Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

3 MAYO

Números 10 | Salmos 46–47 | Cantar de los Cantares 8 | Hebreos 8

Cantares 7:9b–8:4 representa la consumación renovada. El libro describe varios ciclos de distanciamiento, búsqueda y consumación. Sin embargo, en los versículos finales (Cantares 8:5–14), estos ya no se ven más. Todos los personajes, la mujer (la amada), su amante, las doncellas de Jerusalén, el rey Salomón, la madre, los hermanos, reaparecen cuando el gozo y el compromiso de los enamorados se reafirman.

Las “amigas”, aparentemente las doncellas de Jerusalén, preguntan: “¿Quién es esta que sube por el desierto apoyada sobre el hombro de su amado?” (8:5a). No viene “apoyada” porque se encuentre débil o enferma. Este término indica intimidad. Probablemente, se esté recordando el tema de la chica de campo que se convierte en la novia feliz.

Los pronombres hebreos muestran que, en la segunda mitad del versículo 5, es la propia novia, la amada, la que habla dirigiéndose a su amante. No conozco una explicación totalmente satisfactoria de 8:5b. Quizás la mujer está mirando al pasado, a su primer encuentro con el que acabaría siendo su amante, que tal vez tuvo lugar en el mismo momento en que su madre lo concibió y llevó en su vientre. De ser así, se está indicando algún tipo de vínculo familiar, una relación intergeneracional. Las parejas pueden pensar que son los primeros en enamorarse, pero esta mujer es suficientemente inteligente para comprender la cohesión del amor humano y la vida. Para ella, “fuerte es el amor, como la muerte” (8:6). Cuando la muerte llama, nadie puede pararla; cuando llama el amor, ocurre lo mismo. En este contexto, “la pasión” (8:6) no es un monstruo, sino una declaración exaltada y justa de posesión (como en Éxodo 20:5). El amor auténtico no puede apagarse ni comprarse (8:7).

Los comentaristas debaten acerca de quién está hablando en 8:8–9, pero parece que pueden ser los hermanos (cp. 1:6). La “hermana pequeña” que mencionan puede ser la propia amada, a la que aún no consideran preparada para el matrimonio y a los que ella contesta de forma contundente; o más probablemente, una hermana menor de esta que no es madura sexualmente. El sentido de su comentario es doble: menciona a otra generación próxima que se enamorará, repitiendo el ciclo de nuevo, y sirve de contraste con la madurez y el deleite de la amada en la relación consumada con su amante.

Si el significado metafórico de la “viña” persiste (8:11–12; cp. 2:15), la amada indica que Salomón puede tener una gran harén, pero la única que puede entregar la “viña” de la amada es ella misma. Él no puede comprar su amor, ni para él (las mil monedas), ni para otros (las doscientas, el porcentaje del beneficio de una viña compartida por los labradores); ella lo da. Los últimos versículos repiten el tema del amor consumado.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 123). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Números 9 | Salmo 45 | Cantar de los Cantares 7 | Hebreos 7

2 MAYO

Números 9 | Salmo 45 | Cantar de los Cantares 7 | Hebreos 7

En el volumen 1 (meditación del 13 de enero), reflexionamos sobre el lugar de Melquisedec en Génesis y en el resto del canon. En Hebreos 7, podemos hacerlo de nuevo, mirando hacia el pasado. Nos centraremos en algunos de los giros que encontramos en Hebreos 7:11–28 en la línea de pensamiento.

(1) En los versículos anteriores, el autor proclama que Melquisedec fue más grande que Abraham y, por tanto, también que Leví, descendiente de este (en la cultura hebrea el padre siempre era superior al hijo). Así que, el sacerdote Melquisedec fue históricamente más importante que el sacerdote Leví; en principio, entonces, el sacerdocio de aquel, como institución, es superior al levítico.

(2) Cuando se leen secuencialmente los documentos del Antiguo Testamento, resulta sorprendente que, varios siglos después de la ley mosaica que estableció a los levitas como sacerdotes, Dios anuncie en el Salmo 110 (Hebreos 5:6; 7:17, 21) que está levantando una figura mesiánica que será sacerdote eterno según el orden de Melquisedec, no de Leví. (Véase la meditación del 17 de junio del volumen 1).

