De la Vergüenza a la Fe

Isha – Salmos

DÍA 70 – Salmo 44

Dosis: Gracia Y Fidelidad

De la Vergüenza a la Fe

“Has vendido a tu pueblo muy barato, y nada has ganado con su venta. Nos has puesto en ridículo ante nuestros vecinos; somos la burla y el escarnio de los que nos rodean. Nos has hecho el hazmerreír de las naciones; todos los pueblos se burlan de nosotros. La ignominia no me deja un solo instante; se me cae la cara de vergüenza por las burlas de los que me injurian y me ultrajan, por culpa del enemigo que está presto a la venganza.” (Salmo 44:12–16) (NVI)

Esta es la parte más intensa del Salmo, ya no se celebra el triunfo, ahora es un lamento profundo, por la situación de derrota que enfrentan. Habían sido humillados y avergonzados por sus enemigos y Dios lo había permitido. No sé si yo me atrevería a orar de una manera tan honesta e intensa, pero el salmista lo hace reafirmando su integridad: “Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto. No te hemos sido infieles, ni nos hemos apartado de tu senda.”

¿Serías capaz de repetir para ti misma estas palabras? ¿Jamás te apartaste de sus caminos? ¿Siempre fuiste fiel? El salmista experimenta una crisis tan aguda por su pueblo, que no tiene temor de describir y lamentar las calamidades y la devastación en la que se encuentran, como un reproche: “Pero tú nos arrojaste a una cueva de chacales; ¡nos envolviste en la más densa oscuridad! Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios, o tendido nuestras manos a un dios extraño, ¿acaso Dios no lo habría descubierto, ya que él conoce los más íntimos secretos? Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!

Pero el salmista sabe que Dios no puede permanecer dormido ni indiferente frente al dolor de su pueblo, así que clama para que manifieste su misericordia: “¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate! No nos rechaces para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestro sufrimiento y opresión? Estamos abatidos hasta el polvo; nuestro cuerpo se arrastra por el suelo. Levántate, ven a ayudarnos, y por tu gran amor, ¡rescátanos!

A pesar que no hayamos sido fieles, que estemos viviendo alguna situación vergonzosa por causa de decisiones erradas o nuestro pecado, si experimentamos algún tipo de fracaso; aún podemos decirle como el salmista: “¡Despierta, levántate, ayúdame, perdóname, rescátame!

Oración: Señor enséñame a orar confiando en tu gracia y líbrame de la vergüenza. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 85). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Derrotas y Victorias

Isha – Salmos

DÍA 69 – Salmo 44

Dosis: Poder

Derrotas y Victorias

“Oh Dios, nuestros oídos han oído y nuestros padres nos han contado las proezas que realizaste en sus días, en aquellos tiempos pasados: Con tu mano echaste fuera a las naciones y en su lugar estableciste a nuestros padres; aplastaste a aquellos pueblos, y a nuestros padres los hiciste prosperar. Porque no fue su espada la que conquistó la tierra, ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas.” (Salmo 44:1–3) (NVI)

Este Salmo describe una de las derrotas del pueblo de Israel. Alguna calamidad había acontecido, se cree que fue escrito en el tiempo de la invasión Asiria cuando reinaba Ezequías. Frente a esto el salmista primero exhorta a Israel a reconocer con gratitud las buenas obras de Dios a favor de su pueblo, luego expone la situación de crisis que atraviesa y termina pidiendo la gracia y el socorro de Dios afirmando su integridad.

¿Eres capaz de reconocer todo lo bueno que hizo Dios cuando estás en crisis? ¿Cómo reaccionas frente a la frustración y la derrota? ¿Reconoces la gracia de Dios en tu vida? ¿Tu familia la reconoce? ¿Has enseñado a tus hijos a tener un corazón agradecido? Cuéntales a tus hijos las evidencias de su gracia y su misericordia en tu vida personal y en tu familia. Cosas que puedes registrar con gratitud en sus memorias.

