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2 Samuel 3 | 1 Corintios 14 | Ezequiel 12 | Salmo 51

9 SEPTIEMBRE

2 Samuel 3 | 1 Corintios 14 | Ezequiel 12 | Salmo 51

El contenido de Ezequiel 12 es fácil de entender.

Podemos imaginarnos el poder de los actos simbólicos de Ezequiel. A la vista de los exiliados, prepara su exiguo equipaje como si fuese un habitante de Jerusalén preparándose para una marcha de más de mil kilómetros hasta el exilio. Tendría que llevar sobre sus hombros lo que pudiese llevar. Por la noche, abre un agujero en el muro de adobe de su propia casa, lo cual simboliza probablemente el intento inútil de fuga de Sedequías y sus más allegados (2 Reyes 25:4; Jeremías 39:4): huyeron, pero no pudieron escapar. Ezequiel hace todas estas cosas sin decir una palabra y comunica un mensaje la mañana siguiente: “Yo soy una señal para vosotros. Lo que hice yo, os va a pasar a vosotros, pues seréis llevados cautivos al exilio” (12:11).

Seguidamente, añade más explicaciones (12:12–16).

El segundo acto simbólico abunda en algo que ya está teniendo lugar. Ezequiel seguía sometido al racionamiento de la comida impuesto en 4:9–17 debido al hambre. Ahora, cuando come su parte, tiembla y simula estar aterrorizado y desesperado (12:17–20).

Después encontramos la sorprendente aplicación. El pueblo ha oído a muchos profetas y se ha vuelto tan escéptico que suele repetir dos proverbios: “Se cumple el tiempo, pero no la visión” (12:22); “El pueblo de Israel anda diciendo que tus visiones son para un futuro distante, y que tus profecías son a largo plazo” (12:27). Después de todo, no solo hay falsos profetas alrededor, sino que incluso los verdaderos, como Ezequiel y Jeremías (en Jerusalén), siguen prometiendo la destrucción de la ciudad pero continúan pasando los años con sus poderosos muros intactos. El segundo ha estado haciéndolo durante décadas. Sin duda, Dios considera el largo retraso como una prueba clara de su paciencia y misericordia, proveyendo múltiples oportunidades de arrepentimiento; el pueblo simplemente ha caído en el escepticismo. Así pues, el juicio llegará ciertamente, dice Ezequiel, y los proverbios populares ya no se pronunciarán más.

Pedro aplica la misma idea a los cristianos, sacada de otro relato del Antiguo Testamento. Después de que comenzasen las advertencias, pasaron décadas antes de que se produjese el diluvio y nadie estuvo preparado para el mismo excepto Noé y su familia. Por tanto, no es sorprendente que, en los “últimos días”, los que transcurrirán entre la primera venida de Cristo y la segunda, estos en que vivimos, surjan nuevas generaciones de personas que se mofan y hacen gala del mismo escepticismo malvado: “¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:3–4). Sin embargo, el diluvio llegó, como también lo hará el fuego.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 252). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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