(3) En principio, esa promesa anuncia la obsolescencia del sacerdocio levítico. No puede perdurar. En el Salmo 110, Dios anuncia por medio de David que este será sustituido por el de Melquisedec.

(4) Esto significa, a su vez, que debe producirse un cambio en la ley-pacto dada en Sinaí. En ocasiones, tenemos la tentación de pensar que la ley trataba principalmente acerca de la “moralidad”, aderezada con un poco de ceremonial religioso y alguna cosa más añadida. De ser así, podría permanecer intacta cuando el sacerdocio cambiase. Sin embargo, este no es el argumento de Hebreos, que nos dice que el sacerdocio levítico, lejos de ser añadido, era la misma base de la ley (7:11). En otras palabras, en ciertos aspectos las funciones ceremoniales de la ley son fundamentales en su estructura de pacto. Por tanto, con la venida de un sacerdocio no levítico “también tiene que cambiarse la ley” (7:12; cp. 7:17–19), es decir, la ley-pacto. Esto indica, asimismo, que la ley mosaica no desempeñaba la función de establecer un modelo de adoración y un marco religioso siempre válido para el pueblo de Dios. No obstante, formaba parte de un patrón que apuntaba al futuro, hacia un sacerdote aún más grande y al pacto definitivo. Inevitablemente, existen puntos de continuidad entre el pacto de Sinaí y el nuevo, pero el cambio fundamental debe comprenderse para ver cómo se cohesiona la Biblia.

(5) Estas reflexiones nos llevan a la maravillosa imagen de la perfección y finalidad de Jesús como sacerdote del orden de Melquisedec que encontramos en este capítulo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 122). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Números 5 | Salmo 39 | Cantar de los Cantares 3 | Hebreos 3

28 ABRIL

Números 5 | Salmo 39 | Cantar de los Cantares 3 | Hebreos 3

Si el final de Cantares 2 nos muestra a la amada y a su amante expresando fervientemente su devoción mutua y la exclusividad de su amor, Cantares 3 comienza con la mujer buscando frenéticamente a su amado. Muchos comentaristas han sugerido que este capítulo, y quizás la parte que comprende del 3 al 6, es la secuencia de un sueño. Puede que sea así, pues la amada dice: “Por las noches, sobre mi lecho, busco al amor de mi vida” (3:1, cursivas añadidas). En la primera sección (3:1–5), la amada busca a su amante, dando por hecho que, sólo porque ella lo conoce, todo el mundo también debería hacerlo, incluyendo los que ejercían funciones de policía nocturna (“los centinelas”). Lo encuentra y lo lleva al dormitorio de su madre (3:4), simbolizando la consumación oficial.

La coherencia de la siguiente sección (3:6–11) es discutida. La mejor opción es que “eso” en 3:6 (pronombre hebreo femenino) se refiere a la mujer. La llevan de su boda en el campo a la corte en el carruaje de Salomón, un vehículo lujoso y diseñado gloriosamente. El propio Salomón está presente y las “mujeres de Sion” miran y se maravillan mientras la pareja se dirige a su nuevo hogar. Esto conduce después al extravagante lenguaje del amante en el capítulo 4.

Sea o no la secuencia de un sueño (me inclino a pensar que lo es), queda muy claro que el lenguaje del amor es el de la alabanza y la invitación mutua. Cualquier cosa menos lo reprimirá. Si el lenguaje de la alabanza y la invitación actúan solo desde una parte, por ejemplo, esta se cansará con el tiempo o hará que quien habla se sienta servil o quizás desesperado. Si es de alabanza, pero no de invitación, nunca alimentará la intimidad; una buena relación, pero no buen sexo; si es al contrario, degenerará en mutua gratificación, pero no en edificación; buen sexo sin una buena relación.