Aquí se recuerda la victoria de Israel sobre sus enemigos, las grandes proezas que Dios hizo a su favor: “Sólo tú eres mi rey y mi Dios. ¡Decreta las victorias de Jacob! Por ti derrotamos a nuestros enemigos; en tu nombre aplastamos a nuestros agresores. Yo no confío en mi arco, ni puede mi espada darme la victoria; tú nos das la victoria sobre nuestros enemigos, y dejas en vergüenza a nuestros adversarios.” El sentido de gratitud es tan grande que el salmista añade: “¡Por siempre nos gloriaremos en Dios! ¡Por siempre alabaremos tu nombre!”171

Pero el tono del salmo cambia inmediatamente y el pueblo se queja ante Dios de la condición en que viven oprimidos por sus enemigos; de las declaraciones de fe se pasan a declaraciones de vergüenza: “Pero ahora nos has rechazado y humillado; ya no sales con nuestros ejércitos. Nos hiciste retroceder ante el enemigo; nos han saqueado nuestros adversarios. Cual si fuéramos ovejas, nos has entregado para que nos devoren, nos has dispersado entre las naciones.”

El salmista prepara el corazón del pueblo y su propio corazón para seguir apelando a la misericordia de Dios que se manifestó tan efectivamente en el pasado, para presentarle su lamento. ¡Qué interesante que en medio de la derrota se recuerden las victorias pasadas! Esto debería animarnos a seguir confiando en un Dios Todopoderoso en nuestras pruebas presentes. Esperando en fe que Él vuelva a darnos la victoria.

Oración: Señor enséñame a tener presente las evidencias de tu gracia y tu poder en mi vida y en la de mi familia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 84). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Anhelando Su Presencia

Isha – Salmos

DÍA 68 – Salmo 43

Dosis: Comunión

Anhelando Su Presencia

¡Hazme justicia, oh Dios! Defiende mi causa frente a esta nación impía; líbrame de gente mentirosa y perversa. Tú eres mi Dios y mi fortaleza: ¿Por qué me has rechazado. ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo? Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo, que me lleven al lugar donde tú habitas. (Salmo 43:1–3) (NVI)

Se cree que este Salmo es la continuación del anterior. El poeta ha sido confrontado con el supuesto silencio y la ausencia de Dios frente a su sufrimiento. Sabemos que eligió confiar en el Señor. En este Salmo va a reafirmar su convicción teológica de que Dios es como una roca firme, a pesar que sus enemigos siguen turbándolo. En estas líneas leemos que vence la tentación de sentirse derrotado, que invoca a Dios como su juez frente a sus enemigos e implora la luz del Señor y su verdad. Esa luz tiene el poder de vencer su oscuridad y a la vez guiarlo en la vida y hacia su santa morada.

Estas palabras confirman que el salmista era un adorador y que anhela llegar al altar de Dios para alabarlo con gozo: “Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa.” ¿Cuánto gozo le expresas en tu alabanza? La mejor forma de superar el luto, la depresión y la melancolía es afianzar nuestra fe en medio de la alabanza. No estamos negando la realidad del dolor, pero sí demostramos que en medio del sufrimiento es posible cimentar nuestra fe y seguir adorando a un Dios soberano y Todopoderoso.

En tiempos de crisis, la alabanza y la oración sincera nos libran de caer en la depresión y alimentan nuestra fe. Si dialogamos con Dios no vamos a sentirlo lejano ni ausente. Debemos aprender a contarle lo que nos está pasando, nuestras luchas, dudas, desconciertos y emociones. El salmista tuvo victoria sobre su sufrimiento y demuestra que jamás pierde su sentido de alabanza y gratitud: Hagamos nuestras sus reflexiones profundas y digamos como él: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!”

Amada, sea cual sean las circunstancias por las que estés atravesando, anhela también postrarte en su altar, corre a su santa presencia, pídele que llene tu corazón de gozo y alegría, para que puedas tener una actitud diferente frente a las pruebas. Recuerda que Él defiende tu causa, que es tu Fortaleza y que jamás alejará de ti su luz y su verdad aunque te sientas en tinieblas.

