2 Samuel 3 | 1 Corintios 14 | Ezequiel 12 | Salmo 51

9 SEPTIEMBRE

2 Samuel 3 | 1 Corintios 14 | Ezequiel 12 | Salmo 51

El contenido de Ezequiel 12 es fácil de entender.

Podemos imaginarnos el poder de los actos simbólicos de Ezequiel. A la vista de los exiliados, prepara su exiguo equipaje como si fuese un habitante de Jerusalén preparándose para una marcha de más de mil kilómetros hasta el exilio. Tendría que llevar sobre sus hombros lo que pudiese llevar. Por la noche, abre un agujero en el muro de adobe de su propia casa, lo cual simboliza probablemente el intento inútil de fuga de Sedequías y sus más allegados (2 Reyes 25:4; Jeremías 39:4): huyeron, pero no pudieron escapar. Ezequiel hace todas estas cosas sin decir una palabra y comunica un mensaje la mañana siguiente: “Yo soy una señal para vosotros. Lo que hice yo, os va a pasar a vosotros, pues seréis llevados cautivos al exilio” (12:11).

Seguidamente, añade más explicaciones (12:12–16).

El segundo acto simbólico abunda en algo que ya está teniendo lugar. Ezequiel seguía sometido al racionamiento de la comida impuesto en 4:9–17 debido al hambre. Ahora, cuando come su parte, tiembla y simula estar aterrorizado y desesperado (12:17–20).

Después encontramos la sorprendente aplicación. El pueblo ha oído a muchos profetas y se ha vuelto tan escéptico que suele repetir dos proverbios: “Se cumple el tiempo, pero no la visión” (12:22); “El pueblo de Israel anda diciendo que tus visiones son para un futuro distante, y que tus profecías son a largo plazo” (12:27). Después de todo, no solo hay falsos profetas alrededor, sino que incluso los verdaderos, como Ezequiel y Jeremías (en Jerusalén), siguen prometiendo la destrucción de la ciudad pero continúan pasando los años con sus poderosos muros intactos. El segundo ha estado haciéndolo durante décadas. Sin duda, Dios considera el largo retraso como una prueba clara de su paciencia y misericordia, proveyendo múltiples oportunidades de arrepentimiento; el pueblo simplemente ha caído en el escepticismo. Así pues, el juicio llegará ciertamente, dice Ezequiel, y los proverbios populares ya no se pronunciarán más.

Pedro aplica la misma idea a los cristianos, sacada de otro relato del Antiguo Testamento. Después de que comenzasen las advertencias, pasaron décadas antes de que se produjese el diluvio y nadie estuvo preparado para el mismo excepto Noé y su familia. Por tanto, no es sorprendente que, en los “últimos días”, los que transcurrirán entre la primera venida de Cristo y la segunda, estos en que vivimos, surjan nuevas generaciones de personas que se mofan y hacen gala del mismo escepticismo malvado: “¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:3–4). Sin embargo, el diluvio llegó, como también lo hará el fuego.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 252). Barcelona: Publicaciones Andamio.

2 Samuel 2 | 1 Corintios 13 | Ezequiel 11 | Salmo 50

8 SEPTIEMBRE

2 Samuel 2 | 1 Corintios 13 | Ezequiel 11 | Salmo 50

Ezequiel 11 nos presenta dos acciones altamente simbólicas. Una de ellas comienza en el capítulo 10 y la otra dentro del capítulo que nos ocupa:

(1) Aunque es difícil trazar con exactitud el movimiento de la gloria del Señor, parece razonablemente claro que esta, asociada al templo en el pasado, especialmente con el lugar santísimo y el arca del pacto sobre el cual los querubines extendían sus alas, lo abandona y sobrevuela el trono móvil, el mismo que Ezequiel había visto en Babilonia y que ahora se encontraba en la entrada sur del templo. Las cuatro criaturas vivientes, identificadas aquí como querubines, transportan la gloria de Dios hasta la puerta oriental (10:18–19) y después al cerro que está al oriente de la ciudad (11:23). Así pues, la presencia de Dios abandona oficialmente el templo y la ciudad. Nada podrá detener su destrucción.