Muchos de los que estamos casados y reflexionamos en el lenguaje del Cantar de los Cantares nos sentimos un poco avergonzados por su desenfreno sensual. Eso puede decir más acerca de quiénes somos que de lo que Dios quiere que seamos. Como cualquier otra cosa que Dios hizo buena, el matrimonio, el sexo y la intimidad pueden trivializarse, tratarse de forma sensacionalista y vejarse. Sin embargo, Dios lo hizo bueno. Los creyentes están obligados, tanto como su naturaleza transformada pueda a este lado de los nuevos cielos y nueva tierra, a exhibir la bondad de Dios en cada área a la que nos llame. Los casados debemos desarrollar deliberadamente el lenguaje de la alabanza e invitación mutuas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 118). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Números 3 | Salmo 37 | Cantar de los Cantares 1 | Hebreos 1

26 ABRIL

Números 3 | Salmo 37 | Cantar de los Cantares 1 | Hebreos 1

Aunque (o quizás porque) Cantar de los Cantares es uno de los libros más difíciles de la Biblia, ha sido extraordinariamente popular entre los judíos y los cristianos. Ha dado lugar a un gran número de comentarios y sermones. Disponemos de muy poco espacio para abrir un debate, pero quizás he de mencionar mis conclusiones iniciales sobre cuatro asuntos antes de reflexionar en Cantares 1.

(1) Algunos han negado que este libro trate principalmente del amor sexual, diciendo que es una alegoría del amor entre Jehová e Israel, o entre Cristo y la iglesia. Yo no comparto ese punto de vista. Demasiados detalles de Cantares son tan explícitamente humanos y sexuales (mucho más cuando se aprecia el antiguo simbolismo semítico) que es improbable que el significado del texto sea alegórico. Además, existen muchas analogías en otras piezas de poesía amorosa de la literatura sapiencial del antiguo Oriente Próximo, por lo que llegamos a la conclusión de que este género era muy conocido.

(2) Por otro lado, después de reconocer plenamente el amor humano y sexual que este libro celebra, ya que Dios nos ha hecho con esas dos características, y la literatura sapiencial se centra a menudo en la gloria del orden creado, puede que no nos equivoquemos si vemos también, dentro del marco del canon, una conexión tipológica con Dios e Israel, con Cristo y la iglesia. Este tema aparece repetidamente en ambos testamentos (véase, por ejemplo, Oseas o Apocalipsis 1).

(3) Algunos han visto tres personajes principales en este libro: la mujer, su amante el pastor y el rey lascivo que está intentando incluir a aquella en su harén. En conjunto, parece mejor tener en cuenta solamente a dos de ellos, la mujer y el rey-pastor-amante. Las “doncellas” que aparecen varias veces (p. ej., 1:5) son las compañeras de ella.

(4) Aunque parece razonablemente claro que la consumación tiene lugar en 3:6–5:1, junto con el cántico nupcial, no significa que no haya matices sexuales anteriormente en el libro. No obstante, lejos de avalar la promiscuidad (como algunos comentaristas han sugerido), el libro está comprometido con el amor exclusivo y monógamo. Lo que queda menos claro es si el pensamiento es secuencial, meramente lineal.

La “amada”, la mujer, toma frecuentemente la iniciativa (1:2ss.), aunque no está segura de sí misma. Su larga exposición al sol, impuesta aparentemente por sus hermanos (¿habría muerto el padre?), que insisten en que ella cuide de las viñas, significa que es una joven del campo de tez oscura (1:5–7). Sus amigas le transmiten confianza (1:8), así como su amante (1:9–11). Después de su sensual soliloquio (1:12–14), una serie de diálogos entre ambos ponen fin a la sección (1:15–2:2). Nos viene a la memoria Proverbios 30:19.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 116). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 29 | Juan 8 | Proverbios 5 | Gálatas 4

18 MARZO

Éxodo 29 | Juan 8 | Proverbios 5 | Gálatas 4

Proverbios 5 se centra en advertir que no caigamos en la tentación de la adúltera, una advertencia que sigue apareciendo en los primeros capítulos de este libro (por ejemplo, 6:20–35; 7:1–27). Unas veces, parece que se está haciendo referencia a la prostitución; otras, al simple adulterio.

