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Números 5 | Salmo 39 | Cantar de los Cantares 3 | Hebreos 3

28 ABRIL

Números 5 | Salmo 39 | Cantar de los Cantares 3 | Hebreos 3

Si el final de Cantares 2 nos muestra a la amada y a su amante expresando fervientemente su devoción mutua y la exclusividad de su amor, Cantares 3 comienza con la mujer buscando frenéticamente a su amado. Muchos comentaristas han sugerido que este capítulo, y quizás la parte que comprende del 3 al 6, es la secuencia de un sueño. Puede que sea así, pues la amada dice: “Por las noches, sobre mi lecho, busco al amor de mi vida” (3:1, cursivas añadidas). En la primera sección (3:1–5), la amada busca a su amante, dando por hecho que, sólo porque ella lo conoce, todo el mundo también debería hacerlo, incluyendo los que ejercían funciones de policía nocturna (“los centinelas”). Lo encuentra y lo lleva al dormitorio de su madre (3:4), simbolizando la consumación oficial.

La coherencia de la siguiente sección (3:6–11) es discutida. La mejor opción es que “eso” en 3:6 (pronombre hebreo femenino) se refiere a la mujer. La llevan de su boda en el campo a la corte en el carruaje de Salomón, un vehículo lujoso y diseñado gloriosamente. El propio Salomón está presente y las “mujeres de Sion” miran y se maravillan mientras la pareja se dirige a su nuevo hogar. Esto conduce después al extravagante lenguaje del amante en el capítulo 4.

Sea o no la secuencia de un sueño (me inclino a pensar que lo es), queda muy claro que el lenguaje del amor es el de la alabanza y la invitación mutua. Cualquier cosa menos lo reprimirá. Si el lenguaje de la alabanza y la invitación actúan solo desde una parte, por ejemplo, esta se cansará con el tiempo o hará que quien habla se sienta servil o quizás desesperado. Si es de alabanza, pero no de invitación, nunca alimentará la intimidad; una buena relación, pero no buen sexo; si es al contrario, degenerará en mutua gratificación, pero no en edificación; buen sexo sin una buena relación.

Muchos de los que estamos casados y reflexionamos en el lenguaje del Cantar de los Cantares nos sentimos un poco avergonzados por su desenfreno sensual. Eso puede decir más acerca de quiénes somos que de lo que Dios quiere que seamos. Como cualquier otra cosa que Dios hizo buena, el matrimonio, el sexo y la intimidad pueden trivializarse, tratarse de forma sensacionalista y vejarse. Sin embargo, Dios lo hizo bueno. Los creyentes están obligados, tanto como su naturaleza transformada pueda a este lado de los nuevos cielos y nueva tierra, a exhibir la bondad de Dios en cada área a la que nos llame. Los casados debemos desarrollar deliberadamente el lenguaje de la alabanza e invitación mutuas.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 118). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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