien intentaba el golpe de Estado, afirma: “Adonías era más joven que Absalón, y muy bien parecido. Como David, su padre, nunca lo había contrariado ni le había pedido cuentas de lo que hacía”, como si el ser guapo generara una especie de arrogancia fácil que le hacía pensar que se merecía todo, incluso la corona.

De entre las muchas lecciones importantes, podemos resaltar dos:

Primero, incluso los creyentes dotados y moralmente rectos suelen manifestar defectos trágicos. De vez en cuando, surge alguien como Daniel, de quien no se nos narra ningún fracaso. Pero la mayoría de los mejores personajes de las Escrituras revelan lacras de una u otra índole: Abraham, Moisés, Pedro, Tomás y, particularmente, David. Debemos enfrentar esta realidad, pues no es menos potente hoy día. Dios levanta líderes influyentes en lugares estratégicos. Es posible que haya alguien extraordinario que sea tan consistente que sea difícil detectar en él defectos notables. Pero normalmente no es lo que ocurre. Hasta los mejores líderes cristianos presentan comúnmente defectos que sus amigos y personas más cercanas pueden identificar (¡aunque los mismos líderes no los vean!). Esto no nos debería sorprender. En este mundo caído, así son las cosas, igual que lo eran cuando se escribió la Biblia. No debemos, por tanto, desilusionarnos cuando los líderes se muestran imperfectos. Debemos apoyarlos siempre que podamos, buscar corregir los fallos cuando sea posible y dejarle el resto a Dios, siempre reconociendo el tremendo potencial de fracaso y deficiencia en nuestra propia vida.

Segundo, una vez más, la soberanía de Dios actúa a través de los esfuerzos complicados de su pueblo. Cuando a David se le informa acerca del problema, no toma una actitud pasiva ni se limita a orar por la situación: inmediatamente, ordena una serie de pasos decisivos, simbólicos y complejos, para asegurar que Salomón ascienda al trono. La confianza en la bondad soberana de Dios nunca es excusa para la inactividad o la indolencia. Muchos años de “caminar por fe” le han enseñado a David que esta frase puede significar una serie de cosas, pero nunca es una justificación para la pasividad. Si queremos vivir sin desafiar a Dios o en nuestros vanos esfuerzos por ser independientes de Dios, también debemos evitar el pietismo que está perennemente en peligro de colapsar la confianza y convertirla en fatalismo.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 272). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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