En una época en que la sociedad es extremadamente sensible ante los estereotipos, algunas personas se ofenden porque quien tienta es invariablemente la mujer. En el mundo real, ¿no es también el hombre quien lo hace, el adúltero?

Podemos decir muchas cosas, pero bastarán cuatro breves reflexiones. (a) El autor advierte contra la adúltera porque se está dirigiendo a su “hijo” (5:1), siguiendo la estructura fundamental del género (1:8; véase la meditación del 15 de marzo). (b) Incluso así, el “hijo” que tiene relaciones con la adúltera no está libre de culpa. El hijo errante de este capítulo se presenta como algo más que una víctima. Es aquel que “aborrece la corrección” y cuyo corazón “desprecia la disciplina” (5:12). De él se dice: “Al malvado lo atrapan sus malas obras; las cuerdas de su pecado lo aprisionan” (5:22). Es culpable de “gran insensatez” (5:23). (c) En este libro, tanto la sabiduría como la necedad se personifican más adelante como mujeres (Proverbios 9; véase la meditación del 22 de marzo). En otras palabras, no existe una relación unívoca entre las mujeres y el mal. Tanto los hombres como las mujeres son malos. Se insta a todos ellos a buscar la “sabiduría”. (d) En cualquier caso, en muchos pasajes de las Escrituras la culpa de las malas conductas sexuales recae principalmente sobre los hombres, como en el caso de la aventura de Judá con Tamar, Amnón violando a su hermanastra o David seduciendo a Betsabé.

El adulterio en sí mismo es indebido, necio, pecaminoso, efímero o desobediente; no solo la adúltera. El capítulo expone advertencias, pero también ofrece una alternativa: un matrimonio amado, desarrollado, alimentado, especialmente en el ámbito sexual (5:18–19). No obstante, más allá de todas las razones inmediatas y culturales que defienden la fidelidad sexual en el matrimonio existe una de importancia trascendental: “Nuestros caminos están a la vista del Señor; él examina todas nuestras sendas” (5:21). Por supuesto, en las Escrituras encontramos varios versículos parecidos, por ejemplo: “Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas” (Hebreos 4:13). Sin embargo, en el contexto de la literatura de sabiduría, hay un matiz adicional. No se trata solo de que Dios lo ve todo, incluyendo cualquier mala conducta, sino de que debemos agradarle con sabiduría, la de vivir a su manera en su universo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 77). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 28 | Juan 7 | Proverbios 4 | Gálatas 3

17 MARZO

Éxodo 28 | Juan 7 | Proverbios 4 | Gálatas 3

Por encima de todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

(1) En el simbolismo occidental contemporáneo, el corazón es la sede de las emociones: por ejemplo, “te amo con todo mi corazón”. Sin embargo, en el mundo de símbolos de las Escrituras, el corazón engloba la totalidad de la persona. Es un concepto más cercano a lo que denominamos “mente”, aunque en nuestro idioma este término tiene un matiz quizás demasiado cerebral.

(2) Por tanto, “cuida tu corazón” significa algo más que “cuidado con lo que amas o a quién amas”. Podría ser algo como: “Ten cuidado con lo que atesoras, con aquello sobre lo cual depositas tus afectos y pensamientos”.

(3) El “corazón”, en este uso, es la fuente de la vida. Dirige el resto de la vida. Lo que ocupe nuestra mente y nuestras emociones determinará dónde vamos y qué hacemos, pudiendo contaminar toda nuestra vida. Las imágenes son muy elocuentes en esta parte de Proverbios porque los siguientes versículos mencionan otros órganos: “Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante… Allana todos tus caminos” (4:24–26, cursivas añadidas). No obstante, ante todo, guarda tu corazón, “porque de él mana la vida”. Es la fuente de todas las cosas de una forma que, digamos, los pies no son. Jesús emplea en muchas ocasiones estas mismas imágenes: “Camada de víboras, ¿cómo podéis vosotros que sois malos decir algo bueno? De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal” (Mateo 12:34–35, cursivas añadidas). Así pues, guardad vuestro corazón.

