4/63 – La Autoridad y Poder de Jesús – Marcos 1:21-45

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

4/63 – La Autoridad y Poder de Jesús – Marcos 1:21-45

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

EL ATAQUE A LA IGLESIA

Noviembre 1

EL ATAQUE A LA IGLESIA

En el mundo tendréis aflicción.

Juan 16:33

No debiéramos sorprendernos cuando se ataca a la iglesia porque Cristo dijo que así sucedería. Como el mundo, la carne y Satanás están detrás de tal hostilidad, Cristo nos ordenó que veláramos y oráramos “para que no [entremos] en tentación” (Mt. 26:41). Pedro advirtió: “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8). Para estar preparados, Pablo dijo: “Nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo” (1 Ts. 5:8).

Puede ser difícil mantener su testimonio cristiano cuando la persecución es sutil y no manifiesta. Recuerdo haberle preguntado a un pastor ruso: “¿Es difícil pastorear una iglesia en su país?” El pastor respondió: “No, es fácil porque sé cuál es la posición de todo el mundo. Pero ¿cómo puede alguien pastorear una iglesia en los Estados Unidos, donde la avenencia es tan común y sutil?” Muchos que se dicen cristianos quieren la aceptación del mundo y por lo tanto, no están dispuestos a defender la causa de Cristo.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Episodio 8 – El amor romántico es un regalo maravilloso – y un dios terrible

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

El amor romántico es un regalo maravilloso – y un dios terrible

Episodio 8

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

La imagen de Dios en el hombre

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La imagen de Dios en el hombre

R.C.Sproul

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Del polvo a la gloria. Cuando consideramos el título de este estudio y la introducción de las Escrituras, me intrigan un poco las palabras del medio, «a la». Del polvo a la gloria.

Usamos esas palabras con frecuencia en nuestro idioma, ¿no es así? Decimos que algo es de la «A a la Z.» La Biblia habla que Israel subió a la región montañosa, por ejemplo. Cuando utilizamos estas palabras «a la», estamos hablando de una meta, un objetivo o un propósito.

Estamos describiendo algún tipo de movimiento que tiene su punto de partida aquí y un destino por allá. Recuerdan nuestro estudio de Génesis 1, en la primera frase del Antiguo Testamento tenemos la afirmación de que existe un punto de partida en el tiempo y el espacio, pero que lo que comienza en un determinado punto en el tiempo y espacio está moviéndose.

No solo los planetas se mueven en sus órbitas, sino que la historia misma se está moviendo. Se mueve a un punto designado. Y en el concepto hebreo de la historia, estamos hablando de la historia que se inauguró con el acto de la creación de Dios, y que tiene su meta y su consumación en el propósito redentor de Dios. Me gusta contar la historia de una de mis nietas que, ahora mismo, tiene más o menos tres años. Tan pronto como aprendió a hablar, mi hijo empezó a enseñarle el catecismo infantil con preguntas muy simples. «Darby, ¿quién te hizo?» Y Darby decía: «Dios me hizo.» Mi hijo tenía esas preguntas y la que más me gustaba y que solía preguntarle a Darby cuando ella tenía dos años de edad era: «Darby, ¿por qué Dios te hizo a ti e hizo todas las cosas?» Darby decía con simpleza, «Para su gloria».

Y pensé: «Espero que ella nunca, nunca jamás se olvide de eso». Ese es el punto, la pregunta del «por qué». ¿Por qué un mundo? ¿Por qué la gente? ¿Por qué la historia? Para su gloria.

Ahora, cuando utilizamos la palabra «para» en este caso, o las palabras «a la,» estamos incorporando en nuestras mentes una idea muy importante, la idea de propósito. Ahora, cuando leemos las Escrituras, estamos leyendo un libro que va mostrando en cada página un propósito divino para tu existencia, para mi existencia, y para la existencia de todo este universo.

Hace poco estaba de vacaciones con mi esposa. Y no estoy acostumbrado a estar a tal nivel de relajación donde no hay «nada que hacer», porque realmente he encontrado que es imposible no hacer nada. «Nada» no es otra cosa que «lo que no es». Y dado que ‘no es’, no puedo hacerlo.

Así que yo le decía a mi esposa todos los días, «¿Qué quieres hacer hoy? ¿Qué vamos a hacer?» Le estaba haciendo una pregunta de propósito. «¿Cómo usaremos este tiempo?» «¿Cuál debería ser nuestro objetivo? ¿Cuál debería ser nuestra meta?» Ahora, cuando nos sumergimos en la historia de la creación de la humanidad, al final de capítulo 1 del Génesis, tenemos este registro.

Génesis 1:26: «Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Lo puedes ver? Al igual que en la primera línea del Antiguo Testamento, aquí hay una descripción del obrar de Dios con propósito. Dentro de la Divinidad, hay una conversación. Dentro de la Trinidad hay un acuerdo. Dentro de la Divinidad, hay un plan de acción. Y no es como si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieran de vacaciones, y uno le dice al otro: «Bueno, ¿Qué vamos a hacer hoy?»

Sino que hay una declaración de propósito que viene de Dios mismo cuando Él dice, «Vamos a hacer algo. Hagamos ahora al hombre a nuestra propia imagen». Ahora, de nuevo, esta es una declaración tan sencilla en Génesis que podemos inclinarnos a pasarla con rapidez y dejar de señalar su profundo significado.