(2) La imagen de la olla (11:3–12) pone de manifiesto la falsa sensación de seguridad que una ciudad poderosa y amurallada puede producir entre sus habitantes. Los jerosolimitanos se consideraban la buena carne de la “olla”, la ciudad bien rodeada y protegida por sus muros. Sin embargo, Dios mismo los arrojará de ella (11:7). No será en absoluto una “olla” para ellos” (11:11). Lo cierto es que los jerosolimitanos, a los que los exiliados encumbraban porque aún estaban en Jerusalén, eran extraordinariamente arrogantes. Los deportados ponían sus esperanzas en ellos, pero ellos consideraban a estos como basura, personas rechazadas por Dios y llevadas lejos de la tierra y del templo (11:14–15). El Señor dice que la situación se va a revertir de forma poderosa. Es cierto que él dispersó a los exiliados por las naciones. No obstante, mientras han estado lejos, Dios mismo ha sido su santuario (11:16), demostrando así que el templo no era necesario para que él estuviese presente en medio de su pueblo, para ser un “santuario” para ellos. Los habitantes de Jerusalén perecerán y, aunque desprecien a los exiliados no teniéndolos en cuenta, Dios reunirá un remanente de estos (11:17). Finalmente, formalizará un nuevo pacto que los transformará (11:18–20). Estos temas se tratan con más detalle más adelante en el libro (p. ej., cap. 36).

La visión de los capítulos 8–11 acaba con Ezequiel llevado de vuelta a Babilonia, diciendo a todos lo que había visto y oído. El libro señala los primeros hilos de esperanza, pero no en la forma que ellos deseaban. Jerusalén caerá, destruida, y los propósitos de Dios para el futuro se centran en los propios exiliados. ¡Cuántas veces ha llevado a cabo Dios su rescate, su salvación, por medio de los débiles y los despreciados!

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 251). Barcelona: Publicaciones Andamio.

2 Samuel 1 | 1 Corintios 12 | Ezequiel 10 | Salmo 49

7 SEPTIEMBRE

2 Samuel 1 | 1 Corintios 12 | Ezequiel 10 | Salmo 49

A la luz de los terribles juicios pronunciados contra Jerusalén en Ezequiel 8–11, con el comienzo de la retirada de la gloria del Señor en Ezequiel 10, deberíamos reflexionar sobre la repercusión de semejantes pecados en nuestra propia marco vital:

¿Por qué escogemos lo que sólo dura una hora

antes de tenerlo que dejar atrás?

¿Por qué las posesiones ejercen un poder brutal

que nos hace duros y desagradables?

¿Por qué las simples cosas tienen el encanto de una flor

cuyo aroma nos hace egoístas y ciegos?

Las cisternas se secan y nuestro aliento es agrio;

moramos en el valle de muerte.

¿Por qué la traición nos es tan atractiva

a quienes nos hieren y nos traicionan?

¿Por qué intercambiar la fiel devoción por la lujuria,

alejar la integridad?

¿Por qué nuestros sueños, nuestros hechos, confían en un mendigo,

por ser nuestra culpa demasiado dura de pagar?

Las cisternas se secan y nuestro aliento es agrio;

moramos en el valle de muerte.

¿Por qué nos obcecamos y representamos un papel,

convenciendo al mundo de que hemos ganado?

¿Por qué tan solo por ganar venderemos nuestra alma,

por ser el número uno?

¿Por qué anular nuestra conciencia para tener el control

desesperando por lo que recibimos?

Las cisternas se secan y nuestro aliento es agrio;

moramos en el valle de muerte.

Oh Jesús-

¿Por qué prometes apagar nuestra sed,

cuando hemos menospreciado todos tus caminos?

¿Por qué rescatas a los condenados y los malditos

muriendo nuestra muerte en nuestro lugar?

¿Por qué transformas nuestro corazón hasta que estalla

con vibrantes expresiones de alabanza?

El pozo fluye lleno de vida —y nos sentimos satisfechos—,

la fuente que fluye procede solo de ti.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 250). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 31 | 1 Corintios 11 | Ezequiel 9 | Salmo 48

6 SEPTIEMBRE

1 Samuel 31 | 1 Corintios 11 | Ezequiel 9 | Salmo 48

Si Ezequiel 8 describe la adoración corrupta que se estaba desarrollando en Jerusalén en los años que llevaron a su destrucción en 587 a.C., Ezequiel 9 habla de lo que Dios hará sobre ello.

