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1 Samuel 25 | 1 Corintios 6 | Ezequiel 4 | Salmos 40–41

1 SEPTIEMBRE

1 Samuel 25 | 1 Corintios 6 | Ezequiel 4 | Salmos 40–41

Si queremos entender las razones por las que Ezequiel debe realizar los actos que encontramos en el capítulo 4, tenemos que ponernos en el lugar de los exiliados. Al igual que las personas que estaban en Jerusalén y Judá, muchos de ellos no podían imaginar que la ciudad y el templo del gran rey pudiesen ser destruidos. Simplemente, Dios no permitiría que ocurriese. En términos generales, los exiliados en Babilonia responden a Ezequiel de la misma forma que los judíos de Jerusalén lo hacen a Jeremías: no le creen. De hecho, los primeros han buscado sin duda incentivos que mantuviesen vivas sus falsas esperanzas. Mientras la ciudad esté en pie, pueden alimentar la esperanza de que Dios los rescatará y llevará de vuelta a casa. Si cae, no habrá “hogar” al que regresar. Podemos imaginar lo desesperadamente negativas e incluso imposibles que les parecen las advertencias de Ezequiel.

Sin embargo, el profeta no se acobarda.

(1) Comienza haciendo un dibujo de Jerusalén en una gran tabla de arcilla, quizás una especie de plano de la misma, fácilmente reconocible, a fin de que los espectadores puedan saber enseguida lo que está haciendo. Levanta torres de asalto y otras máquinas de asedio, como si estuviese jugando a las guerras con juguetes caseros. Todos se dan cuenta de que la representación significa que Jerusalén será sitiada. Seguidamente, coloca una plancha de hierro entre él y la maqueta. Como profeta del Señor, él lo representa y sostiene la plancha de forma que constituye una amenaza para aquella. Si la suelta, caerá sobre la ciudad y la destruirá, demostrando el hecho de que es el propio Dios quien está amenazándola.

(2) En la siguiente sección (4:4–8), Ezequiel pasa un rato cada día acostado sobre su lado izquierdo (no está así todo el tiempo, como vemos en los siguientes versículos, que mencionan otras tareas realizadas por él). Si su cabeza apunta hacia la maqueta de Jerusalén que ha hecho, y su cuerpo reposa sobre un eje este-oeste, cuando se acuesta sobre su lado izquierdo está mirando al norte, hacia Israel, las diez tribus que ya han ido al cautiverio asirio. Tiene que llevar a cabo esta representación durante trescientos noventa días (¡más de un año!). Después de ese período, lo verán acostado sobre su lado derecho, mirando hacia el sur y amenazando, por tanto, a Judá con juicio y desastre.

(3) En la antigüedad, cuando una ciudad sufría un asedio y las provisiones escaseaban, sus habitantes se veían obligados a hacer pan con habas y lentejas secas mezcladas con la poca harina que quedaba. Comían unas raciones extremadamente pequeñas (unos 200g. de “pan”), bebían un poco de agua y se iban consumiendo. Cocinaban su comida sobre excrementos de vaca (como en los barrios pobres de la India) porque no había madera. Ezequiel afirma que estos acontecimientos se producirán “a causa de sus pecados” (4:17).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 244). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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