Si hay alguna crisis en el pensamiento humano y la filosofía a finales del siglo 20, sobre todo en el mundo occidental, es una crisis que se centra en esta palabra: «propósito». Y la crisis de propósito se une junto con el eclipse de la idea de la creación divina, porque está implícito en la idea de la primera línea de la Escritura que en el principio Dios creó los cielos y la tierra.

Y es está idea de que el mundo y todo lo que hay en él, no es un accidente, sino, más bien, que todo ha llegado a ser a través de una decisión inteligente, ordenada de un ser sobrenatural que tiene un propósito para todo lo que hace. Pero si adoptamos la visión del mundo que predomina hoy, nos separamos instantáneamente de toda esta idea de propósito porque, ¿qué se nos dice? Se nos dice que somos el producto de fuerzas ciegas del azar. Como un filósofo dijo, «Somos gérmenes adultos que hemos surgido del fango por casualidad. Somos accidentes cósmicos sin propósito inherente a nuestra existencia».

Es por eso que Albert Camus hizo la observación filosófica a mediados del siglo 20, de que solo queda una pregunta por considerar a los filósofos, y esa es la pregunta del suicidio ya que el suicidio se convierte en una opción cuando no hay respuesta a la pregunta: «¿Por qué?» En el momento en que creo que mi vida no tiene propósito y que la historia no tiene propósito, y el universo mismo no tiene propósito, si es que aún pienso, tengo que hacer la pregunta que planteó Camus.

Hamlet lo dijo de esta manera: «Ser o no ser, esa es la pregunta». Lo que hizo es ponerse a reflexionar sobre su propio dilema, «¿Ser o no ser? Esa es la pregunta». ¿Qué es lo más noble en la mente, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponerse al acabar con ellos? ¿Qué estaba preguntando? Él dijo: «Aquí estoy, tirado en mi existencia en este momento y lo que enfrento, según lo que puedo ver son golpes y flechas — ¿de qué?» De la fortuna, fortuna injusta.

Esa es una manera sofisticada e isabelina de considerar la existencia humana solo como un producto del azar — que tu vida es un evento fortuito. Y eso es lo que el punto de vista imperante de nuestra cultura le está gritando cada día a nuestros hijos. «Tú eres un accidente cósmico». «Eres un germen adulto». «Vienes de la nada, vas a la nada, pero mantente tranquilo cuando enfrentes el azar y la suerte, las cuales son adversas».

Pero la pregunta que se plantea es un asunto de nobleza, un asunto de virtud. ¿Qué es lo más noble en la mente, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponerse, acabar con ellos, morir? Esa es la opción: morir. ¿Y luego ¿qué? Dormir, tal vez soñar. Ahí está el problema. Porque en aquel sueño de muerte, los sueños que puedan surgir cuando hayamos muerto deberían darnos una pausa, ahí está el aspecto que se vuelve una calamidad. Oh, adiós vida”.

Él está diciendo, «¿Qué pasa si hay algo más allá? ¿Qué pasa si soy responsable? ¿Qué pasa si hubiera un propósito para mi existencia? ¿Y qué si hay más que una fortuna injusta en la que me encuentro?» Esa pregunta que hace eco en la literatura, en el cine, en cada medio cultural, es el tema del propósito. ¿Quién soy? ¿Por qué soy?

La respuesta a esta pregunta se encuentra al final del capítulo 1 cuando Dios dice, «Hagamos al hombre.» En donde el acto del origen de la existencia humana es el resultado de una decisión inteligente de un ser omnisciente y eterno que sabe lo que está haciendo. Como lo dijo alguna vez Albert Einstein, «Él no juega con dados». Lo que Einstein estaba diciendo es que el origen del universo no es producto del azar sino que es la obra de una deidad intencional.

Yo podría decir que el problema que separa las visiones del mundo en nuestro día se reduce a esta pregunta: «¿Hay un propósito para tu existencia o no lo hay?» Y si no hay Dios, te garantizo que no hay propósito. Y si no hay propósito, entonces no hay Dios.

Pero si hay un Dios, entonces hay un propósito. Y si hay un propósito debe haber un Dios. Incluso Aristóteles entendió eso. O mejor dicho, especialmente Aristóteles entendió eso. “Hagamos al hombre a nuestra imagen,” y así, la Escritura nos habla del origen de la humanidad.

Y el lenguaje que se utiliza aquí en Génesis es un poco difícil de comprender, porque se nos dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. ¡Guau!

Después de todas las etapas anteriores de la creación donde Dios hace los árboles y hace los ríos y hace la luz del sol y divide los días y llena el agua con peces, y el aire con las aves, y hace que todos los distintos tipos de reptiles y todos los demás animales. Y cuando mira hacia atrás y ve lo que Él ha hecho, Él pronuncia su bendición y dice: «Es bueno».

Pero Él no ha llegado a la cima de su obra hasta que dice: «Después de que tengo todas estas criaturas y todos estos habitantes y todas estas cosas dominando y llenando el universo que he hecho, miro y veo que nada lleva mi imagen, nada tiene mi semejanza. Y así Dios dijo: «Vamos a hacer una obra creativa cuyo propósito sea ser a mi imagen y semejanza. Voy a hacer una criatura. No puedo, evidentemente, crear otro Dios.