(4) Esta obligación debe tener suma importancia: “Por encima de todas las cosas, cuida tu corazón”. Podemos ver por qué. Si el corazón no es sino el centro de toda nuestra personalidad, debemos preservarlo. Si nuestra religión es únicamente externa, mientras el “corazón” bulle lleno de egoísmo, ¿qué tiene de bueno la misma? Si nuestro corazón busca con ahínco cosas secundarias (no necesariamente lascivas), desde una perspectiva cristiana pronto estaremos centrados únicamente en lo secundario. Soñar con poseer algo, o anhelar cierto salario o reputación, acaba alterando la forma que debe tener nuestra vida. Sin embargo, si sobre todo lo demás, somos conscientes de que nuestra obligación es guardar el corazón, hacerlo influirá en lo que leemos, en cómo oramos, en cómo invertimos nuestro tiempo. Provocará que examinemos nuestro interior y confesemos, que nos arrepintamos y tengamos fe, transformando así el resto de nuestra vida.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 76). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

16 MARZO

Éxodo 27 | Juan 6 | Proverbios 3 | Gálatas 2

Proverbios 3 contiene varios textos muy conocidos. Muchos cristianos han recibido el consejo de no ser sabios en su propia opinión (3:7). El pasaje que asemeja la disciplina de los creyentes por parte del Señor a la que un padre ejerce sobre los hijos que ama (3:11–12) se repite en el Nuevo Testamento (Hebreos 12:5–6). Crecí en un hogar cristiano y en muchas ocasiones me dijeron: “Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia… [La sabiduría] es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar!” (3:13, 15). Sabiduría es el plan de Dios o los medios personificados por los que establece todo el orden creado (3:19–20).

Sin embargo, el más importante debe ser 3:5–6, presente en la pared de muchos hogares y aprendido por innumerables generaciones en la escuela dominical: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”. Obsérvese:

(1) La primera parte de este texto familiar ataca a la independencia como raíz de todo pecado. Nuestro propio entendimiento es insuficiente y frecuentemente sesgado. El único camino correcto es confiar en el Señor. Esta confianza en él no es un subjetivismo etéreo, sino la clase de compromiso total (“de todo corazón”, dice Salomón) que abandona las perspectivas centradas en uno mismo por las del Señor. En el contexto de la religión bíblica, eso significa aprender a conocer cuál es la voluntad de Dios y obedecerla independientemente de que sea o no lo que “está de moda” hacer. Lejos de ser una petición de dirección subjetiva, esta confianza en el Señor implica meditar en su palabra, guardarla en el corazón, aprender a pensar como Dios, precisamente de forma que uno no se apoye en su propio entendimiento. Se exigió a Josué que aprendiese esta lección al principio de su liderazgo (Josué 1:6–9). Los reyes de Israel también debían hacerlo (Deuteronomio 17:18–20), pero raramente cumplían con ello.

(2) El segundo pareado, “Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”, exige algo más que la aceptación de que Dios existe y lo controla todo en su providencia. Significa que debemos admitir ante él que sus caminos, sus leyes y su carácter moldean nuestras decisiones y dirigen nuestra vida. Reconócelo, pues, en todos los caminos, en todas las dimensiones de la vida, no solo en un pequeño ámbito religioso. La alternativa es renegar de Dios.

Así pues, el segundo pareado es esencialmente análogo al primero. El resultado es una vida recta, dirigida por el propio Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 75). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 26 | Juan 5 | Proverbios 2 | Gálatas 1

15 MARZO

Éxodo 26 | Juan 5 | Proverbios 2 | Gálatas 1

Proverbios 2 es quizás el texto que deja más claro que el antónimo de la sabiduría del Antiguo Testamento es el pecado.

