Confesar para ser Libres

Isha – Salmos

DÍA 50 – Salmo 32

Dosis: Perdón

Confesar para ser Libres

“Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño.” (Salmo 32:1–2) (NVI)

En este Salmo David expresa una experiencia de vida que le hizo conocer la dicha del perdón divino. El Salmo destaca el perdón como una fuente de alegría y seguridad. David nos enseña que la verdadera felicidad consiste en contar con el favor, la gracia y la misericordia de Dios. David pecó, y mientras no confesó su pecado a Dios, sintió que se secaba espiritualmente. El pecado oculto, afectó sus emociones y hasta su salud física. Arrepentirse y confesar su transgresión no sólo lo liberó sino lo sanó y restauró. Sólo entonces obtuvo paz en su conciencia.

David utiliza cuatro palabras o nombres para referirse en forma completa al pecado del hombre: transgresión, pecado, iniquidad y engaño. Conocer el significado de estas palabras nos ayudarán a examinar nuestro corazón:

Transgresión significa: rebelión. Denota violación de la ley de Dios, mediante un acto consciente que se opone al mandato divino. Es desobediencia e incluye todos los actos de pecado, ya sean hechos, palabras y pensamientos contra los preceptos de Dios. Pecado significa “faltar a la voluntad y a la ley de Dios, errar el blanco”. Ya sea de pensamiento, palabra u obra. Iniquidad se refiere a algo que es torcido, pervertido o tornado de las intenciones divinas. Expresa la entera depravada naturaleza del hombre. Representa la profunda fuente de corrupción de donde proceden transgresiones y pecados. Engaño es un elemento sutil falso, torcido, deshonesto. ¿Erraste en el blanco, te rebelaste a la ley de Dios?

Pero lo interesante es que Dios proveyó una solución para cada una de estas situaciones. Por eso David puede decir que seremos bienaventuradas, felices y dichosas si experimentamos su misericordia manifiesta en: Perdón: Frente a la transgresión. Cuando Dios nos perdona, nos absuelve, nos libra de culpa por la sangre que Cristo derramó en la cruz por nosotras y nos trata como si no hubiéramos cometido el pecado.

Cubierto: Cristo es la propiciación por nuestros pecados. Él es la cubierta sobre la que nos protegemos. De la misma forma en que se cubre la desnudez para que no aparezca nuestra vergüenza. Nuestro pecado es cubierto por la justicia de Cristo.116 No culpa de iniquidad: Significa “no imputar” la palabra en el original significa literalmente “no pensar en ello”. Significa que al perdonarnos Dios olvida, nos justifica y nos trata como si fuéramos dignas de confianza. Por último la expulsión del engaño a la que hace referencia David es el limpiamiento. Dios quiere quitar el mal de nuestro corazón y darnos un espíritu nuevo. Si quieres experimentar la dicha del perdón examina tu corazón y confiésale a Dios aquello que te avergüenza.

Oración: Señor enséñame a reconocer mis transgresiones y pecados, y líbrame de iniqudad y engaño. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 65). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Boca y Refugio

DÍA 49

Salmo 31

Dosis: Seguridad

Boca y Refugio

“En ti, SEÑOR, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mí tu oído, y acude pronto a socorrerme. Sé tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación. Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre.” (Salmo 31:1–3) (NVI)

Este Salmo es una conmovedora declaración de confianza, en el cual el poeta declara la seguridad que tiene en Dios como su roca y su refugio. En tiempos de persecución y angustia, su estabilidad y confianza está en Dios. Una vez más la fe y la oración van de la mano en tiempos de crisis.

Se cree que David escribió este Salmo cuando era perseguido por Saúl por eso dice: “Líbrame de la trampa que me han tendido, porque tú eres mi refugio. En tus manos encomiendo mi espíritu; líbrame, SEÑOR, Dios de la verdad.”