Ni siquiera Dios puede crear otro Dios porque este segundo Dios, por definición, sería una criatura. Él sería finito, dependiente, derivado, contingente y todo lo demás. Esa es una de las cosas que Dios no puede hacer. No puede clonarse a sí mismo.

Así que no puedo simplemente duplicarme a mí mismo. Pero voy a crear una obra especial, con una capacidad especial para ser como yo, para llevar mi imagen, para reflejar mi gloria, para mostrar mi carácter al resto de la creación.

Y tomaré esta obra creativa y le daré dominio sobre todo lo demás. Así que todas las otras cosas, todas las demás criaturas en este mundo estarán subordinadas a esta criatura, que es la portadora de mi imagen». Así Dios nos crea a su imagen y semejanza. Ahora eso no quiere decir que somos exactamente como Dios. Pero hay cierta analogía, alguna analogía del ser, alguna manera en que nosotros, como seres humanos, somos como Dios.

Los filósofos y teólogos han especulado durante siglos, sobre qué es lo que precisamente implica esta idea de la imagen de Dios. Y en general lo que se asume que, al menos, parte de lo que significa ser a imagen de Dios es que Dios es un ser inteligente. Él es omnisciente. Él piensa. El está apercibido. Él es consciente.

Mira Star Wars y toda la película repite una misma línea una y otra vez, «Que la fuerza te acompañe». Pequeño consuelo el tener una fuerza contigo. ¿Qué significa eso? ¿Una descarga eléctrica? ¿Gravedad? ¿Un maremoto? ¿Erupción volcánica?

Todas esas son las manifestaciones de la fuerza, pero ¿podemos concebir la fuerza sin inteligencia? Ser hecho a imagen de Dios significa ser capaz de ser parte de este increíble fenómeno que llamamos pensar, reflexionar, decidir, aprender, conocer, razonar.

No podemos pensar como Dios piensa, como si tuviéramos omnisciencia o que seamos infinitos en nuestra perspectiva. En lo absoluto. Pero tenemos un punto de similitud, un punto de semejanza. No solo eso, sino que, al ser creados a su imagen, también somos criaturas morales. Vamos a estar estudiando próximamente, la historia de la caída en el Antiguo Testamento, la gran tragedia, por así decirlo, de la historia humana.

Pero lo único que se requiere para caer en la corrupción moral, es que debe haber una naturaleza moral con la cual empezar. Cuando la lluvia cae de los cielos y las gotas de agua golpean la tierra, no lo consideramos como si fuese pecado. Nosotros no pensamos en esto como una caída moral o como un asunto de corrupción.

Cuando un objeto cae al suelo, simplemente obedece las leyes de la naturaleza, de la gravedad en ese momento. Pero cuando hablamos de creación y redención, el gran problema que se está resolviendo en el ámbito de la historia bíblica es el problema de una caída moral.

Pero para que haya un problema de caída moral, primero tiene que haber una criatura moral. Y así, cuando Dios nos hace, Él no solo nos hace seres inteligentes, seres pensantes, seres racionales, sino que Él nos da una voluntad. Él nos da emociones para que podamos tomar decisiones y participar de acciones que son de tipo moral. No hay nada moral o inmoral en el rodar de una piedra o el soplo del viento, porque el viento no tiene conciencia. El viento no es más que una fuerza. En una palabra, lo que le falta es personalidad.

Pero cuando Dios crea y hace criaturas a su imagen, las hace personas. Tú eres una persona y entiendes, aunque no seas capaz de articular filosóficamente lo que implica la personalidad y lo que esto involucra con precisión. Sabes lo que significa cuando escuchas la palabra. Sabes que eres una persona, y todo lo que implica ese concepto dinámico de la personalidad.

Pero la personalidad que Dios inicia u ordena en la creación no es unidimensional. No es unisexual. No es andrógina. Sino que, Él crea a estas personas, hombres y mujeres. Así que, incluso dentro de la esfera humana de la creación, Dios crea un escenario para una relación que es magnífica entre un hombre y una mujer. Y Él capacita y dota a estas personas con una habilidad única para reflejar la misma gloria de Dios. Creo que muchas veces olvidamos el objetivo de la historia de la creación, porque se nos dice en el Génesis que todo el proceso de la creación se realiza en siete días. Y algo diferente, y único sucede en cada día de la creación.

Y el día de consumación para el judío nunca es el sexto día. Siempre es el séptimo día. Así que el día final es el séptimo día. El penúltimo día es el sexto día. ¿En qué día fuimos hechos? No en el séptimo, sino en el sexto. Debido a que el séptimo día es santo.

Ha sido hecho sagrado. Creo que en ese mismo acto, en esa misma obra de la creación, Dios le está diciendo algo a esas criaturas que Él hizo en el sexto día. Él nos está diciendo algo acerca de nuestro propósito. Que tú, como persona hecha a la imagen de Dios, has sido hecho para lo sagrado. Has sido hecho para lo Santo. Has sido hecho para reflejar su gloria.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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 8/10 – Mejor que la fuerza de voluntad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 8/10 – Mejor que la fuerza de voluntad

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/mejor-que-la-fuerza-de-voluntad/

Leslie Basham: Si estás tratando de leer más la Biblia en este año 2014, Nancy Leigh DeMoss te dice que necesitas más que fuerza de voluntad.