Existen tanto un componente negativo como un elemento positivo. En su visión, Ezequiel oye que Dios llama a los “verdugos de la ciudad” (9:1). Llegan seis hombres, “cada uno con un arma mortal en la mano” (9:2). Un séptimo hombre, vestido de lino, tiene un estuche también de lino en la cintura. Dios lo comisiona a poner una señal identificativa en la frente de los que se salvarán de la matanza; encomienda a los verdugos la tarea de recorrer toda la ciudad y matar “sin piedad ni compasión” (9:5), comenzando por el propio templo. Por tanto, “aquellos hombres comenzaron a matar a los viejos que estaban al frente del templo” (9:6).

Mientras proceden a realizar su macabra tarea, Ezequiel grita: “¡Ay, Señor y Dios! ¿Descargarás tu furor sobre Jerusalén y destruirás a todo el resto de Israel?” (9:8). El Señor responde con una acusación devastadora (9:9–10) que incluye un juego de palabras: el pueblo de Israel insiste en que Dios no “ve” (o “mira”), por lo que él decide no “verlos/mirarlos” compasivamente ni salvarlos. “Por eso no tendré piedad ni compasión de ellos, sino que les pediré cuentas de su conducta” (9:10).

Ya se ha hecho alusión al elemento positivo. No todos perecen. El séptimo hombre, el que llevaba el estuche de escriba, va por la ciudad marcando la frente “de quienes giman y hagan lamentación por todos los actos detestables que se cometen en la ciudad” (9:4). Se prohíbe terminantemente a los verdugos hacer daño a estas personas (9:5). Observemos un detalle importante: los que se salvan no son los que simplemente se mantienen al margen, sino los que lamentan de forma activa la degradación espiritual de la ciudad. Puede que no tengan poder para provocar un cambio, pero no han caído en la laxitud de una indiferencia negligente.

Por supuesto, todo lo descrito aquí tiene lugar dentro del mundo visionario de Dios. En el mundo real, no debemos pensar que todos los justos y solo ellos escaparon de los sufrimientos relacionados con el asedio de Nabucodonosor: la Biblia está llena de historias en las que los justos sufren (p. ej., Nabot, el dueño de la viña). Esta visión significa que es el propio Dios quien ordena el juicio y que él mismo vindica a los que son fieles al pacto. Encontramos un simbolismo parecido al final de Apocalipsis 13 y al principio del capítulo 14 (véase la meditación del 23 de diciembre del volumen 1).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 249). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 29–30 | 1 Corintios 10 | Ezequiel 8 | Salmos 46–47

5 SEPTIEMBRE

1 Samuel 29–30 | 1 Corintios 10 | Ezequiel 8 | Salmos 46–47

Ezequiel 8–11 constituye una larga visión.

El primer versículo de Ezequiel 8 indica que esta se produce exactamente catorce meses después de la primera visión del profeta y, por tanto, después de los trescientos noventa días en que estuvo acostado sobre su lado izquierdo censurando a las tribus del norte que ya estaban en el cautiverio, y durante los cuarenta en que lo hizo sobre el lado derecho, denunciando los pecados de Judá y Benjamín. En ese momento, ya había presentado sus credenciales como profeta, por lo que los ancianos de la comunidad en el exilio van a consultarle (8:1). Probablemente, les preocupan estas acciones cargadas de simbolismo y preguntan qué acontecerá a Jerusalén, si podrán volver a casa y cuándo.

Ezequiel no responde rápidamente. Espera y Dios le da otra visión, cuyo contenido transmite finalmente a los exiliados (11:25). En ella, ve algo de Dios en aspectos que recuerdan la del capítulo 1. Dentro de este mundo visionario, el Espíritu lleva al profeta a Jerusalén, cerca de la puerta norte. Allí, le muestra varios ejemplos horribles de idolatría y sincretismo.

