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Un tsunami de emociones

Isha – Salmos

DÍA 67 – Salmo 42

Dosis: Fe

Un tsunami de emociones

“Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí.” (Salmo 42:7) (NVI)

De alguna forma en esta vida todas experimentamos dolor emocional y físico que muchas veces nos llega de manera sorpresiva. Como un tsunami. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una traición, problemas con el esposo o con los hijos. Entonces surgen interrogantes como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué parece que Dios no me responde? El salmista no encuentra mejor manera de describir la magnitud de su sufrimiento, que comparándolo con aguas turbulentas que tienen un poder destructivo sobre su vida. ¿Te has sentido también en una tempestad? ¿Caíste en una depresión profunda?

En circunstancias así, muchas veces se nos hace difícil seguir confiando. Pero si en medio de estas circunstancias te preguntan ¿Dónde está tu Dios? Y te tientan a creer que Dios te ha abandonado, la situación será aún más dolorosa. Pues provocar la desconfianza añade más tristeza y desconsuelo si estamos abatidas. ¿Recuerdas al ciervo sediento? Vulnerable y frágil, muriendo de sed, ahora también es perseguido por cazadores que le arrojan flechas.

¿Alguna vez reprocharon tu fidelidad y devoción? ¿Criticaron tu fe? ¿Te hicieron pensar que Dios no te escuchaba ni respondía? El salmista nos recuerda que Dios jamás está en retirada, y quienes lo conocemos sabremos siempre dónde hallarlo en cualquier circunstancia por eso dice: “Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. Y le digo a Dios, a mi Roca: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?» Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»”

El salmista sigue dialogando con su alma y se exhorta a sí mismo a no abatirse, a no turbarse, motivándose a seguir esperando en el Señor. Abre su corazón y en una reflexión personal e íntima se dice: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

De esta manera decide seguir confiando en Dios. De un estado anímico débil, depresivo, el salmista en oración avanza hacia la fe. ¿Crees también que Dios es tu roca? ¿Experimentas estabilidad y fortaleza en su presencia? Recuerdas su promesa: “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas… Porque sólo Dios puede darnos esa capacidad de trasladarnos de la angustia a la seguridad y la esperanza.

Oración: Señor enséñame a confiar y a aferrarme a ti en cualquier tormenta de mi vida. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 82). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

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