Nancy Leigh DeMoss: No podemos hacerlo por nosotras mismas. No podemos seguir Su ley por nuestra cuenta, no podemos conocer Su Palabra por nosotras mismos. Necesitamos Su ayuda. Necesitamos Su gracia. Necesitamos Su Espíritu para instruirnos en lo que la Palabra de Dios significa y para poder someternos a ella y obedecerla.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Aquí Nancy está continuando con la serie llamada, Vivifícame conforme a Tu Palabra.

Nancy: Algunas de ustedes tal vez estén familiarizadas con la investigación que hace George Barna sobre la religión en los Estados Unidos. Una de las cosas que él ha venido hablando desde hace unos años que ha sido de gran preocupación para mi corazón es todo este asunto del analfabetismo Bíblico—personas que se llaman cristianas, se consideran seguidores de Cristo, pero que no conocen la Palabra de Dios.

No sé si ha habido un momento en mi vida, que es más de la mitad de un siglo ahora, en que la alfabetización bíblica haya estado tan en baja como lo está hoy. Un informe reciente de Barna sobre los resultados de sus investigaciones, hablaba que el conocimiento bíblico no es una realidad en los EEUU ni tampoco una meta. Él dijo:

“La lectura de la Biblia se ha convertido en el equivalente religioso de una cuña periodística. Cuando la gente lee la Biblia, por lo general al abrirla, lee un breve pasaje sin prestar atención al contexto, y considera la idea principal o sentimiento que el pasaje proveyó. Si se sienten cómodos con ella, lo aceptan, pero de lo contrario, lo consideran interesante pero irrelevante para su vida, y siguen hacia adelante.

Sorprendentemente, existe poco crecimiento evidente en cuanto a la comprensión que tienen las personas de los temas fundamentales de las Escrituras, e increíblemente muy poco interés en la profundización de su conocimiento y en la aplicación de los principios bíblicos.”

Estas fueron sus conclusiones como resultado de encuestar a miles de personas acerca de lectura de la Biblia. Él dice:

“Al momento de llegar a los 13 ó 14 años de edad, la mayoría de los estadounidenses consideran que ya conocen todo lo importante o de valor que la Biblia tiene que enseñar y ya no están interesados ​​en aprender más contenido de las Escrituras. En una cultura movida por el deseo de recibir valor, incrementar la enseñanza de la Biblia no se ve generalmente como un ejercicio en la provisión de dicho valor”.

¿Captaste eso? La gente dice que si tiene un valor inmediato para mí  lo quiero, pero cuando a la edad de trece o catorce años ya creo que he captado todo lo que puedo extraer de allí, aprender o leer más no es una prioridad  para mí porque no encuentro valor alguno en ello.

Pues bien, esta forma de pensar es lo que está dando lugar, dentro de nuestras vidas, a los tiempos de menos moralidad,  menos sabiduría, menos sentido común, menos virtud, entre los cristianos o los llamados cristianos en nuestras iglesias.

La carencia de conocimiento de la Palabra de Dios—ni hablar de su aplicación, de ponerla por obra o de compartirla con otros—el conocimiento y entendimiento de la Palabra de Dios y de los caminos de Dios es tan abismalmente bajo, que las personas están dirigiendo sus vidas, están viviendo  sus vidas, están tomando decisiones, están haciendo vida de iglesia sin hacer referencia al manual de Aquél que nos creó, que nos formó, que hizo la familia, que hizo la iglesia, y nos dice cómo todas estas cosas deben funcionar.

Ahora bien, sería fácil para mí quejarme de esto—y algunos de ustedes pensarán que  lo acabo de hacer— pero mi interés no es tanto quejarme como asombrarme acerca de  las maravillas de la Palabra de Dios. Y rogarte,  suplicarte, hacerte un llamado a que este año conozcas la Palabra de Dios como nunca antes. Si ya estás leyendo la Palabra de Dios todos los días, quiero animarte a que leas más.

Yo estaba con alguien la semana pasada, un predicador itinerante que está viajando por todo el mundo. Si yo tuviese el itinerario de este hombre, estaría en un estado permanente de desfase de horario. Él viaja todo el tiempo, predicando en todas partes, y él me estaba diciendo acerca de cómo él lee el Antiguo Testamento seis veces al año y el Nuevo Testamento todos los meses. Lo miré y le dije: “¿Cuánto tiempo te lleva hacer eso?” Él me dijo: “Dos horas todos los días.” Él escucha la Biblia en un CD y sigue el audio al mismo tiempo leyendo en su Biblia.

Ahora, algunas de ustedes estarán diciendo que no hay manera de que uno pudiera tomarse dos horas para esto. Bueno, tal vez no puedas. Pero, ¿Qué puedes hacer? Si ya estás leyendo la Palabra de Dios todos los días, pídele a Dios que te muestre cómo podrías leer más. Y si no estás leyendo la Biblia constantemente, sino que la estás leyendo de forma esporádica, entonces haz el propósito de leerla regularmente.

Algunas de ustedes no leen la Biblia en lo absoluto. De seguro tienes que despolvarla para llevarla a la iglesia (si es que la llevas a la iglesia). Así que donde quieras que estés, pídele a Dios que te lleve más lejos en tu caminar este añoY te estoy desafiando a que leas la Biblia todos los días durante este año 2014.