Con total sinceridad David describe sus apuros y la condición en que se encuentra: “Tenme compasión, SEÑOR, que estoy angustiado; el dolor está acabando con mis ojos, con mi alma, ¡con mi cuerpo! La vida se me va en angustias, y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando. Por causa de todos mis enemigos, soy el hazmerreír de mis vecinos; soy un espanto para mis amigos; de mí huyen los que me encuentran en la calle. Me han olvidado, como si hubiera muerto; soy como una vasija hecha pedazos. Son muchos a los que oigo cuchichear: «Hay terror por todas partes.» Se han confabulado contra mí, y traman quitarme la vida.”

¡Terrible descripción! ¿Alguna vez te sentiste como una vasija hecha pedazos? Sin embargo, David declara que Dios es su única esperanza y está seguro que Dios conoce las angustias de su alma. Por eso compone un salmo que es a la vez oración y clamor, acción de gracias y alabanza: “Me alegro y me regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma. No me entregaste al enemigo, sino que me pusiste en lugar espacioso.”

¿Cuántas de nosotras podríamos decir palabras semejantes en tiempos de crisis? En medio de la aflicción, cuando todo parece oscuro y deprimente. Aunque como ser humano David tenía los mismos temores que nosotras en tiempos de debilidad, él se aferra a la fidelidad y a la misericordia de un Dios que conoce y lo tiene por hijo; por eso puede decirle: líbrame, sálvame, en ti espero y confío: “Pero yo, SEÑOR, en ti confío, y digo: «Tú eres mi Dios.» Mi vida entera está en tus manos; líbrame de mis enemigos y perseguidores.

Que irradie tu faz sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame.”

Oración: Señor enséñame a confiar en ti como mi roca y mi justicia cuando la angustia y el dolor me atormenten. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 64). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Libradas por ÉL

DÍA 48

Salmo 30

Dosis: Gozo

Libradas por ÉL

“Te exaltaré, SEÑOR, porque me levantaste, porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí. SEÑOR mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste. Tú, SEÑOR, me sacaste del sepulcro; me hiciste revivir de entre los muertos.” (Salmo 30:1–3) (NVI)

¿Cuál fue la peor experiencia de la que Dios te libró? ¿Una penosa enfermedad, depresión, amenaza de muerte? Recuerdo una tarde en que iba a ser atacada por dos delincuentes que inexplicablemente huyeron en el momento de acercarse a mí. Volteé para mirar y agradecer a quien creía me había defendido y la calle seguía desierta. Ese día tuve la certeza que Dios había enviado a un ángel para protegerme.

En este Salmo, David da gracias a Dios por haber recobrado la salud o haber sido librado de algún peligro de muerte. El exalta a Dios porque clamó y Dios no solamente lo escuchó, sino lo sanó y lo libró de la muerte. En base a esta experiencia de vida, David anima y convoca a otros para que juntamente con él, alaben su nombre: “Canten al SEÑOR, ustedes sus fieles; alaben su santo nombre. Porque sólo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.”

¡Qué hermosas figuras para describir la gracia y la misericordia de un Dios cuyo enojo dura un instante pero su bondad toda la vida! Este Salmo me anima particularmente a contar las maravillas que Dios ha hecho en mi vida, a consolar a otros, a sembrar fe y esperanza en el que sufre, a confesar y esperar la liberación de un Dios bueno que quiere rescatarnos, aún de experiencias tan dolorosas como la muerte.

Hay mucha instrucción en este Salmo, pues David reconoce que cuando todo le iba bien, vivía confiado en que jamás sería conmovido, cuando repentinamente le vino la aflicción: “Cuando me sentí seguro, exclamé: «Jamás seré conmovido.» Tú, SEÑOR, en tu buena voluntad, me afirmaste en elevado baluarte pero escondiste tu rostro, y yo quedé confundido.” ¡Cuántas personas confían en su prosperidad y bienestar! Permitiendo que el orgullo y la arrogancia aniden en sus corazones. Pero de pronto las situaciones cambian, entonces David hace lo correcto, clama a Dios desde lo profundo de su dolor y la respuesta que obtiene es maravillosa: “Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta, para que te cante y te glorifique, y no me quede callado. ¡SEÑOR mi Dios, siempre te daré gracias!”