Salomón se dirige a su “hijo”. Puede tratarse de su hijo inmediato y heredero al trono, o de una referencia más general. Salomón quiere que su hijo “guarde” los mandamientos de su padre, que vuelva su oído a la sabiduría y su corazón al entendimiento (2:1–2). Si hace de ello su pasión, entonces (le dice Salomón) “comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios” (2:5–6). Esa búsqueda de la sabiduría no volverá a la persona maliciosa ni astuta en el sentido negativo de la palabra. Todo lo contrario: “Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida. La discreción te cuidará, la inteligencia te protegerá. La sabiduría te librará del camino de los malvados, de los que profieren palabras perversas” (2:9–12).

Deberíamos reflexionar un poco sobre esta forma de entender la sabiduría. Los cínicos pueden decir de forma condescendiente que esta visión de la misma es demasiado limitada. No es sino el beneficio parroquial de las personas religiosas. En nuestro mundo, la sabiduría auténtica se relaciona frecuentemente con el tipo de “mundanalidad” que pulula cómodamente, y con la misma ausencia de compromiso, entre secularistas, cristianos, budistas, musulmanes y paganos, tomando un poco de cada grupo, rechazando otras cosas, todo en nombre de la sabiduría cosmopolita. Como alternativa, esta puede vincularse con la inteligencia necesaria para dirigir una gran corporación o abrirse camino en los negocios o las artes. No tiene nada que ver necesariamente con la religión.

No debemos despreciar en absoluto un regalo como la inteligencia, pero, por sí misma, esta “sabiduría” se consideraría insensatez absoluta según el punto de vista de la Biblia. Desde la perspectiva de Dios, ¿qué beneficio hay en conseguir la ovación de una cultura que reniega del Señor? Jesús dice: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde el alma? ¿O qué se puede dar a cambio del alma?” (Marcos 8:36–37). Si este es el universo de Dios, si él es nuestro Hacedor y Juez, ¿por qué iba a calificarse como “sabia” cualquier cosa que le ignore, en esta tierra o más allá de ella? ¿Cuánto menos si cae en acciones y actitudes prohibidas por él? Lejos de ser limitada o demasiado religiosa, la sabiduría del Antiguo Testamento es, para los cristianos, que conocen al Dios viviente, la única visión de la misma que tiene sentido. Cualquier otra postura es bastante triste y frecuentemente egoísta.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 74). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 25 | Juan 4 | Proverbios 1 | 2 Corintios 13

14 MARZO

Éxodo 25 | Juan 4 | Proverbios 1 | 2 Corintios 13

Antes de embarcarnos en Proverbios 1, debo decir algo acerca de la “sabiduría” en el Antiguo Testamento. Para nosotros, este término se refiere a algo parecido a la sagacidad. La persona sabia es perspicaz, perceptiva, incluso astuta, capaz de aplicar su conocimiento a personas y circunstancias diversas. Podemos entender por qué T. S. Eliot, en una de sus reflexiones más clarividentes de la era digital, preguntaba dónde está la sabiduría, ahora que se ha perdido en el conocimiento, y dónde se encuentra este, ahora que se ha perdido en la información.

Sin embargo, la sabiduría del Antiguo Testamento, aunque su significado se solape en ocasiones con su uso moderno, tiene sabor propio. Por un lado, se trata de un concepto amplio que engloba la estructura de todas las cosas en el universo de Dios, tanto la sustancia como las relaciones, incluso antes de que nada existiese (cf. 8:22). La gloria de Dios se manifiesta en esa sabiduría; puede hacerlo incluso en su decisión de ocultarla (25:2). No obstante, por otra parte, la sabiduría del Antiguo Testamento es simplemente una habilidad de un tipo u otro. (1) Puede ser la de sobrevivir, razón por la que se dice que las hormigas o los lagartos son extremadamente sabios (30:24–28); (2) la de llevarse bien con las personas, lo que llamamos “habilidades sociales”, tener buena relación con amigos, jefes, gobernantes, esposa y, sobre todo con Dios. Podemos atisbar intuitivamente la conexión entre esta “sabiduría” o habilidad prácticas y la sabiduría fundamental, esto es, cómo son realmente las cosas en el universo de Dios. Este uso del término es sorprendentemente común en Proverbios. (3) Puede referirse a alguna habilidad técnica (Éxodo 28:3). En la visión actual del concepto, uno puede tener “sabiduría” para mover un torno, programar una computadora o confeccionar una bella prenda. Una de estas habilidades prácticas, que se solapa con la segunda entrada, es la administrativa, la sabiduría administrativa, que incluye el discernimiento judicial. No solo implica la mecánica de la gestión, sino ser capaz de escuchar atentamente y llegar hasta la raíz de un asunto (por ejemplo, Deuteronomio 1:15). Esta fue, por supuesto, la “sabiduría” por la que oró Salomón (1 Reyes 3), la que caracteriza al Mesías (Isaías 11:2).