Es la mayor pieza de sabiduría o el mejor consejo que podría darte a medida que comienzas este año. Si lo haces, dentro de un año, estarás agradecida de haberlo hecho. Tu vida no será la misma.

Ahora, es más que leer. La lectura por sí sola no es suficiente, y estamos hablando de esto en esta serie. Pero lo menos que puedes hacer es leerla. Todas las demás cosas —obedecerla, meditarla, compartirla con otros—no lo podrás hacer a menos que no la estés leyendo.

Hoy, quiero concentrarme en dos conceptos. No sabía bien dónde ubicarlos en esta serie, así que solo voy a ponerlos aquí. Solo quiero desafiar tu pensamiento en estas dos áreas.

La primera es en relación a la meditación—la meditación de la Palabra de Dios. James Montgomery Boice ha escrito un gran comentario sobre los Salmos que fue muy útil para mí en la preparación de esta serie sobre el Salmo 119, él dijo,

“La meditación es recordar lo que hemos aprendido de memoria y luego, volverlo a pensar en nuestras mentes una y otra vez para ver la más completa implicación y aplicación de la verdad.”1

Es una definición útil. Es recordar lo que hemos aprendido de memoria. Así que primero lo lees—lo memorizas. No tienes que memorizar toda la Biblia para meditar en ella. Pero tomas una parte, un versículo, una frase, una palabra, una estrofa, un capítulo, o un pequeño libro de la Biblia tal vez. Memorízalo, léelo una y otra y otra y otra vez. Mientras lo haces, le estás dando vueltas y vueltas en tu mente para ver las más amplias implicaciones y aplicaciones de la verdad.

Estás examinando. Es como cuando ves a un joyero que toma un diamante y lo mira desde todos los ángulos bajo luces diferentes que tratan de ver las diferentes facetas y las formas como brilla.

El múltiple esplendor de las maravillas de la Palabra de Dios es tan magnífico. La meditación en la Palabra de Dios  lo revelará a tu corazón. Ves este énfasis en la meditación durante todo el Salmo 119. Permíteme que lea algunos de esos versículos.

“Meditaré en tus preceptos y fijaré mis ojos en tus caminos.” (Versículo 15)

Otra forma de describir la meditación consiste en fijar mis ojos en ella.

“Levantaré mis manos a tus mandamientos, los cuales amo, y meditaré en tus estatutos.” (Versículo 48)

“¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (Versículo 97)

“Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.” (Versículo 99)

“Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, [¿Y qué es lo que hace? ¿contar ovejas? ¡No!] Meditar en tu palabra”. (Versículo 148)

No sé si es porque el salmista no podía dormir, o porque estaba tan entusiasmado con la Palabra de Dios que él solo quería estar despierto y meditar. Lo que sea que haya sido, él solo quería meditar en la Palabra de Dios.

La palabra meditación —que has escuchado una y otra vez aquí, es la palabra hebrea que significa “reflexionar, considerar, pensar en algo”. Comunica la idea de pensar y pensar acerca algo en tu mente, ensayándolo una y otra vez,  ya sea internamente, reflexionando sobre ello en silencio, o recitándola en voz alta con otros, comentándola con otros. La meditación interna o hablar de ella con otras personas—son diferentes formas de meditar en la Palabra de Dios.

A mi me gusta caminar con una compañera. Y he tenido muchas a lo largo de los años y una de las cosas que me gusta hacer cuando estoy preparando una serie como esta. . . Estaba caminando con una amiga  en la última semana, y estuvimos hablando de estos temas. Le hablo de lo que estoy preparando para enseñar. Estoy meditando en eso. Lo estoy meditando una y otra vez en mi mente.

Algo que he estado meditando mientras he estado preparando esta serie es todas las veces que el salmista habla acerca de deleitarse en las leyes de Dios. La gente no se deleita en las leyes en general. ¿Cómo se deleitaba en las leyes de Dios y por qué? He estado reflexionando en esto. He estado meditando en ello. ¿Qué significa eso? ¿Cómo se llega a gozar de las leyes de Dios? Si no te gozas o te deleitas en las leyes de Dios, ¿por qué no lo haces? He estado meditando sobre eso. Lo he estado pensando. Estoy reflexionando sobre esto conmigo misma. Lo estoy ponderando y hablando con los demás. Eso es meditación.

“Abre mis ojos”, dice el salmista en el versículo 18, “para que pueda contemplar las maravillas de tu ley.” Esa palabra ‘contemplar’ significa “fijar sus ojos en ella,  pensar en ello, para contemplarla, para prestarle atención”. Significa mirar fijamente algo. No es solo un vistazo sobre la Palabra de Dios. Se trata de fijar la mirada en un versículo, o en una palabra, o un pasaje, o un concepto en la Palabra de Dios.

“Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré.” (Versículo 95)

Medito sobre esto. Fijo los ojos ello. Lo observo. Ahora en el Salmo 119, vemos que la meditación en la Palabra de Dios está destinada a ser una forma de vida—algo que hacemos todo el tiempo, no solo en nuestro tiempo de quietud, o ese tiempo destinado a la meditación de la Palabra de Dios. Pero se supone que es algo que hacemos todo el tiempo. Te acodarás en Josué, el capítulo 1, la Escritura dice que si meditamos sobre la Palabra de Dios día y noche, vamos a prosperar en todo lo que hagamos. Medita en el día y en la noche en la  Palabra de Dios.