Oración: Señor, enséñame a alabarte con gozo en tiempos de oscuridad confiando en tu verdad y tu fidelidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 83). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Un tsunami de emociones

Isha – Salmos

DÍA 67 – Salmo 42

Dosis: Fe

Un tsunami de emociones

“Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí.” (Salmo 42:7) (NVI)

De alguna forma en esta vida todas experimentamos dolor emocional y físico que muchas veces nos llega de manera sorpresiva. Como un tsunami. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una traición, problemas con el esposo o con los hijos. Entonces surgen interrogantes como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué parece que Dios no me responde? El salmista no encuentra mejor manera de describir la magnitud de su sufrimiento, que comparándolo con aguas turbulentas que tienen un poder destructivo sobre su vida. ¿Te has sentido también en una tempestad? ¿Caíste en una depresión profunda?

En circunstancias así, muchas veces se nos hace difícil seguir confiando. Pero si en medio de estas circunstancias te preguntan ¿Dónde está tu Dios? Y te tientan a creer que Dios te ha abandonado, la situación será aún más dolorosa. Pues provocar la desconfianza añade más tristeza y desconsuelo si estamos abatidas. ¿Recuerdas al ciervo sediento? Vulnerable y frágil, muriendo de sed, ahora también es perseguido por cazadores que le arrojan flechas.

¿Alguna vez reprocharon tu fidelidad y devoción? ¿Criticaron tu fe? ¿Te hicieron pensar que Dios no te escuchaba ni respondía? El salmista nos recuerda que Dios jamás está en retirada, y quienes lo conocemos sabremos siempre dónde hallarlo en cualquier circunstancia por eso dice: “Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. Y le digo a Dios, a mi Roca: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?» Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»”

El salmista sigue dialogando con su alma y se exhorta a sí mismo a no abatirse, a no turbarse, motivándose a seguir esperando en el Señor. Abre su corazón y en una reflexión personal e íntima se dice: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

De esta manera decide seguir confiando en Dios. De un estado anímico débil, depresivo, el salmista en oración avanza hacia la fe. ¿Crees también que Dios es tu roca? ¿Experimentas estabilidad y fortaleza en su presencia? Recuerdas su promesa: “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas… Porque sólo Dios puede darnos esa capacidad de trasladarnos de la angustia a la seguridad y la esperanza.

Oración: Señor enséñame a confiar y a aferrarme a ti en cualquier tormenta de mi vida. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 82). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Como ciervas sedientas

Isha – Salmos

DÍA 66 – Salmo 42

Dosis: Comunión

Como ciervas sedientas

“Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios? Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»” (Salmo 42:1–3) (NVI)

¡Qué hermosa metáfora! El salmista compara en este Salmo su necesidad de comunión con Dios con una sed insaciable. Y lo expresa como un deseo vehemente de la presencia de Dios en su vida. Se cree que se encontraba en la zona montañosa al sur del Monte Hermón, donde en los últimos meses de verano había sequías, quizá vio a un venado jadear muerto de sed buscando alguna corriente de agua. Entonces descubrió que él moría de sed también por su Dios. Se dice que el ciervo tiene más sed cuando huye presuroso de sus cazadores y la cierva tiene aún más sed que el ciervo cuando cría. Ambos braman por el agua. En aquel tiempo, la sed se saciaba con el agua de los pozos y los manantiales, pero hay un tipo de sed espiritual que sólo puede ser saciada en un íntimo diálogo con su Dios. O mejor dicho por Dios mismo ¿Sientes esa sed? ¿Cómo la sacias?

Si leemos todo el Salmo vamos a encontrar un reflejo del corazón del salmista lleno de temores y a la vez de esperanzas, alegrías y tristezas en conflicto, y hasta un profundo dolor; pero que finalmente se resuelven poniendo su confianza en Dios: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” Ese reflejo puede ser también el espejo de nuestro propio corazón que necesita fortalecer cada día la fe y la esperanza.