Por tanto, los proverbios de este libro se establecen “para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad” (1:2–3). De ahí que lo contrario a sabiduría no sea sólo “necedad” en un sentido intelectual, sino entendida como llena de pecado. Así pues, se exhorta al “hijo” de este capítulo a obedecer las instrucciones de sus padres (1:8) o, de forma más general, a buscar la sabiduría (1:20ss.); la alternativa es ser atraído por los pecadores hacia otro camino (1:10ss.)

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 73). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Éxodo 24 | Juan 3 | Job 42 | 2 Corintios 12

13 MARZO

Éxodo 24 | Juan 3 | Job 42 | 2 Corintios 12

Tres reflexiones sobre Job 42:

(a) La respuesta de Job al Señor (42:1–6) no es “Ahora lo comprendo. He entendido”, sino un arrepentimiento total. Incluso resume el razonamiento que Dios le hizo: “’¿Quién es este’, has preguntado, ‘que sin conocimiento oscurece mi consejo?” (42:3). Sin una sola muestra de justificación de sí mismo, Job responde: “Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas” (42:3). Ahora, está seguro de que ninguno de los planes de Dios puede desbaratarse (42:2). De hecho, su enorme revelación de sí mismo en palabras a Job ha manifestado tanto de él que Job contrasta lo que ve en el presente con lo que sólo había oído de él en el pasado, lo que nos recuerda, por supuesto, que Dios nos permite “verle” en muchas ocasiones a través de sus palabras en las Escrituras. “Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza” (42:6). No quiere decir que los tres amigos tuviesen razón después de todo. Job no está aceptando ahora esa gran culpa secreta que presumiblemente le provocó su sufrimiento, sino la derivada de exigir a Dios una explicación minuciosa.

(b) Dios perdona a los tres amigos por todas las falsedades que dijeron sobre él gracias a la intercesión de Job (42:7–9). Este hecho se ajusta notablemente al delito: han estado condenando a Job, pero sólo las oraciones de este bastarán para su propio perdón. Las cosas erróneas que han dicho acerca de Dios (42:7, 8) únicamente pueden proceder de su teología simplista de la contraprestación según méritos. No han dado lugar al misterio y la grandeza; de forma implícita, no han permitido la gracia.

(c) El relato acaba con una gran vindicación de Job. Dios restaura su riqueza (y la dobla), le da una nueva familia, recuperando e incrementando el honor que disponía. Muchos críticos contemporáneos encuentran esto fantasioso, o incluso creen que puede tratarse de un final secundario que algún necio editor ha añadido al final para sumar matices al libro. Este escepticismo está profundamente equivocado. Una de las principales enseñanzas del libro es que al final el pueblo de Dios será vindicado. El Señor es justo. De forma parecida, no se pide a los cristianos que acepten el sufrimiento sin vindicación, ni la muerte y la negación de sí mismos sin la promesa del cielo. El mal puede resultar misterioso ahora, pero no triunfará. No somos masoquistas espirituales que solo se satisfacen con sufrimiento. Si existe un sentido en el que nos deleitamos en el sufrimiento, es porque seguimos al Señor Jesús, que sufrió. Ni siquiera él lo hizo. El pionero y perfeccionador de nuestra fe fue aquel “quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:2, cursivas añadidas). Por tanto, “corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 72–73). Barcelona: Publicaciones Andamio.