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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Reaccionando al Dolor

Isha – Salmos

DÍA 63 – Salmo 39

Dosis: Esperanza

Reaccionando al Dolor

“Me dije a mí mismo: «Mientras esté ante gente malvada vigilaré mi conducta, me abstendré de pecar con la lengua, me pondré una mordaza en la boca.» Así que guardé silencio, me mantuve callado. ¡Ni aun lo bueno salía de mi boca! Pero mi angustia iba en aumento; ¡el corazón me ardía en el pecho! (Salmo 39:1–3) (NVI)

¿Cómo reaccionas frente al sufrimiento? ¿Qué haces cuando un fuerte dolor emocional oprime tu pecho? ¿Lloras, clamas, culpas a Dios, culpas a otros? ¿Pecas con tus labios? ¡Todas somos vulnerables frente al dolor y tenemos distintas reacciones! El salmista intenta ser cauto y lucha entre las pasiones que se encienden en su corazón y la fe y la paciencia.

Por eso, este salmo resulta una oración muy íntima. David sufre en silencio, frente a la maldad de otros. Decide “no pecar con su lengua”, no ser imprudente ni decir algo de lo cual más tarde deba arrepentirse. Aunque no puede evitar sentir dolor, calla frente a los demás, pero reflexiona con Dios sobre la fragilidad y la brevedad de la vida humana: “Al meditar en esto, el fuego se inflamó y tuve que decir: «Hazme saber, SEÑOR, el límite de mis días, y el tiempo que me queda por vivir; hazme saber lo efímero que soy. Muy breve es la vida que me has dado; ante ti, mis años no son nada. Un soplo nada más es el mortal, un suspiro que se pierde entre las sombras.”

¡Qué interesante que en vez de responder a quienes lo provocaban él decide nuevamente hablarle a Dios y abrirle su corazón! Esta es una gran enseñanza para nosotras. Nos alienta a ser cautas, prudentes y sabias. ¡Y qué aleccionador que en sus reflexiones medite sobre la brevedad de la vida! ¿Se sentía David al borde de la muerte? ¿Lo aturdían los placeres efímeros de este mundo? ¿Anhelaba ya estar en la presencia de Dios dónde sabía que no habría sufrimiento? ¿O es que le aquejaba alguna enfermedad? Lo interesante es que en medio de la debilidad física o emocional decide pedirle ayuda a Dios. Expresa una vez más su fe frente a la debilidad y la impotencia: “Ilusorias son las riquezas que amontona, pues no sabe quién se quedará con ellas». Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!

Lidiar con la vida no es fácil. El salmista nos recuerda que es corta y transitoria: “Un soplo nada más es el mortal” Por eso pide apoyo y fortaleza al Señor, porque está seguro que Dios lo escucha: «SEÑOR, escucha mi oración, atiende a mi clamor; no cierres tus oídos a mi llanto. Ante ti soy un extraño, un peregrino, como todos mis antepasados. No me mires con enojo, y volveré a alegrarme antes que me muera y deje de existir.»156 ¡Todos somos peregrinos en esta tierra! Pero qué alentador es recordar, sobre todo en medio de las crisis, que Dios tiene el poder de transformar nuestras circunstancias, hacernos experimentar su paz y confiar en la promesa de la vida eterna.

Oración: Señor enséñame a no desesperar en el dolor, a valorar la vida y a confiar en la promesa de la vida eterna. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 78). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

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