Sólo Dios tiene la capacidad de transformar nuestras circunstancias a este nivel, de cambiar nuestro llanto en alegría, y nuestro luto en fiesta. ¡Sólo Él puede transformar nuestras quejas y lamentos en alabanza!

Oración: Señor gracias porque tú nos libras de temores, dolores y conviertes nuestros lamentos en alabanzas. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 63). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La voz potente de Dios

DÍA 47

Salmo 29

Dosis: Omnipotencia y Soberanía

La voz potente de Dios

“Tributen al SEÑOR, seres celestiales, tributen al SEÑOR la gloria y el poder. Tributen al SEÑOR la gloria que merece su nombre; póstrense ante el SEÑOR en su santuario majestuoso. La voz del SEÑOR está sobre las aguas; resuena el trueno del Dios de la gloria; el SEÑOR está sobre las aguas impetuosas.” (Salmo 29:1–3) (NVI)

Recuerdo la primera vez que presencié una tempestad. Sentí temor a pesar que sabía que tormentas tropicales eran habituales en el país que visitaba. La lluvia no cesaba, los relámpagos encendían el cielo y los truenos ensordecían. Parece ser que David compuso este salmo en medio de truenos, relámpagos y lluvia. Así hace notar de forma poética, el poder que Dios tiene sobre la naturaleza y cualquier tempestad de nuestra vida, su Señorío sobre el universo: “El SEÑOR tiene su trono sobre las lluvias; el SEÑOR reina por siempre.”

Lo primero que hace David es enfatizar que la gloria y el poder le pertenecen a este Dios majestuoso y poderoso. Y así como los seres celestiales le tributan la gloria y la honra que merece su nombre, nosotras también debemos aprender a adorarle “en la hermosura de su santidad” ¿Cómo adoras a ese Dios majestuoso que tiene poder sobre el universo y tu vida?

David escuchaba la voz de Dios en el trueno, por eso utiliza hermosas metáforas para describir el poder y la eficacia de esa voz que debemos aprender a escuchar, honrar y temer:

“La voz del SEÑOR resuena potente; la voz del SEÑOR resuena majestuosa. La voz del SEÑOR desgaja los cedros, desgaja el SEÑOR los cedros del Líbano; hace que el Líbano salte como becerro, y que el Hermón salte cual toro salvaje. La voz del SEÑOR lanza ráfagas de fuego; la voz del SEÑOR sacude al desierto; el SEÑOR sacude al desierto de Cades. La voz del SEÑOR retuerce los robles y deja desnudos los bosques; en su templo todos gritan: «¡Gloria!»

¡Hermosas figuras que ilustran la actuación extraordinaria del poder de Dios! La voz de Dios en el trueno es tan potente que desgaja los bosques de cedros del Líbano, que eran considerados ejemplos de robustez y alturas entre todos los otros. David reconocía la voz de Dios en los relámpagos y rayos, pues la describe “como llamas o ráfagas de fuego”. ¡Qué belleza al describir a un Dios soberano y majestuoso!

Confirma así, que nada de lo que suceda en este mundo escapa a la soberanía de este Señor que es Rey del universo. Pero este Dios todopoderoso, que “sacude y hace saltar a la naturaleza” es a la vez un Dios personal, por eso concluye describiendo las bendiciones especiales que Él otorga a su pueblo: “El SEÑOR fortalece a su pueblo; el SEÑOR bendice a su pueblo con la paz.”