Primero, ve al ídolo que provoca los celos de Dios (8:3–6). La puerta del norte era la utilizada por el rey y su séquito para ir al templo. El monarca, cuya responsabilidad es dirigir al pueblo con fidelidad al pacto, es el líder de la transigencia y el sincretismo, y Dios está celoso con razón, acorde con las condiciones de su pacto (véase Éxodo 20:1–17). Segundo, el profeta ve a setenta ancianos adorando a criaturas inmundas según el pacto mosaico, animales que no se podían comer ni tocar (8:7–13). Tercero, ve mujeres profundamente comprometidas con Tamuz (8:14–15). La adoración a este dios era un culto de fertilidad, que atribuía las cosechas abundantes a un dios que moría y volvía a levantarse. Algunos de sus rituales eran terriblemente promiscuos.

Finalmente, Ezequiel ve sacerdotes (ya que únicamente ellos podían estar entre el pórtico y el altar) dando la espalda al templo y adorando al sol, no solo amando a lo creado por encima del Creador (Romanos 1:25), sino violando el pacto (Deuteronomio 4:19), influenciados quizás por el dios sol egipcio Ra.

Las formas modernas de idolatría son diferentes, por supuesto. Seguramente, no hemos llorado por Tamuz. Sin embargo, ¿busca nuestro corazón cosas que ponen celoso a Dios? ¿Amamos algo sucio y prohibido? ¿Atribuimos el éxito a cualquier cosa excepto a Dios? Puede que no caigamos en los rituales de fertilidad, pero ¿no convierte nuestra propia cultura al sexo en un dios?

La adoración corrupta sustituye y relativiza invariablemente a Dios y acaba nublando la visión moral (8:17).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 248). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 28 | 1 Corintios 9 | Ezequiel 7 | Salmo 45

4 SEPTIEMBRE

1 Samuel 28 | 1 Corintios 9 | Ezequiel 7 | Salmo 45

Por una parte, el Salmo 45 es un cántico nupcial para el rey. El primer versículo nos muestra una pincelada de las pasiones del salmista mientras compone sus líneas (cp. introducciones parecidas en 39:1–3; 49:1–4). El resto del salmo se divide en cinco secciones.

La primera (45:2–5) describe la majestad y la estatura del rey. “¡Con esplendor y majestad, cíñete la espada, oh valiente!” (45:3) y busca la verdad, la humildad y la justicia, incluso cuando lleves a cabo “gloriosas hazañas” y proezas militares (45:4–5). En la segunda (45:6–9), el salmista reflexiona sobre la persona y estado del monarca, y se dirige a él como Dios (45:6), no cambia de interlocutor para dirigirse a Dios. El versículo siguiente (45:7) demuestra que sigue hablando al rey, y es perfectamente capaz de distinguir entre él como “Dios” y el propio Todopoderoso: “Por eso Dios te escogió a ti y no a tus compañeros”. De ahí que las palabras del versículo 6 sean excesivas: “Tu trono, oh Dios, permanece para siempre”, refiriéndose en primera instancia a un rey davídico, como el resto del salmo deja claro. En la tercera sección, el salmista se dirige a la novia y la exhorta a ser fiel de por vida (45:10–12) lo cual implica “olvidar” la casa de su padre (el equivalente de Génesis 2:24), y centrar sus afectos y lealtad en su marido. La cuarta describe brevemente al grupo de la novia (45:13–15) llegando a la ceremonia, con detalles que señalan la importancia de la ocasión. Las Escrituras nunca banalizan el matrimonio, mucho menos el de un rey davídico. En la quinta sección (45:16–17), el salmista vuelve al rey (los pronombres hebreos son masculinos). Se hace hincapié en el fruto del matrimonio: los herederos que toman el lugar de su padre. Estas palabras ponen de manifiesto que el escritor está pensando en términos de procreación y sucesión ordinarias. No estamos ante un salmo mesiánico oracular.