¿Estás sufriendo? ¿Se ha nublado tu presente? El salmista sufre y evoca mejores tiempos con Dios: “Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios.

Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme?

¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán, desde las alturas del Hermón, desde el monte Mizar.

¡Tremenda enseñanza! Cuando nos debatimos entre el temor y la esperanza, el pesar y el gozo, cuando nuestros sentimientos entran en conflicto, debemos aprender a mirar nuestras circunstancias “desde las alturas de la fe”, solidificándola recordando todas las bendiciones recibidas. Para lograrlo, necesitamos cultivar una vida devocional que nos ayude a fortalecer nuestra fe y mantener su frescura. Necesitamos oír la voz de Dios cada día guiándonos, y correr a Él como ciervas sedientas.

Oración: Señor enséñame a saciar mi sed espiritual en tu santa presencia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 81). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Llamada de Auxilio

Isha – Salmos

DÍA 65 – Salmo 41

Dosis: Solidaridad

Llamada de Auxilio

“Dichoso el que piensa en el débil; el SEÑOR lo librará en el día de la desgracia. El SEÑOR lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará al capricho de sus adversarios. El SEÑOR lo confortará cuando esté enfermo; lo alentará en el lecho del dolor. (Salmo 41:1–3) (NVI)

Este salmo se inicia con una hermosa expresión de solidaridad humana, recordándonos, que si tenemos un estilo de vida generoso, vamos a ser personas bienaventuradas y dichosas, receptoras de la misericordia divina. Pero también es una súplica o lamento por una enfermedad en medio de una situación de abandono. La persona enferma describe su dolor y dice que no solamente sus amigos lo han abandonado sino que sus enemigos lo persiguen. Se siente débil y necesitado, por eso clama e implora la misericordia de Dios.

El día de ayer mientras meditaba en los Salmos recibí un mail cuyo asunto decía: “Preciso de ti”. Era como una llamada de auxilio, un clamor en medio del sufrimiento, de una persona que quiero mucho. Ella me escribía tras el impacto de conocer la noticia de un cáncer terminal, en un familiar muy cercano. Se sentía frágil, y sin esperanzas. Se preguntaba ¿por qué? Si la persona enferma era tan generosa e íntegra. Sentí mucha tristeza y me pregunté una vez más ¿cómo consolar? ¿Cómo dar esperanza? La única forma que encontré de hacerlo fue repitiendo las promesas de Dios para el que sufre.

El salmista se debate otra vez entre el dolor y la fe y en su evaluación personal, una vez más vemos la asociación de la enfermedad con el pecado: “Yo he dicho: «SEÑOR, compadécete de mí; sáname, pues contra ti he pecado.» ¡Cuánta sinceridad puede surgir de nuestro corazón cuando es afectada nuestra salud y valoramos cuán generoso ha sido Dios con nosotros y cuántas veces le hemos fallado!

Parece ser que a su condición física se agrega una carga emocional por la traición de sus amigos y la persecución de sus enemigos: “Con saña dicen de mí mis enemigos: «¿Cuándo se morirá? ¿Cuándo pasará al olvido?» Si vienen a verme, no son sinceros; recogen calumnias y salen a contarlas. Mis enemigos se juntan y cuchichean contra mí; me hacen responsable de mi mal. Dicen: «Lo que le ha sobrevenido es cosa del demonio; de esa cama no volverá a levantarse.» Hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, me ha puesto la zancadilla.”

Expresiones que revelan la fragilidad y la vulnerabilidad de quien experimenta el dolor y necesita de nuestro consuelo. Aunque la gracia y la compasión provienen de Dios y su misericordia y su paz siempre serán el consuelo más efectivo, Dios nos ha puesto en esta vida para ser solidarias en el dolor, para ser una extensión de su amor y su misericordia. Este Salmo me recuerda que debo visitar al enfermo, orar por los que sufren y pedirle a Dios que me use como un instrumento de fe y esperanza. Que debo estar pendiente de quien “precisa de mí”.