El Salmo 1 habla acerca de meditar en la Palabra de Dios todo el tiempo. Esto mismo lo ves en el Salmo 119. Mira el versículo 55 por ejemplo.

“Por la noche me acuerdo de tu nombre, oh SEÑOR, y guardo tu ley.”

Pensar en el carácter de Dios y en Su Nombre y en Sus caminos — no solo durante el día, sino también en la noche.

“A medianoche me levantaré para darte gracias por tus justas ordenanzas.” (Versículo 62)

Yo tenía huéspedes ayer por la noche, y uno de ellos llegó  temprano en la noche. Pero dos universitarias no llegaron a casa hasta después de la medianoche. Creo que fue alrededor de las 12:30. Bajé las escaleras. Yo todavía estaba terminando de prepararme para hoy. Uno de los invitados dijo: “Oh, pensé que estabas siguiendo el Salmo 119, cuando dice,  “A medianoche me levanto para alabarte, a causa de tus justas ordenanzas”. Y yo pensé, ‘no, me levanté para ver a los huéspedes que llegaban’. Bueno, pues la idea de este salmo no es esa; es más bien levantarse porque deseas despertarte para pensar acerca de las ordenanzas de Dios y alabarlo.

“Me anticipo al alba y clamo; en tus palabras espero.” (Versículo 147)

Realmente, pienso que el salmista tenía problemas con el insomnio o algo parecido, pero es interesante cuántas veces él habla de meditar sobre las maneras de Dios durante la noche. “Yo espero en tus palabras”.

“Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra.” (Versículo 148)

Y el versículo 164, cubre el resto del día:

“Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas.”

No creo que eso significaba que establecía una alarma—que dividiera el día en siete períodos y que la alarma se disparara cuando fuera el tiempo—aunque eso no es una mala idea. Y si tienes un teléfono inteligente o una alarma en el reloj o lo que sea para establecer los tiempos para detenerte y meditar en la Palabra de Dios, no sería mala idea. Pero el siete es el número de la perfección, es el número que implica que algo está completo. Y creo que probablemente lo que él se refiere en realidad ‘es todo el tiempo, todo el día, cada vez que tengo la oportunidad’: “Yo te alabo por Tus justas ordenanzas, por tus normas por tus reglas. Estoy pensando en Tus caminos”. De eso se trata la meditación.

Algunas de ustedes están familiarizadas con el comentario de Matthew Henry de la Biblia. Es un gran recurso. Él era un comentarista puritano. Tenía un padre piadoso llamado Philip Henry, que vivió a mediados de los años 1600. Y al hablar de su padre, Philip Henry, Matthew dijo:

“Cuando me exhortaba a estudiar las Escrituras, mi padre me aconsejaba tomar un versículo del Salmo 119 cada mañana para meditarlo, y así ir sobre el Salmo dos veces al año”.

Así que su padre le dijo que tomara un versículo del Salmo 119 por la mañana, y que meditara en este versículo durante el día. Haciéndolo de esa forma estarás yendo a través del Salmo 119 dos veces al año. Y su padre dijo que,

“esto te enamorará del resto de la Escritura”; y solía decir; “Crecemos en gracia a medida que crecemos en el amor por la Palabra”.

¿Tú quieres amar la Palabra de Dios? Medita en el Salmo 119. Simplemente comienza a hacerlo. Medita sobre el salmo; tal vez un versículo al día, quizás léelo todos los días por varias semanas consecutivas. Solo te tomará 15 minutos leerlo completo. A medida que tu amor por la Palabra de Dios aumente, crecerás en gracia en todas las áreas de tu vida. La meditación comienza con la lectura, la lectura de la Palabra de Dios.

Me encanta esta cita de J.C. Ryle. Él dijo: “Dale a la Biblia el honor, que se merece cada día de tu vida. Si vas a leer, lee la Biblia primero que cualquier otra cosa.”

Mi papá vivía este principio. Él decía unas frases, pequeñas frases. Una de ellas era: “Si no hay lectura de la Biblia, no hay desayuno.” Y él era un hombre que tenía que tomar el desayuno—a las ocho de la mañana. Así que él iba a la Palabra antes del desayuno. Pero también tenía este hábito personal particular de no leer nada más en el día antes de leer la Palabra de Dios. Eso es lo que James C. Ryle dijo, “leas lo que leas, que primero sea la Palabra de Dios”.

Ahora, en este desafío que estamos dando este año, no estoy diciendo cuándo leer la Palabra de Dios. Creo que empezar el día con la Palabra de Dios es un gran hábito. Pero tal vez sea mejor para ti, cuando tus hijos estén durmiendo la siesta o cuando llegues a casa del trabajo. Eso sí, no trates de leer la Palabra de Dios cuando estés agotada al final del día o te dormirás y no podrás extraer mucho de ella.

Pero la meditación va más allá de la lectura. Se inicia ahí, pero va más allá. Y aquí hay tres preguntas que debes hacerte cuando estés meditando en un pasaje de la Escritura.

• Número uno: ¿Qué nos dice este pasaje acerca de Dios? ¿Qué dice acerca de quién es Él y acerca de lo que Él hace?