Sin embargo, Hebreos 1:8–9 cita 45:6–7 para demostrar la superioridad esencial de Jesús sobre los simples ángeles. Tan sólo se dirige al Hijo directamente como “Dios”. ¿Por qué siente el escritor de Hebreos que puede utilizar el Salmo 45 de esta forma? Los versículos aledaños muestran que ha meditado mucho en varios pasajes y temas: 2 Samuel 7 (véase la meditación del 12 de septiembre del volumen 1), que promete una dinastía davídica eterna; varios pasajes que vinculan al rey davídico con Dios como “hijo” suyo (2 Samuel 7; Sal. 2, véase la meditación del 4 de agosto); toda una “tipología”, en la cual se entiende que David es una sombra, un tipo, un esbozo de un “David” más grande que iba a venir. Si las Escrituras (y por tanto, el Señor) se dirigen a un antiguo monarca davídico como “Dios”, ¡cuánto más no merecerá ese título el David definitivo!

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 247). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

3 SEPTIEMBRE

1 Samuel 27 | 1 Corintios 8 | Ezequiel 6 | Salmo 44

El Salmo 44 ofrece un importante contraste con los temas que hemos estado considerando en los libros proféticos. Los profetas mayores siguen vinculado estrechamente los pecados de Israel con la destrucción que Dios hizo caer sobre él: el pueblo tiene lo que se merece. Está claro que hemos hablado anteriormente del sufrimiento inocente, especialmente en Job y en algunos salmos. Sin embargo, en Salmos 44 nos topamos con el de una nación inocente.

Hubo derrotas e incluso deportaciones (44:11) antes del exilio (véase Amós 1:6, 9), por lo que no podemos saber con certeza cuándo se escribió este salmo. Ni siquiera los reyes buenos vencían siempre (p. ej., Salmo 60). Aquí, el salmista comienza repasando el pasado. Al iniciar la nación su andadura como tal, todo dependía de la intervención poderosa del Señor: “Fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas” (44:3). El salmista no está fijándose en héroes nacionales pasados, ni lamentándose por su ausencia actual. Recuerda el poder de Dios en la historia y declara que la nación sigue confiando en él (44:6–8). ¿Por qué llegan entonces esas desastrosas derrotas (44:9–16)? A diferencia del grave pecado denunciado por Isaías, en este caso predomina la fidelidad: “Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto. No te hemos sido infieles, ni nos hemos apartado de tu senda” (44:17–18).

Hacia el final del salmo, al menos dos indicios invitan al lector a reflexionar acerca de la dirección tomada por escritores bíblicos posteriores, aunque no aportan “soluciones”. (1) Cuando parece que Dios duerme, cuando se retira (44:23ss.), no está derramando su ira sobre nuestro pecado, sino que está gestionando sus propios tiempos. No admite que le metamos prisa y su “gran amor” (44:26) triunfará al final. Los altibajos de la historia cristiana adoptan la misma postura: no siempre se corresponden con los diferentes métodos o grados de lealtad. Un comentarista (F. D. Kidner) definió perfectamente la situación: “Aunque la imagen del Señor durmiendo nos pueda parecer ingenua, se representaba en el Nuevo Testamento para enseñar una lección que seguimos encontrando relevante: cp. versículo 23 con 4:8”. (2) Sorprendentemente, el salmista dice: “Por tu causa, siempre nos llevan a la muerte” (44:22, cursivas añadidas). Esta idea no se desarrolla completamente hasta que Pablo cita el versículo (Romanos 8:36ss.). Sin embargo, engloba la noción de que parte del sufrimiento sin ser consecuencia de nuestro pecado, es simplemente el resultado de ser fiel a Dios en un mundo que está en guerra con él. En tales casos, sufrir no es una señal de derrota, sino una insignia de nuestra fidelidad, comunión e incluso victoria: somos “más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 246). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 26 | 1 Corintios 7 | Ezequiel 5 | Salmos 42–43

2 SEPTIEMBRE

1 Samuel 26 | 1 Corintios 7 | Ezequiel 5 | Salmos 42–43

En Ezequiel 5, el profeta amplía en una más su lista de representaciones y después comunica las palabras de Dios que explican su significado.

Ezequiel afila una espada y la utiliza como navaja de afeitar para su cabeza y su barba. Tras atar unos pocos cabellos al borde de su manto, divide el resto en tres montones iguales. El primero lo coloca dentro de la ciudad (es decir, en la maqueta de Jerusalén que hizo, 4:1) y lo quema, quizás con un carbón encendido. El segundo lo esparce por toda la ciudad, cortándolo con su espada en trozos muy pequeños. El tercero lo esparce al viento, poco a poco, hasta que han volado todos. Después quita algunos de los cabellos atados a su manto y los arroja al fuego de la maqueta, donde se consumen.