Oración: Señor enséñame a ser solidaria con el que sufre, a no esperar una llamada de auxilio sino a estar cerca y presente. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 80). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En Terreno Firme

Isha – Salmos

DÍA 64 – Salmo 40

Dosis: Gratitud

En Terreno Firme

“Puse en el SEÑOR toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el SEÑOR.” (Salmo 40:1–3) (NVI)

Este es un Salmo de gozo y gratitud. Dios libró a David y él le agradece y lo alaba. Cómo hemos visto, David enfrentó situaciones de crisis, problemas complejos, amenazas de muerte, traición y persecución, y en este salmo reconoce que la fe y la espera paciente siempre serán premiadas.

¿Has tenido tu propio pozo de la desesperación? ¿Te hundiste en el lodo cenagoso? ¿Experimentaste ya lo que es pisar terreno firme a pesar de la complejidad de tus problemas? David dice: “Dichoso el que pone su confianza en el SEÑOR” Porque él endereza nuestros pasos y pone nuestros pies sobre una peña. ¡Qué hermosa manera de expresar la estabilidad que necesitamos, la seguridad, la firmeza y la fortaleza que nos lleva a entonar un cántico de alabanza con una actitud de gozo y alegría.

David empieza a recordar todas las maravillas y bendiciones que ha recibido de Dios. Y dice que ¡es imposible contarlas!: “Muchas son, SEÑOR mi Dios, las maravillas que tú has hecho. No es posible enumerar tus bondades en favor nuestro. Si quisiera anunciarlas y proclamarlas, serían más de lo que puedo contar.

¿Puedes contar las maravillas que Dios ha hecho con tu vida? ¿Las tienes presente? David expresa su gratitud y describe el efecto que ha causado en su corazón gozar de esa misericordia de Dios: “Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí.» En medio de la gran asamblea, he dado a conocer tu justicia. Tú bien sabes, SEÑOR, que no he sellado mis labios. No escondo tu justicia en mi corazón, sino que proclamo tu fidelidad y tu salvación. No oculto en la gran asamblea tu gran amor y tu verdad”.

En los siguientes versículos leemos que los problemas de David no habían terminado, pero su esperanza es que si Dios lo libró en el pasado puede hacerlo en el presente y en el futuro. “No me niegues, SEÑOR, tu misericordia; que siempre me protejan tu amor y tu verdad.”

Oración: Señor enséñame a confiar que tú tienes el poder de enderezar mis pasos y poner mis pies en un terreno firme. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 79). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Reaccionando al Dolor

Isha – Salmos

DÍA 63 – Salmo 39

Dosis: Esperanza

Reaccionando al Dolor

“Me dije a mí mismo: «Mientras esté ante gente malvada vigilaré mi conducta, me abstendré de pecar con la lengua, me pondré una mordaza en la boca.» Así que guardé silencio, me mantuve callado. ¡Ni aun lo bueno salía de mi boca! Pero mi angustia iba en aumento; ¡el corazón me ardía en el pecho! (Salmo 39:1–3) (NVI)

¿Cómo reaccionas frente al sufrimiento? ¿Qué haces cuando un fuerte dolor emocional oprime tu pecho? ¿Lloras, clamas, culpas a Dios, culpas a otros? ¿Pecas con tus labios? ¡Todas somos vulnerables frente al dolor y tenemos distintas reacciones! El salmista intenta ser cauto y lucha entre las pasiones que se encienden en su corazón y la fe y la paciencia.

