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Devocional, Familia, Todos los Artículos, Vida Cristiana

Libradas por ÉL

DÍA 48

Salmo 30

Dosis: Gozo

Libradas por ÉL

“Te exaltaré, SEÑOR, porque me levantaste, porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí. SEÑOR mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste. Tú, SEÑOR, me sacaste del sepulcro; me hiciste revivir de entre los muertos.” (Salmo 30:1–3) (NVI)

¿Cuál fue la peor experiencia de la que Dios te libró? ¿Una penosa enfermedad, depresión, amenaza de muerte? Recuerdo una tarde en que iba a ser atacada por dos delincuentes que inexplicablemente huyeron en el momento de acercarse a mí. Volteé para mirar y agradecer a quien creía me había defendido y la calle seguía desierta. Ese día tuve la certeza que Dios había enviado a un ángel para protegerme.

En este Salmo, David da gracias a Dios por haber recobrado la salud o haber sido librado de algún peligro de muerte. El exalta a Dios porque clamó y Dios no solamente lo escuchó, sino lo sanó y lo libró de la muerte. En base a esta experiencia de vida, David anima y convoca a otros para que juntamente con él, alaben su nombre: “Canten al SEÑOR, ustedes sus fieles; alaben su santo nombre. Porque sólo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.”

¡Qué hermosas figuras para describir la gracia y la misericordia de un Dios cuyo enojo dura un instante pero su bondad toda la vida! Este Salmo me anima particularmente a contar las maravillas que Dios ha hecho en mi vida, a consolar a otros, a sembrar fe y esperanza en el que sufre, a confesar y esperar la liberación de un Dios bueno que quiere rescatarnos, aún de experiencias tan dolorosas como la muerte.

Hay mucha instrucción en este Salmo, pues David reconoce que cuando todo le iba bien, vivía confiado en que jamás sería conmovido, cuando repentinamente le vino la aflicción: “Cuando me sentí seguro, exclamé: «Jamás seré conmovido.» Tú, SEÑOR, en tu buena voluntad, me afirmaste en elevado baluarte pero escondiste tu rostro, y yo quedé confundido.” ¡Cuántas personas confían en su prosperidad y bienestar! Permitiendo que el orgullo y la arrogancia aniden en sus corazones. Pero de pronto las situaciones cambian, entonces David hace lo correcto, clama a Dios desde lo profundo de su dolor y la respuesta que obtiene es maravillosa: “Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta, para que te cante y te glorifique, y no me quede callado. ¡SEÑOR mi Dios, siempre te daré gracias!”

Sólo Dios tiene la capacidad de transformar nuestras circunstancias a este nivel, de cambiar nuestro llanto en alegría, y nuestro luto en fiesta. ¡Sólo Él puede transformar nuestras quejas y lamentos en alabanza!

Oración: Señor gracias porque tú nos libras de temores, dolores y conviertes nuestros lamentos en alabanzas. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 63). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

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