El significado de estos actos se explica en 5:12: un tercio de la población morirá dentro de la ciudad (por el hambre provocada por el asedio), otro tercio morirá a espada en la lucha final y el restante se dispersará en el exilio.

Todo el capítulo hace hincapié en que Dios mismo es quien traerá el juicio sobre su pueblo: destaquemos cada ejemplo de “yo” en 5:8–17. Eso es lo que ocurre cuando el Señor dispara a matar (5:16). “Por causa de tus ídolos repugnantes, haré contigo lo que jamás he hecho ni volveré a hacer” (5:9); la fórmula significa que este es el peor juicio temporal posible. El propio Jesús emplea prácticamente las mismas palabras con respecto al juicio inminente sobre Jerusalén en su época (Mateo 24:21).

Dios dice que su ira debe derramarse, pero esta no es una irascibilidad ingobernable. Él afirma que, cuando se produzca el juicio, su ira se apaciguará y su enojo cesará (5:13). Este estallido de ira forma parte de una serie de los juicios acontecidos desde la Caída: la maldición de Génesis 3, el diluvio, Babel, la esclavitud en Egipto, diversos juicios en el desierto (incluyendo los cuarenta años deambulando por el mismo), etc. En ciclos de juicio correspondientes a momentos de pecado extremo, Dios derrama su ira. Todo ello forma parte de la necesaria teología bíblica que se encuentra tras Romanos 3:20–26: no hay solución para la amenaza de la ira justa de Dios sobre las criaturas que se han rebelado contra él, hasta que él mismo asuma en la persona de su Hijo la ira que merecemos, preservando su justicia mientras nos justifica.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 245). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 25 | 1 Corintios 6 | Ezequiel 4 | Salmos 40–41

1 SEPTIEMBRE

1 Samuel 25 | 1 Corintios 6 | Ezequiel 4 | Salmos 40–41

Si queremos entender las razones por las que Ezequiel debe realizar los actos que encontramos en el capítulo 4, tenemos que ponernos en el lugar de los exiliados. Al igual que las personas que estaban en Jerusalén y Judá, muchos de ellos no podían imaginar que la ciudad y el templo del gran rey pudiesen ser destruidos. Simplemente, Dios no permitiría que ocurriese. En términos generales, los exiliados en Babilonia responden a Ezequiel de la misma forma que los judíos de Jerusalén lo hacen a Jeremías: no le creen. De hecho, los primeros han buscado sin duda incentivos que mantuviesen vivas sus falsas esperanzas. Mientras la ciudad esté en pie, pueden alimentar la esperanza de que Dios los rescatará y llevará de vuelta a casa. Si cae, no habrá “hogar” al que regresar. Podemos imaginar lo desesperadamente negativas e incluso imposibles que les parecen las advertencias de Ezequiel.

Sin embargo, el profeta no se acobarda.

(1) Comienza haciendo un dibujo de Jerusalén en una gran tabla de arcilla, quizás una especie de plano de la misma, fácilmente reconocible, a fin de que los espectadores puedan saber enseguida lo que está haciendo. Levanta torres de asalto y otras máquinas de asedio, como si estuviese jugando a las guerras con juguetes caseros. Todos se dan cuenta de que la representación significa que Jerusalén será sitiada. Seguidamente, coloca una plancha de hierro entre él y la maqueta. Como profeta del Señor, él lo representa y sostiene la plancha de forma que constituye una amenaza para aquella. Si la suelta, caerá sobre la ciudad y la destruirá, demostrando el hecho de que es el propio Dios quien está amenazándola.