Oración: Señor que jamás olvide que eres soberano sobre toda tormenta de mi vida y que puedo experimentar siempre tu paz. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 62). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Alza tus manos

DÍA 46

Salmo 28

Dosis: Alabanza y Consolación

Alza tus manos

“A ti clamo, SEÑOR, roca mía; no te desentiendas de mí; porque si guardas silencio, ya puedo contarme entre los muertos. Oye mi voz suplicante cuando a ti acudo en busca de ayuda, cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo.” (Salmo 28:1–2) (NVI)

Nuevamente la amenaza, el peligro y la adversidad es el origen del clamor del salmista. El cual eleva una oración de ayuda reclamando el juicio divino frente a las personas malvadas, para finalmente concluir alabando intensamente al Señor.

Es una súplica intensa y humilde. Al leer estos versos me pregunto: ¿Qué circunstancia tan difícil podía estar atravesando el salmista que suplica no ser abandonado, pues eso sería como morir? Aunque todas atravesamos circunstancias difíciles he conocido a algunas mujeres que han sufrido más que otras. ¡Y qué gran lección me han dado algunas de ellas! Cuando frente a dolores tan intensos como la pérdida de un hijo o un esposo, o frente a una enfermedad terminal, no han sucumbido en la desesperación ni en la incredulidad. ¡Se han aferrado a su Dios! ¡Han clamado con lágrimas, abriendo sus corazones con sinceridad para ser divinamente consoladas!

El salmista dice que “alza sus manos hacia el templo”, en humildad y respeto, según la costumbre judía. Aunque alzar las manos para muchos pudiera haber sido una conducta aprendida, hay quienes alzamos las manos en adoración porque hay una fuerza superior a nosotras mismas que nos las levanta. Es la fuerza del amor, cuando estamos adorándole y somos tan conscientes de su santa presencia, no hacemos sino levantar nuestras manos. Amada, alza tus manos a Él cuando sientas que tu corazón se desgarra porque sólo de su trono puede provenir el consuelo. El salmista las alzaba esperando también recibir la respuesta de su Dios.

Luego de elevar su súplica para que lo defienda de los malvados, el poeta declara: “Bendito sea el SEÑOR, que ha oído mi voz suplicante. El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias.”103

¡Qué interesante que un Salmo que inicia como una súplica, en una situación de angustia, pueda terminar en adoración y alabanza. Aunque no se hubieran solucionado todos los problemas, aunque las amenazas pudieran estar aún presentes, el salmista se aferra a la oración y en fe declara: “El SEÑOR es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, y cual pastor guíalos por siempre.”

Oración: Señor enséñame a confiar en ti en tiempos de oscuridad y alzar mis manos en fe, con amor, reverencia y gratitud.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 61). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Una Verdadera Adoradora

DÍA 45

Salmo 27

Dosis: Confianza

Una Verdadera Adoradora

“Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida; para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo.” (Salmo 27:4) (NVI)

¡Qué ternura encierran estas palabras! Brotan de un alma que reconoce que su protección y fortaleza provienen de su Salvador! Entonces sólo espera llegar al templo para adorarle, presentarle sus ofrendas y expresarle su gratitud. ¡Y quiere hacerlo todos los días de su vida! Porque ama estar en su presencia. ¿Amas de esta forma a Dios? ¿Anhelas estar en su presencia?

El salmista busca a Dios con todo su corazón y en él encuentra la seguridad: “Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca.” Expresiones de confianza y seguridad en medio de la crisis. Él está seguro que Dios lo hará prevalecer frente a sus enemigos, que escuchará su voz y le responderá y no lo desamparará.100

Hace una declaración que nos deja atónitas: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el SEÑOR me recibirá en sus brazos.” Porque está seguro que no hay amor más grande que el de su Dios. Los seres humanos pueden fallarnos, pero jamás nuestro Padre celestial.