• Número dos: ¿Qué dice este texto acerca de nosotros los seres humanos? ¿Qué dice esto acerca de la gente? ¿Cómo deberíamos ser y  qué ha fallado?

• El número tres: ¿Qué ha hecho Dios acerca de esto y qué es lo que espera de nosotros a la luz de lo que Él ha hecho?

Así que tienes: ¿Quién es Dios? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Cuál es nuestra condición caída? ¿Y qué hace la gracia de Dios para resolver nuestra condición caída? Una manera útil de pensar acerca de la meditación de la Palabra de Dios.

Es muy importante que no aceleremos nuestra lectura de la Biblia. Mi padre, que puso tal énfasis en la lectura de la Biblia en nuestra casa, solía decir que había dos cosas que nunca se debían leer con velocidad. Y él quería que aprendiéramos la lectura rápida—incluso nos hizo tomar un curso para aprender a leer rápido. Sin embargo, nos advirtió sobre dos cosas que no debíamos leer con velocidad: una eran las cartas de amor, y la otra era la Biblia. La Biblia es la carta de amor de Dios. Así que no corras a través de la Biblia.

A veces, me encanta ir a un ritmo más rápido, pero asegúrate de que también estás tomando tiempo para meditar en porciones más pequeñas para reflexionar sobre ello. Me encanta lo que Spurgeon dice acerca de esto. Él dice: “¡Oh, sumergirse en un texto de la Escritura, y dejar que sea aspirado por tu alma, hasta que se sature tu corazón!”

Ahora bien, en los pocos minutos que nos quedan, quiero referirme a otro punto. Yo no sabía dónde meter esto, así que lo estoy pegando aquí. Simplemente creo que es realmente importante. Es otro punto que surge del Salmo 119. Y es que debemos recordar que necesitamos la ayuda de Dios para leer, estudiar, meditar, obedecer Su Palabra. No podemos hacerlo por nuestra cuenta, no podemos guardar Su ley por nuestra cuenta, no podemos conocer Su Palabra por nosotras mismas. Necesitamos Su ayuda, necesitamos Su gracia, necesitamos Su Espíritu para instruirnos en lo que la Palabra de Dios significa y para podernos someter a ella.

No es suficiente solo leer la Palabra de Dios. Estoy pensando acerca de un famoso ateo—seguramente has leído sus libros—que en realidad conoce muy bien la Escritura. Él ha estado realmente interesado en la lectura de la Biblia. Pero él es un ateo. No tiene luz. Él no tiene el Espíritu de Dios que hace que Cristo sea real para él en la Palabra.

Necesitamos un maestro mientras leemos la Palabra de Dios. Y tenemos el mejor maestro, porque tenemos el autor, el Espíritu Santo para que nos explique qué significa la palabra—y nos ayuda a internalizarla y a personalizarla. Y Dios usa a otros maestros en nuestras vidas. Él usa a tu pastor. Él puede utilizar un programa como Aviva Nuestros Corazones. Pero ten en cuenta que no hay maestro como el Espíritu Santo. Así que no te hagas adicta a mi enseñanza o a la enseñanza de John MacArthur o Alistair Begg, o James MacDonald o Kay Arthur o Beth Moore. Hay un montón de grandes maestros de la Biblia. Yo quiero ser una maestra buena y una maestra útil de la Biblia, pero yo no quiero que dependas de mí para tu aprendizaje. Quiero que dependas del Espíritu Santo de la misma manera que lo debo hacer yo cuando la estoy estudiando.

Ha sido interesante que a través de todo el Salmo 119 tenemos diez referencias o peticiones de que Dios enseñe Su Palabra.

“Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos.” (Versículo 12)

“Quita de mí el camino de la mentira, y en tu bondad concédeme tu ley.” (Versículo 29)

“Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. “(Versículo 33)

“Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh SEÑOR, y enséñame tus ordenanzas.” (Versículo 108)

¿No sería esta una gran oración para orar antes de ir a la iglesia? O, cuando estás de camino a la iglesia? “Acepta mis ofrendas voluntarias de alabanza, oh Jehová, y enséñame tus caminos”.

“Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.” (Versículo 135)

“Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas.” (Versículo 27)

“Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.”  (Versículo 34)

Estos versículos y otros comunican un sentido de dependencia de Dios. Necesitamos de Él para que nos ayude, para que nos de un hambre por la Palabra y para que nos la enseñe, para que nos ayude a entenderla, para que nos de deseo y anhelo por ella. Necesitamos el Espíritu Santo para todo eso. Así que Pídele a Dios que te enseñe.

Muy a menudo cuando voy a la Palabra de Dios en mi momento de quietud, tengo una oración que he orado muchas veces en los últimos años. Viene de varios versículos de la Escritura.

“Abre mis ojos para que pueda ver las maravillas de Tu ley. Dame entendimiento y guardaré Tu ley y la obedeceré con todo mi corazón. Muéstrame Tus caminos, Señor, enséñame Tus sendas. Guíame en Tu verdad y enséñame. Porque Tú eres Dios, mi Salvador, y mi esperanza está en Ti todo el día. Enséñame lo que no puedo ver. Si he cometido iniquidad, no lo haré más”.

Esta es una oración que usualmente oro antes de abrir la Palabra de Dios. Estoy diciendo, Señor, necesito que me enseñes y que me ayudes a obedecerte.