Por eso, este salmo resulta una oración muy íntima. David sufre en silencio, frente a la maldad de otros. Decide “no pecar con su lengua”, no ser imprudente ni decir algo de lo cual más tarde deba arrepentirse. Aunque no puede evitar sentir dolor, calla frente a los demás, pero reflexiona con Dios sobre la fragilidad y la brevedad de la vida humana: “Al meditar en esto, el fuego se inflamó y tuve que decir: «Hazme saber, SEÑOR, el límite de mis días, y el tiempo que me queda por vivir; hazme saber lo efímero que soy. Muy breve es la vida que me has dado; ante ti, mis años no son nada. Un soplo nada más es el mortal, un suspiro que se pierde entre las sombras.”

¡Qué interesante que en vez de responder a quienes lo provocaban él decide nuevamente hablarle a Dios y abrirle su corazón! Esta es una gran enseñanza para nosotras. Nos alienta a ser cautas, prudentes y sabias. ¡Y qué aleccionador que en sus reflexiones medite sobre la brevedad de la vida! ¿Se sentía David al borde de la muerte? ¿Lo aturdían los placeres efímeros de este mundo? ¿Anhelaba ya estar en la presencia de Dios dónde sabía que no habría sufrimiento? ¿O es que le aquejaba alguna enfermedad? Lo interesante es que en medio de la debilidad física o emocional decide pedirle ayuda a Dios. Expresa una vez más su fe frente a la debilidad y la impotencia: “Ilusorias son las riquezas que amontona, pues no sabe quién se quedará con ellas». Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!

Lidiar con la vida no es fácil. El salmista nos recuerda que es corta y transitoria: “Un soplo nada más es el mortal” Por eso pide apoyo y fortaleza al Señor, porque está seguro que Dios lo escucha: «SEÑOR, escucha mi oración, atiende a mi clamor; no cierres tus oídos a mi llanto. Ante ti soy un extraño, un peregrino, como todos mis antepasados. No me mires con enojo, y volveré a alegrarme antes que me muera y deje de existir.»156 ¡Todos somos peregrinos en esta tierra! Pero qué alentador es recordar, sobre todo en medio de las crisis, que Dios tiene el poder de transformar nuestras circunstancias, hacernos experimentar su paz y confiar en la promesa de la vida eterna.

Oración: Señor enséñame a no desesperar en el dolor, a valorar la vida y a confiar en la promesa de la vida eterna. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 78). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Clamor y Arrepentimiento

Isha – Salmos

DÍA 62 – Salmo 38

Dosis: Fe y Esperanza

Clamor y Arrepentimiento

“SEÑOR, no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas me han atravesado, y sobre mí ha caído tu mano. Por causa de tu indignación no hay nada sano en mi cuerpo; por causa de mi pecado mis huesos no hallan descanso. Mis maldades me abruman, son una carga demasiado pesada. Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran.” (Salmo 38:1–4) (NVI)

¿Alguna vez te sentiste tan mal que pensaste que las flechas de Dios te atravesaban? ¿Concebiste tu situación como un castigo divino? Quien escribe este Salmo estaba en una situación agobiante. Sufría físicamente una enfermedad muy dolorosa, lo habían abandonado familiares y amigos, y sus enemigos maquinaban contra él. Por eso siente que la mano de Dios ha caído sobre él, y decide presentar su causa en oración como un lamento:

“Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado. Estoy ardiendo de fiebre; no hay nada sano en mi cuerpo. Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado.” Enfermedad, dolor, soledad, abandono y temor ¡Qué situación más desesperante! ¿Te identificas con él? Si es posible que lo hagas en el dolor, sería hermoso que también lo hicieras en su oración.

Muchas veces el dolor y la enfermedad nos llevan a una evaluación personal. Teológicamente este Salmo plantea la posibilidad que algunas enfermedades además de ser un problema físico y clínico, pueden tener un componente espiritual. En la sociedad israelita las personas hacían este tipo de plegarias para pedir la misericordia divina. Parece ser que el salmista asocia el origen de su enfermedad a su condición espiritual, a un pecado del cual debe arrepentirse y confesar.