Él nos deja una guía clara de cómo orar cuando estamos en dificultades, si lees todo el salmo encontrarás los siguientes verbos: “oye, ten misericordia, respóndeme, no escondas, no apartes, no me dejes, no me desampares, enséñame, guíame, y no me entregues.” Luego vuelve a reiterar su seguridad en la bondad de su Señor y nos anima a poner nuestra confianza nuevamente en él: “Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el SEÑOR!

Sea lo que sea que estemos viviendo, ¿cómo no superar el temor si confiamos en un Dios así? Pero esa seguridad debe llevarnos a la adoración y la alabanza. En una época que el temor, el afán y la ansiedad nos domina, que corremos de un lado a otro, ¡qué paz nos infunden estas palabras! Él quiere ponernos en alto, sobre una roca, Él es nuestro refugio, seamos agradecidas y aprendamos a adorarle.

Oración: Señor enséñame a confiar plenamente en tu amor y a contemplar tu hermosura adorándote. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 60). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Seguridad en Dios

DÍA 44

Salmo 27

Dosis: Confianza

Seguridad en Dios

“El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme? Cuando los malvados avanzan contra mí para devorar mis carnes, cuando mis enemigos y adversarios me atacan, son ellos los que tropiezan y caen. Aun cuando un ejército me asedie, no temerá mi corazón; aun cuando una guerra estalle contra mí, yo mantendré la confianza.” (Salmo 27:1–3) (NVI)

¿Te es difícil superar el temor y la ansiedad en estos tiempos? ¿Cuál es la mayor amenaza que has enfrentado en tu vida? ¿Qué palabras brotaron entonces de tus labios? Este Salmo es un mensaje de aliento y esperanza para enfrentar las crisis de la vida confiando en Dios. El salmista dice: “El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?”

Confieso que para mí ha sido muchas veces difícil superar el temor y la ansiedad. Depositar la confianza en un Dios que sabemos nos ama, pero no vemos, es un reto de fe. En momentos de adversidad debemos recordar sus atributos para animarnos a confiar y a asirnos de Él con esperanza. Las bases de nuestra confianza deben ser: su amor, omnipotencia, soberanía, sabiduría, misericordia, gracia, bondad, justicia.

Mientras algunas personas caen en la desesperación y le increpan a Dios su supuesto olvido o indiferencia, el salmista dice: “Él es mi luz, mi salvación, y fortaleza”. Examinemos estas hermosas figuras: la luz disipa las tinieblas y es especialmente importante cuando la adversidad o el sufrimiento es nuestra oscuridad. Sólo Dios tiene poder para eliminar cualquier tipo de tinieblas de nuestra vida.

La palabra “salvación” habla de liberación, rescate y victoria. Dios es quien nos da los triunfos en nuestras batallas personales. Sólo Él es nuestra salvación. Resulta interesante el lenguaje militar del salmista, él enfrentaba verdaderas batallas bélicas y sabía reconocer que el triunfo en la guerra provenía de Dios.

Y la palabra “baluarte” también traducida como “fortaleza” transmite la idea de refugio, seguridad, confianza. Los enemigos del salmista, sus adversarios eran grandes ejércitos, que querían destruirlo “devorar sus carnes” sin embargo él enfatiza “no temerá mi corazón”. El cree, y confiesa la seguridad que tiene en Dios frente a las crisis que puedan presentarse, él afirma su fe con convicción y por eso puede alabarle y adorarle.

Oración: Señor enséñame a confiar plenamente en tus atributos y a expresarte mi confianza con convicción. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 59). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En la Intimidad

DÍA 43

Salmo 26

Dosis: Consagración

En la Intimidad

“Hazme justicia, SEÑOR, pues he llevado una vida intachable; ¡en el SEÑOR confío sin titubear! Examíname, SEÑOR; ¡ponme a prueba! purifica mis entrañas y mi corazón.” (Salmo 26:1–2) (NVI)

¿Cuántas de nosotras nos atreveríamos a decir estas palabras? El salmista declara su integridad e inocencia apelando a la justicia de Dios, tal vez como muy pocas de nosotras podríamos hacerlo. Aunque a simple vista las palabras del Salmo podrían sonar arrogantes, la verdadera actitud del poeta es la humildad y su meta es suplicar la misericordia divina.