(2) En la siguiente sección (4:4–8), Ezequiel pasa un rato cada día acostado sobre su lado izquierdo (no está así todo el tiempo, como vemos en los siguientes versículos, que mencionan otras tareas realizadas por él). Si su cabeza apunta hacia la maqueta de Jerusalén que ha hecho, y su cuerpo reposa sobre un eje este-oeste, cuando se acuesta sobre su lado izquierdo está mirando al norte, hacia Israel, las diez tribus que ya han ido al cautiverio asirio. Tiene que llevar a cabo esta representación durante trescientos noventa días (¡más de un año!). Después de ese período, lo verán acostado sobre su lado derecho, mirando hacia el sur y amenazando, por tanto, a Judá con juicio y desastre.

(3) En la antigüedad, cuando una ciudad sufría un asedio y las provisiones escaseaban, sus habitantes se veían obligados a hacer pan con habas y lentejas secas mezcladas con la poca harina que quedaba. Comían unas raciones extremadamente pequeñas (unos 200g. de “pan”), bebían un poco de agua y se iban consumiendo. Cocinaban su comida sobre excrementos de vaca (como en los barrios pobres de la India) porque no había madera. Ezequiel afirma que estos acontecimientos se producirán “a causa de sus pecados” (4:17).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 244). Barcelona: Publicaciones Andamio.

1 Samuel 24 | 1 Corintios 5 | Ezequiel 3 | Salmo 39

31 AGOSTO

1 Samuel 24 | 1 Corintios 5 | Ezequiel 3 | Salmo 39

Dos de los temas de Ezequiel 3, intrínsecos al llamamiento de Ezequiel, pueden esclarecerse provechosamente:

Primero, la parte inicial muestra lo importante que es para el profeta comprender a Dios y su perspectiva. Desde las últimas líneas del capítulo 2, entrando en el principio del 3, Dios ordena a Ezequiel en su visión que coma un rollo que “contenía lamentos, gemidos y amenazas” (2:10), escritos por ambos lados. El profeta lo hace y dice que “era tan dulce como la miel” (3:3). ¿Por qué iba ser dulce un rollo lleno de “lamentos, gemidos y amenazas”? El sentido de la visión es que las palabras de Dios son dulces para Ezequiel simplemente porque proceden del Señor. Él conoce todas las cosas; sabe lo que es correcto. Por ello, incluso cuando sus palabras vaticinan juicio y calamidad, existe un sentido en el que el profeta debe comprender la perspectiva de Dios.

De forma parecida en los siguientes versículos (3:4–9): Dios no envía a Ezequiel a una cultura extranjera en la que el primer paso sea aprender la lengua local. Lo ha llamado a hablar al pueblo de su propio legado. Sin embargo, se encontrará con que no están dispuestos a escucharle, precisamente porque no quieren escuchar a Dios (3:7). Así pues, él promete: “No obstante, yo te haré tan terco y obstinado como ellos. ¡Te haré inquebrantable como el diamante, inconmovible como la roca! No les tengas miedo ni te asustes, por más que sean un pueblo rebelde” (3:8–9). Por tanto, en este concurso de liarse a cabezazos, Dios permite a Ezequiel estar de su lado sin reservas. En ocasiones, él levanta líderes fuertes y obstinados que, independientemente de la popularidad personal, anhelan luchar en el bando de Dios. Nada de esto significa que el profeta no tuviese un sentimiento de solidaridad por los exiliados; tanto los siguientes versículos como el resto del libro demuestran que sí lo tuvo. Sin embargo, su comisión es un llamamiento a comprender con la perspectiva de Dios y ser inflexibles.

Segundo, este capítulo contiene el mandato de pronunciar advertencias y ser cuidadosos (3:16–27). El tema del centinela (3:16–21) es recurrente en el libro (cap. 33) y puede estudiarse más adelante. Sin embargo, Dios prohíbe a Ezequiel decir nada, cortesías, salutaciones, discursos políticos, cualquier cosa, exceptuando lo que él le ordene decir. Esta situación persiste hasta la caída de Jerusalén, unos seis años después (Ezequiel 33:21–22), cuando se le permite hablar de nuevo. Esta restricción añade importancia a las veces en que se pronuncia. Es también un desafío para todo aquel que hable de Dios. Nuestras palabras y nuestros silencios deben calibrarse de tal modo que, cuando transmitamos el mensaje del Señor, nuestra credibilidad se vea reforzada y no disminuida.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 243). Barcelona: Publicaciones Andamio.