Leslie: ¿Cómo diferiría este año 2014 de los años anteriores si pasaras un tiempo cada día leyendo la Biblia? Bueno, Nancy Leigh DeMoss te ha extendido un reto en esta serie, Vivifícame conforme a Tu Palabra. Y Nancy, una gran cantidad de oyentes ha respondido ya a este reto.

Nancy: Y oro que muchas más lo hagan; que nos dejen saber que han aceptado este desafío de leer la Biblia durante todo este año.

Te invitamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás una gran variedad de recursos que te ayudarán a profundizar en la Palabra de Dios, a entenderla y hacerla parte integral de tu vida.

Cuando nos visites, también encontrarás algunos planes de lectura que te ayudarán en tu lectura este año. También encontrarás unas hojas descargables para que puedas imprimirlas y usarlas para escribir lo que Dios te va enseñando y hablando a través de Su Palabra.

Leslie: Hemos estado estudiando el capítulo más largo en la Biblia durante esta serie, y la misma ha producido gran impacto en algunas de nuestras oyentes. Descubre cómo han respondido sobre este capítulo. Por favor, regresa a Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 C. H. Spurgeon. Treasury of David, p. 510.

 Psalm 119 in Song. Susie H. Kimbrough.

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¡Cuánto Amo Tu Ley!, Danilo Montero.

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Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Un tsunami de emociones

Isha – Salmos

DÍA 67 – Salmo 42

Dosis: Fe

Un tsunami de emociones

“Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí.” (Salmo 42:7) (NVI)

De alguna forma en esta vida todas experimentamos dolor emocional y físico que muchas veces nos llega de manera sorpresiva. Como un tsunami. Una enfermedad, la muerte de un ser querido, una traición, problemas con el esposo o con los hijos. Entonces surgen interrogantes como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué parece que Dios no me responde? El salmista no encuentra mejor manera de describir la magnitud de su sufrimiento, que comparándolo con aguas turbulentas que tienen un poder destructivo sobre su vida. ¿Te has sentido también en una tempestad? ¿Caíste en una depresión profunda?

En circunstancias así, muchas veces se nos hace difícil seguir confiando. Pero si en medio de estas circunstancias te preguntan ¿Dónde está tu Dios? Y te tientan a creer que Dios te ha abandonado, la situación será aún más dolorosa. Pues provocar la desconfianza añade más tristeza y desconsuelo si estamos abatidas. ¿Recuerdas al ciervo sediento? Vulnerable y frágil, muriendo de sed, ahora también es perseguido por cazadores que le arrojan flechas.

¿Alguna vez reprocharon tu fidelidad y devoción? ¿Criticaron tu fe? ¿Te hicieron pensar que Dios no te escuchaba ni respondía? El salmista nos recuerda que Dios jamás está en retirada, y quienes lo conocemos sabremos siempre dónde hallarlo en cualquier circunstancia por eso dice: “Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. Y le digo a Dios, a mi Roca: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?» Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»”

El salmista sigue dialogando con su alma y se exhorta a sí mismo a no abatirse, a no turbarse, motivándose a seguir esperando en el Señor. Abre su corazón y en una reflexión personal e íntima se dice: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

De esta manera decide seguir confiando en Dios. De un estado anímico débil, depresivo, el salmista en oración avanza hacia la fe. ¿Crees también que Dios es tu roca? ¿Experimentas estabilidad y fortaleza en su presencia? Recuerdas su promesa: “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas… Porque sólo Dios puede darnos esa capacidad de trasladarnos de la angustia a la seguridad y la esperanza.

Oración: Señor enséñame a confiar y a aferrarme a ti en cualquier tormenta de mi vida. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 82). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Hágase tu voluntad

Viernes 1 Noviembre

Puesto de rodillas (Jesús) oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Lucas 22:41-42

Hágase tu voluntad

http://labuenasemilla.net/20191101

Cuando te hablo en oración,
Cuando mi corazón se eleva hacia ti,
Yo quisiera, mi Dios, mi Padre,
Aceptar todo con fe;
Como Cristo doblar la cabeza
Y decirte que es mejor
Que tu voluntad sea hecha
Y no lo que yo quiero.
Yo sé bien que tu sabiduría
Ha velado sobre mi pasado;
Pero ese mañana que me oprime
Y por el cual estoy angustiado;
Que mi fe siempre esté dispuesta
A decirte que es mejor
Que tu voluntad sea hecha
Y no lo que yo quiero.
Sí, mi Dios, en mi oración
Yo busco tu voluntad
La acepto toda entera
Confiando en tu bondad.
Como Cristo, doblando la cabeza
Reconozco que es mejor
Que tu voluntad sea hecha
Y no lo que yo quiero.

(Traducción literal del francés)

Lo importante no es que Dios haga nuestra voluntad, sino que hagamos la suya; –no es vivir mucho tiempo, sino vivir en sumisión a Dios; –no es lo que hacemos, sino cómo y por qué lo hacemos; –no es lo que piensan y dicen de nosotros los demás, sino lo que somos a los ojos de Dios; –no es tener muchos conocimientos bíblicos, sino poner en práctica los que poseemos; –no es que uno mismo sea feliz, sino hacer feliz a los que nos rodean.

Ester 5-6 – Juan 16 – Salmo 119:97-104 – Proverbios 26:19-20

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