Sólo Dios nos conoce íntimamente. Sólo él lee nuestros pensamientos y escudriña nuestros corazones.

El salmista no tiene temor de solicitarle a Dios el reconocimiento de su integridad, testimonio y buenas acciones. Se trata de un adorador que no teme porque ha vivido confiado en el Señor: “Tu gran amor lo tengo presente y siempre ando en tu verdad.” Parece ser que no tiene de qué avergonzarse y que su anhelo es la adoración: “Con manos limpias e inocentes camino, SEÑOR, en torno a tu altar, proclamando en voz alta tu alabanza y contando todas tus maravillas. SEÑOR, yo amo la casa donde vives, el lugar donde reside tu gloria.96 ¿Amas con la misma intensidad la casa de Dios? ¿Eres consciente de la santidad que se requiere para adorarle?

En este poema el salmista nos traza la ruta de la verdadera adoración. Nos dice que ésta debe hacerse con integridad y verdad, con un corazón limpio que se cultiva a lo largo de la vida. Recordemos las palabras que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Esta mañana estuve en el Templo, entoné las alabanzas, participé de la Santa Cena y fui ¡tan consciente de mi indignidad! Examiné mis pensamientos, revisé mis motivaciones, y sencillamente no podría repetir las palabras del salmista. Aunque mi estilo de vida intenta honrarlo, aunque mi corazón está en su casa, aunque lo amo con todo mi corazón, reconozco que debo limpiar aún más mi vida y que sólo por su misericordia aprenderé a caminar en integridad. Para finalmente confesar como el salmista: “Tengo los pies en terreno firme, y en la gran asamblea bendeciré al SEÑOR.

Oración: Señor confío en tu misericordia, en que harás de mí una mujer conforme a tu corazón. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 58). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

En sintonía con Dios

DÍA 42

Salmo 25

Dosis: Gracia y Perdón

En sintonía con Dios

“SEÑOR, hazme conocer tus caminos; muéstrame tus sendas. Encamíname en tu verdad, ¡enséñame! Tú eres mi Dios y Salvador; ¡en ti pongo mi esperanza todo el día! Acuérdate, SEÑOR, de tu ternura y gran amor, que siempre me has mostrado; olvida los pecados y transgresiones que cometí en mi juventud. Acuérdate de mí según tu gran amor, porque tú, SEÑOR, eres bueno.” (Salmo 25:4–7) (NVI)

¡Qué oración más hermosa para hacerla nuestra! Pedirle a Dios que nos muestre sus caminos, que nos enseñe y nos guíe en su verdad. Que tenga presente su gran amor por nosotras y que olvide nuestros pecados.

Dios nos salva y nos instruye. Pero es necesario que como expresa el salmista nosotras lo anhelemos y también le digamos: “muéstrame, enséñame, guíame, encamíname” para estar en sintonía con él. Podemos haberle entregado nuestro corazón, pero el afán y la ansiedad, el trajín, las preocupaciones, los problemas pueden distanciarnos de él y hasta conducirnos a tomar decisiones erradas lejos y fuera de su voluntad.

Esta oración expresa el deseo de una vida justa, recta y honesta. Por eso el salmista pide además el perdón de los pecados de su juventud confiando siempre en su misericordia. Cuando ora así, lo hace confiado en los atributos de Dios: “Bueno y justo es el SEÑOR; por eso les muestra a los pecadores el camino. Él dirige en la justicia a los humildes y les enseña su camino. Todas las sendas del SEÑOR son amor y verdad para quienes cumplen los preceptos de su pacto.”