Hace poco conversé con una mujer que estaba sufriendo una enfermedad crónica. Un cuadro de hipertensión aparentemente inexplicable la oprimía y estaba cayendo en depresión. Cuando evaluamos su vida, tenía motivos poderosos que causaban grandes preocupaciones, como consecuencias de decisiones erradas. ¡Por eso estaba enferma! Mientras no resolviera sus problemas o aprendiera a confiar en Dios, posiblemente la presión arterial seguiría alterada. Sin embargo, debemos aclarar que no todas las enfermedades son una respuesta divina, ni un juicio por el pecado. La totalidad de la Biblia no enseña esto.

Frente a las crisis de la vida el salmista nos enseña a apelar a la misericordia divina. Está enfermo, solo y angustiado pero clama, espera y confía en que Dios tiene la capacidad de responderle y lo que empieza como un llanto y un clamor termina siendo una afirmación de fe y esperanza: “Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis anhelos.” “Yo, SEÑOR, espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.”151 “SEÑOR, no me abandones; Dios mío, no te alejes de mí. Señor de mi salvación, ¡ven pronto en mi ayuda!”

Oración: Señor gracias porque en medio de cualquier circunstancia oscura puedo apelar a tu misericordia y tú nunca me abandonas. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 77). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Confiar y Esperar

Isha – Salmos

DÍA 61 – Salmo 37

Dosis: Promesas Divinas

Confiar y Esperar

“Más vale lo poco de un justo que lo mucho de innumerables malvados; porque el brazo de los impíos será quebrado, pero el SEÑOR sostendrá a los justos. El SEÑOR protege la vida de los íntegros, y su herencia perdura por siempre. En tiempos difíciles serán prosperados; en épocas de hambre tendrán abundancia” (Salmo 37:16–19) (NVI)

Hemos leído que no tendríamos motivos para envidiar la prosperidad de quienes no temen a Dios. Sin embargo “engañoso es el corazón más que todas las cosas”. Cada una de nosotras debemos aprender a cuidar nuestros corazones, a confiar y esperar.

David enfatiza que no tendríamos motivo de envidiar riquezas mal habidas, ya que los que confiamos en Dios “heredaremos la tierra” es decir todas las bendiciones y sus promesas. Pero debemos mantenernos fieles y tener paciencia: “Dentro de poco los malvados dejarán de existir; por más que los busques, no los encontrarás. Pero los desposeídos heredarán la tierra y disfrutarán de gran bienestar.” Esto nos alienta a tener presente que el bien que Dios quiere darnos, trasciende lo material, pues hay riquezas en los cielos, y la mejor herencia es experimentar la paz interior y una buena consciencia.

El Salmo nos asegura que aunque la gente malvada quiera dañar u oprimir a la gente justa con violencia, no solamente no lo logrará sino el mal que planearon para gente inocente se volverá contra ellas mismas: “Los malvados sacan la espada y tensan el arco para abatir al pobre y al necesitado, para matar a los que viven con rectitud. Pero su propia espada les atravesará el corazón, y su arco quedará hecho pedazos.” ¡Justicia divina! En un contexto donde hay tanta justicia humana, Dios nos asegura que la maldad regresa y destruye a quien la maquina.

¿Has sido víctima de alguna injusticia? ¿Estás sufriendo por la maldad de otros? Recuerda que tus acciones bondadosas, tu justicia está delante de sus ojos. Él te toma de la mano y no permitirá que caigas, confía en esta promesa: El SEÑOR afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir; podrá tropezar, pero no caerá, porque el SEÑOR lo sostiene de la mano.

Pero aún hay una bendición adicional en este salmo. Dios promete no solamente bendecirte a ti sino a tus generaciones: “He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan. Prestan siempre con generosidad; sus hijos son una bendición.” Te animo a que leas el Salmo completo, y puedas saborear las promesas que se cumplirán en tu vida y en la de tu familia, si aprendes a esperar y a confiar en Él.

Oración: Señor trabaja en mi corazón la paciencia y la confianza en ti y ayúdame a serte fiel. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 76). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.