Y está seguro que le extenderá una vez más su misericordia: “Por amor a tu nombre, SEÑOR, perdona mi gran iniquidad.” “Por amor a su nombre quiere decir: por su fidelidad, por su pacto, por su naturaleza santa, por su compromiso con los que se arrepienten y humillan.

Todas, como la rebelde Israel, tenemos un corazón pecaminoso, que va a necesitar arrepentirse y humillarse delante de Dios. En más de una ocasión he tomado para mí estas palabras: “Desde ahora te haré conocer cosas nuevas; cosas que te son ocultas y desconocidas. Son cosas creadas ahora, y no hace tiempo; hasta hoy no habías oído hablar de ellas; para que no dijeras: “¡Sí, ya las sabía!” Nunca habías oído ni entendido; nunca antes se te había abierto el oído. Yo sé bien que eres muy traicionera, y que desde tu nacimiento te llaman rebelde. Por amor a mi nombre contengo mi ira; por causa de mi alabanza me refreno, para no aniquilarte. ¡Mira! Te he refinado pero no como a la plata; te he probado en el horno de la aflicción. Y lo he hecho por mí, por mí mismo. ¿Cómo puedo permitir que se me profane? ¡No cederé mi gloria a ningún otro!”

¡Dios nos perdona,¡ y nos da las evidencias de su gracia. Por lo cual puedo ahora escribir esto.

Oración: Señor ayúdame a buscar tu dirección, a confiar en tu misericordia y perdona mis pecados. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 57). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Libres de la Vergüenza

DÍA 41

Salmo 25

Dosis: Libertad

Libres de la Vergüenza

“A ti, SEÑOR, elevo mi alma, mi Dios, en ti confío; no permitas que sea yo humillado, no dejes que mis enemigos se burlen de mí. Quien en ti pone su esperanza jamás será avergonzado; pero quedarán en vergüenza los que traicionan sin razón.” (Salmo 25:1–3) (NVI)

Este salmo se inicia con una hermosa frase: “A ti, Señor elevo mi alma”, y significa levantar el corazón a Dios, dirigirse a él en oración (literalmente en el hebreo: “arriba los corazones”). El salmista tiene un corazón humilde, y con esta actitud es que ora y pide siempre la intervención divina para toda circunstancia ya sea de su vida o de su pueblo reiterándole su confianza: “Dios mío en ti confío”.

Uno de sus deseos es no ser avergonzado. La vergüenza es un sentimiento penoso que puede arraigarse en el corazón de hombres y mujeres. Y nos sucede a muchas, un acto que rebaja ante la vista propia o ajena que nos hace sentir muy mal con nosotras mismas. De pronto creemos que no somos lo suficientemente buenas, que nos falta algo, que no somos como las otras, o nos sentimos incompletas, inadecuadas e incapaces y nos aislamos o escondemos. Cualquier mujer puede ser presa de la vergüenza. Y cualquier persona podría avergonzarnos. Lo malo es que la vergüenza puede llegar a impregnar nuestra identidad aunque viva escondida dentro de nosotras.

En el antiguo testamento Dios se dirige a la nación del pueblo de Israel como si fuera una mujer, le dice que él es su Hacedor, Su Salvador y su esposo. Esta nación Israel había sido afrentada y avergonzada por su rebelión y desobediencia, sin embargo, Dios no quiere que siga viviendo en esta condición y le dice: “No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada. Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez. Porque el que te hizo es tu esposo; su nombre es el SEÑOR Todopoderoso. Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!

Amada ¿hay algo que te avergüenza de tu pasado? ¿Te avergonzaron tus padres, tu esposo o tus hijos? Eleva tu alma al Señor y pídele que te libere de la vergüenza. Él no quiere que camines por la vida con la cabeza gacha. Él dice que es “tu esposo y tu Hacedor”. Créele. Permite que te libere de la vergüenza y como el salmista confía en su bondad divina.

Oración: Señor enséñame a elevar mi corazón a ti y a liberarme de la vergüenza. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 56). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.